Gripe con plumas
Te la creías. Te juro que te la creías. Solo promediando el documental algo te empezaba a hacer ruido, las conclusiones empezaban a salirse de caja, asomaba el pensamiento lateral y la historia de los ñandúes salía, como corresponde, al galope. La crotoxina estaba en todos los medios, y Sorín quiso demostrar al mismo tiempo el poder de manipulación en temas relacionados con las enfermedades y la medicina y en los documentales. Gran juego de espejos, La era del ñandú te sigue quemando la cabeza.
El problema es que hoy, como un tercer reflejo de ésos que te aparecen en el botiquín del baño, el ñandú está en el banquillo. Las aves tienen gripe, y parece que no es una gripe que se quede en los estornudos. La primavera no trajo paz y amor sino un florecimiento de titulares catástrofe, ahora sí que estamos jodidos, se nos vuelan los pajaritos y vamos todos al matadero, Hitchcock se debe estar cagando de risa en la tumba, los tres pajaritos de Bob Marley ya no quieren cantar don’t worry. Olvidate de ir a la cancha y cantar “hay que poner un poco más de huevo”.
Hace unos años, en Barcelona, un catalán me contó del horror que le había quedado después de visitar un criadero de pollos en su tierra. “Un gran archivero con cubículos donde los pollos no pueden hacer más que estar sentados, engordando”, contó. “Tienen los muslos bien gordos, pero los tiras al piso y no pueden caminar, tienen las patas atrofiadas”. El tipo hablaba de un campo de concentración apícola, y puede sonar medio escandaloso pero la analogía era válida.
Me parece que los pollos se hartaron, y sus congéneres se plegaron a la medida de fuerza.
Volverán las oscuras golondrinas, y nos van a hacer pelota. Que una paloma te cague en la cabeza te va a hacer recordar a Exterminio, la peli de Danny Boyle donde todos se volvían locos de rabia y Londres quedaba desierta y una gota de sangre en la cara era el fin. Después de años de adorar su canto, tu abuela se va a comprar un rifle y lo va a cagar a tiros al mirlo. El detergente que quería salvar a los pingüinos va a suspender la campaña porque el pingüino es un pájaro bobo y los pájaros, inteligentes o tontos, tienen gripe y mejor que se empetrolen y se mueran. Al fin podremos sacrificar a Condorito, la Gallina Turuleca pasará a la clandestinidad. Van a prohibir al Gallo Claudio y al Pato Lucas, va a haber un atentado en la granja del Jardín Zoológico, el psicópata que vive en Washington dirá que la culpa de todo la tiene Osama Bin Ave.
¿Y si todo fuera un ejercicio? Y si, como en Wag the dog, todo es una producción de Hollywood financiada por un gran laboratorio? La fantasía paranoica siempre garpa: un científico pagado por el poder piró, se puso a experimentar y todas las cuentas le salieron mal, y ahora hay que disfrazar todo de una gripe aviar hasta que llegue 007, Bond, James Bond, y arregle el entuerto. Una conspiración de la industria del pescado. La venganza de Mazzorín, una jugada para generar nuevas necesidades ahora que el HIV empieza a estar un poco más controlado.
Las aves tienen gripe, y nosotros necesitamos vacunas. Vacunas, vacunas, vacunas. Necesitamos vacunas para la gripe. Necesitamos vacunas para la realidad.

