31.5.06 

Un ejemplo a seguir

Ante las insistentes quejas de todos los oyentes, que ya no podían escuchar nuevamente "You're beautiful" o "Goodbye my lover" sin reprimir el vómito, la radio inglesa FM Essex decidió levantar de su rotación todas las canciones de James Blunt.

¿No será hora de tomar aquí también el toro por las astas?

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30.5.06 

Noticiero III

* Llegó otra ola de indocumentados a las fronteras de España. Los funcionarios, atónitos, no dejaban de repetir: "¡No, muchachos! ¡El Mundial es en Alemania, no España! ¡¡Alemania!!".

* El rector interino de la UBA asegura que en cuatro semanas la universidad habrá dejado atrás la crisis. Su declaración proviene de la convicción de que en cuatro semanas la universidad simplemente habrá dejado de existir.

* Pusieron en marcha la licitación para el tren bala argentino. Por otra parte, la Secretaría de Transporte desmintió que el tren bala sea una iniciativa de Carlos Ruckauf.

* Mujeres Asesinas se llevó el Martín Fierro de Oro. En el penal de mujeres de Ezeiza, el pabellón de crímenes graves inició un motín al planteo de "¿A estas hijas de puta les dan el Martín Fierro y a nosotras quince años?"

* Tras el asesinato de un joven que no quería bajar la música a manos de unmarino retirado, detuvieron a tres hombres -dos de ellos policías- por asesinar a un pibe que hizo sonar la alarma del auto de uno de ellos. Las fuerzas de seguridad estarían intentando relanzar la campaña "El silencio es salud".

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29.5.06 

Adiós, rude boy

Jamaica está de luto: murió Desmond Dekker.

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Noticiero II

* Enviarán policías al Mundial para vigilar a los barrabravas argentinos. Aún no se decidió a quiénes se enviará para vigilar a los policías argentinos.

* El Papa Ratzinger pidió perdón en Auschwitz por las omisiones de la iglesia católica ante los crímenes de Hitler. Pedir perdón por las omisiones actuales de la iglesia católica frente a atrocidades varias, en tanto, será labor del Papa a cargo en 2056.

* Ariel Ortega está muy cerca de Núñez. Habría alquilado un departamento en Crisólogo Larralde y Libertador.

* Detuvieron a un taxista por darle a dos turistas colombianos un billete de cincuenta australes. Peor aún: como el Walter del aviso de Telefónica, el taxista vive convencido de que Juan Vital Sourrouille es aún Ministro de Economía.

* "La base del equipo es la que arrancó jugando contra el sub 20", declaró Néstor Pekerman. "Ahora falta convencer a las demás selecciones del grupo de que pongan a sus propios suplentes sub 20, y clasificamos en un pedo", completó off the record.

* Los organizadores no quieren dar detalles sobre la fiesta de inauguración del Mundial. Temen que la comunidad internacional reaccione negativamente cuando vea las formaciones vestidas con casaca negra y haciendo el paso de ganso con el brazo en alto.

* George W. Bush Jr. celebró el triunfo de Alvaro Uribe en Colombia y le reiteró su apoyo. "Para que vean cuánto los apoyamos, ahora mismo les mandamos un par de divisiones acorazadas para ayudarlos en la lucha contra el narcotráfico", apuntó.

* "Yo defiendo la ética hacker", dijo Gilberto Gil, músico y Ministro de Cultura brasileño. "Igual, mis últimos discos no los compró nadie", confió a sus íntimos.

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27.5.06 

Y además

En ese mismo suplemento, recomiendo especialmente El goleador sin patria, la nota de mi amigo y colega Fernando Poroto D'Addario. Sencillamente, el tipo escribe como los dioses.

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La vieja de todos los plomos

Esta es mi nota para el suplemento especial por el 19 aniversario de Página/12, armado bajo el concepto "Los que nunca fueron tapa".



Yo soy el que arma una banda de rock.
Yo soy el que espera verte en cada show.
Siempre es lo mismo con esta suerte.
Nunca volveré a verte otra vez.
(Oveja Negra, 1983)


En el mundo anglosajón tienen un nombre bastante más elegante: roadie. El medio rockero argentino, que tuvo que ir aprendiendo todo sobre la marcha, enfrentándose a los obstáculos más impredecibles, fue menos respetuoso en el bautismo. Y entonces, los tipos que hacen posible la ceremonia máxima de la música se convirtieron en plomos. Nadie sabe a ciencia cierta de dónde salió semejante denominación, más apropiada para el moscardón que revolotea alrededor de las estrellas -a quien se le destinó el apodo de monitor- que para un personaje fundamental de la producción de espectáculos, el hombre en las sombras que carga, descarga, arma, prueba y reprueba que el más mínimo enchufe esté en su lugar, y pone el hombro para que miles de personas renueven el rito cada noche. En 1983, los colaboradores de León Gieco dieron el salto y cantaron su "Canción de los plomos" en el escenario. Pero el gremio que con el tiempo empezó a defender la denominación de "asistente técnico" tiene otro personaje paradigmático, un animal de escenario que nunca se colgó la guitarra: Aníbal Barrios, La Vieja.

La Vieja no es cualquier plomo. La Vieja es la mano derecha de Luis Alberto Spinetta, el hombre que deja el escenario preparado para que el Flaco suba y haga magia, personaje clave en el estudio La Diosa Salvaje, maestro mayor de mates en la tranquilidad de Villa Urquiza, tan fundamental en su labor como para que el Flaco incluya su foto en los discos y no olvide jamás agradecer a la hora del vivo. "Es como algo que comés y te empieza a gustar. De repente, es tu comida favorita", explicó, muy sencillamente, en una pequeña nota de este diario en 1994. La alegoría con la comida no parece caprichosa: en los '70, La Vieja fue plomo de una banda llamada Sátrapa y luego trabajó con Banana, pero su primer trabajo fuerte fue junto a Spinetta y nada menos que en el regreso de Almendra: la gira de El valle interior, los históricos conciertos de Obras Sanitarias y la posterior actividad con Spinetta Jade fueron afianzando la relación entre Luis y su asistente, que ya no era Aníbal: en un medio donde resuenan nombres de plomos célebres como El Vikingo, Quebracho o Furia, Aníbal era La Vieja, y no era un apodo peyorativo sino de puro cariño.

