29.4.05 

Trabajo infantil

Leo en La Nación de hoy que Leonardo Bechini, Director de Ficción de Canal 7, puso entre los conductores del nuevo programa Chicos.ar a... su hija Roberta Bechini, de 11 años.

Bechini: ¿Te dice algo el nombre Sofovich y sus curros en la ATC menemista?

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28.4.05 

La gran ocasión

Al fin, después de olvidarse -por ahora- de una reunión de Soda Stereo, después de quedar en offside como cazatalentos para Sony, mientras sigue participando con Cabezones, Zeta Bosio encontró un nicho: la música para sexo. Según informa el Clarín de hoy, el pelado bajista es el "director" de un disco llamado Extasy Chill Sex, que ofrece música para los encuentros cuerpo a cuerpo... a sólo 40 pesos. Convengamos que el asunto está saladito, aunque la razón de semejante precio debe andar por eso de que hombres y mujeres no van a andar fijándose en gastos a la hora de darle una alegría al muñeco.

El tema es que esta movida de Zeta puede abrir todo un campo para músicos aburridos por la falta de actividad. Miguel Mateos, por ejemplo, podría readaptar su famoso Huevos para hacerse unos manguitos con Cooking Music, un disquete de músicas para el noble arte de cocinar. Nito Mestre podría darse el gusto de volver a lustrar la flauta -y en esto el sexo nada tiene que ver- y sacar al mercado latinoamericano su Killing Insomniac, un CD que resuelve cualquier noche en vela al segundo o tercer track. Lejos de aquel efímero éxito de "Vive con vos" en la FM 100, Silvina Garré puede lavar a fondo la túnica blanca y presentar Songs for Reiki, el disco ideal para la relajación muscular y la mente en blanco (Total, para lo que hay que escuchar...). Démosle una oportunidad al honesto trabajo de músico: Sergio Dawi, Semiya y Walter Sidotti, los Redondos desempleados, podrían editar su Lessons for rockers, con todos los yeites necesarios para aspirar a un destino de estadio bengalero; cuando Andrés Ciro finalmente anuncie su carrera solista, los ex Piojos pueden encargarse del Lessons II; Sandra Mihanovich encontraría la manera de pagar esa deuda de expensas si se animara a Sigo siendo lo que soy, un disco de canciones militantes para las marchas del orgullo gay; los músicos a la deriva de los Cadillacs pueden dedicarse al lucrativo rubro de la música para animar cualquier fiestita...

Y después dicen que en este país no hay oportunidades.

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27.4.05 

Amadou, Mariam y Manu Chao

Esto se publicó hoy en Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/discos/12-50272.html)


En el principio fue una historia de amor con final feliz, y esas cosas siempre atraen. Allá lejos y hace tiempo, dos jóvenes africanos se conocieron, se enamoraron y debieron luchar con sus respectivas familias, que consideraban que ese matrimonio era una muy mala idea. Es que Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia se cruzaron por primera vez en el Instituto para Jóvenes Ciegos de Mali, dándole pie a una curiosa historia que comenzó allí, siguió por Costa de Marfil y Burkina Faso, pasó por Inglaterra y recaló en París, ya a fines de la década del ’90 y con la pareja convertida en una suerte de dúo estrella de la música africana. Quizá Pol-Ka no podría hacer mucho con eso, pero cierto francoespañol acostumbrado a rastrear sonidos por la carretera quedó seducido por la historia y su banda de sonido. Y así, en las bateas porteñas acaba de aterrizar Dimanche à Bamako, el quinto disco de Amadou & Mariam, producido –y algo más– por Manu Chao y capaz de superar cualquier prejuicio construido alrededor de la etiqueta world music.

¿Quiénes son estos no videntes enamorados? El, guitarrista, se fogueó en los hoteles de Bamako, la capital de Mali, tocando para los turistas y colonizadores franceses junto a Les Ambassadeurs. Ella, cantante, terminó proponiéndole que unieran también sus caminos musicales, y así comenzó un derrotero de tres hijos y un exitoso paso por Costa de Marfil, donde a comienzos de los ’90 el nigeriano Aliyu Maikano Adamu les produjo una serie de casetes que les permitió salir del anonimato. Mezclando influencias africanas, cubanas, de la India, el jazz, el reggae, el blues y el pop, Amadou & Mariam se abrieron paso en el gigantesco y confuso panorama de artistas africanos. Entre 1999 y 2000, el encanto indefinible de los discos Se te djon ye, Sou ni tile y Tje ni moussou, combinados con la curiosa presentación de “la pareja ciega de Mali”, abrieron las puertas de la distribución internacional. Wati, de 2003, terminó de convencer al ex Mano Negra, que les propuso combinar esfuerzos y darle forma a un disco conjunto.

