31.12.05 

Matices

En las notas de ayer de Página hay una muy buena de Eduardo Videla, un reporte sobre las cuestiones de seguridad relacionadas con el post Cromañón. Pero, además, encontré dos declaraciones que dejan bien claro el espíritu de cada tendencia política. Dice Silvia La Ruffa, del Frente para la Victoria: “No se puede restringir la producción cultural, que es esencial para los jóvenes. Debe haber espacios aptos para que las bandas recorran el camino que va desde el garage de su casa al Estadio Obras”. Martín Borrelli, de Compromiso para el Cambio, señala: “No es imprescindible cambiar las normativas porque con las leyes vigentes Cromañón debió estar cerrado”.

O sea: para La Ruffa, crear lugares aptos para el desarrollo de los músicos under es fundamental. Para el macrista, mejor que todo quede cerrado y se callen bien la boca.

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30.12.05 

Uno, dos, tres... catorce!!

Hoy salió otra nota mía en Página, de tono bien diferente a la del aniversario de Cromañón. Sé que hay una pequeña contradicción entre mi análisis de los megafestivales y las visitas resonantes en esa nota y este entusiasmo por la venida de U2... pero no me parece tan grave. Digo: no vamos a ponernos a discutir a U2, verdad?



Para sufrir de vértigo y ansiedad

Un rápido racconto: primero, el single "Vertigo" y la subsiguiente edición de How to Dismantle an Atomic Bomb. Después, la comprobación de que U2 se toma su tiempo, pero termina sacando discos que confirman una y otra vez su excelente salud. Enseguida, la apertura del Vertigo Tour y las noticias que hablaban de otro show para el recuerdo. Después, la encantadora novedad de que esa gira llegará a la Argentina, la confirmación de un doblete en River apenas unos días después de The Rolling Stones. Y entonces, la venta de entradas, las largas colas, el embotellamiento feroz en internet y la venta telefónica, y los largos días que aún faltan para las citas del 1º y 2 de marzo. Con semejante cúmulo de novedades centradas en Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton, ¿podía pensarse en alguna otra cosa, algo más que agregara decibeles al estado general de arenga que vive el rockero argentino de buen paladar? Sí, todavía podía aparecer algo. Algo llamado Vertigo 05-Live from Chicago: un DVD que da una adecuada idea de lo que podrá verse en el césped del Monumental.

Y después de ver ese devedé, ¿cómo hacer para no enfermarse de vértigo, cómo se hace para evitar la tentación de incendiarle la cabeza a todo el que pase cerca, agarrarlo de los hombros y gritarle como un poseído uno, dos, tres, catorce!!! ¡¡No te podés perder a U2!!”? A tal punto llegan los efectos de este En vivo desde Chicago que retrata los shows ofrecidos por el cuarteto irlandés en el United Center de esa ciudad estadounidense (hogar de los Chicago Bulls del basquet NBA y los Blackhawks del hockey sobre hielo), los días 9 y 10 de mayo de este año. Como en aquel Popmart Tour que, en 1998, demostró en la misma cancha de River que se puede aunar contenido artístico y gran espectáculo, esta gira de U2 vuelve a hacer honor a la gran puesta en escena, pero sustentada en canciones sólidas como un tanque. Una gran parafernalia de luces y sonido, sí, pero que ilumina y amplifica un repertorio que va de los rescatados "An Cat Dubh" / "Into the Heart" (del debut Boy, de 1980) a las enérgicas canciones de How to dismantle..., poderosas como "Love and Peace or Else" o tan sensibles como "Sometimes you can’t Make it on Your Own". Dos horas y cuarto, 25 canciones y la sensación de estar viendo, por qué no, a una de las mejores bandas del mundo: la TV empieza a echar humo.

Y en el medio esos muchachos, que cuando lleguen a la Argentina estarán al borde de cumplir treinta años juntos. A pesar de tanto recorrido, U2 tiene un pulso vital vigorizado –y no desgastado, como suele suceder con tantos grupos– por el paso del tiempo. Es cierto, a partir del formidable ZOO TV el cuarteto entró en la dinámica de los grandes conciertos: las giras Zooropa, Popmart y Elevation parecieron apuntar al bigger is better, pero lo más rescatable en cada salida a la ruta no fue cuántos más chiches vestían al escenario, sino la renovada fortaleza del grupo en cada paquete de conciertos. Sucede lo mismo con este Vertigo, donde la voz de Bono puede sonar por momentos algo más resquebrajada –como en "Pride (In the Name of Love)", tan llena de agudos–, pero con una carga emotiva que eriza la piel, y con el conocido dominio escénico del cantante, a quien suelen ningunear los cantantes ingleses amantes de la cara de asquito pegados al pie de micrófono. The Edge, fue dicho una y mil veces y sin embargo no pierde sentido, es un guitarrista sencillamente único, dueño de un sonido y un toque que va mucho más allá de aquella utilización originaria del delay. Mullen Jr. y Clayton, que llevan con mucha dignidad la “maldición” de tener a semejantes compañeros de puro carisma, podrían estar tocando en dos continentes distintos y aún así sonar a tempo. ¿Cómo un grupo integrado de esa manera no va a sonar de un modo tan contundente, preciso, balanceado?

Las pruebas están en esta cajita mágica que permite llevar la experiencia a casa y estarán al alcance de los sentidos en Núñez, ahora nomás, a la vuelta de las fiestas y las vacaciones. Arrancando con "City of Blinding Lights" y estallando con "Vertigo" y "Elevation", el show deja con la boca abierta desde la puesta (diseñada por Willie Williams), que incluye una “cortina de luces” que hace parecer a la gran pantalla del Popmart un elefante rengo y muestra al grupo en un escenario semicircular, con una gran pasarela que se interna entre la gente y propicia el contacto directo. A lo largo de la noche, entonces, suenan cosas como "New Year’s Day", y "Where the Streets Have no Name", "One" (que cierra el bloque central del show), y "Zoo Station", "The Fly", "Mysterious Ways", "All Because of you" y una tripleta de "Love and Peace or Else", "Sunday Bloody Sunday" y "Bullet the Blue Sky" que deja sin aliento. Y en el final, el reciente "Yahweh" y el añejo "40" cierran el círculo y provocan un último estallido en el United Center y en el living de casa, donde el ocasional auditorio del sillón favorito pega un salto eufórico, busca al que tenga más cerca y empieza de nuevo: uno, dos, tres, catorce!!!

¿Cuánto falta para marzo?

