30.11.06 

Los censurados

Resulta curiosa la nota de Guillermo Boerr sobre el Cosquín Rock en el Clarín de hoy. Sobre todo en su último párrafo, cuando dice: "Además de Babasónicos y los locales por opción Las Pelotas, números puestos en todas las ediciones del festival, Callejeros es el nombre de mayor peso esta vez. Llevando a cuestas la cruz de la mayor tragedia del rock nacional y varias veces censurados en sus conciertos, en febrero la banda de Villa Celina dejará la polémica de lado para hacer lo que nunca debió haber dejado de hacer: tocar."

No, Guille. Lo que Callejeros debió haber hecho es hacerse cargo de sus responsabilidades, en vez de plantear que la culpa de todo la tiene el resto del mundo. Lo que Callejeros debió haber hecho es decir la verdad sobre la organización del show que produjo esa "cruz" que son casi doscientos muertos, y que, más que cargar, ellos se esfuerzan en pasarle a todos los demás corresponsables. Callejeros no es un grupo "censurado", es un grupo que, cuando intentó tocar, chocó contra el rechazo que produce su actitud de no hacerse cargo de nada. Esta polémica no se deja de lado tan fácil. Y, en cuanto a equiparar a Callejeros con Las Pelotas... flaco, que lo diga un pibe de la hinchada vaya y pase, pero vos sos periodista y podés apreciar las enormes diferencias entre la trayectoria, historial y (sobre todo) valor artístico de una banda y otra.


(Update de las 21 horas: según un cable de último momento, Divididos y Catupecu Machu se negaron a participar del festival en repudio a la decisión de José Palazzo de incluir a Callejeros en la grilla. Por fin alguien pone los huevos sobre la mesa en el rock local)

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29.11.06 

Un disco a dúo con firma de solista

(Publicado hoy en Página)

En la Argentina, los discos en colaboración se parecen a una rareza: sobran los ejemplos de músicos invitados en canciones puntuales, pero la memoria registra apenas un puñadito de obras a dúo, como el Tango de García-Aznar, Colores santos de Cerati-Melero, Peso argento de Flavio-Iorio o Spinetta-Páez, quienes en La La La, más que trabajar de a dos, tomaban turnos para mostrar sus canciones. ¿Por qué arrancar hablando de dúos si el tema central es El palacio de las flores, el nuevo disco de Andrés Calamaro? Es que el álbum engalanado con el colorido bouquet de Robert Freeman, diga lo que diga la firma principal, es el resultado de una fértil colaboración con Litto Nebbia. No sólo por la proporción de siete canciones de Calamaro, cuatro en dupla y cinco de Nebbia (más “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero), no sólo porque Nebbia asumió el rol de productor: sin mirar siquiera los créditos, atendiendo a lo que suena, las flores del palacio se reparten entre Litto y Andrés.

A fines del siglo pasado, AC confesó a este cronista su admiración por el crecimiento musical de los Cadillacs a lo largo de su historia: “Yo, básicamente, sigo haciendo las mismas armonías de antes”, dijo. Pero la presencia de Nebbia, lejos de intimidarlo, lo animó a experimentar, probar y abrirle nuevos caminos a su idea de la canción, de un modo que hasta podrá sonarle extraño al fan de Calamaro que espera un protagonismo de la melodía rápidamente tarareable. Esta vez, el lienzo sobre el que Andrés entona su lírica tiene otra complejidad. Conocedores del paño de la industria, Calamaro y Nebbia abren juego con la radiable “Corazón en venta”, pero aún en ese tema y en el posterior combo de “Mi bandera” y el nostálgico retrato de “El palacio de las flores” empieza a quedar claro que en el universo del Abuelo y el Gato hay otras tonalidades, otras búsquedas, otra clase de riesgo.

