23.12.04 

Una sugerencia para Navidad

Escuchar Dub side of the moon, finalmente editado en Argentina (¡un año y medio después!) y terminar de enfermarle la cabeza a tu abuelita.

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19.12.04 

Vinilo

Suele decirse por ahí que el vinilo tiene más onda, que el ruido a fritura y el encanto de la púa y esas cosas que llevan a infinidad de músicos a agotar el chiste del ruidito a pasta cuando ejecutás el CD. La simulación no es lo mismo que lo real, y en esto juegan cuestiones generacionales que llevan a que uno no pueda evitar el olor a viejo choto: hay cosas que no se pueden reproducir ni emular, cuestiones sensitivas muy difíciles de trasladar a quienes crecieron consumiendo música en modo digital.
Por ejemplo: aunque ya hace años que mis vinilos juntan polvo en un baúl (esperando que mi fetichismo me impulse a la improductiva incorporación de una bandeja tocadiscos, qué lindo término, los vinilos se tocan y los cedés se ejecutan), no puedo evitar que, al terminar una canción de algún disco anterior a la revoluta digital, que mi memoria registra como el "fin del Lado A", tenga el impulso de levantarme hacia la compactera para darlo vuelta. Durante años, los músicos contemplaron la estrategia de escoger cuidadosamente las canciones de apertura y cierre de cada lado: hoy el juego es descubrirlas en el viaje continuo de un CD. Los espíritus lúdicos pueden incluso complicar el chiste apelando al random, pero lo cierto es que decirle a un pibe de 15 años "Este tema es ideal para cerrar el lado A" podría ser traducido como "Ayudame a llegar al baño que tengo que limpiar la dentadura postiza".
Y otro chiste habitual en las grabaciones de nuevo siglo: en más de un caso, la "fritura" artificial aparece combinada con el efecto-rayado. Un sampler podrá simular perfectamente esa repetición cíclica, pero algo le falta para que a los viejos carrozas nos convenza de que es lo mismo que aquel salto inesperado al comienzo, familiar después, inevitable con el tiempo: Hoy escucho Dead on time (Queen, 1978) en el CD Jazz, y cuando pasa la intro sin ningún salto, sin el ruido que producía la extraña mancha gris producida por el uso de mi Wincofón adolescente, no puedo dejar de pensar que algo anda mal con la compactera. Mi vieja tenía un disco de Matt Monro (!) con una versión de Una leona de dos mundos en castellano en la que el tipo decía "más nunca dudan... ca dudan... ca dudan... ca dudan..." que me aterraba mucho más que los supuestos mensajes satánicos que escondía el primero de Black Sabbath. Y aunque mi cedeteca incluye la rareza de un disco con un tema rayado (Jughead, del Diamonds and pearls de Prince), está lejos de ser lo mismo: el rayado digital es aburridísimo, altisonante y frío.
Por último: en los últimos meses, los discos que más me gustan tienen -no es casual- una duración similar a la del vinilo, que no excede los 48 minutos, como mucho 50. ¿Quién dijo que si un cedé puede almacenar 80 minutos de sonidos hay que, obligatoriamente, llenarlo?

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16.12.04 

Villancicos

En la esquina de Perú/Florida y Rivadavia hay un grupito de niñas en vestido blanco que cantan villancicos. No parece buena idea decir esto en tiempos de cruzados violentos en contra de la marcha del orgullo gay, León Ferrari, la señora del barco del aborto y la educación sexual en las escuelas, pero hay que sincerarse: el villancico debe ser uno de los géneros musicales más detestables. Esas campanitas que te perforan los tímpanos, las dulces voces angelicales prometiendo que se van a Belén, se van a Belén pero se quedan atornilladas en la maldita esquinita, se convierten en una de las más refinadas torturas entre las varias que ofrece la época de fiestas. Y uno pasa y sufre, y mira los rostros de esas pobres infantes obligadas al fanatismo católico y no puede menos que imaginar que su antídoto a tanto coro angélico es cometer un par de bajezas por día.
Ahí vienen el gordo y los renos otra vez: pongamos el villancico de Luca a los gritos o el disco de los Die Roten Rosen destrozando campanitas. Y démosle unas monedas a las chicas sólo si el líder de la secta se compromete a hacerlas callar de una vez.