Así nacieron las canciones de Dimanche à Bamako (“Domingo en Bamako”), firmadas por los tres en diferentes combinaciones, un cruce de caminos en el que tienen tanta validez instrumentos típicos como el djembé, la flauta, las tablas y la armónica, como la inconfundible guitarrita de Manu, sus voces y programaciones. Entonces es difícil resistirse a la melancolía de "M’Bifé" o "La fête au village", contrastada con la urgencia guitarrera de "Coulibaly" y el toque pop de "La realité", el canturreo africano y las oscuridades de "Camions sauvages" y el tono rural, tan amarillento como las fotos del librillo, de "Taxi Bamako" y "La Paix". Por allí aparecen las reconocibles marcas del comandante de Radio Bemba (sobre todo en "Sénégal fast food" y "Artistiya"), pero afortunadamente Manu fomenta la colaboración y evita el exceso de protagonismo: incluso, el cartelito de “Produced by and with Manu Chao” estampado en la tapa no suena a un deseo de figuración, sino más bien a una exigencia de la discográfica. Es que en el sello deben haberse preguntado a quién le iban a encajar el disco de una pareja de ciegos de Mali, pero al respecto bien vale apuntar una frase del librillo de Tje ni moussou: “La asombrosa paradoja de estas canciones es que tienen el poder de devolverles la visión a quienes creen que ven”.

Y de pronto, el domingo en Bamako se convirtió en un buen programa.

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25.4.05 

No hay nadie

No tengo ganas de postear, analizar ni reírme ni enojarme de nada.
Lo siento.
Pero hay que evitar la sensación de que la página dejó de actualizarse.
Entonces: mañana será otro día.
Salud.

23.4.05 

Geometría Improbable, bolilla I

¿Son las cajitas de CD modelo 2005 un cachitín, una décima de milímetro más chicas que las modelo 1993?

Sé que la pregunta suena rara, pero tiene su fundamento. Cada tanto, los discos más queridos y viejos de mi discoteca reciben el beneficio de canjear su tapa de plástico abundante en marcas y desgastes del tiempo (cuando no una rotura hecha y derecha) por una transparentísima portada nueva, cortesía de alguno de tantos discos que andan por ahí y no merecen el honor. La cuestión es que le saqué la tapa a The Spent Poets, que estaba bastante baqueteada

(párrafo aparte: si en alguna disquería perdida por ahí ves el único disco de The Spent Poets, no lo dudes. Y además, seguro que está en oferta)

y procedí al cambio cosmético. Y no es que no pude encajar la tapa en las ranuras correspondientes, pero indudablemente entró mucho más justa que la original. Y ahí la pregunta (de nuevo): ¿serán algo más chicas las cajitas 2005?

¿O a mí se me está soltando la cadena en cámara lenta?

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22.4.05 

Auspicia Pomada Manzán

Dos frases de Adolf Iorio en el de Clarín de hoy, una graciosa, la otra medio inexplicable:

"En los shows del 25 de mayo regalamos vino y empanadas, es cierto, pero sobraron muchas. Si regaláramos un porro, no quedaría nada."

"Que el 25 de Mayo pongan a cantar a Silvio Rodríguez en la Plaza de Mayo me hace cagar sangre".

Yo por lo general prefiero no escuchar a Silvio Rodríguez, no es uno de esos artistas que precisamente me apasionen, pero... ¿¿cagar sangre??