Es por eso que El palacio de las flores exige más al oyente: no es que las anteriores obras de Calamaro sean “fáciles” sino que este paquete de canciones pide más que una primera audición para abrirse camino. Es entonces que empiezan a brillar las perlas, y “Patas de rana” se convierte en la primera canción favorita (“Cuidado con el yacaré, cuando te acerques al río...”), y el groove de “Punto argentino” y “La apuesta” se hace dueño de los huesos, y “El tilín del corazón” gana puntos a pesar de sus semejanzas con “El salmón”, y “Cuando una voz sea de todos” alcanza su punto justo de ebullición, con Calamaro y Nebbia uniendo sus voces a la de Vicentico para el noble pedido de “cantar y cantar, para poder encontrar una voz que sea de todos”. Así, bien apoyados por La Luz (Ariel Minimal en guitarra y coros, Federico Boaglio en bajo y el “Negro” Daniel Colombres en batería), Nebbia y Calamaro le dan forma a la curiosa paradoja de que uno de los discos argentinos donde la colaboración es más notoria se anuncie como solista. Y entonces se disculpa que Calamaro sucumba a la tentación del artista embelesado e incluya algo como “Miami”, una melosa obviedad a años luz de tantas buenas canciones que ha escrito sobre el amor. Aun así, las flores del palacio no pierden su perfume.

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27.11.06 

Genio

Charly García volvió a repetir su happening habitual, esta vez en Córdoba, otro showcito de solo tres temas, destrucción de instrumentos, agresión a plomos y falta de respeto al público que paga la entrada, una entrada en la que ya de movida te advierten que "el espectáculo puede empezar más tarde de lo anunciado" y que "puede tener menos duración de la estipulada". Es como si compraras una entrada para el cine y el ticket dijera: "Advertencia: la película puede empezar dos horas después del horario anunciado, e incluso puede cortarse por la mitad y usted nunca se enterará de quién es el asesino".

Y la gente va y compra la entrada igual. Y se van diciendo "Empezó una hora y media después, sonó para la mierda, tocó solo tres temas, le pegó a dos plomos y se la pasó ladrando: Charly es un genio".

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24.11.06 

Noticiero IX

  • Después de encontrarse con Joan Manuel Serrat, Cristina Fernández de Kirchner se entrevistó con Shakira en la Rosada. Los analistas políticos no logran ponerse de acuerdo en si se trata de una campaña de instalación de la senadora candidata, o si -aprovechando los varios figurones del festival Petrobras- planea grabar CFK Duets, un disco a beneficio de los niños pobres que tienen hambre, los niños ricos que tienen tristeza y los niños progre que tienen conflictos.
  • Tras la publicación de algunas notas periodísticas que hablaban del "River 2007", el director técnico Daniel Alberto Passarella afirmó que "no quiero hablar de refuerzos". "Lo que me gustaría es hablar de campeonatos, pero no hay caso", dijo después a los íntimos.
  • La policía estadounidense puso online una página en la que subasta objetos incautados en sus procedimientos. En Argentina, la logia de los puestos impulsa un pedido de que la Bonaerense haga lo mismo con todo el material que levantan cuando salen de gira los fines de semana.
  • "La adaptación a la superficie es buena", declaró José Acasuso, integrante del equipo argentino que jugará la final de la Copa Davis en Rusia. "Solo nos falta saber cómo demonios ganarles", señaló en vestuarios.
  • En un procedimiento realizado en Ezeiza, personal de Aduana secuestró ocho kilos de cocaína, ocultos dentro de alfajores Havanna. Paradójicamente, los alfajores eran negros.
  • Alfredo Coto, representante político de Roberto Lavagna, consideró "lógico" que su jefe y Mauricio Macri tengan un encuentro amistoso: "Se trataría en esta primera etapa de hablar del 'para qué' y luego, si hay consenso sobre eso, probablemente más adelante se hable sobre el 'cómo'". Las respuestas a esos planteos podrían ser "para chorear como todos los anteriores" y "tomando y refinando las técnicas de todos los anteriores", respectivamente.
  • Murió Robert Altman, responsable de joyitas como M.A.S.H., Nashville, Short Cuts, The Player y Gosford Park. Allí donde esté, ya está desarrollando la idea para su primera película coral en el más allá. Con Saúl Ubaldini y Julio Ramos tiene bastante para empezar.

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23.11.06 

Otro más

Winslow Leach se puso un blog.