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Aniversario

(Publicado hoy en Página)


El 2 de enero de este año, el empresario Daniel Grinbank le dijo a Página/12: “Para el espectáculo, esto es como un 11 de septiembre”. La frase sigue –y seguirá– teniendo sentido y resonancia: si la Guerra de Malvinas hizo estallar el primer conflicto ideológico serio en un movimiento de rock que hasta entonces parecía homogéneo y unido, lo sucedido en República Cromañón puede ser considerado un hito de igual (o mayor) magnitud. La cultura no puede salir indemne cuando se trata de muertes jóvenes. Y si en 1982 los pibes de la guerra fueron enviados al matadero por una corporación asesina, lo del 30 de diciembre de 2004 golpeó en el corazón mismo de una generación: las muertes sucedieron allí donde antes había un refugio, en la ceremonia más querida por los pibes que alimentan una escena con 40 años de vida. Esta fecha marca un aniversario, nada menos que el primero, pero durante 2005 Cromañón fue todos los días.

Se puede extender la analogía de Grinbank: como en la Norteamérica de Bush, uno de los primeros efectos de Cromañón fue el recorte de libertades. Motorizada por el horror de lo sucedido, la ola de clausuras que barrió con los escenarios porteños no admitió discusión ni relativizaciones. Nadie quiso contemplar el matiz de que lo peligroso no era el rock, sino ciertas costumbres que desviaron su espíritu. De la noche a la mañana, el hipercontrol histérico dejó sin micrófono, sin espacio y sin trabajo a centenares de músicos, técnicos, personal de armado y transporte, sonidistas y un largo etcétera que desarrollaba su arte o su oficio en lugares donde no se encendía pirotecnia ni se cometían dislates de organización. Sumado al estupor por el hecho, sobre el rock cayó un manto de silencio. Y a su alrededor, la derecha argentina encontró una herramienta poderosa para ese viejo objetivo de silenciar al rock y lo que representa, limarle las asperezas y convertirlo simplemente en una mercadería más.

En el Suplemento NO del 6 de enero, casi cuarenta personas relacionadas con la escena quisieron exorcizar lo que sentían. Hubo expresiones de dolor y expresiones de deseos de que todo debía cambiar, pero a partir de allí la discusión tardó en llegar, y cuando asomó fue condicionada por una especie de defensa corporativa. A medida que se animaban a hablar los referentes más grandes del rock de masas, se fue repitiendo el concepto de “le podría haber pasado a cualquiera”. Las falencias de seguridad afectaban a todos, sí, pero no todos los músicos y managers se manejaban con la misma irresponsabilidad que Callejeros. Cromañón tiene directa relación con la futbolización que llevó a que el espectáculo del público, sus banderas y bengalas, fuera considerado tan importante como lo que sucedía en el escenario. La fiesta no era fiesta si el público no exhibía poder de fuego y movilización. Lo curioso es que, meses después, el concepto sigue arraigado: es común leer en los foros de Internet a fans decepcionados porque los primeros shows de La Renga o Los Piojos, tarde en el año, ya no fueron lo mismo. En la Bombonera, hace sólo unos días, Andrés Ciro debió pedirle a su público que “la cortara” con los tres tiros, recordándoles la actitud y el respeto necesarios.

En 2005, el rock argentino se despidió de la iconografía más peligrosa del fútbol, pero no fue lo único que sucedió. En el medio del horror y la desesperación por todas esas muertes, todos esos jóvenes que arrastrarán las consecuencias por siempre, la reactivación económica encontró su capítulo en la industria del espectáculo. Y se produjo una paradoja conocida: los años ’90 también fueron pródigos en orquestas al palo mientras el barco se hundía sin remedio. Y así florecieron los megafestivales de todo tipo y factor, las visitas resonantes, que operaron de manera inversa al célebre dicho: el bosque no dejó ver el árbol. Los múltiples escenarios de esos festivales tuvieron la sana intención de abrir un espacio a todos esos grupos que no encontraban dónde mostrarse, pero a la vez operaron con el mismo espíritu chupasangre del viejo bolichero que caminaba a los músicos con Sadaic, la luz y el sonido. Los celulares en alto –indicador, como los precios de las entradas, de otro poder adquisitivo– reemplazaron a las bengalas, como queriendo enviar una imagen de público redimido y sabio, la luminaria celeste en son de paz. Y en todos lados brillaron los carteles, los que mostraban bien claro la puerta de emergencia y los que gigantomostraban las innumerables virtudes del sponsor.

El sponsorship no es un fenómeno nuevo –basta recordar antigüedades como el Derby Rock Festival–, pero en el post Cromañón sirvió como certificado de garantía, como opción respetable al tugurio estigmatizado en el boliche de Once. Siempre es bienvenido aquello que apunte a mejorar las condiciones de un show o un festival, pero la tendencia fue a la vez dándole forma a un rock oficial que reactiva la vieja oratoria del Indio Solari (el único que se atrevió a decir que no le molestaba si su público encendía bengalas en La Plata) hablando de los rockeros bonitos, educaditos. Iniciativas como el movimiento Músicos Unidos por el Rock (MUR) intentaron una variante, y muy lentamente comenzaron a reabrirse lugares. Pero –otra vez: Cromañón es todos los días– si en el aire del rock flota una sensación ambigua y depresora, no es por la falta de bengalas sino porque no hay manera fácil de resolver el después.

En los meses previos al incendio, el rock argentino había encontrado el mejor remedio a la ola de piratería que desangraba los ingresos –de por sí exiguos– por los discos editados. Como dijo alguna vez el saxofonista Sergio Rotman, “a mí nadie me puede convertir en MP3 y ponerme a tocar en el escenario”. Las muertes de Once truncaron también ese proceso y así es como este año hubo otra parte de protagonismo que se llevó Capif, la cámara que nuclea a las cuatro compañías multinacionales y 19 sellos independientes: en vez de celebrar el contacto directo entre los artistas y su público, su buena salud artística, la diversidad de géneros y mutaciones, el foco volvió a la “guerra” antipiratería, las cifras, la pérdida de dinero de venta de productos. El crecimiento de un 20 por ciento en las ventas de la industria discográfica, así como las fabulosas cifras de asistencia a los megafestivales, no significan nada para los artistas más afectados por lo sucedido en República Cromañón. No son suyos los discos que se venden –porque la gran industria suele ser bastante impermeable a grabar y difundir apuestas nuevas, y cuando lo hace sólo le deja al artista las migas–, ni son suyos los ingresos por tanto gran cartel, ni les sirve de mucho tocar a las tres y media de la tarde frente a cinco amigos y cuatro tempraneros desinteresados.

El año se termina, es 30 de diciembre y el rock anda medio torpe con las herramientas para darle forma a una nueva escena. La cultura ha debatido y mucho en estos meses, pero las respuestas más sensatas deben surgir de ese mismo corazón donde se produjo la muerte. Así como aquel enfrentamiento entre “los que fueron al Festival de la Solidaridad” y los que no se resolvió con el tiempo y desde el interior del rock, los músicos, el público, las áreas de producción, la prensa, todavía tienen mucho por recorrer. El día que Cromañón sea sólo un aniversario y no un asombro, un enigma, un dolor de todos los días, podrá decirse que los vientos de cambio llegaron.