Pero si La Vieja llegó a ser una institución, un tipo digno de titulares más grandes, fue por su hambre de más. "No podés quedarte únicamente en cargar equipos", se dijo, y la relación con Spinetta entró en una pausa. Barrios entró a la empresa de sonido del Toro Martínez y Héctor Starc, se formó con ellos, con el Tapa Escriña y Juan Segura, y lo suyo ya no fue solo levantar una caja de cincuenta kilos sino conocer los secretos de los amplificadores, las consolas de sonido y el monitoreo, ese detalle que puede llevar a que un músico encandile a una multitud o le destroce los tímpanos. De vuelta al equipo de confianza de Luis, La Vieja le aportó todo lo que supo aprender del difícil oficio de montar un escenario, pero también unos mates que se han vuelto legendarios. Y su fotito entre las de los músicos le produce algo de incomodidad, pero al cabo eso lo ayuda a sentir que más de treinta años de laburo lejos de las ovaciones al protagonista no fueron en vano. Roadie, asistente, stage manager, el título que se quiera: Aníbal Barrios, La Vieja, es ese pequeño duende en las sombras que, en nombre de todos los plomos, contribuye a que la vida se pueda seguir traduciendo en canciones.

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Noticiero

Otro servicio de Pan y Circo: todo lo que necesitás para salir a la calle y dártelas de informado, en unas pocas líneas.

* Mauricio Macri acusó al Gobierno de utilizar fondos públicos para el acto del 25 de Mayo. El muchacho PRO no soportaría que papá Mauricio haya perdido la exclusividad en eso de chorear al Estado.

* Un terremoto en la isla de Java provocó miles de muertos. Dos grandes estudios cinematográficos ya pelean por los derechos para filmar la película, con Bruce Willis rescatando gente.

* El tenista Diego Hartfeld superó la Qualy de Roland Garros y jugará su primer Grand Slam. "Ahora aspiro a quedar afuera tan rápio como Coria, y mi sueño estará realizado", señaló.

* Separan a cuatro empleados de la Dirección de Licencias por entregar permisos de conductor a cambio de dinero y no de una demostración de idoneidad. Los beneficiarios serían varios taxistas de la ciudad.

* El Gobierno aflojó las restricciones para la exportación de carne. Desde Chile solicitan que no se tome la medida como un vía libre para que Argentina les siga enviando modelos descerebradas.

* El Ministro de Educación porteño exige que los legisladores traten de una vez la Ley de Educación Sexual para las escuelas. Y los alumnos exigen que, sobre todo, la materia sea dictada por profesionales altamente especializadas.

* "Los jugadores con más experiencia me dicen lo que me conviene hacer", dijo Lionel Messi en Roma. Pekerman le sugirió que entre esas recomendaciones no cuente los llamados de Verón y Maradona.

* Subastaron en Londres un disco autografiado por The Beatles, a 38 mil dólares. Lo curioso es que en esa portada de A hard day's night se lee claramente "Con cariño, Pepe Lennon".

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24.5.06 

Leyes y trampas

A propósito de la Ley del Músico que acaba de anular Kirchner, hoy subí al arcón una nota de 1994 en el que se daba cuenta del estado de las cosas para los músicos que corrían la coneja en los pubs.

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Chau

Fijate bien. Si hoy pasás cerca del Congreso Nacional, vas notar un poquito menos de olor a mierda.

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23.5.06 

Multas

Capif multará con hasta 15 lucas a grandes uploaders que ofrezcan canciones en internet. ¿Para cuándo la multa a grandes usureros que abusan comercialmente de la gente vendiendo un disco a 45 pesos?

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Vayan y ganen



Ya está, ya no importa si estuvo mal que a Lux lo dejaran sin nada, que Zanetti fue el que le empató a Inglaterra en el 98, que Heinze es un muerto, que éste o aquél. Son estos, es lo que hay, y el Mundial está cada vez más cerca. Según quien lo vea, un mes para descerebrarse con el opio de los pueblos, o un mes para disfrutar la ceremonia máxima del once contra once. Yo, por lo pronto, ya estoy aguantando el síndrome de abstinencia futbolística. Y cuento los días.

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20.5.06 

Código da Star Wars




¿Serán primos?

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17.5.06 

Una noticia gorda

Hay gente que no tiene ninguna consideración por la paz del periodista. Anoche, a las 23.40, recibí un llamado del diario con una de esas novedades que uno nunca quiere escuchar a semejante hora. A velocidad crucero, entonces, salió esto que hoy fue publicado en Página.


¿Cuál es el Gordo Porcel que queda más fijado en la memoria? ¿El que morcilleaba sin freno con Jorge Luz, el sidekick de Alberto Olmedo –el Flaco– en películas tan poco serias (en más de un sentido) como A los cirujanos se les va la mano, Te rompo el rating o Expertos en pinchazos o el amargo pastor protestante que se entreveía desde una Buenos Aires cada vez más lejana de Miami? ¿El Porcel que copaba las salas cinematográficas durante la última dictadura militar –junto a Los Parchís o Raffaella Carrá– o el que aún hoy cosecha buen rating en alguna repetición dominguera? ¿El que podía tirar en la pantalla grande líneas de diálogo tan absurdas como “¿A punto de morir? ¡Estuve a punto de no nacer!”, refinar su personaje de gordo excesivo y bonachón en una ciudad que ya no existe en el Operación Ja Ja de los hermanos Sofovich, contribuir a la estética de capocómico-y-gato-mal-maquillado en la pantalla chica con Las gatitas y ratones de Porcel, o el sombrío Saso que imaginó Brian de Palma, nada menos, para que se cruzara con Al Pacino en Carlito’s Way? ¿O el que cantaba tangos y le enchufaba una brocha de afeitar en la trompa a Rolo Puente?

De manera adecuada para alguien que hizo de su anatomía una herramienta de trabajo, con Jorge Porcel es difícil encontrar un balance. Nacido el 7 de septiembre de 1936 como Jorge Raúl Porcel de Peralta, el cómico que murió ayer a las 19 en el Mercy Hospital de Miami atravesó casi treinta años del espectáculo popular argentino y se las arregló para sintonizar con algo de la esencia del porteño. No le faltaron risas y aplausos en esa Operación Ja Ja donde empezó a brillar con Olmedo, ni en los cines que festejaban las andanzas del Gordo y el Flaco rioplatenses, siempre fingiendo algo que no eran –doctores, colimbas, actores, contrabandistas de whisky y cigarrillos, lo que fuera, lo que hubiera que modificar con respecto al guión anterior– y persiguiendo a lomazos argentos en baby doll. El Gordo con el smoking rosa en el teatro de revistas junto a una torre emplumada, el Gordo que les hacía avances a Su Giménez y Moria Casán en su esplendor como dúo fatal de la fantasía masculina de la época, el mismo que se cruzó con otro icono, la Coca Sarli, en Desnuda en la arena. Ahí Porcel, justo Porcel, hacía de diplomático.