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Un texto invitado: the puestos bulletin


837 y entonces llega la mañana siguiente siempre hay una mañana siguiente el sol que brilla y se envilece entre los restos de comida entre los reflejos enfermizos de las copas a medio vaciar las copas a medio llenar hay quien sostiene que la mañana siguiente es la peor parte hay quien prefiere ver las noches de estrellas apagadas como la única manera de arribar alguna vez a la mañana siguiente y sin embargo sin embargo sin embargo la cabeza se va vaciando y solo tiene espacio para que reboten una y otra vez las mismas palabras de siempre sin embargo sin embargo sin embargo


838 arriba todo estalla y estalla otra vez todo parece poca cosa al lado
del ruido de los últimos días del ruido que hacen los días cuando se
estrellan contra el piso


839 bienvenidos al teatro del dolor bienvenidos al escenario de la
desesperanza una tribuna completa un rayo que no cesa y la señora del
quinto piso que abre la puerta se acomoda los ruleros larga la escoba
y pronuncia


840 yo los vi cuando éramos veinte


841 a las dos de la tarde marcos delafuente el afinador de pianos de la
república de coghlan le tiene miedo a los balcones por el sol que te
parte la cabeza a las siete de la tarde marcos delafuente el afinador
de pianos de la república de coghlan le tiene miedo a los balcones por
la sombra siniestra que produce la patota de antenas de directv a las
doce de la noche marcos delafuente el afinador de pianos de la
república de coghlan le tiene miedo a los balcones por el crujido
incesante de cientos de murciélagos fantasma en el cielo de aires
dudosos por la luz miserable del velador del gordo en camiseta de
abajo por el vértigo que atrae a asomarse al vacío por el frío eterno
de las baldosas invisibles a marcos delafuente el afinador de pianos
de la república de coghlan le gustaría que el gobierno de aires
dudosos declarara ilegales los balcones y no las plantitas de los
balcones que un legislador cualquiera aceptara su proyecto de ley
antibalcones y sin embargo sin embargo

842 la tercera cuerda de la segunda escala se lleva mi tiempo la segunda
cuerda de la tercera escala se lleva mi alma recita marcos delafuente
etcétera etcétera sin dejar de balancear los pies entre el vacío y el
borde entre el hastío el desorden la angustia el sol desvanecido el
martillito de bronce forrado en felpa y las vocecitas que repiten
desde los rincones te vamos a convencer te vamos a convencer te vamos
a convencer de la existencia del fa bemol la sexta línea el quinto
espacio el diapasón con sonido a nada que enloquece a los teóricos del
pentagrama

843 y sin embargo y la mañana siguiente y los días estrellados en el piso

844 el piso de baldosas negras y blancas el piso de sostenidos el piso
donde se mueren

845 los reflejos enfermizos

hannibal puesto

21.4.05 

El horror, el horror...

Socorro.

Acabo de recibir el disco de los solistas de Operación Triunfo.

Hay que incendiar los estudios de Telefé.

Busco cómplices.

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Ratzinger

Leo en el Clarín de ayer una frase de Benedicto XVI, el nuevo Papa de apellido -e historial- que mete miedo, sobre un tema que nos interesa:

"El rock es la expresión de pasiones elementales, que en las grandes concentraciones musicales adoptaron caracteres culturales, de contraculto, de lo que se opone al culto cristiano".

Herr Ratzinger, usted sabrá mucho de teología, pero de rock no entiende un pomo.

Vamos a hackear todos los parlantes del Vaticano con una dosis a todo volumen de "Hells bells", de AC/DC.

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A correr a la disquería

Ayer me llegó una gacetilla del sello Universal que informa:

"Este miércoles llega a todos los Musimundo del país el disco de 'Los Finalistas' de Operación Triunfo, segunda generación; para calmar tanta ansiedad frente a este suceso que movilizó al país entero con el programa de televisión más visto de la Argentina. "

Uh, sí. Yo no podía más de la ansiedad. Qué alegrón que me dieron.

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20.4.05 

Esta vez, el esclavo se escapó

(publicado hoy en Página/12, en http://www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/6-49960.html)

Todas las antenas estaban levantadas esperando la frase, la alusión, el comentario sobre el juicio oral más breve –y más tonto– de la historia argentina. La crónica fría puede decir que no, que Andrés Calamaro no dijo una palabra, que el que no pudo evitar la referencia fue su hermano Javier (“Esta noche festejamos el triunfo de la inteligencia y la justicia”) y que, en todo caso, cada vez que el Luna repleto enarbolaba un caluroso “Olé, olé olé olé, Andrés, Andrés”, lo que sonaba era un respaldo que iba más allá de lo musical. Pero al mismo tiempo puede decirse que Calamaro sí habló del asunto: sobre el final de "Estadio Azteca", otra gran canción sensible dentro de su generoso catálogo, Andrés elevó la mano y recitó: “Gracias le doy a la Virgen/ gracias le doy al Señor/ porque entre tanto rigor/ y habiendo perdido tanto/ No perdí mi amor al canto/ ni mi voz como cantor”.

