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6.10.05 

The thin ice

No es joda, que la Tierra se sacude los bichitos. Uno lee tanta cosa por ahí que no cuesta nada elaborar un par de teorías propias y colgarse un rato con eso. Mirá los titulares, leé un par de párrafos, escuchate los noticieros un rato: todo es posible. Ahora la gente se cae a cada rato en una grieta en el hielo, y la grieta tiene sesenta metros de profundidad, no, ochenta, cientocuarenta, quién da más, qué importa cuántos metros son si al cabo el partido termina con el mismo score, no los vas a encontrar aprovechando tanto hielo para tomarse un whiskycito. Y afuera los pingüinos, los pingüinos explotados por una marca de detergentes que los usa como marketing políticamente correcto: compre nuestro detergente y estará ayudando a los pingüinos empetrolados. Los pingüinos explotados aplaudiendo la grieta como una pequeña revancha de la naturaleza.

Y ahí me pongo a pensar: ¿necesitan los pingüinos que una marca de detergente para platos los ayude? ¿Un producto químico fabricado por el hombre para quitarles del lomo el residuo de otro producto químico fabricado por el hombre? “Pingüinitos queridos, los hombres malos los ensuciaron, nosotros los hombres buenos los limpiaremos”... ¡lo mejor que podemos hacer para ayudar a los pingüinos es salir del paso... o, mejor, extinguirnos de una puta vez!

En conjunto y sin individualizar, somos el bicho más maligno del planeta. Algunos cometen atrocidades sin nombre contra la vida, otros no sabemos cómo detenerlas, o ya no importa, o nos fuimos acostumbrando o lo que sea. Pero a menudo parece que una serpiente de cascabel es más confiable que el tipo que mata animales por “deporte”, el que desde atrás de un escritorio dice sí, tiremos todo al río por ese caño que tenemos en el patio de atrás, o el vecino de la esquina que tiene un llerta y emite gases venenosos para todo un barrio.

Y como somos porfiados y no solo no nos extinguimos, sino que además nos reproducimos a un ritmo alarmante y refinamos los métodos autodestructivos, la pelotita en que andamos apoyando las patas decidió tomar cartas en el asunto. Estos bichos están jodiendo, me voy a sacudir un poco los bichos.

Y ahí vamos y convertimos la tragedia en otro festín mediático, imágenes de antes y después, pero mejor aún, imágenes del durante, ideales para meterle una musicalización a gran orquesta dramática y más subrayados y subrayados y muchas veces la palabra dolor. Fotos y fotos del dolor.

¿Dolor? ¿Dolor frente a una pantallita que transmite imágenes catódicas, frente a un rectángulo no muy bien impreso, eso es el dolor? Color, más bien. A todo color, y vamos que viene la tanda de los pingüinos que hay que vender muchos detergentes así los pingüinos se desempetrolan, vuelven a vestir frac y entonces quedan más graciosos cuando se inclinan a saludarnos por nuestra benevolencia, nuestra grandeza de raza racional, inteligente y superior.

Tsunamis, maremotos, terremotos, huracanes, trenes que chocan, pedazos de satélite aplastando vacas, el hielo fino que finalmente, cansado, hastiado de los bichos que le caminan encima, hace crac y se parte.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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