El último Porcel, el que apareció en los cables de último momento al filo del cierre de esta edición, era ya un hombre seriamente enfermo, a años luz de esa imagen congelada en los ciclos del canal Volver. Radicado en Estados Unidos desde hacía quince años, Porcel se acomodó primero a un nuevo status de dueño de restaurante en Miami Beach, lugar de reunión de argentinos enfermos de fútbol en épocas en que la globalización aún no permitía ver instantáneamente cualquier partido del mundo. Allí se podía ver un River-Boca o un Racing-Platense (porque Porcel, casi no podía ser de otra manera, era de Racing), pero en rigor el Gordo empezaba a estar más preocupado por la próxima reunión religiosa que por el autógrafo que le pudiera pedir algún nostálgico de Los reyes del sablazo. En 1999 dio un sermón en la cancha de Huracán en el que repitió que sólo Dios lo mantenía vivo: en silla de ruedas y con graves problemas de columna, de infecciones y diabetes, fue seguido por las cámaras de los programas de chimentos para señalar “el drama de Jorge Porcel”, en lo que al cabo fue su última visita a la Argentina.

De todas esas posibilidades se compone el hombre voluminoso que ocupará ediciones de hoy y mañana, que desde una óptica puede considerarse genuino exponente de un humor típicamente porteño, y desde otra se convierte en un obeso absurdo, repetidor de fórmulas de trazo grueso. Como sea, Jorge Porcel, más de cincuenta películas exitosas, un paquete de programas televisivos que rompían el rating, compañero del Negro Olmedo, fue figura en una era del espectáculo que hoy –aunque se vea el verde de las batas de los cirujanos a los que se les va la mano– parece siempre en blanco y negro, y en la que su voz y su figura, esa figura, son parte inseparable del contexto histórico.

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16.5.06 

Los chivos de Bono

El cantante de U2 es el responsable de la edición de hoy de The Independent (la mitad de lo recaudado por la venta irá al Global Fund to Fight Aids), y llenó el diario de notas sobre la pobreza en Africa, la lucha contra el sida y esa clase de temas. Ahora bien: ¿era necesario que la sección de música trajera una nota a... The Edge?

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Apollo Ganja

Mañana, obviamente en el Luna Park, los Easy Star All Stars harán su Dub side of the moon en vivo. Mejor aún: los muchachos van a mostrar canciones de Radiodread, la versión jamaiquina de OK Computer en la que participan nenes como Toots and the Maytals (en "Let down"), Horace Andy ("Airbag") e Israel Vibration ("The tourist").

Me temo que el célebre estadio de Lectoure va a levantar vuelo y se va a hundir en la noche.

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13.5.06 

Oferta

El cinismo de Bengaleros ya no reconoce límites. Acaba de salir su nevo disco, Señales, y allá fueron todos sus seguidores a la disquería a escuchar las canciones post Cromañón, a leer la dedicatoria a los invisibles, los de siempre, etcétera... y a pagar 45 pesos por un disco de doce temas.

Suelo cuidar el lenguaje en este boliche, pero no se me ocurre ninguna otra forma de decirlo: ¡hay que ser hijo de puta!

Por supuesto que ya van aparecer los callejeritos justificándolo todo, que en realidad el Pato no quería ponerlo a precio tan alto pero tiene que pagarse el psicólogo para superar el trauma, el abogado Guarna les cobra carísimo, que la culpa de todo la tiene Pelo Aprile, que es un invento de la prensa que es mala y no los quiere.

Es dificíl explicar que un grupo mediocre, una mala copia de los Redondos, venda de arranque 20 mil copias de un disco que cuesta el 50% más que cualquier álbum nuevo de un artista de primera línea (precios que, de arranque, ya son un delirio). Solo se entiende por el morbo, por la utilización de 194 muertes y la imposibilidad de tocar en vivo para meterle la mano en el bolsillo a sus seguidores que van mansitos, felices, a que los estafen Fontanet y sus secuaces.

Dan asco.

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11.5.06 

Cómo salvar la vida con canciones

(publicado hoy en Página/12)



“El único caso en el planeta que puede reivindicar las palabras 'world music' es Bob Marley. Es un pasaporte en cualquier parte del mundo: en Africa, Argelia, donde sea, en cualquier barrio de América latina donde te pueden acuchillar, una chapita de Marley te puede salvar la vida.”

(Manu Chao, 1997)

Hacer la cuenta da un poco de bronca. El hombre nació el 6 de febrero de 1945 en Nine Miles, St. Ann’s, Jamaica, y murió el 11 de mayo de 1981 en Miami, Estados Unidos, hace hoy un cuarto de siglo. Era demasiado joven, pero aun así ya llevaba tres cambios de nombre: apenas unos meses antes de morir se había convertido al Rastafarismo Cristiano en la Iglesia Ortodoxa Etíope, en Kingston, con su correspondiente bautismo. Es decir que el que llegó al mundo como Robert Nesta Marley se fue como Berhane Selassie.

Y en el medio, claro, estuvo Bob.

¿Qué es lo que convirtió a ese muchacho, nacido y criado en un entorno tan desafortunado, en el pasaporte universal al que refirió Manu Chao? La música, claro. Bob es uno de los grandes responsables de que la gente ame la música. Bob es un amigo: ponerlo en el equipo supone un efecto feelgood inmediato, y es un efecto que va mucho más allá del consumo de marihuana. El reggae según Bob hace bien al alma y punto. Reconforta el espíritu de éste y aquél, de la nena de jardín y de la abuela que se mata con Valeria Lynch, pero no puede evitar que con "One Love" o "Natural Mystic" se le mueva la patita. Bob tiene esas cosas.

Pero ni siquiera la música, ese legado de una decena de discos para el sello Island, álbumes de la era jamaiquina y una montaña así de recopilaciones, termina de explicar por qué Bob es Bob. Marley está lejos de ser el único artista de reggae, ni tampoco fue el primero, pero catalizó como nadie la esencia de un lenguaje musical universal. Para ello, también en su vida artística no fue uno solo, sino varios Marley. Hubo un Bob precámbrico que se crió en Trenchtown, la villa de Kingston siempre amenazada por los disturbios políticos, las razzias, los enfrentamientos de ghetto y, sobre todo, la miseria. Pero su cumbia villera no habló de chicas a las que se les ve la tanga o con aliento a leche, sino que apuntó a cambiar el entorno, construir una civilización basada en la fe, el amor, la comprensión, la unión... y la ganja.