La frase del Martín Fierro representa con justicia el espíritu de este regreso del salmón a los escenarios porteños: apenas se ubicó tras su teclado y arrancó con eso de “Yo soy el cantante...”, Andrés Calamaro se sacudió el exceso de equipaje judicial y recuperó su verdadera identidad, esa que lo coloca en el escalón de los grandes solistas argentinos mientras Alejandro Granillo Fernández, el abogadito que inició aquel (pre)juicio, se esconde y ni asiste a la audiencia en La Plata. Capítulo cerrado, final de diez años de pavada alrededor de una frase y una cita perfecta para festejarlo: Calamaro no es ningún criminal, Calamaro es un músico. Y en todo caso, al que daban ganas de llevar al banquillo de acusados ese lunes a la noche era al operador de sonido.

Entonces, sí, hay que decir que el primer show sonó por momentos decididamente empastado, lo que le quita mérito a cualquier concierto. Pero en Corrientes y Bouchard se jugaba otro partido, y las canciones de Calamaro logran imponerse a cualquier traspié técnico. Hablando de melodías, para armar la lista el cantante se concentró en su etapa post Rodríguez: esto hizo extrañar momentos de Por mirarte y (sobre todo) las monumentales elegías para tórax sensible y piano de Nadie sale vivo de aquí. Pero se entiende que Calamaro está en un momento de transición, impulsado sobre todo por las energías de la Bersuit –su actual banda de apoyo– y con los pies entre España y la Argentina. Sin banda propia, aún no está en condiciones de repasar todo su repertorio... y de todos modos están a mano Alta suciedad, Honestidad brutal, El salmón y El cantante, y allí hay bastante para meter mano y extraer un buen muestrario de lo que el ex Abuelo tiene en sus arcones.

Así fueron cayendo las perlas. Canciones urgentes como "Clonazepam y circo", "Tuyo siempre" o "La libertad", notables ejercicios del manual pop como "Te quiero igual" o "Flaca" (donde arreciaron los coros eminentemente femeninos), paseos melancólicos como la hermosísima "Crímenes perfectos", "Los aviones", "Media verónica" o "Estadio Azteca", visitas al pasado reciente como "Para no olvidar" o "Mi enfermedad" o al pasado lejano como el "Costumbres argentinas" que cerró la velada haciendo temblar al Luna Park. De tema en tema, desmintiendo su propia declaración de “no me gustan las canciones porque mienten, porque todo se resuelve en tres minutos”, Calamaro se bancó el centro de la escena escudado en su obra, alguna vez injustamente discutida y hoy sólida como un acorde mayor. Apenas se animó a agradecer y a extender ese agradecimiento a la Bersuit, pero evitó la declaración demagógica o la arenga fácil, dejando que, en la noche de la absolución, las melodías establecieran el ritmo, el tono y el canal de comunicación con un público agradecido por el reencuentro.

Y además, a la hora de la arenga estuvieron los invitados. Salvo Juanjo Domínguez, señor de la guitarra que acompañó al cantante en "Como dos extraños" y "Por una cabeza", los amigos que fueron subiendo sí dejaron explotar su satisfacción, y buscaron a conciencia que la gente liberara la fiesta. Javier Calamaro se dio el gusto de recibir la ovación del Luna tocando "No me nombres", de su disco Kímika. Juanse y Andrés Ciro Martínez (en su retorno a escena tras su operación de rodillas) presionaron los botones del rock más sanguíneo, metiendo quinta para un homenaje a Pappo que incluyó "Desconfío" y "Tren de las 16", siguió en una juguetona versión de "No se puede vivir del amor" y luego dejó al cantante de Los Piojos a cargo de buena parte de "Alta suciedad": una versión contaminada de rhythm’n’blues que ganó aún más puntos con la conocida solvencia de Martínez sobre tablas.

