28.3.06 

Out of service

Sí, estoy de vacaciones y no me importa una mierda nada, felizmente desconectado si no del mundo, al menos del laburo. Pero pasate de vez en cuando, en algún momento seguiré posteando.

24.3.06 

1976 II (1982)

En medio de todos los recordatorios por el comienzo de la dictadura, tengo muy presente el momento en que empezó a terminar. En 1982 cursaba tercer año en la secundaria del Susini de Flores: durante la guerra de Malvinas, una disposición del Ministerio de Educación ordenó que los alumnos tuvieran presente la gesta patriótica armando murales en el aula, y así nuestro salón estaba lleno de recortes de diarios y revistas, incluyendo la infame tapa de "Estamos ganando" by Chiche Gelblung en Gente. Apenas unos días después de esa tapa, pasamos rápidamente de campeones victoriosos a nación derrotada. Y fue como si se abriera un dique, como si de pronto esos pibes de quince años hubieran descubierto una módica rebeldía, una sensación de estafa que nos despertó abruptamente a un universo de mentiras en el que no cabían más simulaciones. El mismo día en que se anuncio la rendición de Menéndez -tan valiente para hacer estaquear soldaditos, tan maricón con el enemigo-, sin que lo coordináramos, sin que lo habláramos previamente, sin siquiera pensarlo demasiado, llegamos al aula y al curso entero nos agarró un ataque de furia que llevó a que arrancáramos esa galería periodística inmunda, destruyéramos todos los papeles y los dejáramos en el piso.

Ni siquiera nos pusieron amonestaciones: el rey había quedado desnudo.

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22.3.06 

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Un tiro para el lado de Creative Commons.

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Marxismo

Se llama Animal Crackers, es de 1930 y fue la anteúltima película como director de Victor Heerman (y eso que vivió 47 años más). Pero el dato es inútil, porque lo que verdaderamente importa es que en la peli actúan Groucho, Harpo y Chico Marx (está también Zeppo, el Hugo Maradona de los Marx). Groucho es el Capitán Spaulding y Chico es Ravelli, y en la casa donde están se robaron un cuadro. Y dicen:

Spaulding: Supongamos que nadie de la casa se haya llevado el cuadro.
Ravelli: Entonces vayamos a la casa de al lado.
Spaulding: Bueno, supongamos que no hay ninguna casa al lado.
Ravelli: Entonces, naturalmente, tendremos que construir una.
Spaulding: Así se habla. ¿Qué clase de casa cree que tendríamos que construir?
Ravelli: Pues mire, le voy a decir mi idea. Creo que debemos construir algo bonito, pequeño y confortable.
Spaulding: Eso es lo que me parece a mí. No quiero nada elaborado. Sólo un pequeño lugar que pueda llamar hogar y decirle a la mujer que no voy a cenar.
Ravelli: Ya, no quiere más que una cabina de teléfonos.

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20.3.06 

No Aston, no cry

Qué feo que los hermanos rasta se peleen. Aston "Family Man" Barrett, el histórico bajista de los Wailers, le inició juicio a la familia de Bob Marley por regalías no pagadas. El muchacho alega que él y su hermano Carlton -baterista del grupo- eran la piedra basal del grupo, y que Bob les había prometido regalías por los discos Natty dread, Rastaman vibration y Babylon by bus. Según dice Stephen Bate, abogado de "Family Man" (cuyo apodo tiene que ver, precisamente, con sus ¡52! hijos), "Aston y su hermano literalmente crearon el sonido de los Wailers, lo que no desmerece ni un poco la extraordinaria capacidad compositiva de Mr. Marley. Pero fue su sonido único el que le dio fama internacional a los Wailers". Del otro lado, el sello Island y Rita Marley aseguran que Aston renunció a toda regalía pendiente en un acuerdo de 1994. Y desde una nube -de humo- en el más allá, Bob debe estar diciendo: "Aston, dejate de joder, venís choreando todos los años en Argentina con mis canciones y ahora se te ocurre pedir más guita..."