Junto a sus compinches Neville O’Riley “Bunny” Livingston y Peter McIntosh (el mismo Peter Tosh que luego grabaría el himno marihuanero "Legalize it"), Bob tuvo una primera etapa consagrada al ska enérgico que predominaba en la isla, y a las influencias estadounidenses que llegaban por las radios que transmitían desde New Orleans. Así grabó un himno como "Simmer Down", y así le dio forma a un primer capítulo de su obra junto al productor Clement “Sir Coxsone” Dodd, que exprimió las posibilidades de esos Wailing Wailers (luego The Wailers) primigenios. Pero el ska agotaba rápidamente sus recursos, y en la vida del joven Marley se operaron cambios que influyeron en su arte. Su acercamiento a la filosofía expresada por Marcus Garvey –el retorno a Africa de la raza negra explotada– y profundizada por Ras Tafari Makonnen (a) Haile Selassie, emperador de Etiopía, llevó su lírica a nuevos caminos. De lo demás se encargó el legendario productor Lee “Scratch” Perry, que terminó entregando a los Wailers a dos integrantes centrales de sus Upsetters: Carlton y Aston “Family Man” Barrett. Con la mejor dupla bajo/batería que dio Jamaica y un par de indicaciones de Perry (que Marley dejara de sobreexigir su garganta en tonos altos innecesarios, que la banda tocara como si estuviera sobre papel engomado), el segundo Bob se alimentó del rock steady y puso la piedra fundamental de lo que todo el mundo reconoce hoy como reggae.

De a poco, modelando su manera de entender la música y el mensaje que debía contener, los Wailers comenzaron a asomar la cabeza fuera de Jamaica: el contacto con el cantante afroamericano Johnny Nash trajo una gira por Europa que se trabó en Londres, y allí fue donde Bob se cruzó con Chris Blackwell, propietario del sello Island que se encargaría no sólo de la difusión planetaria del reggae, sino también de hacer grabar al grupo por primera vez en estudios profesionales, adelantarle 4 mil libras... y convertirlo en Bob Marley & The Wailers. De Catch a Fire (1973) en adelante, el tercer Bob fue el que se convirtió en estampita, el motor de clásicos indestructibles como "No Woman no Cry", "Is this Love", "Get up, Stand up", "I Shot the Sheriff", "Lively up yourself", "Redemption Song", "Stir it up", "Three Little Birds", "Exodus"... De manera increíble, el cáncer originado en algo tan nimio como una lesión del fútbol en el dedo gordo truncó una de las carreras artísticas más ricas de la historia. Pero desde la miserable y orgullosa Trenchtown, Bob influyó a ingleses célebres como Joe Strummer (The Clash) y a pibes de acá a la vuelta, en los ’70 y la semana pasada. Para estudiosos, espíritus aventureros o simples curiosos de la moda y la remerita, Bob es simplemente indiscutible.

A Robert Nesta Marley, Berhane Selassie, simplemente Bob, le hicieron el funeral con todos los honores en Kingston y lo llevaron a su pueblo natal, pero no lo enterraron. En una iglesia etíope que es considerada tierra sagrada, el mausoleo se sitúa dos metros por encima del suelo. ¿Excesivo? Puede ser. Pero allí está el cuerpo del profeta, y los que van están a los pies del mausoleo y a los pies de Bob. No era necesario: hace rato que el mundo se dejó caer por esa música magnética, que conquista los oídos, la mente y el cuerpo en cuestión de segundos. El reggae nunca suena inoportuno, y es siempre una buena oportunidad para alimentar el alma. En Africa, Argelia, donde sea, en cualquier barrio de América latina donde te pueden acuchillar, Bob te puede salvar la vida. En el living de casa también.

Marley vive.

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10.5.06 

Too much chill

Me tienen las orejas llenas los compilados de chill out. Desde que José Padilla subió de status, pasando de camarero de un bar en Ibiza a gurú de la serie Café del Mar, el género se fue bastardeando y extendiendo más allá de lo recomendable, abriéndole la puerta a un montón de oportunistas que ni siquiera tienen el buen gusto de Padilla. Banda de sonido obligatoria del Palermo Sohollywood, el chill out tiene ahora versiones de The Police, Bob Marley, (¡como si se necesitara chillear a Bob!), Pink Floyd y siguen las firmas, aprovechando el fácil poder de venta de nombres conocidos y la posibilidad de aceder a un público que ni en pedo escucharía entero Wish you were here, pero pone cara de cool escuchando el Floyd Chillout Experience inventado por Telefé Música. Como en la industria de la música todo tiende a empeorar, he aquí un adelanto de lo que vendrá.

Chill Sabbath: Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward para oídos sensibles. Un autentico festival de chill satánico, con "Electric funeral", "Chilldren of the grave", "The wizard", "Black Sabbath", "Paranoid" y otros clásicos, ralentados y con colchón de cuerdas.

Chill 'em all: ¿Quién dijo que Metallica era solo para headbangers? Bastará conque Aspen empiece a difundir "Enter sandman" o "The four horsemen" en plan relajado para que las multitudes corran a la disquería... o a descargarlas en internet, para la furia de James Hetfield.

Chill Crimson: Difícil que King Crimson se haga popular con esa manía de las afinaciones deformes marca Fripp y las rítmicas de compases enrevesados. Pero las versiones chill out de "The great deceiver", "21st. century schizoid man", "Elephant talk" y "Red" conseguirán el milagro.

Chiss: ¿Cómo sonaría "Rock and roll all nite", "God of thunder", "Detroit rock city", "Strutter" y, sobre todo, "Beth", en plan chillout? Así, provocando además que los chicos sensibles de Palermo Soho empiecen a pintarse la estrellita de Paul Stanley.

Red Hot Chill Peppers: Otros muñecos que hacen de la contractura rítmica (en este caso procedente del funk) un culto, y que reafirmarán su popularidad entre el público argentino con "Chill it away", "Under the chill" y "By the chill way".

Chill against the machine: Zack de la Rocha nunca estuvo tan cerca del gusto más popular. Es cierto que "Bullet in the head" será un gran desafío para los remixadores chill, pero la industria ya demostró largamente que todo lo puede.