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14.12.04 

Bang, Bang

El domingo estuve en un bar donde pusieron un devedé de Cher en vivo y después otro de Britney Spears en un casino de Las Vegas.
¿Dónde estás, Mark David Chapman, cuando te necesitamos?

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10.12.04 

Disco baby disco

¿Puede un hombre morir aplastado por su propia discoteca? Esa es la clase de preguntas que aparecen cuando te ponés en la tarea de ordenar un poco ese quilombo de cedés y de pronto, corriendo cajitas, advertís que el mueble que las contiene hace una ligera oscilación. Ligera, pero oscilación al fin. Bruta paradoja sería que un amante de la música quedara frito por su propia pasión.
Los periodistas que nos dedicamos a la música somos fetichistas. Tenemos la enorme fortuna de figurar en el mailing de las discográficas y en el correo de un buen puñado de artistas independientes, lo que genera un flujo de discos... importante. Estoy muy lejos del ser el periodista con más discos, pero sí tengo algunos problemas de espacio. En cualquier caso, lo que más me preocupa de una discoteca es el orden en que se ponen los discos, lo cual sirve como índice de mi grado de enfermedad. Aquellos que no pueden resistir la tentación de tener cada vez más discos, clasificarlos, ordenarlos, reciclarlos, probablemente tengan algún punto de vista sobre las siguientes preguntas.

¿Es posible ordenar una discoteca por estilos o tendencias, y hoy recordar –tanta agua bajo el puente musical, tanta neurona atomizada- la clasificación que hizo esa persona que era uno en 1998?

Las bandas de sonido, ¿las guardamos por su título, ordenadas alfabéticamente a partir de la "S" de "Soundtracks" o la "B" de "Bandas de sonido", o alfabéticamente a partir de la "V" de "Varios Artistas"?

¿Es el orden alfabético una tiranía necesaria? ¿Y si viene un amigo a casa que no retiene nombres de artistas y busca "algo oscurito", cómo lo busca sin nuestra guía?

¿Cuántos discos de Operación Triunfo se necesitan para nivelar una mesa ratona en mal estado? ¿Y una mesa de pool?

¿Para qué sirven todas esas lucecitas de los minicomponentes – pista de aeropuerto que venden en Musimundo?

¿Cómo se evita una pelotera con tu mujer cuando advierte que a la plaga de los cedés se va uniendo lentamente la de los devedés, cuya medida no está prevista en la mayoría de los estantes?

¿¿Eeeeeh??

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Solari, muy acompañado

¡Cómo anda el Indio Solari en estos días! El pelado sabe bien dónde tiene el corazón, pero también dónde dejó el plan de marketing, y le dio notas a todo el mundo... menos a Segundamano y Página/12. Está todo bien, quizá hasta el Indio cree que su enemigo Carlos Polimeni todavía está en Página (no, gracias), y de todos modos, ¿necesitamos leer otra nota del Indio? Ya sabemos, entre otras cosas, que su primer disco solista está bueno, que vive en un bunker apartado y lleno de verde, que si no vas con permiso los perros te comen (¿Tendrá alguno llamado Dinamita?), que atiende a los periodistas con café y medialunas y que "leyó por ahí" –quizás en http://www.pagina12web.com.ar/diario/espectaculos/6-43796-2004-11-19.html– que Skay se siente liberado de la mochila de los Redondos, y no le gustó. Me da la impresión de que el Indio lo tomó demasiado a pecho, ya que Skay hablaba sobre todo de la significación y los problemas de los Redondos con la violencia, pero tampoco importa demasiado. No me voy a ponerle a discutir al Indio, a ver si me larga los perros.
Y ya que estamos: habiendo tantas, ¿por qué no hacer un ranking de notas al Indio? Hasta ahora me estoy quedando con la de Pablo Plotkin y Claudio Kleiman en la Rolling Stone, sobre todo porque es la más larga y relajada, y permite empaparse mejor sobre el pensamiento vivo de Solari. Pero se aceptan opiniones.