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18.3.06 

Un archivo

Hace un tiempito que quería hacer esto, pero recién ahora que tengo mis merecidas vacaciones en el diario pude organizarlo: en los links hay ahora un caminito que lleva al arcón de Pan y Circo, donde iré colgando algunas cosas viejas pero que aún conservan cierta gracia.

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17.3.06 

Descuido

El sello EMI acaba de sacar una Platinum Collection de David Bowie que está muy bien (sobre todo si no tenés nada de Bowie): tres discos, 57 canciones que abarcan la carrera de 1969 a 1987. Todo ya fue editado de una u otra manera -de hecho, el primer disco, 1969/1974, fue lanzado de modo individual hace tres, cuatro años-, pero no viene mal una edición integral. Ahora bien: ya que ponen otro artículo en venta sin invertir más que en la fabricación, ¿no podían poner un poquito más de cuidado, mirar lo que están haciendo? Los stampers de los tres discos dicen "The best of David Bowie 1969/1974". Muchachos, no era taaaan difícil...

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15.3.06 

Ultimo momento

Después de la caída del glaciar Perito Moreno en la clandestinidad de la noche, se produjo otro desprendimiento: tras vomitar una buena cantidad de sandeces, lavarse las manos, descargar la responsabilidad en cualquiera menos en él (deporte compartido por Ibarra, Callejeros, etcétera) y "llorar" con menos convicción que en sus performances en Cemento, anoche, en la prisión de Carlos Paz, a Omar Chabán se le cayó la cara. Lamentablemente, como sucedió con el glaciar, no había ninguna cámara infrarroja para registrar el suceso.

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Hello, hello... II

En estos días puede verse, en grandes carteles callejeros y en la TV, una campaña de Telefónica que, para vender un nuevo modelo de celular, sortea un viaje para ver a U2 en Australia.
Cuando hayan vendido un montón de celulares y sorteen al ganador, ¿al fin le van a decir que el show de Australia fue suspendido?

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La nobleza del pan recién horneado

(Publicado hoy en Página/12)


En 1970, Almendra ya estaba al borde de la disolución, pero aún tenía la energía como para editar su segundo disco, doble para más datos, que fue la despedida hasta el regreso de 1979. "Para ir", una de las canciones más bellas de ese disco, arrancaba: “Siéntate a ver el día/ mira qué gusto da ver el rayo/ justo donde empieza la avenida”. 36 años más tarde, Luis Alberto Spinetta –un tipo generalmente poco propenso a la revisión de su propia obra, más allá de los rescates de sus últimos conciertos– echa un vistazo atrás y canta: “Alguna vez, querida mía/ te pregunté por un rayo que viste en la avenida...”. La canción se llama "Sinfín" y es la primera corteza de Pan, el nuevo disco del Flaco, que el sello Universal puso en las bateas esta semana. Un álbum que quizá dispare los inútiles debates de costumbre (esas discusiones sin objeto entre quienes prefieren a un Spinetta de museo, los fans que celebran absolutamente todo y los que encuentran las pistas entre pasado y presente), que les dará dolores de cabeza a los musicalizadores que buscan ante todo el single livianito y con gancho, que necesitará un par de escuchas para empezar a imponerse pero que, al cabo, conseguirá lo que merece: brillar, y quedarse a vivir en la discoteca.

En primer lugar, algo que parece una obviedad, pero no lo es: para hornear este pan, Spinetta encontró una banda. No es que el personal que participó en Camalotus, Para los árboles o experiencias anteriores no sonara bien, pero en el núcleo formado por la guitarra y la voz de Luis, el tecladista Claudio Cardone, la bajista Nerina Nicotra y el baterista Sergio Verdinelli hay una rara simbiosis, una cohesión que le da a Pan un aire sonoro monolítico. Si en los Socios del Desierto ese vínculo se traducía en un sauna de lava eléctrico, este grupo se pone al servicio de canciones sutiles, que levantan otros vuelos e intentan otros matices. Y basta calzarse los auriculares para comprobar otro hecho notorio: Luis está cantando como nunca, la voz intacta y la expresividad afilada.