Chillvana: ¿Importa demasiado que Kurt Cobain se haya pegado un escopetazo en la cabeza, un acto tan poco cool? Bastará que empiece a sonar el hit "Smells like chill spirit" para que nadie se plantee esas nimiedades.

Chilly Pop: El muñeco más salvaje de la escena estadounidense también puede seducir a los oídos acolchados. Como prueba servirán las efectivas (sobre todo en la caja registradora) versiones de "The passenger", "Louie Louie" y "Lust for life".

Chillness: Algunos creen que Madness solo sirve para que los pibes de sangre caliente se lancen a saltar como poseídos al ritmo del más frenético ska. Pero la parsimonia chillout de clásicos como "One step beyond", "Madness", "Our house" y "Cardiac arrest" ganará un nuevo y numeroso público.

Chillavert: Una propuesta lanzada. En vez de reciclar viejos clásicos del rock, un productor con dos dedos de frente encontrará una variante explosiva: procesar las declaraciones bombarderas del goalkeeper paraguayo José Luis Chilavert con el típico hip hop ralentado del chill out y su correspondiente colchón de cuerdas y caños. A la cabeza, el hit "Tú no has ganado nada".

(Si en los próximos meses aparece alguna de estas cosas en la disquería, que conste que la idea fue mía y me deben plata)

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Los cuatro dibujos que tocan en vivo

(Publicado hoy en Página/12)

¿Cómo llevar un invento, una banda virtual compuesta por cartoons que se dieron el lujo de vender millones de discos, a la experiencia en vivo? Ese fue uno de los primeros interrogantes que surgió a partir del éxito de Gorillaz, el disco de 2001 donde Damon Albarn, Dan “The Automator” Nakamura y el artista plástico Jamie Hewlett le dieron imagen y vida musical a 2-D, Russell, Murdoc y Noodle: cuatro cartoons que, lejos de estar dibujados, reventaron todo a caballo de los hits "Clint Eastwood" y "19-2000". Cuatro años después, Demon days significó la partida de The Automator y el ingreso del productor Danger Mouse, responsable de ese capítulo imperdible del mash up llamado Grey Album. El nuevo disco, aún mejor que el anterior, demostró que Gorillaz era algo más que una idea trasnochada. Pero, más allá de una aparición televisiva junto a Madonna y alguna performance puntual, el interrogante del principio seguía en pie. En las bateas argentinas, al fin, está la respuesta: el DVD Demon Days Live testifica la presentación del grupo en el Opera House de Manchester y con un batallón de músicos e invitados muy lejos de la virtualidad.

Registrado en noviembre de 2005, el show sirve entonces para demostrar cómo se muestra en vivo a los personajes de Hewlett/Albarn. Con la banda entre las sombras (aunque es imposible no reconocer el perfil del líder de Blur, sentado al piano) y una serie de pantallas oficiando de medium entre el cuarteto dibujado y el público, el show recrea el mismo orden de temas que el segundo disco, con el agregado de los bises "Hong Kong" y "Latin Simone". Y lo hace por todo lo alto: al grupo base de “Mike Smith” (es decir Albarn, en teclados y voz), Simon Tong, Simon Jones (guitarras), Cass Browne (batería), Morgan Nicholls (bajo), Karl Vanden Bossche (percusión) y Darren Galea (bandejas) se suma una bruta sección de cuerdas y un coro de cuatro voces. Como si fuera poco, deben sumarse las apariciones de personajes como Neneh Cherry (en "Kids with Guns"), De la Soul ("Feel good Inc."), el prócer Ike Turner ("Every Planet we Reach is Dead"), Martina Topley Bird ("All alone"), Shaun Ryder ("Dare"), un Ibrahim Ferrer también virtual ("Latin Simone"), el Manchester Gospel Choir y el coro de niños de dos escuelas de Manchester, que revisten a "Dirty Harry" de una impensada épica en vivo.

Viendo semejante experimento, aun en la tranquilidad del hogar, terminan resaltando dos curiosidades: por un lado, cómo semejante andamiaje de músicos y posibilidades, tan en la frontera del posible caos, se conjuga de un modo formidable. El show termina ganando una cohesión casi inesperada, y el tan cuestionado vivo de Gorillaz posee una naturalidad que convierte a aquel interrogante en una anécdota. Por otro lado, Demon Days Live reaviva cierto debate alrededor de la figura de Albarn: si en Blur la partida de Graham Coxon dejó el timón plenamente en manos del cantante, en Gorillaz sucedió algo similar con Nakamura. Esto no sólo habla de lo difícil que debe ser Albarn puertas adentro: también permite considerar a Gorillaz cada vez más como un proyecto solista de Damon. Y sin embargo, el muchacho brit pop de los ojos azules consigue dos resultados igualmente sorprendentes. Por un lado, Gorillaz sigue sonando como un asunto donde la colaboración de varios músicos es clave. Y por otro, hoy por hoy tiene mucha más sustancia, originalidad y capacidad de impacto que el mismísimo Blur. Y todo por cuatro dibujitos.

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4.5.06 

Cantate algo

Mirá (y sobre todo escuchá, de ser posible con auriculares) esto. "Impresionante" es poco.

Te da ganas de comprarte el auto... o el coro.

(Gracias Wimbledon)

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2.5.06 

Macocos!

Hace ya casi cuatro años, cuando colaboraba para Rolling Stone, ofrecí, aceptaron y realicé una nota sobre Los Macocos. El editor Victor Hugo Ghitta me pidió que la reescribiera (lo hice) reforzando las primeras personas y las diferentes situaciones, y entregué el resultado final, que está acá abajo. Ghitta sostuvo que era "impublicable", y no solo no la publicaron sino que tampoco me la pagaron (y me dio fiaca sumarme al pelotón de periodistas que le han hecho juicio, por diferentes atropellos, a RS). Los Macocos la tienen colgada en su sitio (que está muy bueno, véanse los links) desde hace rato. Incluso tienen linkeada la explicación que dio tiempo después la revista para al menos mostrar la producción fotográfica que habían hecho. Los Macocos bajaron de cartel, es cierto. Cinco meses después de esta nota impublicable.


* * *

La primera vez que los vi era 1986, y era otro país. Mejor dicho: otro planeta. A Raúl Ricardo Alfonsín se le empezaba a resquebrajar la primavera y Buenos Aires se preparaba para la Gran Fiesta Dark. El Prozac estaba lejos de inventarse, pero de todos modos el Prozac nunca fue una cosa muy argentina. Y lo que había a nivel urbano era más cocaína que marihuana, más alcohol que otra cosa, mucha fiesta y militancia, tonos menores y pelos parados, efervescencia cultural y menos miedo de salir a la calle que en los tiempos de los anteriores ocupantes de la Rosada.