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27.12.05 

Mentiras y verdades

El post sobre el fallo sobre el cambio de carátula para Callejeros desató varios comments, y por supuesto apareció por allí el típico fanático que acusa a quienes tratan de analizar seriamente las cosas de "mentirosos", tendenciosos y todas esas cosas. Es imposible razonar con un fanático, pero vamos a intentarlo y, ya que se menciona tantas veces la verdad y la mentira, quiero apuntar detalles del fallo que tiran abajo buena parte de las "verdades" callejeras. Según consta a fojas 168, "se cuenta... con copia certificada de la causa 46.050 de la Fiscalía Contravencional 11 iniciada a raíz de los sucesos ocurridos el 18 de diciembre de 2004 en el recital de 'Callejeros' y del expte. Nº 16.812-DGHP-2004 en el que se otorgó el permiso para el mismo. En ese entonces el personal policial constató desmanes en el ingreso de los concurrentes así como el uso de material pirotécnico por parte del público en forma constante (bengalas y tres tiros), por lo que se labraron las respectivas actas de infracción a los arts. 57 bis (omisión de recaudos básicos de organización) y 61 del Código Contravencional (elementos pirotécnicos).
Ese día concurrieron 4 inspectores del Area Contralor Espectáculos a fin de verificar el show, quienes también observaron el uso masivo de pirotecnia por parte del público y tomaron conocimiento de que los médicos atendieron a 4 personas con quemaduras leves y otra más había sido derivada al Hospital Pirovano por una herida en un pie.
También obran copias certificadas de los partes de interés de la causa Nº 15.822 de la Fiscalía Contravencional Nº8 de la que surge que los días 30 y 31 de julio de 2004 el grupo 'Callejeros' se presentó en el estadio Obras Sanitarias. En ambos recitales el público encendió más de 100 bengalas (en los ingresos se secuestraron algunas y también tres tiros). Como consecuencia se labró el acta por infracción al art. 61 del Código Contravencional. Es de destacar que los 3 inspectores del Area Contralor que estaban presentes, señalaron que presumían que 'los elementos pirotécnicos en su gran mayoría no pasan por los controles, sino que son suministrados por allegados o por terceros relacionados con el espectáculo que no se controlan".


Es decir: mientras los fanáticos callejeros se llenan la boca sobre la corrupción que impidó que hubiera controles en el show, desconocen (digamos así) el hecho de que en Obras y en Excursionistas sí hubo controles, hubo inspectores que no cobraron coimas sino que cumplieron con su trabajo, que derivó en actuaciones de la fiscalía contravencional y multas. Eso al grupo le resultó molesto. Y una de las grandes ventajas que tenía Cromañón sobre lugares como El Teatro no era solo que podían poner sus propios controles y seguridad (también demostrado en la causa por múltiples testimonios), sino además que, como no estaba habilitado para shows sino como "local bailable clase C", no iba a tener a esos molestos inspectores labrando actas contravencionales. Dice el fallo: "Se ciñen serias dudas en cuanto a que los integrantes del grupo desconocieran que el local funcionaba de acuerdo a un objeto distinto respecto de la habilitación. En este sentido, no puede perderse de vista que la banda había dado varios shows en distintos lugares, entre lso que se encontraban 'Obras' y 'Excursionistas'. En ambos eventos se verificó la presencia de personal de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de la Justicia Contravencional que justamente se expidió en sentido negativo respecto del uso de pirotecnia. Por ende, puede afirmarse que la realización de un espectáculo de análogas características en un local que carecía de todos aquellos controles, necesariamente debió crear la convicción en los responsables del grupo en torno de ciertas irregularidades respecto del objeto de la habilitación. Sostener lo contrario deviene absurdo. Por lo menos debieron sospechar que se requería la concesión de un permiso especial (...) Los integrantes del grupo simplemente confiaron en que la habilitación era la apropiada cuando ningún elemento les permitía recostarse sobre tal convicción, a la luz de las flagrantes diferencias advertidas en cuanto a los controles entre los recitales de 'Obras'/'Excursionistas' y los de 'República Cromañón'".

¿Ahora se entiende, amigos fanáticos, a qué nos referimos los "opinadores", como ustedes gustan decir, cuando hablamos del cinismo de la banda, su especial manera de hacerse los boludos y de intentar descargar la culpa en otros, no hacerse cargo de la parte que les toca?

¿Sigo? "No hace falta exhibir una gran capacidad de representación para advertir que la detonación de pirotecnia en un lugar cerrado y plagado de asistentes redundará en un peligro concreto para los concurrentes. Ciertamente, los integrantes de la banda se representaron ese peligro y confiaron su desarrollo al azar, demostrando no hallarse interesados en llevar a cabo recitales seguros para sus seguidores. De así haberlo querido, se hubieran sometido a los controles que existieron en 'Obras' y 'Excursionistas', aún concretándolo en 'República Cromañón'. Por otra parte, no deben perderse de vista los dichos de Fontanet en su presentación espontánea al referir la existencia de situaciones de violencia por parte de los asistentes a un recital realizado por 'Motorhead' en Hangar al suspenderse un recital. Ello demuestra que, en efecto, ponderó el riesgo para los bienes en juego (bienes materiales y vida), y que el líder musical se representó la necesidad de suspender el show, aunque decidió no hacerlo puesto que no deseaba que sus equipos fueran dañados. Así, no surge que no hubiera sido necesario suspender el show (por entender que no había peligro), sino que ante el reconocimiento de ese riesgo, decidió continuar para evitar la destrucción de sus bienes o la producción de hechos de violencia. Razonamiento éste que no lo justifica ni remotamente".

Podría seguir, pero me parece suficiente. El que quiera vivir de mentiras, ciego y defendiendo a una de las partes indudablemente responsables de 194 muertes y centenares de pibes arrastrando las consecuencias de esa noche, creyendo en ese triste tipito hablando de "operaciones políticas", adelante. Pero no rompan la paciencia de quienes no compran tanto camelo.

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22.12.05 

Música de caja registradora

(Publicado hoy en Página/12)

A pesar de las visiones apocalípticas que hablan de un negocio agonizante por culpa de la crisis y la piratería, la industria argentina tiene sobrados motivos para celebrar Navidad, Año Nuevo y Reyes: por tercer año consecutivo, el mercado discográfico experimentó un crecimiento en las ventas, que hasta este momento totalizan 14.321.525 unidades, pero que con la proyección de diciembre alcanzarían las 16.445.770 unidades vendidas. Así, el volumen de ventas pegó un salto de casi el 20% con respecto a 2004 (13.743.909 unidades), continuando una progresión cuyo punto más bajo fue en 2002, cuando las ventas, producto de la crisis post estallido de fines de 2001, apenas llegaron a 6.190.347 unidades. En 2003, en tanto, el total llegó a 11.405.194. Por añadidura, buena parte de esos 16 millones son industria argentina: cuatro de los primeros diez discos y devedés musicales del ranking son de artistas argentinos, mientras que el análisis de ventas por repertorio arroja un 46% de material local, contra un 35% de artistas anglo, un 16% en español y un 3% de música clásica.

