27.9.06 

Un reportaje

Cité este texto en los comments de un post anterior, y no es una primicia: fue mencionado en algunos medios un par de veces desde el 30 de diciembre de 2004. Pero, teniendo en cuenta los comments que suelen surgir toda vez que se toca el tema Cromañón, y en los cuales aparecen algunos fanáticos del grupo que acusan a los periodistas de mentirosos y a todo el que no se sume a la causa callejera de insensibles y cosas peores, me parece apropiado destacarlo aquí. Se trata de un reportaje que hicieron los periodistas Juani Provéndola y Damián Mercado en la revista Si se calla el cantor de octubre de 2004. El que responde es Patricio Santos Fontanet.


- Hay lugares fundamentales a los que hay que volver siempre, como Cemento, y otros que son de paso, como Obras. Nosotros no queríamos ir ahí porque no nos gustaban un par de cosas. La organización del lugar es distinta a la nuestra. Nosotros queremos que la gente se divierta y no echamos a trompadas a un pibe porque prende una bengala como hacen ahí. Pero tampoco nos quedaban otros lugares: hicimos un Cromañón en abril y al mes siguiente ya tuvimos que agregar dos más, así que por cuestiones de espacio decidimos hacer una fecha en Obras -que es más grande- y al final terminaron siendo dos, porque el público lo pedía. Estuvo recopado, pero ahora ya estamos pensando en otra cosa. A Obras creo que no volvemos más, salvo para grabar en vivo o algo así.

- ¿Qué es "la otra cosa" en la que están pensando?

- Cuando hacemos los temas no nos fijamos qué es lo que le puede gustar a la gente, pero cuando organizamos un show sí. Existe una necesidad de tocar en un lugar abierto para que no haya problemas con las bengalas porque ya nos estamos empezando a intoxicar con toda la humareda...

- No te gusta que la seguridad de Obras eche a los que prenden bengalas, pero en Cromañón te pusiste medio fastidioso con tanto humo...

- Nosotros no, pero ellos mismos, eh.... (piensa), promediando el show de la primera fecha de La Plata le pregunté a la gente si alguno podía respirar, todos gritaron que no y al comienzo del siguiente tema vuelven a prender otra bengala. Los shows los damos para ellos, no para nosotros, así que vamos a buscarle la vuelta para que se puedan divertir.




Comparemos estas declaraciones del Pato con todo lo que viene diciendo desde que, por tocar en lugares donde podían mantener su propia organización (como Cromañón), porque a ellos "no les fastidiaba tanto", por dar shows pensando en que a su público le divertía prender bengalas, por "buscarle la vuelta" para que no se apagara la "diversión", se les murieron 194 personas.

¿Los que mienten son los periodistas?

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Reencuentro con un animal de escenario

(Publicado hoy en Página/12)

¿Hay demasiado Calamaro dando vueltas? El disco de tangos, el disco del Luna, el doble con versiones-homenaje, el Indio cantando “El salmón” en Escúchame entre el ruido, el disco con Litto Nebbia anunciado para noviembre, la reedición de El salmón quíntuple, las canciones en la radio, la prensa del corazón encantada con el romance-paternidad junto a Julieta Cardinali... y ahora Made in Argentina 2005, el DVD que refleja su show en Obras del año pasado, junto a un CD con canciones registradas en Madrid (con el Niño Josele) y San Sebastián (con Ariel Rot). Mucho Calamaro, sí, pero el rock argentino no se puede dar el lujo de prescindir de Andrés. Y, detalle nada menor, este Made in Argentina es una oportunidad de encuentro con un Abuelo en plena forma.

Corresponde hacer algo de memoria: en abril del 2005, AC protagonizó una noche de alta emotividad en el Luna Park, el mismo día en que fue sobreseído por la estúpida causa del porrito. Las canciones hicieron su faena, pero sobre el escenario se notó que el cantante y tecladista aún estaba en ablande. Contenido, por momentos escondido tras su instrumento, Calamaro vivió ahí un episodio intermedio en su rescate del rol más difícil para un músico, allí donde se ven los pingos. El flamante DVD permite comprobar cuánto avanzó Andrés en los meses que siguieron: hay leves retoques en la lista, pero lo que verdaderamente realza ese show del 17 de diciembre en el outdoors de Avenida del Libertador no es el repertorio elegido (que también influye, claro) sino la actitud de escenario del músico, la seguridad, el don de dirección de banda y su relación con el público.