(En 1986, los Redondos editaron Oktubre, Soda Stereo Signos, Sumo Llegando los monos y Luis Alberto Spinetta, Privé . Batato Barea, La Noy, Urdapilleta, Tortonese, La Organización Negra, las Gambas al Ajillo y el Clú del Claun ocupaban el Parakultural. Maradona conquistaba el mundo en México. 1986, buena cosecha)

Una noche de julio fui a parar a una fiesta en la Escuela Nacional de Arte Dramático. En un momento cualquiera de la velada terminé bajando unas escaleras –creo– y me encontré en una sala que recuerdo chica y cargada de porro, frente a un biombo de mimbre común y corriente.

Detrás del biombo funcionaba un submarino, con sonar y periscopio incorporado, y la gente se partía de risa.

El submarino era Daniel Casablanca, Joaquín Romero y Martín Salazar. O, como decía el volante que repartían por ahí: ¡Macocos!

El papelito explicaba: Los Macocos no hacen teatro, lo deshacen. Los Macocos no ensayan, sólo estrenan. Los Macocos tienen tres carátulas: la tragedia, la comedia y la estupidez.


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Varios años después, en un departamento de Palermo (nada de Palermo Hollywood: Palermo, gracias), Casablanca, Salazar, Marcelo Xicarts, Gabriel Wolf y el director Javier Rama intentan encontrar alguna explicación a los 17 años y los doce espectáculos de su banda de teatro . Una obviedad dice que han sabido sostenerse uno a otro, soportarse, quererse, divertirse y aprender, pero lo más obvio en realidad es que su público les juró algo parecido a la fidelidad... una fidelidad promiscua: en julio y agosto, La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi “a la gorra” generó cinco funciones semanales en un Teatro Lorange siempre repleto. Pero eso es historia reciente, y no termina de explicar quiénes son, ni cuántos Macocos han sido los Macocos.

"Aquel sketch del submarino era un poco el reflejo de lo que pasaba, de esa Argentina que estrenaba democracia”, recuerda Daniel. “Era un momento muy especial, en el que todos los grupos pensaban que iban a existir por un montón de años. Hacías un número y ya le ponías un nombre al grupo y disparabas a algún lado. Estaba todo permitido, y fue muy natural empezar en ese marco. No era necesario un teatro. Te parabas en la esquina, se juntaban veinte personas y te mostrabas.”

Se mostraron. ¡Macocos! les dio rodaje en pubs, pequeñas salas, municipalidades del interior y un lugar que después se convertiría en su base de operaciones, el Centro Cultural Rojas. Pero si la obra debut se presentaba como idioteatro, apelaba al clown, al puro humor y a la ingenuidad, lo que vino después acompañaría y reflejaría los primeros derrumbes argentinos posdemocracia. “Cuando empezamos era tan oscuro lo que habíamos vivido, que te parabas en un lugar más oscuro que lo oscuro, una cosa repunk como La Organización Negra, o en un lugar naif para sacarte eso de encima. Pero la realidad nos fue llevando a un lugar cada vez más denso”, memora Martín. “Esa alegría del 85, 86, había desaparecido en 1988”. 1988 fue entonces el momento de Macocos Chou, de cambios que llevaron a la planta definitiva de integrantes y de la preparación del espectáculo que puso la piedra basal de un público fanatizado, muy similar al de... sí, al de rock.

“Desde el comienzo queríamos recuperar el espíritu del rock and roll en el teatro. No queríamos hacer obras de otros, no queríamos ser concertistas”, dice Martín. Por eso, Macocos, mujeres y rock fue una ácida reflexión sobre el amor perdido y los caprichos de Molly –una títere de tamaño natural, cabellera rubia e instinto de mujer fatal–, pero también la primera encarnadura del grupo como cuarteto de rock. Macoco Dan en teclados, Macoco Matt en guitarra, Macoco Mark en batería y Macoco Gab en bajo comenzaron a enfrentarse a un auditorio que nada tenía que ver con el teatro oficial. Las medianoches del Rojas vieron desfilar a una caterva de jóvenes eufóricos, sacados, participativos, capaces de intervenir en la puesta y “aprenderse las canciones”, entendiéndose por eso no sólo la música sino también cada texto actuado. “No queríamos salir en la cartelera de teatro, queríamos salir en la de rock, poníamos avisos en el ”, apunta Marcelo. “El grupo nos permitía el sueño de la banda de rock a través del teatro... incluso hasta tocar en Cemento”, completa Daniel. “Pero también quisimos autoproducir Mujeres y rock, invertir dinero como si fuera parte de recibirnos de Macocos, pagar nuestra Universidad.”

Ahora es domingo a la tarde y afuera del Teatro Regio llueve como si fuera la última vez. Parece apropiado: la lluvia es una constante en Los Albornoz, la obra representada en el Teatro de la Ribera durante 2001 y reestrenada en el Regio, que retrata a una familia argentina a la cual la palabra “decadencia” le queda chica. Una sensación que, según dice Daniel antes de subirse al último ensayo general, siempre fue conocida. “En los tiempos de Mujeres y rock estaba la hiperinflación y hacíamos presupuestos distintos todos los días. Aunque no estés hablando temáticamente de eso, lo estás viviendo, influye en vos y en el espectador. Lo suficiente como para que 5 o 6 años después estés hablando de la crisis y lo tengas manyado”. A medio vestir como su personaje de Graciela Albornoz, Gabriel recuerda que “las sensaciones del 89 eran, a pesar de todo, de mucho entusiasmo artístico. Era la primera vez que ibamos a tocar rock, estábamos muy calientes con eso. Se armó un microclima artístico que el afuera... el afuera es un bombardeo de información, pero armás tu propia realidad.”

Pero la realidad real no iba a desaparecer fácilmente. Al calor de Mujeres y rock, el grupo empezó a percibir que algo se aproximaba, tenía forma de final y no precisamente feliz. En la nueva década, la primera guerra televisada, las bombas en directo por CNN, dispararon imágenes de un programa de TV dedicado a la muerte, los nuevos jinetes del Apocalipsis (Garcus, Marasmus, Lelus y Frustratus) visitando Argentina y el sueño del Bunker Super Luxe a prueba de realidades exteriores. Una reflexión sobre el fin antes de que alguien hablara del fin de las ideologías, el fin de la historia, el fin de todo lo conocido. Una obra oscura e inquietante, de un humor corrosivo, en la que los cuatro actores, tras emitir ciertas promesas de ocasión (“Mañana a las seis, seis y media de la mañana, salgo a correr”) se ahorcaban sobre el escenario. Es decir: Macocos, adiós y buena suerte .

