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5.9.06 

El mejor recuerdo para Mr. Bad Guy

(Publicado hoy en Página/12)


No hay como los aniversarios redondos para exhumar un mito, y Freddie Mercury es un mito de proporciones. Así lo reafirman los cables que señalan los homenajes, fiestas y recordatorios que los fans de Queen en general y del cantante en particular llevarán adelante hoy, el día que cumpliría 60 años, en todo el mundo: el epicentro estará en el Dominium Theatre londinense, donde el guitarrista Brian May y el baterista Roger Taylor llevarán adelante una gala de homenaje cuyos ingresos serán destinados al Mercury Phoenix Trust, el fondo creado por Freddie para la investigación contra el sida. A fines de 1991, el HIV fue lo que se llevó los mayores titulares relacionados con la muerte del músico: fue en parte morbo y en parte sorpresa, porque –signo de tiempos en los que el virus estaba muy lejos de la discusión franca y pública de hoy– Mercury vivió su enfermedad con mucha angustia, tratando de ocultar lo que hubiera significado una intolerable carga de prejuicio. Quizá resulta curioso que un tipo como Mercury se atormentara por el qué dirán, pero es también una demostración de su sensibilidad extrema.

Entonces, todos pudieron echar un vistazo a la miseria final del cantante inglés, todos pueden manejar esa impresionante trayectoria junto a May, Taylor y el ahora retirado bajista John Deacon, pero lo que siempre quedó más o menos sepultado fue su pasado, su origen. Apenas la exótica referencia de que había nacido un 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, bajo el poco carismático apellido Bulsara: todo lo demás perdía frente al brillo de su música y su arrasadora personalidad en escena. Por eso, el 60º aniversario sirve como anillo al dedo para el lanzamiento de Lover of life, singer of songs: por un lado, un CD de audio que recopila material del Mercury solista, no sólo los discos Mr. bad guy (1985) y Barcelona (1988, junto a Montserrat Caballé), sino también el inhallable single “I can hear music” / “Goin’ back”, registrado en 1973 bajo el seudónimo Larry Lurex y con sus colegas de Queen como sesionistas. Pero también, y ahí está la perla, un DVD de dos discos con material excepcional.

¿Qué es lo que tiene Lover of life, singer of songs (el epitafio elegido por May para la estatua de Freddie en Montreux) para sorprender hasta al fan acérrimo? Sobre todo, una mirada al pasado más distante. En su disco dos, la cajita ofrece todos los clips solistas de Mercury, pero la principal atracción está en The untold story, documental de Rudi Dolezal y Hannes Rossacher (los “Torpedo Twins”) que echa luz sobre Farrokh Bulsara, hijo de una familia parsee de la India trabajando para la Corona en la remota Zanzíbar, y que terminaría manejando un estadio Wembley repleto con solo un ademán. Con testimonios de todos los que tuvieron algún papel en la vida del cantante, de su madre Jer Bulsara a Jim Hutton, a quien Freddie presentaba en sus últimos años como “mi marido”, el documental rastrea el solitario viaje de ocho semanas que Freddie emprendió a la India para iniciar sus estudios superiores y el desarrollo de sus habilidades artísticas, la experiencia de su primer grupo The Hectics, el exilio de la familia a Londres en 1964 (tras una revuelta política en la que familias acomodadas en el esquema imperial como los Bulsara no podían esperar buenas consecuencias), el ingreso a la escuela de arte Ealing y la rápida adaptación de Freddie al nuevo medio.

En Inglaterra arranca la historia conocida, y sin embargo The untold story evita los lugares más comunes y encuentra nuevos ángulos a la historia de Mercury. Sobre todo con escenas nunca vistas (como una fiesta de cumpleaños que duró una semana), material documental de primera mano y reflexiones de compañeros cercanos como May (que cuenta cómo Farrokh Bulsara se convirtió, poco antes de la edición de Queen, en Freddie Mercury) y Taylor, o lejanos como Tim Staffel, integrante de Smile, la banda previa a Queen. El DVD agrega extras de toda clase (cómo se hizo el documental, el último reportaje filmado a Freddie, una galería fotográfica, la historia de la estatua en Suiza), para conformar el retrato más completo y sorprendente que se haya ensayado del amante de la vida, cantante de canciones. Que no llegó a los 60, pero trazó un camino que, de Farrokh a Freddie, dejó una marca imborrable.

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Acá en Argentina harán OTRO patético tributo como el anterior? Recuerdo que la ´versión de Another One Bites the Dust de IKV era genial, pero el resto de las canciones incluyerion bodrios como "Rap, Soda y Bohemia" de los tristísimos Molotov.
No hay que dejar de recordar el paso de Queen en los ´80, que llevaron al escenario al Diego que en ese momento no era de la gente, sino de algunos amantes del fútbol.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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