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22.11.06 

Los clásicos por dentro

(Publicado hoy en Página/12)

El lanzamiento de Love, el “nuevo” disco de The Beatles, parece confirmar –una vez más– aquello de la nostalgia está de moda. Pero hay maneras y maneras de meterse al túnel del tiempo: la nueva reencarnación Beatle viene de la mano de una soberbia labor de ingeniería a cargo de Sir George y Giles Martin. Y el principal atractivo de la serie de DVD Classic Albums que el sello Leader Group está editando en Argentina pasa por el mismo lugar, la sala donde el productor, el ingeniero y los músicos se queman las pestañas para que un álbum pase de la categoría de bueno al status de clásico. Pocas cosas más apasionantes para el amante de la música que meterse en la cocina de un disco. Y si, dentro de la larga y atractiva lista que compone el catálogo, aparecen títulos como Dark Side of the Moon y A Night at the Opera, la visita a la cocina puede ser un auténtico banquete.

¿Cómo no empezar a babearse en cuanto aparece el menú principal del devedé centrado en la obra maestra de Pink Floyd? ¿Cuántas veces el melómano de ley quiso ver a moviendo perillas y explicando las capas de guitarras de Alan ParsonsDavid Gilmour, contando cómo fue aquella sesión en la que Clare Torry se ganó la eternidad en “The Great Gig in the Sky” y mostrando canal por canal la construcción de un álbum insuperable? Todo eso contiene el documental realizado por la productora londinense Eagle Rock, que no sólo representa un festival para quienes gastaron horas y horas de su vida con Dark Side clavado en los auriculares, sino que además incluye la rareza de tener a Gilmour, Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason hablando respetuosa y hasta admirativamente uno del otro, como si no se hubieran saltado a la yugular una y otra vez desde los tiempos de The Final Cut.

La clave está en que el documental (y su nutrido menú de extras) se centra en la música, y allí no caben las guerras de ego que liquidaron al Floyd clásico. Además de las declaraciones y las explicaciones de pequeños detalles de la grabación con sus instrumentos a mano, los músicos aparecen en filmaciones de época en el estudio. Y resultan especialmente valiosas las escenas en las que Waters manipula osciladores para los efectos de “Echoes”, o la larga tira de cinta con la que los músicos y Parsons improvisan un sequencer de la era analógica para el ritmo de “Money” y los relojes de “Time”: instantáneas de la vida antes del Pro Tools, cuando una semana de trabajo podía dar medio minuto de canción.

Y si de capas de sonido se trata, The Making of A Night at the Opera tiene mucho para desmenuzar. El recorrido que comandan Brian May, Roger Taylor y el ingeniero y productor Roy Thomas Baker profundiza el asombro por el trabajo realizado por Queen en 1975: basta que Baker empiece a silenciar canales para advertir la complejidad de las armonías vocales del grupo que completaban Freddie Mercury y John Deacon... y encontrarse con auténticos bocati di cardinale en las demoledoras líneas de guitarra de May, como en el solo de “Lazing on a Sunday Afternoon”. Obviamente, allí está explicada la ingeniería detrás de “Bohemian Rhapsody” y “The Prophet’s Song”, junto a una pequeña clínica de Taylor sobre su estilo rítmico, la primera actuación masiva de Queen en Hyde Park y un imperdible relato del encuentro del cuarteto con Groucho Marx. ¿La nostalgia está de moda? No precisamente: ocurre que hay cosas que nunca envejecen.

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17.11.06 

Edelmiro

Me llegó este mail, que invito a difundir donde puedan:

Hola a todos:
Les escribo para pedirles una ayuda para Edelmiro Molinari.
Para los que no lo tengan presente, fue el violero de Almendra y creador de la banda Color Humano.
Hace unos días tuvo que ser operado y si bien SADAIC cubre parte de los gastos, se necesita más, por lo que acudo a ustedes.
Los datos de la cuenta donde se puede depositar la ayuda son:

BANCO NACION ARGENTINA
CAJA DE AHORRO
N': 220447155
EDELMIRO MOLINARI
SUCURSAL 88
CAJA DE AHORRO

Ante todo muchas gracias por la ayuda y les paso el correo de Edelmiro por si quieren comunicarse para mandarle fuerza:

edelmirotrio@yahoo.com.ar

Si pueden reenvíen este mensaje a quienes crean que pueden dar una mano.

Gracias.
Pedro Conde.

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8.11.06 

Sí Miguel

Además de viejo, me debo estar poniendo medio pelotudo. Me divierte muchísimo el comercial del analgésico Anaflex, en el que un gordito heavy se estrola de diferentes formas mientras un estadio lleno repite "Sí, Miguel" al ritmo de "Lick it up" de Kiss.