Pero, además, el cuarteto (enriquecido por los coros de Graciela Cosceri en cuatro temas y la acústica de Guillermo Vadalá en el mismo "Sinfín") afronta un desafío que hace al pan aún más sabroso. De un modo mucho más profundo que en obras anteriores, estas canciones de Spinetta obedecen ante todo al mundo de la lírica: a la inversa del modo más usual de composición, aquí es la forma de la poesía la que determina el tempo y la estructura de cada tema. Despojándose a conciencia de los rigores de estrofa y estribillo, Luis deja que los versos fluyan y que en ese fluir lleven a la música donde debe ir. Y eso se puede traducir en el aire folklórico de "La flor de Santo Tomé", la tensión rítmica de "Proserpina", las oscuridades de "Cabecita calesita" o la belleza melódica de "Bolsodios", pero ante todo imprime una personalísima marca de autor, esa inconfundible sensación de que Spinetta, sólo Spinetta, puede darle carnadura musical a esos instintos. Y, en tiempos de concepciones predigeridas de la música, apuestas seguras y canciones burocráticas de gusto rancio, tomar decisiones que son pura libertad, nobles como el pan.

Algunas elecciones instrumentales, por otra parte, harán las delicias de aquellos cultores del Museo Spinetta que respetan su obra reciente, pero secretamente –o no tanto– esperan el “retorno” a tal o cual cosa, y todavía se atreven a pedir "Muchacha" en los shows. Los sintes de Cardone en "Sinfín" o "Dale luz al instante", por ejemplo, les recordarán al Leo Sujatovich de Los niños que escriben en el cielo, mientras que el pasaje final de "Canción de noche" –uno de varios puntos altos del disco– les traerá un persistente aroma a Invisible. Es cierto, Spinetta dialoga con su pasado, pero nunca como mera exhumación de lo ya hecho, sino con una sabia administración de las pinceladas que hacen a su manera de comprender la composición musical y el arte en general. Así, con la sapiencia y el amor de un artesano veterano, el Flaco pone sobre la mesa mucho pan y nada de circo. Y canta: “Prepárate que el anochecer/ se hace aliado de todas nuestras heridas/ Descálzate ya con tu soledad/ y que las horas no atrapen tus alegrías”. El rayo sigue alumbrando la avenida.

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14.3.06 

Programación

La cosa es así. Majul lo subió a Fontanet (y su abogado) a La Cornisa. Ahí salió Canal 9 con su exclusiva de Omar Chabán en la cárcel. Y entonces Claudio Villarruel y Adrián Suar se miraron y dijeron "Boludo, cómo dormimos, nos quedó pelearnos por tener a Ibarra". Y pusieron una película.

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11.3.06 

1976

En 1976 yo tenía nueve años pero me acuerdo de un montón de cosas, incluso más que lo que me pasó hace un lustro. Me acuerdo de la tapa de Clarín con el helicóptero sobre la Rosada: no la foto en sí, que fue reproducida varias veces e incluso tuvimos replay con Fernandito De la Siesta, sino el diario en el comedor de mi casa, el diario rodeado de muebles y paredes reconocibles de mi infancia. Pero una circunstancia fundamental hace que tenga toda una serie de imágenes grabadas a fuego en el rígido del cráneo: vivía en Valle entre Puán y Miró, justo enfrente de la Comisaría 12.

Imaginate camellos.