Entonces, poner Made in... –impecablemente filmado– y darle rosca al volumen es una puerta abierta a otro Calamaro, seguro de sí, carismático, recuperando un rol con el que a lo largo de su historia siempre tuvo algún conflicto. “Salir de gira es una pesadilla”, dijo alguna vez, pero aquí se lo ve disfrutar y contagiar. Queda claro desde la demoledora apertura de “Output input”, en la euforia instantánea que desata “El salmón”, en el gozoso dúo con Vicentico para “El cantante” y “Vasos vacíos”, el intercambio con Nebbia en otros tres temas (incluyendo la “Nueva zamba para mi tierra”), la intensidad de “Clonazepán y circo”, el notable rescate de “Mil horas” o el último tramo a todo gas con “Alta suciedad”, “Flaca” y el doblete Rodríguez inoxidable de “Mi enfermedad” y “Sin documentos”. Con los músicos de Bersuit como soporte, una banda que suma puntos al aquilatar horas y horas de vuelo, Calamaro se relaja y ocupa sin complejos el centro de la escena, y ya no se trata sólo de confiar en el poder de sus melodías sino también en su capacidad para conectar con el que está del otro lado. Y entonces: ¿demasiado Calamaro? No. Puede haber demasiada cumbia villera, demasiado reggaetón, demasiado rock rollinga fotocopiado, demasiada cantante pop fabricada en serie. Con Andrés nunca es demasiado.

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22.9.06 

El trabajo y el lucro

(Publicado hoy en Página/12)

Las especulaciones sobre si está bien o mal ya no sirven: Callejeros volvió al escenario, y se anuncian dos shows más. Para llegar a esta instancia y torcer el historial de restricciones, el grupo apeló a la "persecución política" y a su "derecho a trabajar". La primera razón es facilista; la segunda tiene su asidero. Inocentes hasta que se demuestre lo contrario, a los músicos de la banda corresponsable de la mayor tragedia en el rock local no se les puede negar ese derecho. Los reparos son de orden moral: el ejercicio de ese derecho estaría bien acompañado por un aporte a encontrar la verdad, honrar la memoria de tantos muertos no con frases de ocasión meditadas en compañía de abogados, sino con una actitud algo más constructiva que el descargo en el gerenciador del boliche y la corrupción estructural de un gobierno. La actitud revanchista del "A los demás, chúpenla, por caretas" demuestra lo poco que avanzó la conciencia de un grupo que fomentó la locura pirotécnica que llevó al incendio de Cromañón. La pretensión de que en cada show los pibes van a estar "más vivos que nunca", tribunera y efectista, es una puñalada en el corazón de los familiares de víctimas que no se tragan el verso de que la responsabilidad es solo de los otros.

Más allá de la patológica inconciencia de Fontanet, sus compañeros y los aguantes que la sostienen (nadie parece reparar en el hecho de que, con las entradas que cedieron a los cuatro colectivos del núcleo duro de fans capitalinos, Callejeros replica el sistema de los shows anteriores al 30-D, sólo que esta vez la instrucción fue que los bondis estuvieran libres de bengalas y banderas), vale detenerse en ese "derecho a trabajar". Después de Cromañón, todo grupo de rock que convoque menos de dos mil personas tiene ante sí un panorama de persianas cerradas, abusos económicos de los bolicheros, clausuras fundadas no en motivos de segurdad sino en la histeria de quienes no quieren sacar los pies del plato. Callejeros reclama su derecho a trabajar, pero nada hizo para separar la paja del trigo y clarificar una situación que cercena brutalmente el derecho al trabajo de centenares de músicos. El 30 de diciembre perdimos todos, dice Fontanet. Pero ellos están arriba del escenario, disfrutando la celebración del veredicto de sus fans, vendiendo un disco a 45 pesos y quizá preparando el DVD del Chateau a un precio igualmente inflado. El trabajo es el trabajo. El lucro con la muerte es otra cosa.

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20.9.06 

Hagan sus reservas

No te lo pierdas!!