El análisis preliminar elaborado por la Cámara Argentina de Productores e Industriales de Fonogramas (CAPIF) permite además observar la marcha de los diferentes formatos, que dan cuenta del signo de los tiempos. Por un lado, la era digital sigue provocando una lógica retracción de las ventas de casetes, que este año cayeron a 478.341 unidades (un 3% del mercado), contra las 658.568 del año anterior (un 5%). En la otra punta, el DVD sigue revalidando su título de campeón de los nuevos formatos, con un crecimiento del 50% con respecto a 2004: este año, la combinación de música + imagen totalizó 690.545 unidades (un 4% del mercado), mientras que en la temporada pasada llegó a 455.618. Los CD, lógicamente, siguen representando la parte más sustanciosa de las ventas, ya que concentran un 93% del mercado (15.214.871 unidades vendidas). Si a esto se le suman las ventas de música en archivo digital (el sitio farolatino.com es el pionero, pero la industria ya anunció la puesta en marcha de otros tres “mostradores virtuales”) y el acelerado crecimiento de la venta de ringtones y backtones, queda claro que para el mundo musical la recesión también quedó atrás.

¿Y qué sucede en el terreno de lo artístico? Allí es donde el entusiasmo de la industria choca con el ceño fruncido del melómano. Este año, la indiscutible estrella de las disquerías fue una actriz, muy simpática ella e inserta en los brillos de la factoría de Cris Morena: Floricienta ocupa el primer y el sexto lugar del ranking de los diez más vendidos, aventajando con comodidad a otros coterráneos como la Bersuit (7º), Jorge Rojas (10º), Los Nocheros (Vivo, 12º), León Gieco (Por favor, perdón y gracias, 13º), Diego Torres (MTV Unplugged, 17º) y Rata Blanca (La llave de la puerta secreta, 20º), doblegando a habituales pesos pesado en el medio argentino como Joaquín Sabina, Shakira, Robbie Williams (Intensive care, 15º) y los Rolling Stones (A bigger bang, 14º). Otro caballo ganador de múltiples coronas en el ranking argentino, Luis Miguel, quedó 18º con su Grandes éxitos, quizá por una cuestión de timing (acaba de salir) o quizá porque la gente ya tiene todas las recopilaciones posibles.

Así las cosas en una industria que, a pesar de llorar miseria y estigmatizar al intercambio de archivos en la red como culpable de todos sus males, da señales de prosperidad. La gran deuda pendiente sigue siendo la política de precios, que justo antes de las fiestas fijó el full price (es decir, lanzamientos recientes de artistas de primera línea) en 30,90 pesos. En un mercado en reactivación, la pregunta no es cuánto más podría venderse si no existieran los peer to peer, sino qué clase de cifras podrían alcanzarse con un precio más razonable.



El Top 10 de los discos

1. Floricienta –Floricienta y su banda (EMI)
2. Fijación oral –Shakira (Sony BMG)
3. Alivio de luto –Joaquín Sabina (Sony BMG)
4. X&Y –Coldplay (EMI)
5. Il Divo –Il Divo (Sony BMG)
6. Floricienta y su banda –Floricienta y su banda (EMI)
7. Testosterona –Bersuit Vergarabat (Universal)
8. MTV Unplugged –La Ley (Warner)
9. American idiot –Green Day (Warner)
10. La vida –Jorge Rojas (EMI)


El Top 10 de los devedés

1. El último concierto –Soda Stereo (Sony BMG)
2. Insoportablemente vivo –La Renga (Universal)
3. De la cabeza con Bersuit Vergarabat –(Universal)
4. Go Home (Live from Slane Castle) –U2 (Universal)
5. Cunning stunts –Metallica (Universal)
6. Sin restricciones en vivo –Miranda! (EMI / Pelo Music)
7. Live 2003 –Coldplay (EMI)
8. Nos sobran los motivos –Joaquín Sabina (Sony BMG)
9. Return of the champions –Queen & Paul Rodgers (EMI)
10. Live at the Wembley Stadium –Queen (EMI)

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21.12.05 

Renuncio a la Navidad



Si éste es Papá Noel, no quiero más regalos.

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Eso es PRO

Verbitsky está lejos de ser mi periodista favorito, pero me encantó que encontrara esta perlita.

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20.12.05 

Operaciones

Al fin, a casi un año del incendio, Patricio el Callejero nos ha iluminado con la verdad: todo es una operación política. Bastó que el juez Lucini diera por buenas todas las pruebas acumuladas en la causa para señalar las responsabilidades del grupo, para que el cantante intentara otra vez una limpieza pública. Hay que reconocerle que esta vez no acudió al antro fascista de Radio 10, prefirió ir a poner la cara en el banderazo de sus barras en el Obelisco, pero sigue siendo asombroso el espíritu de abrirse de gambas, seguir echándole la responsabilidad a algún otro y no hacerse cargo de todas las cagadas que cometió Callejeros y que llevaron, también, a lo que sucedió en República Cromañón.

Suele enarbolarse la teoría de que salir de Ibarra, Chabán, funcionarios, bomberos y policías y señalar también a Callejeros es estigmatizar al rock, o llamar "asesinos" a Fontanet y compañía. Claro que los músicos no son asesinos, no pretendieron matar a los pibes. Eso está fuera de discusión. Pero su desidia, su ineptitud para organizar un show multitudinario, su costumbre de propiciar el show del público (está probado en la causa, por dar solo un ejemplo, el famoso "arreglo" entre barras y manager para meter pirotecnia en Obras), la sobreventa de entradas para hacer más diferencia, se suman a los horrores del local de Chabán, los funcionarios que hicieron la vista gorda, los policías que cobraron coimas y el sistema político que permitió que todo eso siguiera funcionando.

Y en cuanto al estigma, parece una estupidez recalcar que el rock no es asesino. Un puñado de errores de una banda que no representa a todo el rock, que es una fracción -y ni siquiera tan relevante- de un medio con múltiples facetas, estilos, representantes, modos de producción, contribuyó a un estado de las cosas que produjo 194 muertes.