A la noche ponían una valla en la esquina de Miró (donde además se cortaba Valle) y otra en la de Puán, y encendían unos reflectores potentísimos y le pedían documentos a todo el que quería psar por la cuadra. Con mi barra de amigos jugábamos a la pelota en la calle, usando la puerta del garage de una casa deshabitada como arco: teníamos todo el tiempo del mundo porque nunca pasaban autos, solo patrulleros que iban despacito y estacionaban ahí nomás. Había canas en la vereda con fusiles FAL, y no puedo olvidarme de uno que nos explicó a los pibes en ronda que era "fusil automático liviano" y para nosotros era una de cowboys. Un par de años después ya vivíamos en Flores y una vuelta me encontró mi vieja prendiendo y apagando una linterna y me cagó a pedos, cómo se me ocurría hacer esas cosas cerca de la ventana, iban a pensar que estaba haciendo señales.

Quiénes iban a pensar eso, me quedé yo también pensando.

Hace un par de semanas, la editorial Aguilar me mandó un libro llamado Vivir a oscuras - Escenas cotidianas durante la dictadura, de Mariana Caviglia. Es muy bueno, y retrata esta clase de recuerdos de parte de personas de diferentes lugares y actividades. Ya iba por la página 50 cuando miré bien la foto de tapa: según apunta el crédito, una escena de un operativo militar en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de septiembre de 1976, de la fototeca de ARGRA y autor desconocido. En la foto se ven tres milicos agachados en una esquina con sus FAL, y al lado de ellos una jubilada con la bolsa de la compra, como desentendida de toda la escena. Es una imagen buenísima, pero además me quedé de boca abierta cuando reconocí la esquina. Es la esquina de Miró y Rivadavia, a dos cuadras de la casa de mi infancia. Allí había (creo que ahora cambió de rubro) un comercio cuya actividad se puede leer en el cartelito del frente, también visible en la foto: Carnicería La Perla.

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Háganla callar

Me tiene la cabeza limada el aviso de Carrefour. El look confiable del tipo entre las góndolas, por ejemplo. ¿Que harías si, mientras estás tratando de determinar la procedencia de la lata de arvejas que tenés en la mano, se te aparece ese tipo al lado y te empieza a hablar de Adecua y el escribano público? ¡Y de arriba de la góndola sale la cabeza de Lucía Galán -como en Futurama- cantándote Me engañaste, me mentiste!

Aterrador.

Y además: la cámara que agrupa a los supermercados con propietarios orientales presentó una denuncia por discriminación ante el Inadi. Ellos también notaron que entre los estafadores que señala a los gritos Lucía -o un clon, lo mismo da a la hora de cantar ese tormento- aparecen algunos orientales, y que el supermercado de la última imagen tiene un notorio cartel luminoso en esos caracteres. Y hay, me parece, un detalle aún más subliminal: ese último supermercado aparece con un anochecer en cámara rápida, y las luces del local encendiéndose. Por ahí me paso de paranoico, pero en eso yo veo una referencia a la leyenda urbana que dice que "los chinos" venden barato porque ahorran cortando la energía a la noche, interrumpiendo así la cadena de frío.

Hablemos claro: Lucía, callate de una puta vez.

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10.3.06 

Alzar la voz, bajar la voz

(Publicado hoy en Página)

De a poco, los círculos que se abrieron el 30 de diciembre de 2004 comienzan a cerrarse. Omar Chabán, el gerenciador de República Cromañón, vegeta tras las rejas, esperando un juicio oral del que sólo puede esperar nuevos dolores de cabeza. Varios funcionarios permanecen procesados, varios policías deberán responder por la comprobación de coimas. Aníbal Ibarra ya no es jefe de Gobierno: no fue él quien hizo la vista gorda, no fue él quien no inspeccionó el local, pero sí fue quien designó a las personas que permitieron ese escenario de terror. De a poco, entonces, las responsabilidades múltiples por el incendio que dejó 194 muertes y centenares de víctimas que siguen arrastrando las consecuencias van cayendo en su lugar. ¿Todas? No. No todas.