En octubre llega a las disquerías En vivo en el Chateau, el DVD de Bengaleros!! Otro producto Pelo Music, a solo 150 pesos (pero con un arte de tapa buenísimo)!!!

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19.9.06 

Quizá el que no entiende soy yo


Cualquiera que ande un poco por la calle lo debe haber visto: hay una nueva campaña de concientización sobre el sida que empapela carteles con frases del tipo "Podemos elegir dónde tener sexo", "podemos elegir con quién tener sexo", rematadas por "podemos cuidarnos usando preservativo". Está muy bien: toda campaña para concientizar sobre los peligros del sida sin caer en el discurso chupacirios de la abstinencia es necesaria. Pero, por más que me rompa la cabeza, no consigo comprender de qué les puede servir un preservativo a dos mujeres.

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A ver esas cuerdas!

Recordemos un pequeño fragmento de "Río Babel", registrada por Gustavo Cerati en el disco Bocanada, de 1999:


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Ya está?
Ahora imaginemos un diálogo entre Cerati y Alejandro Terán, arreglador sinfónico de ese disco:

- Pero te parece, Alejandro...?
- Pero sí, Gustavo... ¿quién se va a acordar? Es "Momma", del segundo disco de Electric Light Orchestra, de 1973... ¿vos creés que alguien se va a dar cuenta?

Yo, por lo pronto, acabo de descubrirlo.


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14.9.06 

Guerra civil

La escena, en un kiosco del barrio de Coghlan. Los protagonistas, el kiosquero y un hombre que, a caballo de su declaración, pasa rápidamente de la categoría "venerable anciano con bastón" a "viejo calandraca". Cuando entro al kiosco, está diciendo: "Lo metieron preso a Rico... este país es increíble, dentro de diez años lo van a resucitar a Perón para meterlo preso... ¿sabe lo que va a pasar acá? Si seguimos así, vamos a tener una bruta guerra civil".

¿Cuántas veces, en todos estos años, el señor con bastón, antes sin él, habrá justificado miles de atrocidades para evitar una "guerra civil"?

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Que parezca un accidente

Hasta ahora no tuve ocasión de ver el último combo del MacDonalds del rock nacional, intitulado Que sea rock. El día de la privada para la prensa estaba con mi hijo menor enfermo, y tampoco fui a la avant premiere en la que Carlitos García grafiteó los afiches, se paseó por la sala con un whisky en la mano y se puso a ladrarle a la pantalla. Gran espectáculo.

Lo que sí sé, por comentarios de quienes la vieron, que a la ausencia de Divididos o los Redondos hay que sumar la inexistencia de la más mínima referencia a Cromañón. Hay, sí, un sentido homenaje a Pappo. De los casi doscientos muertos en Once, ni una chapita recordatoria.

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9.9.06 

Los Blues Brothers de América del Sur

(Publicado hoy en Página/12)


En el campo de la música, las colaboraciones siempre tienen un especial punto de interés: resulta atractivo presenciar el modo en que dos artistas trabajan puntos de confluencia y matices de diferencia que enriquecen el resultado, la magia de un encuentro por encima del choque de egos. Si ese encuentro se produce entre dos músicos provenientes de entornos culturales bien diferentes –incluyendo al idioma–, artistas que a su vez no pueden ser encasillados en lo que se tiene por “música joven” en sus respectivos contextos, las posibilidades se amplían aún más, incorporan una paleta de matices que augura buenos resultados. De eso se trata el experimento que llevan adelante el argentino Kevin Johansen y el brasileño Paulinho Moska. De eso se trató la velada del jueves en el Teatro Coliseo: un gozoso festejo del arte de la colaboración, del intercambio artístico, del placer de hacer música sin fronteras y sin más regla que el respeto por la canción de espíritu artesano.

