Días optimistas, días pesimistas.
¿De qué estaremos hablando dentro de unos meses? Podría decir “dentro de un año”, pero en ese momento seguramente arreciarán las notas de
“A un año de la tragedia de Cromañón”, y todo el mundo volverá a parecer concientizado, analítico, tan convencido como hoy de que las cosas deben cambiar.
A veces todo da asco.
Leo y releo, absorbo información como una esponja que todo lo puede, pero llegó un momento en que tuve que decir basta, desaparecer un día de
P/12 y dejar de tragar mierda.
¿Aprenderemos, de verdad?
¿Cómo se hace para volver a sentarse frente al teclado y escribir una nota sobre un disco, un show, un músico? ¿Cómo sacarse tanta carga de encima?
Me duelen las palabras, y entonces queda buscar refugio en las canciones. Y volver a descubrir al tipo que nos escribe desde hace tanto tiempo.
Una vez creí que nada iba a pasarme
Una vez pensé que nadie iba a matarme.
El tiempo pasó
entre rayuelas y cometas
entre un amor y bicicletas
y aunque estuviera sólo sabía jugar
aunque quisiera llorar.
(…)
Nadie pudo ver que el tiempo era una herida
lástima nacer y no salir con vida
yo quiero llorar.
Reloj de plastilina no existes más
ya no te puedo esperar
mientras el payaso hace la red.
Salgo a caminar
y sigo imaginando
fui lo que creí
soy lo que está pasando
No quiero llorar.
No quiero estar envuelto en penas
siempre arrastrando estas cadenas
si el tiempo no es amigo
no importa más
yo sólo quiero jugar.
“Reloj de plastilina”,
Charly García, 1990.
Etiquetas: música