Así lo informó Raúl Kollmann en este diario, el martes: “Los integrantes del grupo Callejeros saldrán a la cancha a partir del viernes –después de que se lean los fundamentos de los votos en el juicio político a Aníbal Ibarra– y anunciarán un recital en el interior y el lanzamiento de un nuevo disco”. El anuncio llegó por vía de José Palazzo, pero, según cuenta Kollmann en su nota, Patricio Santos Fontanet y sus compañeros se sienten ahora liberados para “alzar la voz” y salir a esa cancha con el ánimo renovado por lo que suponen una eximición: para Callejeros, si Ibarra es culpable, ellos son inocentes. Este reduccionismo no es nuevo, pero redobla el cinismo de los músicos y del manager que cargan con una importante responsabilidad en la tragedia. Así como varios de los legisladores que votaron por la destitución apuntaron elementos probados en la causa judicial, antes de “alzar la voz” el grupo no debería olvidar que esa misma causa incluye varias pruebas de su propio aporte al incendio.

En diciembre, cuando el juez Julio Lucini cambió la carátula de los integrantes de Callejeros a “estrago doloso”, el fallo puso blanco sobre negro varias de las conductas denunciadas por este diario desde enero del 2005. Una de las bases de la defensa del grupo es descargar la culpa en la falta de controles y la inexistencia de inspecciones, pero en ese fallo se relata cómo se labraron actas de la Fiscalía Contravencional en los shows de Obras y de Excursionistas: “El 18 de diciembre de 2004 en Excursionistas (...) concurrieron cuatro inspectores del área Contralor Espectáculos a fin de verificar el show, quienes observaron el uso masivo de pirotecnia”. En otro pasaje del fallo, se recuerda que “obran copias certificadas de los partes de interés de la causa Nº 15.822 de la Fiscalía Contravencional Nº 8, de la que surge que los días 30 y 31 de julio de 2004 el grupo Callejeros se presentó en el Estadio Obras Sanitarias. En ambos recitales el público encendió más de 100 bengalas (en los ingresos se secuestraron algunas y también tres tiros). Como consecuencia se labró el acta de infracción al Art. 61 del Código Contravencional. Es de destacar que los 3 inspectores del Area Contralor que estaban presentes señalaron que presumían que ‘los elementos pirotécnicos en su gran mayoría no pasan por los controles sino que son suministrados por allegados o por terceros relacionados con el espectáculo que no se controlan’.

Una de las grandes ventajas que tenía Cromañón sobre lugares como El Teatro no era sólo que el grupo podía poner sus propios controles y seguridad (un dato también confirmado en la causa por múltiples testimonios, incluyendo una vieja nota periodística en la que el propio Fontanet dice que “no nos gusta El Teatro porque no podemos poner a nuestra gente en la seguridad”). Para actuar en un lugar como Excursionistas hay que pedir un permiso especial, que produce, tal como se ve en la causa, una inevitable presencia de inspectores. Pero Cromañón estaba (mal) habilitado como “local bailable clase C”, y el ya conocido desbarajuste de las oficinas de control propiciaba que ese tipo de lugares operara en las sombras. “Los integrantes del grupo simplemente confiaron en que la habilitación era la apropiada, cuando ningún elemento les permitía recostarse sobre tal convicción, a la luz de las flagrantes diferencias advertidas en cuanto a los controles entre los recitales de Obras / Excursionistas y los de República Cromañón”, señala el fallo, que más adelante analiza: “No hace falta exhibir una gran capacidad de representación para advertir que la detonación de pirotecnia en un lugar cerrado y plagado de asistentes redundará en un peligro concreto para los concurrentes. Ciertamente, los integrantes de la banda se representaron ese peligro y confiaron su desarrollo al azar, demostrando no hallarse interesados en llevar a cabo recitales seguros para sus seguidores. De así haberlo querido, se hubieran sometido a los controles que existieron en Obras y Excursionistas, aun concretándolo en República Cromañón”.