Casi puede decirse que no podía ser de otra manera. El historial de Johansen está íntimamente ligado a la canción desgenerada, un cruce en el que confluyen infinidad de ríos musicales. Moska, músico y actor, mamó lo mejor de los sonidos de su país, se inclinó por el rock y terminó experimentando con las posibilidades de la electrónica para agregarles profundidad y color a sus melodías. Aunque no estuvo en el teatro, al combo debe sumarse a Jorge Drexler, otro inclasificable musical que sirvió de puente entre ellos dos, y a quien se homenajeó sobre el final del show con “La edad del cielo”. Pero la Reunión Subtropical tuvo todo para disfrutar el momento, y en especial para entusiasmarse con el futuro: como bien dijo Johansen, lo que se vio en el Coliseo es la punta del iceberg, el inicio de una colaboración que puede dar frutos aún mayores.

Todo quedó claro de entrada, cuando el dúo ganó el escenario con sus guitarras acústicas y arrancó con un set de media hora en el que compartieron generosamente sus canciones. De “City Zen” a “Muito pouco”, el tema que Moska le “regaló” a María Rita, el dúo disfrutó e hizo disfrutar sus versiones de “All I wanna do is you”, “No voy a ser yo” (donde Moska hizo gala de esa extraña técnica que le permite usar un pedal de wah wah con acústica, o slapear las cuerdas como si fuera un bajo), “Tudo novo de novo” y la preciosa “Lágrimas de diamantes”, ambas del último disco de Moska. Sorprendidos y extasiados ante una sala que agotó sus entradas varios días antes, el argentino y el brasileño suplieron la insuficiencia de ensayos con la evidente empatía entre ellos, que contagiaba fácilmente al auditorio. A tal punto, que Kevin tuvo que guiar a Paulinho cuando éste se perdió en la letra de su propia canción para Rita.

Tras esa introducción a dúo y en soledad, cada cual tuvo su momento. Junto a Marcos Suzano y su set de percusión electrónica, Moska demostró que sus shows anteriores en Buenos Aires formaron una buena base de público, especialmente encendido con la electrizante “O jardim do silencio”. Antes de la aparición de The Nada, otro bloque del dúo visitó a Caetano Veloso (con “Trilhos urbanos”), “I don’t know” (de City Zen) y “Cheio do vazio”, para luego dar pie a un atisbo de lo que puede venir: un tema de Logo, el nuevo disco de KJ, trabajado a medias. Así, cuando la banda de Johansen ocupó la escena para el tramo final, el público no necesitaba más argumentos para entregarse a la fiesta. “El círculo”, “Buenos Aires antisocial club”, “Go on”, “El incomprendido” (ocasión para que más de uno volviera a deslumbrarse con la exquisita técnica del Zurdo Roizner) y una monumental “We can work it out” que puso a los Beatles en tiempo de chacarera, condujeron a un final de alta vibración, con Moska y Johansen uniendo nuevamente sus voces (de timbres y colores tan diferentes, lo que abre todo un campo de posibilidades) en “Ni idea”, y preparando el finale con “Pensando em voce”, “Lágrimas de diamantes” a banda completa y la festiva despedida de “La falla de San Andrés”. Al cabo, lo visto en el Coliseo confirmó lo que se preveía en la foto de este diario, ese abrazo en el que Kevin Johansen y Paulinho Moska se fundían, no se sabía dónde comenzaba uno y terminaba el otro: juntos y sin prejuicio, los Blues Brothers de América del Sur le dieron vida a la canción siamesa.

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8.9.06 

"Solo una cosita más..."

(Publicado hoy en Página/12, junto a la crítica de Hermanos y Detectives de Julián Gorodischer)


Los fans de la vieja guardia lo deben haber reconocido de inmediato, apenas el personaje del profesor abrió el primer episodio de Hermanos y detectives preparando su crimen: sobre la nueva serie de Szifrón planea la imagen del más entrañable policía de la ficción televisiva, el teniente Columbo. Esto no debe interpretarse como una acusación de plagio, sino como un apunte sobre una decisión del director en cuanto a la estructura narrativa. Aquellos que siguieron con fruición al irrepetible personaje de Peter Falk saben que la serie abjuraba del clásico Quién lo hizo: los primeros cinco minutos mostraban al criminal preparando y ejecutando su obra, borrando concienzudamente sus rastros. Y así, el resto del episodio era un festival de columbitis, con el destartalado detective arrinconando cada vez más al asesino con preguntas aparentemente torpes, deshaciendo el crimen perfecto entre frases en apariencia dubitativas y elípticas referencias a su esposa, hasta que el culpable se encontraba en una situación en la que, dijera lo que dijera, quedaba en evidencia.