A esa altura, Calamaro ya estaba mucho más allá de los dolores de cabeza provocados por una simple frase de ocasión. Y ni siquiera se fue del escenario para liquidar la faena con dos clásicos de clásicos: más de veinte años después de un apoteótico Luna de Los Abuelos de la Nada, "Costumbres argentinas" dejaría a todo el estadio de pie, gritando “No nos vamos nada, que nos echen a patadas” al ritmo de "Yo no me sentaría a tu mesa". Pero antes, el recuerdo de su primera gran aventura española dejaría, como los versos del Martín Fierro, otra posible declaración de principios. “Tendrías que aprender a pedir perdón/ esta vez, el esclavo se escapó”, cantó. La cadena se rompió, el esclavo se escapó, y no perdió su amor al canto ni su voz como cantor.

Bienvenido, Andrés.

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19.4.05 

Una idea

Me encanta esa campaña de "Una copia más, un músico menos".

Me voy a poner a copiar muchos discos, a ver si desaparecen Miguel Mateos y Britney Spears.

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18.4.05 

A festejar al Luna Park

En uno de los juicios orales más breves -e idiotas- de la historia, esta tarde absolvieron a Andrés Calamaro por su frase célebre en La Plata. En solo una hora y algo estará celebrando en el escenario del Luna Park, y allí estaré para acompañar la fiesta.

Eso sí, Andrés: esta noche, no digas nada inconveniente.

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Del 63 al 2005

Cosas de las reediciones discográficas de Página: este fin de semana volví a escuchar Del 63, álbum debut de Fito Páez que puse por última vez en una bandeja giradiscos (Abuelo, abuelo, no diga "bandeja giradiscos" que queda feo) allá por 1994. Todavía conservo el vinilo -no la bandeja-, pero nunca lo tuve en CD, con lo que fue reencontrarme con algunas canciones archivadas en el fondo de la memoria. Tenía un recuerdo reciente de "Tres agujas", quizá la mejor de todo el disco, que mis amigos de Filippo versionan muy bien. Pero casi no recordaba, y me doy cuenta que era una suerte, los gritos de Rubén Goldín en "Viejo mundo" ("Una escopeta escupe balas de cocaína...").

De cualquier manera, repaso la oscuridad de "Cuervos en casa", el aire delicadamente pop de "Sable chino", el afilado instinto para la melodía de "Canción sobre canción"... y me doy cuenta cómo nuestros caminos se abrieron, cómo a partir de cosas como "Mariposa tecknicolor", "Dar es dar" y Rey Sol dejó de interesarme su mundo y sus canciones. Me da un poco de bronca, porque de 1994 en adelante ya nada me produjo el mismo efecto que escuchar Ciudad de pobres corazones, Ey! y esa obrita cumbre con el gran maestro (que tampoco tengo en CD, y algún día tendré que saldar esa deuda), La La La.

Y un último detalle: la foto central del librillo es de un reportaje que hicimos con Páez en las paradisíacas Chacras de Coria, en Mendoza, en medio de la Rueda Mágica Tour... ¡¡hace doce años!!

Mierda, que el tiempo me está pasando por encima.

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13.4.05 

Premios Salieri

No llegué, pero prometo que el año próximo lo voy a organizar bien. Así como el sitio Periodismo.com matiza los Martín Fierro con sus ya clásicos Don Segundo Sombra, es hora de ofrecer la contrapartida de los Gardel. El año que viene vamos a armar una votación hecha y derecha y una buena serie de rubros, pero aquí va algo para que se entretengan, voten y/o enriquezcan como se les antoje.

Aquí están, estos son, los Premios Salieri a la Música 2004.

Canción más machacante en la radio:
- "Irresponsables", Babasónicos
- "Arrancacorazones", A77aque
- "Descontrolado", Jóvenes Pordioseros

Artista más pretencioso:
- Fito Páez, por Mi vida con ellas
- Indio Solari, por Bingo fuel
- Miranda!, por Sin restricciones

Fenómeno inexplicable:
- Callejeros
- Miranda!
- Cualquier muñequito de Operación Triunfo

Abuso catódico:
- Bajofondo Tango Club en los noticieros del 9
- "Magia veneno" de Catupecu en el programa de Rolando MiGraña
- "Irresponsables" (Babasónicos) en Pensionados

Tapa espantosa:
- Girando (Ratones Paranoicos)
- Rocanroles sin destino (Callejeros)
- La argentinidad al palo (Bersuit)

Gran Premio Salieri Incendiado de Honor:
Charly García (vitalicio)

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12.4.05 

Carlos Gardel tiene aguante

Mañana se entregan los premios Gardel, tan payasescos como los Grammy o los MTV pero... ¡¡argentinos!! Y la pregunta es: ¿acaso la necrofilia tiene algo que ver en la nominación de Callejeros como "Artista revelación", "Canción del año" y "Grupo de rock"? Repito: "Una nueva noche fría", ¿¿canción del año??