Si se pide el juicio político, la cárcel y hasta la horca para el principal responsable del gobierno que permitió tantas irregularidades, ¿por qué los organizadores del show, tanto más cercanos al hecho, deberían ser intocables? Las barras bravas callejeras celebraron un juicio político caracterizado por aprietes, agachadas, amenazas, personajes que cambian de bando a velocidad crucero, mezquindades e hipocresías, pero si alguien pretende poner las cosas en caja y delinear las responsabilidades reales del grupo, entonces todo se convierte en -como decía Carlos Saúl I en Chile, vaya casualidad- una "operación política".

José Iglesias, padre de una víctima que defendió ardorosamente el juicio político a Ibarra, fue uno de los primeros en mostrar su satisfacción por el agravamiento de carátula para el grupo. ¿Cómo harán los callejeros para acusarlo de "operar para Ibarra"? Fontanet puede hablar de operaciones políticas y cuestiones "cuasimafiosas" (de eso, como líder de una banda apoyada por grupos de funcionamiento idéntico a las barras bravas del fútbol, debe saber bastante), y sus seguidores pueden seguir encandilados por este triste remedo de la verdad, otra cortina de humo para no hacerse cargo de su ineptitud. Les alcanza con Patricio diciendo "¿esto quiere decir que quisimos matar a nuestra gente, a nuestras familias?", los conforma esa lógica simplista, primitiva. Nadie (al menos, nadie en su sano juicio) quiere matar a sus seres queridos, pero si un grupo vio infinidad de veces desde el escenario que su público hacía cosas que ponían en riesgo a todos y no hizo nada por evitarlo (nada más serio que tibiezas como "Eh, loco, no prendan bengalas..." o el ridículo "¿Se van a portar bien?"), le guste o no, quiera reconocerlo o no, se esconda o salga a hablar cuando la ocasión lo amerita, tiene responsabilidad y debe responder ante la justicia. ¿Las condiciones del local agravaron la tragedia? Sí, y por eso el gerenciador del lugar está preso. ¿La corrupción de los organismos de control agravó la tragedia? Sí, y por eso hay funcionarios procesados y un jefe de gobierno suspendido en sus funciones. Pero no se puede pretender salvar el culo a toda costa, que la paguen otros y salir limpito como si no se tuviera ninguna incidencia en la tragedia. Eso es una operación política.

Los cantitos populares dicen que a los pibes no los mató la bengala ni el rock and roll, sino la corrupción. Es discutible (al fin y al cabo, lo que provocó tantas muertes sí comenzó con un elemento de pirotecnia), pero supongamos que es así. A los pibes los mató, entonces, la corrupción: la de funcionarios, policías, políticos, y la de una banda que instruyó a sus controles para que hicieran la vista gorda, vendió muchas más entradas de lo aconsejable para hacer una mejor diferencia y eligió Cromañón porque, a diferencia de otros lugares, no les rompían tanto las pelotas con el control de lo que ingresaba, le resultaba más sencillo montar su numerito de banda "de verdad" con seguidores llenos de banderitas y fuegos.

La acusación a Callejeros no es una embestida contra el rock, no es un intento de desviar la atención, no es una opereta de políticos, de la justicia o de los medios. Es otra saludable iniciativa para intentar lo que se reclama desde los días posteriores al 30 de diciembre: que quede clara la responsabilidad de cada uno, la única manera de que la masacre deje alguna enseñanza.

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19.12.05 

Movilidad social ascendente

"Lo que tengo, me pertenece", dijo el monigote menemista Alberto Kohan para referirse a sus 3 millones de dólares, y al enriquecimiento del 300% por ciento que experimentó mientras era funcionario de Carlos Saúl I.

Nadie tiene dudas de que te pertenece, Albertito. El tema es cómo lo conseguiste.

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Sunday

Ya está, se fue, se terminó.

Pasaron Richard Coleman, Marcelo Moura, Sergio Rotman, Kevin Johansen, Manu Chao, Amparanoia, Goy Ogalde de Karamelo Santo, Los Natas, Pez, Laurie Anderson. Hicimos el Resumen Lerú de la Historia del Rock con episodios dedicados al reggae, los guitar heroes, las cantantes femeninas, la notable cosecha del año 1986, Charly García, Los Abuelos de la Nada y los Redonditos de Ricota. Presentamos el Catálogo de Frases de Soda Stereo, Sumo y Divididos. Hubo menúes de Canciones para Toda Ocasión de toda clase, adelantamos el Pronóstico de la Semana 24 veces, le prestamos el micrófono a la logia de los puestos para que volara con sus informes desencajados. Nos metimos en el contestador telefónico de Moby, Tom Waits y Capif, y en la cocina de discos como Wadu Wadu y canciones como "Siguiendo la luna" de Los Fabulosos Cadillacs y "Perdiendo el contacto" de Fricción. Nos desenfrenamos con las noticias más ridículas del Noticiero Salvaje, y nos dejamos un espacio para tripear en Colgate Conmigo. Regalamos discos y devedés, explicamos por qué queremos tener a los tíos Quentin, Keith y Bob sentados a nuestra mesa navideña, contamos las aventuras de Harry Puesto y nos divertimos a lo pavote, y hasta nos terminó cayendo simpático Jack Johnson. Bueno, más o menos.

Anoche, con Lucas Ribaudo -el productor que puso todo para que el programa estuviera cada domingo un poco más bueno- despedimos a Pampa Salvaje. Fueron seis meses para guardar en el álbum de fotos. Y ya pusimos a cargar las pilas para la próxima aventura.

A los que estuvieron del otro lado: gracias.

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17.12.05 

Adiós, Pampa mía

Como alguna vez canturreó Calamaro, todo tiene un final, todo termina: mis deseos iban por otro lado, pero este domingo será el último programa de Pampa Salvaje. Es una pena porque el asunto estaba saliendo lindo, pero con Lucas Ribaudo (un productor de los que no sobran) estamos convencidos de que solo será una pausa hasta la próxima aventura radiofónica. Por eso, la despedida promete altos grados de salvajismo, con un repaso no demasiado serio de las cosas que nos dejaron este año (incluyendo un listado de diez canciones nacionales y diez internacionales), las reflexiones de la logia de los puestos sobre lo que vendrá después del pago al FMI, el Noticiero Salvaje, el pronóstico de la semana, Colgate Conmigo, las últimas novedades en el caso Cromañón y todo lo que vaya saliendo en una noche que promete desquicio.

A las 21, por Spika 103.1, el último encuentro para celebrar la antropofagia.

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16.12.05 

Robben Ford

Acabo de escuchar "In the crossfire" (Starsailor, 2005), canción utilizada en la campaña de cortometrajes de Ford Focus, y a continuación "Yellow" (Coldplay, 2000).

Son demasiado parecidos.