Ese es el dispositivo que eligió Szifrón, que a su ya conocida y confiable muñeca para dirigir y filmar le agrega el hallazgo del Lorenzo de Rodrigo Noya, su pequeño Columbo, que en vez de darse media vuelta antes de irse con el insidioso “Sólo una cosita más, algo que no termino de entender...” (la muletilla de Falk) le pone todo el ángel posible a la pregunta “¿No es sospechoso?”. Columbo sacaba el máximo partido de la subestimación de su rival, que no se sentía amenazado hasta que las cosas habían ido demasiado lejos, hasta darse cuenta de que su confianza en la torpeza del detective lo había hecho hablar de más y enredar su propio plan. A los ojos del profesor Fontán, Lorenzo es sólo un niño (un niño bizco, acompañado por un policía abrumado por la rutina), que juega con una lupa casi tan gruesa como sus anteojos. Un rival inofensivo, que terminará convirtiéndose en el artífice de su perdición.

Quizás el primer episodio de Hermanos y detectives sufrió la necesidad de contar dos cosas importantes al mismo tiempo –el encuentro de los Rodrigos y un caso policial–, y eso le quitó posibilidades de trabajar más refinadamente en el juego del gato y el ratón entre el asesino y el pequeño investigador. Pero eso, más que hablar mal del debut, abre todo un campo a futuro, cuando las convenciones iniciales estén cumplidas y cada episodio se concentre en el caso. Mientras tanto, aquellos que gozaban el lento trabajo de zapa del teniente de impermeable arrugado y el ojo de vidrio no podrán menos que ensayar una sonrisa ante Lorenzo, un heredero del sur en envase tan pequeño como rendidor.

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5.9.06 

El mejor recuerdo para Mr. Bad Guy

(Publicado hoy en Página/12)


No hay como los aniversarios redondos para exhumar un mito, y Freddie Mercury es un mito de proporciones. Así lo reafirman los cables que señalan los homenajes, fiestas y recordatorios que los fans de Queen en general y del cantante en particular llevarán adelante hoy, el día que cumpliría 60 años, en todo el mundo: el epicentro estará en el Dominium Theatre londinense, donde el guitarrista Brian May y el baterista Roger Taylor llevarán adelante una gala de homenaje cuyos ingresos serán destinados al Mercury Phoenix Trust, el fondo creado por Freddie para la investigación contra el sida. A fines de 1991, el HIV fue lo que se llevó los mayores titulares relacionados con la muerte del músico: fue en parte morbo y en parte sorpresa, porque –signo de tiempos en los que el virus estaba muy lejos de la discusión franca y pública de hoy– Mercury vivió su enfermedad con mucha angustia, tratando de ocultar lo que hubiera significado una intolerable carga de prejuicio. Quizá resulta curioso que un tipo como Mercury se atormentara por el qué dirán, pero es también una demostración de su sensibilidad extrema.

Entonces, todos pudieron echar un vistazo a la miseria final del cantante inglés, todos pueden manejar esa impresionante trayectoria junto a May, Taylor y el ahora retirado bajista John Deacon, pero lo que siempre quedó más o menos sepultado fue su pasado, su origen. Apenas la exótica referencia de que había nacido un 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, bajo el poco carismático apellido Bulsara: todo lo demás perdía frente al brillo de su música y su arrasadora personalidad en escena. Por eso, el 60º aniversario sirve como anillo al dedo para el lanzamiento de Lover of life, singer of songs: por un lado, un CD de audio que recopila material del Mercury solista, no sólo los discos Mr. bad guy (1985) y Barcelona (1988, junto a Montserrat Caballé), sino también el inhallable single “I can hear music” / “Goin’ back”, registrado en 1973 bajo el seudónimo Larry Lurex y con sus colegas de Queen como sesionistas. Pero también, y ahí está la perla, un DVD de dos discos con material excepcional.