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Será una noche como la de hoy o un dia como el de pasado mañana, cuando nos despertaremos y todo habrá pasado como una larga pesadilla. Pero con la leve y sutil diferencia de que habrá sido cierto. Habrá unos instantes de angustia, de estupor, de asombro frente a lo desconocido; pero será mejor, porque será lo nuevo. Porque este viejo, podrido y aburrido mundo, reventará de una vez y para siempre. Ni bomba, ni exceso de calcio, ni agujero de ozono, ni sida, ni cólera, ni ninguna de esas tonterías producirá su fin. Se terminará porque sí. Porque en este sitio al fin nos dimos cuenta de que era preferible sacar la viga derrotada que sostenía esta infamia. Esta idea de seguir poniendo plastilina contra esa torre de hormigón, se acabó. Porque tanto han hecho que lo han logrado. Han logrado que paguemos para comer, han logrado meternos el miedo y el peligro por los diarios, han logrado saber quiénes éramos mediante el DNI. Han logrado que hablemos de lo que vimos ayer por TV. Entonces, tanto han hecho y tanto han logrado y tanto han machacado que para seguir cuidando este mezquino cero a cero, así, es mejor perder.

(Monólogo de Gabriel en Adiós y buena suerte )



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Representada durante 1991 y 1992 entre el Rojas y el desaparecido cine teatro Alfil (luego convertido, ay, en un Musimundo Megastore), Adiós y buena suerte sumó 18 mil espectadores, y sirvió para perfeccionar los modos de producción del grupo. En un palco del Regio, Rama, el Macoco que solo sube al escenario para el saludo final, apunta a eso como otra razón de supervivencia. “No se trató solo de generar nuestros propios proyectos. Con el tiempo fuimos entendiendo que teníamos que armar un esquema de producción que sustentara lo artístico. Al principio te cagás en todo, ‘quiero contar esto y de esta manera'. Te une ese entusiasmo, pero si no creás una estructura que te sostenga... Termina el empuje de la idea y chau.”

En su siguiente etapa, el grupo estuvo a punto de decir efectivamente adiós. En los meses posteriores a su obra sobre el fin, “Macocos empezó a controlarnos, a encapricharse: todas las ideas entraban”, según Daniel. Así, el proceso que llevó al estreno en 1994 de Geometría de un viaje fue largo y trabajoso, por la compleja estructura de la obra y por “el cambio de demasiadas variables”. Macocos “guardó en el armario” a la banda de rock, cambió de escenario (La Trastienda), de horario y de precio de entrada. “Además, fue un año muy raro, muy triste”, recuerda Gabriel. “Ya habían pasado los atentados a la Embajada de Israel y la Amia... justo antes del estreno pasó lo de Maradona en el Mundial de Estados Unidos...” En el programa de mano podía leerse: “Ya que toda ilusión condena a la gloria de un instante, dedicamos este espectáculo a Diego Armando Maradona, Amo y Señor de la Ilusión”.


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Cerca de Ingeniero Ledesma, en una población de indios matacos, habitaba un animal muy especial. Se trataba de un ganso, al que los niños bautizaron con el nombre de Pancho. Pancho era el líder de la gansada, pero lo curioso es que Pancho no sabía que era un ganso. Se enfrentaba a los hombres como si fuera un hombre y hablaba con ellos en su incomprensible idioma. Cierta vez, entró un puma que atravesó el alambrado, empujado por el hambre y con la intención de comerse uno o dos gansos. Pancho salió a enfrentarlo con toda la actitud de puma. El puma durante algunos segundos casi se convenció de que Pancho era un animal peligroso, hasta que finalmente lo mató. Toda ilusión condena a la gloria de un instante. Pero nadie podrá superar esos diez segundos maravillosos en los que Pancho convenció al puma de lo imposible. Y junto al puma, el universo entero se olvidó de las leyes que lo sometían.

(Relato final de Geometría de un viaje)


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Al final de la breve temporada, Los Macocos descubrieron dos cosas que dejaban poco para la ilusión: una, que el público los había abandonado. Y dos, que tenían una deuda monumental. Todo eso parece lejano en los camarines del Lorange, donde un asistente entra para informar que en esa función de sábado quedaron más de cien personas afuera. Daniel está en smoking, primer traje de la larga serie utilizada en Marrapodi. Habla sin cargos de conciencia: “En ese momento hicimos lo que cualquier banda de rock en problemas: sacar un greatest hits”. En un pequeño teatro de la calle Corrientes, el Guiso de Macocos fue la mejor manera de pagar las deudas y rearmar la base de gente. Pensado como un espectáculo a la carta , con un menú de sketches y canciones que cambiaba todas las funciones, el Guiso se planeó para un par de meses de aguante, pero terminó extendiéndose más de un año y ganando un premio ACE.

Con un panorama más tranquilizador, Los Macocos encontraron en la Fundación Banco Patricios el mejor escalón para encarar el último tramo de los '90. En Macocrisis, una escena en que remedaban a las comedietas televisivas (“Qué familia mi familia”) no sólo comenzó a retratar el fin de otra primavera, la menemista, sino que además sirvió de base a Los Albornoz. Desde la platea vacía del Regio, sin risas que atenúen el efecto, el personaje de Marcelo parece aún más cruel: Mamma Dora, una vieja despótica que vive por y para la TV, y no duda en entregar a su nieta Noemí a la voracidad sexual de los operarios que vienen a cortar la luz, el agua, el gas. “¿Terrible? Terrible es que se la coja el novio gratis. Así por lo menos tenemos gas”, dice la vieja.