Este medio es a veces tan estúpido que es probable que ganen algo. Y vamos a terminar descubriendo que lo que provocó aquel incendio del avión en Medellín también fue una bengala.

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Ponele música

Sí, señor, es lo que en la jerga periodística se define como un chivo, no tengo problemas en aceptarlo. El próximo miércoles 20, en Artilaria (Niceto Vega 4629, 4774-3443, www.artilaria.com.ar), comienza una nueva edición del taller Musicalización (percepción del sonido y show business). Junto a mi socio, amigo y viejo compañero de ruta Diego Sánchez Rivera (músico, ingeniero de sonido y productor), nos internaremos en el maravilloso mundo del “¿Qué música le pongo a esto?”, sea radio, TV, cine o la fiesta de quince de tu hermanita. Tomen nota y corran la bola, que está bueno.

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11.4.05 

Horaldo Senn te vigila

¿Te acordás de Horaldo Senn, el secretario de Seguridad cordobés que no contaba a los presos como muertos en el motín de hace un par de meses? Parece que el tipo se ilumina seguido, y ahora tuvo la idea de instalar cámaras en las calles de Córdoba "como medida de prevención del delito". Para "interiorizarse" del funcionamiento del sistema (que seguramente sale un par de millones instalar, y allí habrá alguna empresa amiga del gobernador De la Sota dispuesta a hacer el trabajo), Senn viajará en los próximos días a España e Inglaterra. Un viajecito para ver cámaras y pantallas de video nunca viene mal.

"Córdoba estará a la vanguardia en lo que se refiere a prevención y disuasión del delito", dijo Senn. La vanguardia es así, y los paranoicos serranos van a tener con qué entretenerse. Pero va a ser muy lindo leer, en un año y pico, que los guasos cordobeses se afanaron las camaritas y nadie se dio cuenta.

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8.4.05 

Ese asunto de las canciones de amor

Parece que Blogger anduvo con algunos problemas... vamos con lo que estoy intentando postear desde ayer a la tarde:

El otro día, escuchando ya no sé cuál canción de amor (siempre hay una canción de amor dando vueltas), se me ocurrió dejarla seleccionada para una de esas recopilaciones de canciones que me armo para cantarle a mi hijo a la hora de dormir o darle a mi hija para contrarrestar tanta Floricienta. Después, como puede leerse, me la olvidé, pero ya volverá, y de todos modos no es el punto. Lo que me quedó rebotando en el marote es cómo hay canciones que en un momento de la vida son "de amor", pero cuando uno tiene un hijo encuentran un nuevo sentido. Tener hijos divide mucho más que las diferencias de edad: quien esté leyendo esto y sea padre/madre sabe positivamente que no se puede amar a nadie del modo en que se ama a un hijo. Sensiblero, ¿verdad? Pero muy cierto. Así es como las canciones de amor baboso escritas para una pareja parecen paparruchadas, pero perfectas para representar lo que se siente por esa personita que se te apoya en el hombro y se duerme mientras le cantás al oído.

Las canciones de amor, por otra parte, a veces pueden encontrar interpretaciones algo más aviesas. Allá por 1993, y desde la segunda o tercera vez que escuché Sin documentos, de Los Rodríguez, esta canción, que cualquier hombre podría cantarle sin problemas a una mujer que lo obsesiona, me llamó la atención:

"Me despierto pensando
si hoy te voy a ver
pero es inútil negarlo
tú me estás atrapando otra vez.
Eres un ángel maldito
eres la dama más cruel.
Un arma de doble filo
contigo sólo puedo perder
tú me estás atrapando otra vez.
Y aunque alguien me advirtió
nunca dije que no
y ahora tengo que esconder las heridas.
Y ese pulso que jugué
porque quise lo perdí
Nunca me podré alejar de ti.