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9.12.04 

Sobre U2 y las canciones sensibles

Alguna vez se dijo que The Clash era "la única banda que importa". No creo que Joe Strummer, que en paz descanse, vaya a ofenderse si me atrevo a creer que el rótulo le cabe también a U2. Ya se viene escribiendo bastante sobre How to dismantle an atomic bomb (y yo tuve mi parte en este aluvión periodístico, véase www.pagina12web.com.ar/diario/espectaculos/6-44023.html ), pero hay cuestiones que exceden el frío análisis que uno termina concediendo en un medio masivo, y que tienen que ver con el sentimiento. Digámoslo como en el barrio estos irlandeses hijos de puta siguen haciendo discos inolvidables, de ésos que salvás primero en un incendio, como si fuera la cosa más fácil del mundo. Canciones que te invitan a cantar a voz en cuello, a emocionarte, a dejarte llevar. Canciones que te piden que te dejes atravesar por las emociones, que te reconozcas como persona sensible sin esas pelotudeces de la vergüenza.
Te invito a un experimento. Esperá la noche: de noche estas cosas funcionan mejor, o todo tiene mejor clima o lo que sea, de noche parecemos menos miserables, más jugados, más solidarios con nosotros mismos... o menos "nosotros mismos" que en la plena y cruel luz del día. Bajá las luces -podés prender velas, aunque sea un lugar común-, buscá a la persona que ames y escuchá "Sometimes you can't make it on your own". La crónica fría dice que es una canción de amor de Bono a su padre agonizante, pero es mucho más que eso: algo indefinible en palabras o en internet, algo que te gana por dentro, algo que cada uno sabrá reconocer, apreciar y guardar para siempre en esos lugares sensibles que algunos ubican a la altura del músculo del corazón, pero en realidad atienden en todas partes.

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8.12.04 

Filippo

Allá lejos y hace tiempo, existió un grupo llamado BA Sin Sánchez que se dedicaba a deformar pentagramas tratando de seguir las luces de Prince. No les iba mal en lo artístico/musical, pero hay que decir que promediando los ’90 era mucho más “rentable” –insoportable palabra que suele resonar en las oficinas discográficas y nada tiene que ver con lo que de verdad importa- darle gas a una de esas bandas de “rock de verdad”, callejera, fierita, chabona o como se la quiera llamar. Por eso Sánchez fue chocando contra las directivas del mercado y nunca pudo superar la etapa de los bares y fondas, y después el tiempo hizo lo suyo y fue desperdigando a sus integrantes.
Pero el sábado 4 de diciembre, en el CornerBar de Córdoba y Ayacucho, tres integrantes de aquella aventura tocaron los primeros compases de una nueva canción, y valió la pena dar testimonio. El asunto se llama Filippo y aquel funk es un buen recuerdo, pero el menú de hoy propone valsecitos, milongas, canciones de hondo dramatismo –recuérdese “Manual de inventos”- y un par de covers bien ubicados, como “El novio del olvido” de Andrés Calamaro y un “Thriller” (si, el del marcianito blanquinegro) reconvertido en hilarante malambo patrio. Gabriela Filippo en batería y voces, Huevo en bajo, Diego Sánchez Rivera en percusión y Marcelo Filippo, guitarrista de enorme buen gusto, cantante y autor de las canciones, decidieron abrir otro caminito. Y andan a la búsqueda de orejas amigas, y te aseguro que tienen lo suficiente como para no defraudarlas.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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