A pesar de todo, el grupo amenaza alzar la voz en tono de revancha, se supone libre de todo reclamo y advierte que ni siquiera los familiares de víctimas que no se tragan el sapo callejero podrán embargarle su recaudación más allá del 20 por ciento, porque es su fuente de trabajo. Mientras a su alrededor los otros responsables de tanta muerte cargan sus cruces, Callejeros sigue ofreciendo excusas insostenibles y prepara un disco, un show y una caja registradora bien aceitada. El rock argentino también debería pensar en un juicio político... pero la mayoría de los llamados realizados desde esta redacción encuentran como respuesta un cansancio del tema (“No quiero opinar, estoy harto de Cromañón”) o, como señaló uno de los músicos, “prefiero no hablar, porque estoy en la misma compañía que ellos”. Alzar la voz, bajar la voz.

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Un petitorio

Martín Rea, hombre de management y prensa con quien la actividad en el medio nos ha cruzado en más de una aventura, me hizo llegar un petitorio que está empezando a circular. No está mal recordar estas cosas, en tiempos en que un conocido grupito que fue parte responsable de este desbarajuste hace alharaca de su derecho a trabajar, mientras centenares de trabajadores de la música no tienen un lugar donde ejercer ese derecho. Dice Rea: "En las últimas semanas se ha recrudecido aún más la clausura de locales donde normalmente se organizan conciertos de rock. Se trata justamente de locales con capacidades inferiores a las 500 personas que son el indispensable semillero de la cultura rock en Argentina y fuente de trabajo de miles de familias. Podemos quedarnos cruzados de brazos como hicimos siempre, o juntarnos y llegar a un punto común para reclamar lo que nos corresponde.
Adjunto encontrarán algo que escribió Coco del BsAsClub (mítico dueño del desaparecido Mocambo de Haedo, donde tantas bandas forjaron su historia), local que hace dos semanas fue clausurado. Me parece que es un buen punto de partida para comenzar a revertir esta situación. A aquellos que estén de acuerdo con lo expuesto les pido que agreguen su nombre y apellido / DNI / actividad y respondan copiando a todos aquellos que Uds. crean que estén interesados en el tema".



"Contra la censura al rock"

Comunicado nº1 (en contra de la dictadura oficial)

El Gobierno de la Ciudad mediante la Secretaria de Cultura, la Dirección General de Habilitaciones y Permisos, la Dirección General de Fiscalización y Control están actuando fuera de la ley y la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

1.- Están clausurando espacios que se dedican a fomentar la cultura, en forma indiscriminada y arbitraria, violando el artículo 32 de la Constitución local que dice: La ciudad "distingue y promueve todas las actividades creadoras", "garantiza la democracia cultural, asegura la libre expresión artística y prohíbe toda censura", "fomenta el desarrollo de las industrias culturales, crea y preserva espacios, protege y difunde las manifestaciones de la cultura popular", etc...

2.- El Gobierno de la Ciudad creó un decreto, DNU Nº3/05, en el cual ingresaban todos los espacios cuya capacidad no exceda los 350 espectadores y que ellos antes de la tragedia de Cromañón jamás habían habilitado. Crearon mediante la Secretaría de Cultura un registro para estos lugares, denominándolos "clubes de cultura" cuya actividad principal es el desarrollo de actividades "artísticas y culturales".
Cumpliendo con todas las normas de seguridad y requisitos que dicho decreto contempla, niegan el permiso de funcionamiento transitorio a todos los espacios que programen espectáculos musicales de rock.
Por otro lado vemos la farsa que el Gobierno de la Ciudad distingue como visitante ilustre al cantante Bono (U2), quien es un referente de la cultura del rock en el mundo, y en contraposición no permiten que funcionen lugares para que los grupos de rock de nuestro país tengan donde expresarse.
Alegan que si se hacen espectáculos de rock se desvirtúa el rubro "Club de Cultura", que en su Artículo 1º dice:
"Denomínase Club de Cultura a la sala de teatro independiente; espacio no convencional; espacio experimental o espacio multifuncional en el que se realicen manifestaciones artísticas que signifiquen espectáculos con participación real y directa de intérpretes en cualquiera de sus modalidades, sea comedia, drama, teatro musical, lírico, de títeres, leído, de cámara, espectáculos musicales y/o de danzas.
Como si un espectáculo de rock no es musical, o que el rock no es cultura.
Dicen que se debe tener la habilitación de música, canto y variedades, cosa que es una actividad anexa a un local de baile o a un café/bar, restaurant, cuyo eje principal no son los espectáculos sino el baile o el café/bar.
Tributando además sumas elevadas que nada tienen que ver con el apoyo a la cultura que dicen fomentar.
Es su deber garantizar la diversidad cultural e independiente.