Te extraño cuando llega la noche
pero te odio de día
después me subo a tu coche
y dejo pasar la vida.
Debería dejarte
Irme lejos, no volver
Pero es inútil negarlo
Tú me estás atrapando otra vez
contigo sólo puedo perder.
Y aunque alguien me advirtió
nunca dije que no
y ahora tengo que esconder las heridas."


El asunto dio para varios debates entre amigos, pero a mí nadie me pudo sacar de la cabeza que no es una canción de amor, sino una canción sobre la cocaína.

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6.4.05 

Una frase

Lo dijo Jorge Drexler en una entrevista en el número de este mes de Rolling Stone, y no solo me pareció acorde con el perfil de este uruguayo de canciones exquisitas, que se dio el gusto de canturrear con el Oscar en la mano. Suena a pura poesía:

"Nunca escribí de algo que quedara más lejos que mi sombra".

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Un hotel aburrido, un güero encantador

Esto se publicó hoy en Página/12 (en www.pagina12web.com.ar/diario/discos/12-49365.html)


¿Se pueden establecer vínculos entre Moby y Beck, más allá de la obvia definición “14 vertical, solista contemporáneo, cuatro letras”? Uno, nacido en 1965, arrancó a fines de los ’80 en la escena neoyorquina; el otro, nacido en 1970, comenzó a mostrarse a comienzos de los ’90 en Los Angeles. Moby pegó fuerte en Gran Bretaña con el single "Go" en 1991, pero fue verdadero profeta en su tierra con el disco Everything Is Wrong, de 1995. Beck hizo en 1992 que las multitudes cantaran con alegría eso de “Sooooooy un perdidor, I’m a loser, baby, so why don’t you kill me”. Miles y miles de copias vendidas de Odelay (1996) para uno, miles y miles de copias de Play (1999) para el otro. Experimentaciones de un lado y del otro, bandas de sonido para un cambio profundo en el sonido de la música y las herramientas para lograrlo: Moby jugueteó con el rock guitarrero en Animal Rights (1996) y volvió a la electrónica con I Like to Score (1997), Beck puso de todo en la licuadora, se desnudó hasta lo acústico en Mutations (1998) y se inspiró en el funk marca Prince para Midnite Vultures (1999). Las analogías comenzaron a diluirse en el 2002, cuando Beck dio nuevas pruebas de sensibilidad y riesgo en Sea Change, y Moby prefirió recostarse en la seguridad de lo comprobado con
18, al que apenas salvó el single "We Are All Made of Stars". Dos años después, Hotel y Güero, títulos de cinco letras en los solistas de cuatro, no hacen más que profundizar la brecha: Moby fracasa estrepitosamente, Beck brilla como siempre.

Primero las malas noticias. Algo grave sucede cuando, entre tantos temas posibles, a un artista se le ocurre hacer girar su nuevo disco sobre un tópico tan trillado como los hoteles. El pelado intenta justificarse con una serie de apreciaciones seudo filosóficas en el librillo (“Los hoteles me fascinan, porque son espacios increíblemente íntimos, purgados cada 24 horas para que se vean absolutamente anónimos”, y así), pero eso no es lo más grave. Lo grave es que, con el correr de las canciones, este Moby que eligió abandonar samples y sequencers resulta tan aséptico y predecible como la habitación de un Hilton en una ciudad cualquiera. De los obvios ganchos para pista de "Raining Again", "Lift me Up" (que por momentos parece una mala copia de Depeche Mode o Pet Shop Boys) o "Spiders", a los rutinarios ejercicios ambient del final, pasando por el olvidable cover del "Temptation" de New Order, el vegetariano número uno de Connecticut entrega una obra tan híbrida como la milanesa de soja.

Allí donde Moby conduce al sopor, una pesadez digna de la ballena literaria de su tatarabuelo Herman Melville, el güero (rubio, en mexicano) con eterna cara de jovencito hace temblar el piso. Y es que Beck Hansen sabe elegir bien a sus secuaces: Mike Simpson y John King, los Dust Brothers (socios del rubio en Odelay y Midnite Vultures), fueron partícipes necesarios del golpe del siglo, un disco llamado Paul’s Boutique y firmado por los blanquitos con más onda de Brooklyn, los Beastie Boys. No es casual, entonces, que el demoledor "E-Pro" esté armado sobre la salvaje base del "So what’cha Want" Beastie (de Check your Head), y no es casual que Beck no se haya puesto principista a la hora de los samples. La maestría del cut & paste dominante en Odelay vuelve a aparecer aquí, pero al perilleo con viejas grabaciones Beck sabe agregarle instrumentos nobles, un groove de buen sabor y un factor impredecible: hábil tejedor de armonías, el músico domina a la perfección el juego de ir revelando lentamente y con sorpresa hacia dónde van las canciones.