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14.12.05 

La rapsodia inoxidable

(publicado hoy en Página/12)

“Era una cuestión de vida o muerte, hundirse definitivamente o salir nadando. Si con ese disco no nos hubiera ido como nos fue, hubiera sido el fin de la banda.” El que habla es Brian May, y ese disco no es cualquier disco: en 1975, Queen lanzó A Night at the Opera, uno de los discos más singulares en la historia de rock, el envase perfecto para una canción inexplicable llamada "Bohemian Rhapsody", que haría ingresar de una vez y para siempre al Olimpo al cuarteto de May, Freddie Mercury, Roger Taylor y John Deacon. Una noche en la ópera es ese momento mágico en que una banda explota, empieza a dar lo mejor de sí, aquilata la experiencia acumulada y comienza a escribir sus mejores páginas, esas que su público va a añorar no mucho tiempo después. En 1975, Queen ya era una banda conocida y algo exitosa, pero el disco del escudo heráldico sobre tapa blanca lo iba a convertir en una banda grande. Y por eso no es de extrañar que el tandem May-Taylor haya impulsado una edición aniversario con el audio notablemente remasterizado, y enriquecida por un DVD donde aparecen los videos de "Bohemian..." y "You’re My Best Friend", pero también otros diez clips sobre las demás canciones (con imágenes en vivo de la época) y extensos comentarios de archivo de todo el grupo (solo en audio), hablando del disco en general y de "Rapsodia bohemia" en particular (ver aparte).

¿Qué era Queen antes de esa consagración que tomaba prestado el título de los Hermanos Marx? Surgido del glam pero con pasión sinfónica, con complejos arreglos orquestales y dibujos de piano grandilocuentes pero “¡sin sintetizadores!”, Queen encontró un híbrido preciso y efectivo, en el que cabían oscuridades como "Great King Rat" y números de cabarute como "Killer Queen" (su primer hit), la furia eléctrica de "Liar", la brillantina de "Keep Yourself Alive" y el “disco conceptual”. Queen (1973), Queen II, Sheer Heart Attack (1974) fueron los escalones para llegar a A Night..., pero que justo antes de la grabación, con la banda quebrada y en juicio con su agencia de management, parecían conducir más bien al abismo. Mercury, más influido por Liza Minnelli que por T Rex o el Bowie más repintado, no se quedaba en el artificio del rock, sino que apelaba a la amplia gama de artificios de todo género con brillo. May era el artesano, el que tocaba la guitarra que había hecho él mismo, dueño de un estilo que lo separaba de todos los guitar heroes de la época. Roger Taylor, un baterista cercano a la ortodoxia rockera, pero ingenioso para buscar musicalidad, afinación y sentido de la oportunidad al tocar. Y un baterista que cantaba, toda una rareza en los ’70. Deacon, pobre, era el nerdo aplastado por semejante trío de personajes, no cantaba, no componía, no hablaba, no se movía en el escenario: recién en los ’80 tendría su momento de gloria con los bajos alla Chic de The Game.

Esa extraña ensalada daría sus mejores resultados desde A Night..., que abrió un fértil período de cinco años: A Day at the Races, News of the World, Jazz, Live Killers y The Game. Pero en 1975 todo estaba por hacerse, y el cuarteto apenas podía conservar la confianza. “Estábamos en graves problemas financieros, endeudados, con problemas contractuales”, cuenta May en el DVD. “Acudimos a John Reid, que había sido manager de Elton John, y nos dijo ‘yo les arreglo los problemas, ustedes vayan y hagan el mejor disco que se haya escuchado nunca’. Y sí, creo que fue un quiebre. Teníamos una confianza en nosotros mismos realmente insana.” Roger Taylor recuerda el momento en que, tarde en el estudio, vieron la película de los hermanos Marx, y May se explaya: “El título era muy bueno porque tenía mucho que ver con el contenido. Fue una decisión espontánea, y después aparecieron un montón de paralelos..., lo genial de A Night at the Opera es que nos fuimos dando cuenta de qué clase de pinceles teníamos en las manos. No fue de pronto, porque en Queen II hay un montón de indicios de esas expediciones barrocas. Amábamos el estudio, lo considerábamos un lienzo infinito. Era un gran momento, había mucho equipamiento nuevo: tuvimos acceso a la primera mesa de 16 canales, la primera de 24..., teníamos herramientas grandiosas en las manos, y la voluntad de usarlas. Una vez que tenés el juguete y sabés cómo utilizarlo, dejás que tu imaginación se dispare”.

La imaginación se disparó, sin dudas. Queen suele llevar adosada la etiqueta de “barroco” (y no sin razón), pero A Night at the Opera sólo se zambulle en ese terreno con "Bohemian..." y también "The Prophet Song", otra compleja arquitectura de armonías vocales matizada por una versión en juguete de un instrumento japonés, el koto, que en el clip de la canción se ve por primera vez. Pero el disco transita el rock más sanguíneo en la apertura de "Death on Two Legs" (evidentemente dedicada a su ex manager), "Sweet Lady" y "I’m in Love with My Car", el típico numerito salvaje de Taylor, dedicado a un plomo que amaba los fierros. Y se codea con el jazz a través de los acordes de guitarra y el ukelele de May en "Good Company" o la juguetona sección de vientos dixie (realizada con las voces) en "Seaside Rendezvous", y ensaya un paso de varieté en "Lazing on A Sunday Afternoon", y se acerca al folk en "’39", y juega con el pop en "You’re My Best Friend", y reformula "God Save the Queen" para guitarra distorsionada, y entrega una balada perfecta como "Love of My Life", la canción que, nunca editada como single, llegaron a cantar miles y miles de personas en cada estadio lleno.

“Cuando no tenés nada, apostás todo. Queríamos hacer cosas mejores con la armonía vocal, como lo hacía Yes, pero combinado con la brutal, maravillosa y pesada influencia de Led Zeppelin, detalla Taylor, pero se queda corto. Hasta que llegó la brutal decadencia de Hot Space en 1981, Queen mostró una versatilidad y un dominio de lenguajes musicales y de escenario que diluye todo comentario sarcástico sobre su aparente aparatosidad. ¿"Rapsodia bohemia" es un elefante que parece durar más que sus 6 minutos reales? Es una manera de verlo, pero es imposible abstraerse de su compleja elaboración, imposible no recordar al dedillo su opereta central (recordar la histórica escena de Wayne’s World), imposible no dejarse llevar por ese crescendo que estalla en el rock final. Versionada por infinidad de intérpretes, desde el punk que buscaba reírse de Mercury hasta el California Guitar Trio, el oscuro y deforme Weasel Walter (en un disco llamado Queen escuchado a través de una picadora de carne), el "Rap, soda y bohemia" de Molotov, la Royal Philarmonic Orchestra, Bad News –una banda tipo Spinal Tap– o el San Francisco Gay Men’s Chorus, ese capricho surgido de los “mundos imaginarios que Freddie tenía en la cabeza” (May dixit) marcó toda una época y le puso a Queen definitivamente la corona.