3.- Señores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, los abajo firmantes exigimos el levantamiento de las clausuras arbitrarias y que cumplan con su deber de funcionarios públicos apoyando a todos los espacios que se dedican a fomentar la cultura de nuestro sociedad.


Update del viernes: una nota al respecto en el de Clarín.

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9.3.06 

Declaracionismo

"Callejeros toca sí o sí", dijo el productor José Palazzo para referirse al show que anuncia para el 8 de abril en la comuna San Roque, hogar del Cosquín Rock. Solo por una cuestión de estilo, la frase me hizo acordar a Martínez de Hoz y el EAM 78, con su hit "El Mundial se hace cueste lo que cueste".

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Oh my God

Esta mañana me levanté, puse las noticias y, de pronto, caí en la cuenta de una obviedad aterradora. Y mientras me atragantaba con el mate, pensé: "¡¡Dios mío!! Tenemos de Jefe de Gobierno a TELERMAN!!!"

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7.3.06 

Una de Korochi

¿Quién no se ha encontrado alguna vez con este problema?

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Responsables

Una de las patas responsables de las muertes de Cromañón fue finalmente sancionada, separada de su cargo y enfrentada al descrédito público. Otra de las patas responsables de las muertes de Cromañón sigue tras las rejas, esperando su propio juicio y sentencia. Otra de las patas responsables de las muertes de Cromañón... celebra y planea volver a lucrar con un disco y un show.

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De las aves que vuelan me gusta la tortuga

Y al final, después de temer durante años al cáncer, al sida, a los botones nucleares al alcance del dedo de Bush, lo que va a extinguir a la raza humana va a ser la gripe de los pajaritos. Me imagino al gordo Alfred con una sonrisita irónica en el más allá, pero -también- leo las noticias de gatos infectados y empiezo a mirar torcido a Bona y Galo. En el patio de mi casa suelen aparecer palomas, pero da la impresión de que mis gatos tienen el instinto cazador algo atrofiado. Quizá un día de estos terminen atrapando una, y ahí empiezan los problemas. Porque suelo encontrar a la tortuga mordisqueando la comida de los gatos, y que una tortuga tenga gripe aviar me parece demasiado.

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6.3.06 

Momento mastercard II

Que ahora Gustavo Santaolalla produzca su disco... usted no podría pagarlo.

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3.3.06 

Una bomba atómica de color irlandés

(Publicado hoy en Página)


Establecer una comparación entre The Rolling Stones y U2 implica saltarse demasiadas barreras estilísticas, geográficas, generacionales y hasta ideológicas. Ni siquiera su público es parecido, tal como pudo comprobarse observando a quienes abarrotaron el campo de River en estos días. Pero la rápida sucesión de las ceremonias en Núñez lleva a ese deporte inútil. Y el resultado tiene una contundencia que seguramente irritará a más de un rolinga de ley: repasando ambas ofertas artísticas, U2 les pasó el trapo a los Stones. No sólo en las cifras de asistencia –el miércoles la cancha era un océano interminable de gente apiñada, y anoche se podía apreciar un paisaje similar–, sino sobre todo en la concepción de lo que debe ser un show de estadio, el caudal de comunicación con un público en llamas desde el primer acorde y la cohesión de una banda en toda la regla, más que una suma de individualidades carismáticas. Los Stones fueron suficiente. U2 fue demasiado.