Y las canciones de Hansen van hacia lo felizmente desconocido. Imposible no dejarse llevar por el ganador estribillo “¿Qué onda güero, qué onda güero?”, pero Beck también se sumerge en el ritmo oscuramente brasileño, hipnótico, de "Missing", y rapea a gusto en el minimalista "Hell yes", y deja fluir el río pop-country en "Scarecrow", se pone decididamente funerario en "Farewell Ride" y reconecta con Prince en "Black Tambourine", deforme pasaje con más de una conexión rítmica hacia el "Tambourine" que el morocho de Minneapolis grabó en su ópera psicodélica Around the World in a Day. Así, poniendo en caja a los que creen que alcanza con pegotear fragmentos de sonido para sonar “modernos”, el güero de Los Angeles saca un campo de ventaja entre los solistas que marcaron el paso de un siglo a otro. Y lo hace, precisamente, con onda.

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4.4.05 

Gracias

Según me informa la gente de SiteMeter, hoy este sitio acaba de pasar las 2 mil visitas desde que puse el medidor, el 15 de febrero. Para el tráfico de internet suena a poca cosa, pero yo esta noche voy a destapar un tinto en honor de todos los que pasan por aquí, leen y dejan sus reflexiones (o no). A todos, gracias. Y corran la bola.

3.4.05 

La maldita alta rotación

Ayer, en el lapso de media hora y en tres radios distintas, escuché "Arrancacorazones", el nuevo single de Attaque 77. La experiencia me volvió a confirmar eso que comentamos siempre en los cursos de Musicalización en Artilaria, eso que se puede comprobar con solo encender el aparatito: ¿hasta cuándo la industria discográfica va a estar manejada por gente que no demuestra ningún amor por la música? Según su teoría, poner el single a repetición va a hacer que la gente compre el disco, por el enganche del hit y un supuesto interés en enterarse de qué va el resto de las canciones. Pero la alta rotación produce más bien un efecto de hastío, hasta de resistencia: hay canciones ("Losing my religion", de REM, es un buen ejemplo) que llegan a producir náuseas. Y la gente siempre anda cuidando el mango, y al cabo si quiere escuchar a Attaque le basta con poner la radio un ratito, y si -muy probablemente- ya está harta de escuchar al Mariano Martínez que no es el Rey Sol cantando sobre corazones arrancados, ni a palos se va a ir a comprar el disco.

¿Dónde van a parar todas esas pobres canciones que los ejecutivos de las compañías no eligen como single? ¿Por qué las radios porteñas, salvo oasis como el programa de Alfredo Rosso o el de Juan Di Natale, o las alternativas, nos condenan al aburrimiento de escuchar los mismos temas una y otra vez, una y otra vez? ¿Hasta cuándo va a imperar el utilitarismo de programar la lista de temas según la microguía publicitaria de los sellos?

¿No se aburren de escuchar todo igual, siempre igual, todo lo mismo?

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1.4.05 

Vuelve a casa, Moby

Juro que le puse pilas y onda pero no hay caso, el nuevo disco de Moby, Hotel, me decepcionó. Algo grave sucede cuando un artista encuentra inspiración en el tópico "hoteles", por más que le busque toda la vuelta filosófica que ensaya en el librillo (y que no tengo ganas de reproducir). Pero lo grave no es eso. Lo grave es que el pelado decidió dejar de lado samples y secuencias, solo para embarcarse en una serie de lugares comunes instrumentales que dejan sabor a nada, y que incluyen un cover muy poco sustancioso del "Temptation" de New Order. Incluso siento que la potencia ganchera de "Raining again" es más demagogia que inspiración, y los típicos cuelgues ambient del final del disco me resultan lavadiiitos, lavadiiitos.

Moby, largá los hoteles y volvete a casa con las maquinitas, que te inspirabas mejor. Saludos al room service.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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