Después está todo lo demás, lo que la industria gusta remarcar: A Night at the Opera fue grabado por sólo 45 mil libras y vendió por millones, "Bohemian Rhapsody" estuvo nueve semanas consecutivas al tope del chart británico y volvió a ser número uno gracias al soundtrack de El mundo según Wayne, el aniversario llega con el grupo nuevamente en actividad. Pero mejor ni hablar de ese híbrido con Paul Rodgers, los tropiezos del grupo a partir de los ’80, el triste final de Freddie, aquello que excede el marco de esa obrita que, treinta años después, sigue brillando. O, como escribió Mercury en su rapsodia inoxidable: “¿Esto es la vida real, o fantasía? De cualquier modo, el viento sopla y realmente no me importa”. Una noche en la ópera, un lugar en la historia.



Los secretos de la rapsodia

Roger Taylor: “Nadie quería a 'Bohemian Rhapsody' como single. Todos decían que no la iban a pasar en radio porque era muy larga”.
Freddie Mercury: “No existe una apuesta segura con los singles. Con 'Bohemian Rhapsody' fue un gran riesgo, y funcionó. Con una canción así, iba a ser un gran éxito o un terrible fracaso”.
R. T.: “No hubo un plan, sucedió como iba pasando. Freddie vino un día y la tenía escrita, completa, en la parte de atrás de guías telefónicas. Tenía todas las armonías escritas, y ya tenía pensado todo en la cabeza, sabía exactamente cómo quería que sonara. La mitad del tiempo no sabíamos realmente cómo era la totalidad, qué iba a sonar cuándo la termináramos. Eso fue muy sorprendente. Hay armonías enormes y él tenía la mayoría de antemano en su cabeza”.
Brian May: “Freddie vino varias veces con pequeñas notas escritas. Tenía escrito el nombre de todas las notas y una estructura. Con el tiempo Freddie se volvió más instintivo, pero en ese momento era muy metódico y estaba musicalmente muy bien preparado. Yo estaba en el cuarto de control cuando se hizo la pista base, piano, bajo y batería: estaba con Roy Thomas Baker y ellos tocaban, y estaban esos pequeños silencios y era difícil imaginar qué carajo estaba planeando poner allí. Nos decía ‘Esta es la parte de ópera, ésta es tal parte, ésta es la parte bien rockera...’ Gradualmente, fue tomando forma”.
F. M.: “Fue una tarea monumental, hecha en tres secciones bien definidas y luego ensambladas. Cada una requería gran concentración. La sección de ópera fue el gran desafío, porque queríamos recrear una gran armonía nosotros tres. Eso significó un montón de sobregrabaciones y otras cosas. Creo que entre los tres, Brian, Roger y yo, recreamos un efecto de coro de 160 a 200 integrantes. Es un tremendo rango de armonías, involucró hacerlo una y otra y otra vez para que sonara más y más grande. En la parte del “no, no, no” en diferentes escalas, nos sentamos ahí cantando “no, no, no” como 150 veces. Nos volvimos locos”.
R. T.: “La cinta quedó casi transparente, de verdad. Eran tiempos de 16 canales y apilábamos sobregrabaciones... La cinta no aguantaba más, había pasado tantas veces por las cabezas de grabación que había perdido el óxido. Fue mucho trabajo y bastante tedioso, pero luego de tres horas de grabar podías escuchar una partecita y estaba muy bueno. Era un gran paso para nosotros, porque nadie estaba haciendo algo así. Es una gran canción, seria pero con sentido del humor, especialmente en el pastiche del medio. Nos pareció buenísima, hilarante, grandiosa, excitante... divertida”.
Roy Thomas Baker, productor: “Freddie vino, se sentó al piano, cantó tres estrofas impresionantes, paró y dijo: ‘Ahora, queridos, empieza la sección de ópera’. Empecé a sonreír y, en rigor, apenas paré durante toda la grabación, a pesar de estar haciendo 180 sobregrabaciones en la era predigital, siete días con jornadas de doce horas de trabajo. 'Bohemian Rhapsody' fue algo completamente loco. Nunca paramos de reírnos: era básicamente una broma, pero una broma muy exitosa”.
F. M.: “Alguien dijo que era una cruza de Cecil B. De Mille y Walt Disney... lo cual me parece mucho más apropiado para los Beach Boys”.
R. T.: “Creo que sabíamos que era especial, aunque no había manera de predecir que sería tan popular. Pero sabíamos... y valió la pena pasar literalmente semanas trabajando en ella”.

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13.12.05 

Microemprendimientos

Esta semana apareció en las disquerías ($ 39,90) Quilmes Rock 03/04, un CD más DVD con los shows de Las Pelotas, Babasónicos, Molotov, Café Tacuba, Intoxicados, los Decadentes, Catupecu Machu, Spinetta y García, entre otros. Estuve leyendo atentamente el librillo, y no encuentro por ningún lado el agradecimiento a la Secretaría de Cultura del Gobierno de Buenos Aires. De parte de FYN S.A. (empresa cuyo nombre de fantasía es PopArt), un verdadero acto de ingratitud: teniendo en cuenta que la Secretaría que encabeza Gustavo López, a través del programa Fondo de Cultura BA, les otorgó un subsidio de 44.350 pesos (en concepto de "Co-financiación del Festival Quilmes Rock 04"), deberían poner al menos... no sé, algo.

Recordemos los fundamentos del Fondo Cultura, "programa metropolitano de fomento de la cultura, las artes y las ciencias": "LINEA MICROEMPRENDIMIENTOS COMUNITARIOS Y ASOCIATIVOS (las mayúsculas son del original): Subsidios de hasta $60.000 para micro emprendimientos artísticos, culturales y científicos de carácter comunitario o social sin fines de lucro, que aporten beneficios a la comunidad. Para personas físicas o jurídicas sin fines de lucro".

Muy bien. Y ahora... ¡todos corriendo a la disquería, a pagar 40 mangos por el microemprendimiento sin fines de lucro!

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12.12.05 

La logia

Hoy en el blog La logia de los puestos: Regalos inconvenientes para el niño puesto, una recomendable nota-servicio con miras a la Navidad que se viene.

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Un año

El 8 de diciembre de 2004, con un post titulado "Filippo", arranqué este asunto. El costado más fatalista me aseguraba que, con el correr de los meses, como le pasa a tanta gente, se iba a enfriar el entusiasmo y el blog terminaría languideciendo. Y sin embargo, me terminé sorprendiendo a mí mismo, encontrando siempre un rato para mantenerlo activo o agradeciendo su existencia para poder hacer catarsis, reírme un rato o simplemente despuntar la necesidad y el placer de escribir. Curiosamente, la semana pasada volví a ver un show de Filippo -quienes incluso estrenaron la demorada canción "Yo tengo más fe que Palito Ortega"- y ahí se me apareció la cuestión de este módico aniversario. Nada que vaya a cambiar la historia del mundo, pero suficiente para prender una vela en señal de festejo.