Pero será mejor abandonar esa comparación traída de los pelos y buscar un referente más apropiado. Este Vertigo Tour es, sin dudas, superior al Popmart de 1998. Sin limones espejados ni vestuario Village People, el cuarteto tiene a su alrededor la estructura necesaria para una cancha de fútbol, pero lo que levanta al público no es la cortina de luces que oficia de pantalla o el paseo de los músicos por la elipse, sino esa formidable tripleta de arranque con "City of blinding Lights", "Vertigo" y "Elevation": en U2 hay gran espectáculo, eso es obvio, pero la potencia de sus canciones supera largamente las lamparitas.

De eso tuvo bastante el público que se desconcentraba por Libertador. Los inconformistas de siempre señalaban que el final del show había sido “muy para abajo”, y que eso se había notado en la tibia reacción final de la gente. Es cierto, "All I want is you" y la bellísima "Love is blindness" (de Achtung Baby, revisitado siete veces en la lista) parecen un colofón raro para una noche tan intensa. Pero lo cierto es que, a la altura de los primeros bises, la gente estaba rendida, cacheteada por tanto hit a la mandíbula: tampoco hubo una reacción masiva con números fuertes como "The fly" y "Mysterious ways", pero eso habla del cansancio de un público que había dado todo con la primera hora y media antes que de un show desinflado en los últimos tramos. Porque Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton, viejos zorros de escenario, apostaron a un setlist lleno de caballos ganadores. Y quizá hasta se pasaron de rosca: en el cuerpo central del show fueron cayendo cosas como "Until the end of the world", "New year’s day", "I still haven’t found what I’m looking for", "Sometimes you can’t make it on your own", "Beautiful day", "Sunday bloody Sunday", "Bullet the blue sky", "Pride (in the name of love)", "Where the streets have no name", y entre semejante sucesión de temas para el agite, el coro y el brazo en alto, y la casi inhumana presión en el campo, los cuerpos y los ánimos se fueron desgastando, perdiendo energía y entregándose más a la contemplación y el disfrute.

Si algo quedó claro en esta victoriosa segunda visita de los irlandeses, es que su propuesta supera largamente los escarceos de Bono con los líderes mundiales y su tendencia al gesto demagógico (¿es necesaria la camperita con forros-bandera intercambiables, hacía falta el discurso K del miércoles?). A la hora de los bifes, U2 se apoya en el conocimiento mutuo de unos tipos que llevan casi treinta años juntos, que tienen a su alrededor una gran parafernalia pero la mayor parte del tiempo se ven las caras y los dedos en sólo unos metros cuadrados. Más allá de la vincha Coexist en la frente de Bono, la foto de Kirchner en las pantallas de arriba –que apareció junto a la de Bush, y no se entendió muy bien– y el rito de los celulares en "One" (en la cual no hubo pedidos de dinero para los pobres, y sí un gigantesco árbol de Navidad de luces azuladas), U2 descerrajó un concierto demoledor, pletórico de grandes canciones, las de ayer y las de hoy. La bomba atómica, paradójicamente, fueron ellos mismos, con esa guitarra inimitable de Edge y sus falsetes de catedral, el tranco confiado de Clayton haciendo retumbar la línea de "New year’s day", la máquina humana de Mullen sosteniendo la estructura y Bono, que en sus peores momentos es demasiado teatral y en sus mejores es un frontman de excepción. Mejor que el supermercado pop, mejor que una clase de historia con héroes bien añejados: 140 mil personas fueron testigos de un show de U2. Nada menos.

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2.3.06 

Hello, hello...

Sé que suena a gaste para quienes quisieran ir pero no tienen plata, o entrada, etcétera, pero... no te pierdas a U2. Recién llegado de River y la cena posterior (con abundantes adjetivos) estoy demasiado hecho pelota para abundar, pero... no te pierdas a U2, no está bien. Ya sabemos que Fresán es mucho más groso, pero los que tocan en River son ellos, es lo que hay.

Por último: no te pierdas a U2.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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