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10.1.05 

Plastilina

Días optimistas, días pesimistas.
¿De qué estaremos hablando dentro de unos meses? Podría decir “dentro de un año”, pero en ese momento seguramente arreciarán las notas de “A un año de la tragedia de Cromañón”, y todo el mundo volverá a parecer concientizado, analítico, tan convencido como hoy de que las cosas deben cambiar.
A veces todo da asco.
Leo y releo, absorbo información como una esponja que todo lo puede, pero llegó un momento en que tuve que decir basta, desaparecer un día de P/12 y dejar de tragar mierda.
¿Aprenderemos, de verdad?
¿Cómo se hace para volver a sentarse frente al teclado y escribir una nota sobre un disco, un show, un músico? ¿Cómo sacarse tanta carga de encima?
Me duelen las palabras, y entonces queda buscar refugio en las canciones. Y volver a descubrir al tipo que nos escribe desde hace tanto tiempo.

Una vez creí que nada iba a pasarme
Una vez pensé que nadie iba a matarme.
El tiempo pasó
entre rayuelas y cometas
entre un amor y bicicletas
y aunque estuviera sólo sabía jugar
aunque quisiera llorar.
(…)
Nadie pudo ver que el tiempo era una herida
lástima nacer y no salir con vida
yo quiero llorar.
Reloj de plastilina no existes más
ya no te puedo esperar
mientras el payaso hace la red.
Salgo a caminar
y sigo imaginando
fui lo que creí
soy lo que está pasando
No quiero llorar.
No quiero estar envuelto en penas
siempre arrastrando estas cadenas
si el tiempo no es amigo
no importa más
yo sólo quiero jugar.


“Reloj de plastilina”, Charly García, 1990.

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A mi se me sumaron las dos tragedias, la de acá y la de Asia. Una noche, mi me mente quedó sobrecargada, y las imagenes que había registrado durante el día se repetían junto con la palabra "Tsunami". Habré estado así unas 5 horas, en la cama, queriendo dormir y dandome cuenta que mi cerebro ya estaba resvalando. Quice dejar de absorber pero me resultó imposible... sigo tragando.

Sincronismo con Paterna, tengo el alma que no alcanza a recuperarse de nada y ya está soportando otro porrazo.

También tengo el desasosiego de que esto se vuelve pasado muy pronto, se vuelve anécdota, consigna, lo que sea, perdiéndose la inmensa dimensión de lo que sucedió.
Ahí quedan solos los padres, hermanos, parejas, hijos, olvidados, sobrevivientes, llorando esas ausencias para siempre, condenados a revivir el dolor cada vez que finalice y comience un año, por el resto de su vida. Es tan inabarcable el tamaño del dolor de esas personas que estómago, corazón y garganta se me hacen un nudo al apenas intentar acercarme a esa idea.

Triste ocasión para enterarme que tenías un blog, Eduardo.
Un abrazo.
Jani T. (S.L.)

Imposible medir el dolor, no? Me acuerdo que fue una de las primeras cosas que me golpearon ese 30 y 31, cuando a medida que se confirmaban las peores noticias pensaba en toda esa gente, esas familias, y la tremenda significación de la fecha.
El tsunami ya era demasiado, esto fue un directo al hígado.
Hoy la tele está informando de incendios en Australia, réplicas del maremoto, un alud en California que se llevó un pueblo, un temporal violentísimo en Tucumán.
Tan convencidos y obnubilados por las maravillas tecnológicas del ser humano, nos fuimos olvidando lo frágiles que somos. Todo se puede terminar en un instante.
Y sí, todo esto es -para seguir con Charly- pura filosofía barata. Pero los lugares comunes no se vuelven comunes por casualidad.
Salud, y tratemos de rescatar a nuestro ánimo allá en el sótano.

Hola Eduardo. Somos muchos los que nos sentimos mal por estos días. Una cosa sumada a la otra y así... Habría que ser muy jodido para andar a las carcajadas, divirtiéndose, y dando vuelta la cara a la tragedia.
Me imagino que nos va a llevar a todos un buen tiempo.
Supongo que por tu trabajo, vas a tenerlo muy presente.
A mí me pasa algo similar porque trabajo bastante con adolescentes y organizaciones juveniles.
Aparte de las conversaciones con mi hija de 9 añitos.
Con ella, no sólo conversamos de lo sucedido, de modo de que no sea impactada por las noticias sin acompañamiento, sino que, además, le conté que estaba bastante triste por lo que había pasado.
Porque, por un lado, habrá que reponerse muy de a poco (imaginemos a los familiares, ¡cuanto dolor!), pero, por otro, evitar que vuelva a suceder, y, para eso, es muy importante, entre otras cosas, enseñarle a los chicos a cuidarse, porque esta sociedad es muy carnívora.
Siempre pienso, que cuidar a los chicos debería seguir siendo, el principal rol de los adultos, que lo tenemos bastante olvidado. Según se ve, y ya sea como padres, funcionarios, empresarios, docentes, en fin...
Y hoy cuando leo sobre la cantidad de boliches que se estan cerrando, termino de tomar conciencia que, Cromagnon podía haberse evitado, pero también, sucedido (y replicarse) en cualquier boliche de cualquier provincia. En todo caso, uno termina por pensar que lo extraño es que no haya sucedido antes. Y que tengan que pasar estas tragedias para trabajar en que no vuelvan a suceder.
Sabor amargo.
Saludos.

Hola Eduardo.
Sinceramente me sorprendi mucho cuando firmaste en mi blog, quedé medio raro. Te agradezco mucho por el aporte que hiciste con esa nota.
Tus palabras me llegaron y espero ahora leerte seguido por este medio cibernetico que dia a dia hace que la gente de termine comunicando de las maneras mas extrañas.
¿como es que encontraste mi blog?
Abrazos
Tincho

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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