Salud, y gracias.

11.12.05 

Esta noche en Pampa Salvaje

La División de Grabaciones Encontradas sigue adelante con el ciclo de canciones para las fiestas: un menú de cinco opciones para recibir el Año Nuevo... y dejar al viejo en ruinas.

Se cumplieron 25 años del asesinato de John Lennon, hubo homenajes de todo tipo y factor, y no son pocos los que siguen enarbolando a voz en cuello el hit de siempre: La culpa de todo la tiene Yoko Ono.

Todo sobre los nuevos discos de Rolling Stones – sí, en las disquerías apareció otro disco de los Stones-, Roxy Music, Blur y Prince, quien ya desmintió que el disco vaya a llamarse Canciones para descaderarse.

Salieron las nominaciones de los Grammy. ¿Y a quién le importa?

El mundo del rock se volvió loco, loco, loco: Amy Lee, de Evanescense, acusa a su ex manager de acoso sexual; Ace Frehley saca un disco de “grandes éxitos” y George Michael afirma que Boy George es homofóbico.

Esta vez sí: para los giles que se lo perdieron, repetimos el Resumen Lerú de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Y el Pronóstico de la Semana, un cover de la banda de teatro Los Macocos, un paseo por la cocina de los ochentosos Fricción, algunas preguntas para colgarse a lo tonto y música, música, música, para tratar de tapar esa maldita convicción de que, el año que viene, nos volvemos de Alemania al tercer partido.

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7.12.05 

Aplausos, D'Addario

Me encantó esta nota de Fernando D'Addario sobre el Live 8.

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El gringo que se rindió ante el rock latino

(Publicado hoy en Página/12)


Resulta paradójico, pero así son las cosas: una de las mejores compilaciones de los últimos tiempos centradas en el rock latino fue realizada por un gringo con inquietudes, desde su estudio de radio en Santa Monica, al sur de California. Que el arte del disco haya sido realizado por Beck (sí, ése Beck, el que canta “qué onda, güero...”), y que el disco haya llegado casi en silencio a las costas argentinas, redondea una de esas historietas que –felizmente– tiene el soundtrack adecuado, a la altura de la rareza. Entonces, a los bifes: Sounds Eclectico, la selección realizada por Nic Harcourt para la emisora KCRW, es una de esas opciones en las que el dinero que cuesta un CD está bien empleado.

¿Cómo nació, entonces, este puñado de versiones únicas de gente como, entre otros, Café Tacuba, Jorge Drexler, Aterciopelados, Plastilina Mosh, Juana Molina y Manu Chao? Desde fines de los ’90, Harcourt conduce en KCRW –una emisora pública que transmite para toda California y que se puede seguir en www.kcrw.com– un programa llamado Morning Becomes Eclectic, tres horas consagradas a la diversidad musical y con especial acento en lo latino. El mismo Harcourt reconoce que, a su llegada a Los Angeles en el ‘98, “mi conocimiento de la música latina era prácticamente nulo”, y por ello se abocó a su difusión con la sensibilidad de un fan y el rigor de quien entiende a la radio como un medio para descubrir cosas, no sólo para repetir como lorito la alta rotación de las majors. Con la asistencia del productor argentino Tomás Cookman, radicado en LA desde hace años y harto conocedor del paño, Harcourt abrió la puerta para que los músicos que le volaban la peluca pasaran por el estudio de KCRW y dejaran testimonio de sus canciones. Así, como un Jools Holland de este continente, el DJ y locutor fue dándole cuerpo a una montaña de material “paralelo” a la carrera oficial de cada artista, digno de escucharse más allá de la península siempre amenazada por el gran terremoto.

Temblores, precisamente, produce la escucha atenta de Sounds Eclectico, que abunda en momentos de belleza e inspiración. De arranque, nomás, los Tacuba entregan una preciosa versión de "La muerte chiquita" registrada en agosto de 1999, la época en que Revés/Yosoy disparó un ejercicio de experimentación que no les impidió seguir cultivando el formato de canción. En ese rubro, hay varios momentos de Sounds... que provocan una sensación de intimidad difícil de conseguir en la frialdad del CD: uno de ellos está a cargo de la argentina Juana Molina, cuyo "Insensible" –cantada en francés y con la participación de Fernando Kabusacki en guitarra y Alejandro Franov en piano– ofrece a la vez una armonía sumamente compleja y una emoción sencilla y directa. Inmediatamente después, en una sesión registrada en mayo de este año, Jorge Drexler detiene los relojes. Solo con su guitarra y con el Oscar ya en la estantería, el uruguayo deja una inolvidable versión de "El pianista del gueto de Varsovia", que estremece desde el mismo momento en que pronuncia eso de “Dos generaciones menos...”.

Pero el recorrido acaba de empezar, y todavía tiene mucho por mostrar. También armados sólo con sus guitarras, Manu Chao y Madjid Fahem recrean la atmósfera de taberna con un "Clandestino" registrado en el 2001, breve, sencillo y festivo. El puente que va de sur a norte tiene paradas en Colombia, con Aterciopelados ("Baracunatana") y la disfrutable mixtura de los anglocolombianos Sidestepper ("Deja"), pero también en Venezuela (Los Amigos Invisibles, a quienes Harcourt define como “unos tipos tan divertidos que te infectan el estudio”, hacen una fiestera "Gorditas de Mario") y en Cuba, de donde surge la profunda voz de Omara Portuondo para "No me vayas a engañar". Y México, país responsable de buena parte de la música más revolucionaria del mundo latino en los últimos tiempos, ofrece a varios hijos dilectos: además de Tacuba, en Sounds Eclectico desfilan Julieta Venegas ("Lo que pidas"), Plastilina Mosh (con las voces-vocoder de "Baretta 89"), El gran silencio ("Sound System Municipal") y los demoledores Kinky, que vuelven a certificar su capacidad de fundir toda clase de universos musicales en "Sol (batucada)". Con semejante acumulación de buenos artistas y mejores canciones, se hace fácil comprender el enamoramiento de aquel gringo con inquietudes. Y el resultado no sólo suena ecléctico sino, sobre todo, encantador.

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1.12.05 

Africa asediada

"Causa enorme preocupación que la estructura misma de la vida africana, su fuente básica de esperanza y estabilidad, se vea amenazada por el divorcio, el aborto, la prostitución, el tráfico humano y la mentalidad del anticonceptivo, todo lo cual contribuye a la ruptura de la moralidad sexual", le dijo Benedicto XVI a los obispos africanos.

¿Esos son los problemas de Africa?

Ratzinger, ¿sos boludo, cínico, o un Reverendo hijo de puta?

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
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