“Lo loco es que estábamos escribiendo que a la familia le cortaban el gas y a nosotros nos estaban cortando el gas... y no podíamos entregarles a Daniel”, dice Martín cuando el devenir de su personaje (que, tras un infarto, queda conectado a un respirador) lo saca momentáneamente del escenario: en las siguientes escenas será Ernesto Vivo, conductor de un reality show para familias sumergidas. Daniel es Noemí y Carlitos Albornoz, el pibe que para pagar ese respirador comienza donando sangre, luego vende un riñón y termina convertido en un cerebro dentro de un frasco. ¿Demasiado cruel? El tiempo terminaría confirmando las peores ironías de la familia Albornoz, aunque entre aquella escena de Macocrisis y la obra completa, el grupo vivió, paradójicamente, buenos momentos. Cuando el ensayo termina, Marcelo tiene que aplicar una buena cantidad de crema para eliminar el pesado maquillaje de Mamma Dora. “Afortunadamente, nuestras crisis grupales no coincidieron con las crisis sociales”, dice. ”Yo estoy convencido de que juntos somos más piolas, y eso nos hace estar un poquito adelantados. No sé si no es un poco nuestra función, si ahora no tenemos que bancar a la gente que está hecha mierda, estar en cartel y ofrecerles algo que los represente, pero que también los divierta y los relaje un poco.”

El grupo, entonces, está en cartel por partida doble. Si Los Albornoz es una pintura de la actualidad más lacerante, La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi es un repaso histórico que delata el amor del grupo por el teatro. Estrenada en julio de 1998 en la sala Cunill Cabanellas del San Martín, la pieza –escrita con el aporte de Jorge Maronna, de Les Luthiers, y un libro de investigación de Adolfo Casablanca, padre de Daniel- presenta a una familia de artistas en el estilo de los Podestá, capaces de atravesar trescientos años de historia con una única obra y el fracaso como combustible. De los juglares chupamedias del virrey al más escatológico teatro de revistas, pasando por el circo criollo y la escuela puteadora de los '70, y con un grand finale de Daniel convertido en starlet de plumas, los Marrapodi cautivaron incluso a aquellos que seguían considerando a Macocos como “ese grupito adolescente de los ‘80”.

Los Marrapodi, también, abrieron las puertas de Ezeiza: con esa obra, el grupo viajó primero a Uruguay, y después al Festival Grec de Barcelona y a una serie de funciones en el Kennedy Center de Washington, con traducción simultánea. “Durante el pedo menemista, en el fondo todos sabíamos que estábamos pataleando en el aire, que en algún momento íbamos a caer y Estados Unidos nos iba a cobrar todas las cuentas. Para tranquilidad de la gente, a los productores yanquis les cobramos una fortuna. Si siempre pensamos las cosas como golpes... ese fue el golpe del siglo”, definen a coro Marcelo y Martín en las entrañas del Lorange, y el elegante smoking le da más fuerza a la frase.

En 17 años, Los Macocos dieron y recibieron unos cuantos golpes. Confiesan haberse peleado y amigado infinidad de veces, haber pasado “por todos los tipos de alianzas y confabulaciones que existen, tres contra dos, cuatro contra uno, cinco contra ninguno, etcétera”, y haber mantenido solo dos mandamientos, que a pesar de haber vulnerado algunas veces siempre los salvaron: “Hay que ser bueno” y “No vale mentir”. Al cabo, prefieren definirse apenas como “cinco tipos que hacen teatro, y hacen reír a la gente”. Y no le tienen miedo a la crisis, esa característica perenne de la Argentina. Cuando el ensayo del Regio solo deja algunos detalles técnicos a resolver antes del reestreno, cabe preguntar si la crisis no los terminó ayudando a consolidar su personalidad.

- Siempre vivimos en crisis. Antes era quizá un terreno privado del actor. ¿Y ahora? Ahora estamos todos así. (Marcelo)
- La crisis nos sirvió de enseñanza, nos hizo estar más armados, entender que hay que anticiparse a la finalización del contrato, mirar adelante a ver cómo seguís. (Gabriel)
- La crisis de diciembre fue algo que veníamos arrastrando de hace tiempo. No se dejó de producir en diciembre, sino antes. Y uno eso lo siente cuando es dueño de sus proyectos. Le pasa lo mismo a los músicos que autogestionan, tienen que remar y al cabo lo único que tienen es la gente. (Daniel)
- El hambre no hace bien. Podés crear en crisis, y los artistas generalmente están en crisis para crear. Pero una sobredosis de crisis nunca es recomendable. (Martín)
- ¿Querés un título? Macocos: Perfectamente preparados para la crisis. (Los cinco)


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Exactamente quince años después de aquella rutina del submarino, volví a tener un encuentro casual con Los Macocos. Las circunstancias eran muy diferentes: el grupo había terminado sus presentaciones en España, habíamos hecho (¡en la playa de Sitges!) una entrevista para Página/12 y nos habíamos despedido hasta el reencuentro en Buenos Aires. Aprovechando unas horas libres, me dediqué a recorrer Barcelona.

En un momento cualquiera de la tarde, terminé subiendo una interminable escalera de caracol, salí a un puente en las alturas y... me tropecé con Martín y Javier. Imposible prever semejante encuentro: allá arriba, en una de las agujas de la Sagrada Familia de Gaudí, hicimos un brindis simbólico por el idioteatro, el periodismo y las casualidades que nos habían cruzado en lugares distintos, en momentos distintos, en planetas distintos. Felizmente condenados a la gloria de un instante.

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Algunas cuestiones sobre la tanda

* No tomes al pie de la letra eso de "Nuevo Blem, rechaza el polvo". El tubo de Blem no se va a parar en la puerta de tu casa tipo patova a prohibirle el ingreso a la suciedad. Y no, tampoco significa que si te comprás un Blem ya no vas a poder tener sexo con nadie.

* Los pañales absorben el pis de un bebé durante toda la noche solo en las publicidades.

* El deseo de volar es una vieja obsesión del ser humano. Pero las toallitas con alas no te van a ayudar.

* ¿Por qué el jabón en polvo común es blanco, pero el Skip Ropa Negra no es negro?

* ¿Por qué un inodoro puede saltar por la ventana si intentás ponerle una pastilla desodorizante común, pero se banca como un duque que le caguen encima al menos un par de veces al día?

* ¿Qué pasa si una persona sin problemas intestinales se clava un Activia? ¿Se termina escurriendo por el inodoro de la pregunta anterior?

* Si Argentina gana el Mundial, ¿cuántas empresas van a quebrar por tener que cumplir sus promesas imposibles?

* ¿Por qué los corchos de vino no traen ninguna promoción del tipo "Ganaste otra botella"?

* ¿Por qué en el aviso del shampoo "negros brillantes" no aparecen Prince, James Brown, Jimi Hendrix, Vernon Reid, George Clinton, Miles Davis, Michael Jordan, etcétera?

* ¿Dónde está Carlos Sacaan?

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