¿Qué es lo que tiene Lover of life, singer of songs (el epitafio elegido por May para la estatua de Freddie en Montreux) para sorprender hasta al fan acérrimo? Sobre todo, una mirada al pasado más distante. En su disco dos, la cajita ofrece todos los clips solistas de Mercury, pero la principal atracción está en The untold story, documental de Rudi Dolezal y Hannes Rossacher (los “Torpedo Twins”) que echa luz sobre Farrokh Bulsara, hijo de una familia parsee de la India trabajando para la Corona en la remota Zanzíbar, y que terminaría manejando un estadio Wembley repleto con solo un ademán. Con testimonios de todos los que tuvieron algún papel en la vida del cantante, de su madre Jer Bulsara a Jim Hutton, a quien Freddie presentaba en sus últimos años como “mi marido”, el documental rastrea el solitario viaje de ocho semanas que Freddie emprendió a la India para iniciar sus estudios superiores y el desarrollo de sus habilidades artísticas, la experiencia de su primer grupo The Hectics, el exilio de la familia a Londres en 1964 (tras una revuelta política en la que familias acomodadas en el esquema imperial como los Bulsara no podían esperar buenas consecuencias), el ingreso a la escuela de arte Ealing y la rápida adaptación de Freddie al nuevo medio.

En Inglaterra arranca la historia conocida, y sin embargo The untold story evita los lugares más comunes y encuentra nuevos ángulos a la historia de Mercury. Sobre todo con escenas nunca vistas (como una fiesta de cumpleaños que duró una semana), material documental de primera mano y reflexiones de compañeros cercanos como May (que cuenta cómo Farrokh Bulsara se convirtió, poco antes de la edición de Queen, en Freddie Mercury) y Taylor, o lejanos como Tim Staffel, integrante de Smile, la banda previa a Queen. El DVD agrega extras de toda clase (cómo se hizo el documental, el último reportaje filmado a Freddie, una galería fotográfica, la historia de la estatua en Suiza), para conformar el retrato más completo y sorprendente que se haya ensayado del amante de la vida, cantante de canciones. Que no llegó a los 60, pero trazó un camino que, de Farrokh a Freddie, dejó una marca imborrable.

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1.9.06 

Al término de... la paciencia

(Publicado hoy en Página/12)

Un día de estos, algún productor con inquietudes se animará a un programa de concursos tipo ¿Qué sabe usted de la TV?. No con preguntas históricas, sino con un desafío que se vuelve más y más atractivo, que es el de tratar de predecir qué sucederá en la telenovela de los programadores. El miércoles por la noche, Telefé escribió un nuevo episodio de la guerra por el minuto a minuto, estirando sus tiempos –tal como viene estirando la trama de Montecristo, pletórica en estos días de raccontos inútiles– para pisar el comienzo de Amas de casa desesperadas. Al finalizar Casados con hijos, bien pasadas las 23, el canal de las pelotitas mandó un compilado de escenas que duró sus buenos dos minutos (incluyendo todo el encuentro entre Santiago Díaz Herrera y sus traidores), la apertura del programa y una tanda de 5 o 6 minutos, lo que le permitió “aguantar” el arranque real de Montecristo hasta que empezara el programa del 13. Con ello consiguió chuparse el encendido, que a las 23.40 cantó 21,3 puntos para el 13 (terminaría promediando 25,5) y 35,8 para la novela de Telefé (34,8), que ganó ampliamente el duelo y entró al top five de los programas más vistos del año.

Y si de “top five” se trata, la furia de Mario Pergolini también ranqueó alto. Aunque el trío de CQC arrancó su programa viendo Montecristo en la sala de control y entre bromas, ayer Cuál es? sirvió de amplificador para la bronca del conductor: “Me da por las pelotas salir a las doce y pico, me parece una falta de respeto. Que se vayan a cagar, no hay que hacer más televisión”, dijo, para después recomendar a los oyentes que presenten sus quejas a los gerentes de programación de ambos canales, “responsables del desconche que hay”. Desconche es una palabra bastante apropiada para una TV 2006 en la que lo único seguro es la fórmula “al término de...”, los últimos noticieros aparecen cerca de la 1.30, el minuto a minuto se convierte en el altar principal y el televidente se resigna a ver lo que desea cuando a los estrategas detrás del escritorio se les antoja. ¿Da resultado? El miércoles por la noche, el 91,5 por ciento de los televisores encendidos se concentró en los canales líderes. La respuesta es clara.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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