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Aguante la fricción

Sé que es un lugar común (aunque siempre creí que los lugares no se vuelven comunes por casualidad), pero no caben dudas de que el vinilo suena mejor que el CD. Es cierto, uno está un poco harto de la cantinela de músicos y musicólogos sobre las bondades de la vieja escuela, pero ocurre que cuando desempolvás la bandeja giradiscos y te ponés a escuchar, no podés dejar de advertir que suena distinto. Con otra calidez, otra madera, otro tono. Las cuerdas de nylon son más llenas, la voz tiene más matices, los climas más profundidad. Sentís al baterista tocando en aquel rincón.

Tiene su lógica. El CD es una lucecita leyendo una ristra de unos y ceros así de larga. El disco de vinilo supone fricción, otra relación entre el soporte de una obra artística y su modo de reproducción. Lo dije en uno de los primeros posts de este blog: los vinilos se tocan, los cedés se ejecutan. Y me produce un inmenso placer abrir el baúl, sacar uno de esos discos negro lustroso, admirar la etiqueta y verlo girar a 33 1/3 y que suene y tenga otra nobleza.

(también: el otro día con Ribaudo escuchamos un disco que me quedó de las épocas de Pan y Circo formato revista: David Hasselhoff. Sí, ése, el del Auto Fantástico. Inenarrable.)

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7.11.06 

I wanna be your malawian child


(foto: Ana D'Angelo)


Hace ya algún tiempo, en un post que ni tengo ganas de buscar, me pregunté por qué la vida no me había hecho el regalo de que Chrissie Hynde fuera mi madre. Pero después de lo visto y oído el viernes pasado en el Club Ciudad, tengo que reformular el planteo y darme cuenta de que en realidad hubiera estado bueno ser hijo de un matrimonio integrado por Chrissie y Patti Smith.

Esa señora sabe lo que hace. Esa señora tiene más aguante que una docenita de rockeros que reservan toda su actitud para las fotos y se desinflan en el escenario: en una horita exacta de show nos pasó por encima con tanta potencia como para que el asunto terminara y antes que nos diéramos cuenta ya estaban los plomos desarmando todo y Patti en el backstage tomándose un bourbon o lo que carajo tome. Un bidón de nafta sin plomo, por ejemplo: eso explicaría la versión de "Gimme shelter" en la que le rompió el upite a Mr. Jagger ("Y tiene más rock and roll que Richards", según apuntó mi amigo Lucas Ribaudo) , o el ataque ramonero en medio de "Rock'n'roll nigger", la electricidad en el aire con "Pissing in a river" y la arenga de "Because the night". Patti, volvé cuando quieras. Pero con media horita más de show.

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4.11.06 

Pajaritos que vuelan alto

(Publicado hoy en Página, junto a un reportaje de Facundo García a Vicentico)

¿Cómo no celebrar la salida –y sobre todo la escucha– de Los Pájaros, el nuevo disco de Gabriel Fernández Capello? En un medio atosigado por un rock ramplón, previsible y poco cultivado, en el que los mayores esfuerzos se ponen en el culto al aguante y los postulados más básicos del género; un medio en el que los rockers verdaderamente grandes y creativos en ese género –Divididos, La Renga, Los Piojos, Las Pelotas, Skay, el Indio– hicieron este año silencio de disco, es necesario que un puñado de artistas venga a recordar que lo que hizo original al rock argentino, lo que le dio identidad y potencia, son las canciones y no la cáscara. Vicentico, como Calamaro, como Cerati, como Spinetta o Estelares (quienes sí editaron este año), es un sensible artesano de melodías, no un mero replicador de lugares comunes o un burócrata del pentagrama. Y si Los rayos había dado pruebas de que el Cadillac iba más allá de la prolija producción de su debut, estas diez canciones aladas lo confirman como un artista no sólo disfrutable, sino también necesario.

Con la experiencia de años de ruta y estudio, además, en este disco Vicentico supo no sólo componer, sino también producir. Eso se advierte en el aire general de Los Pájaros pero también en el modo en que fluye, desde el hit inicial –“El árbol de la plaza”, tan potente como “Los caminos de la vida” pero con firma propia– hasta el climático cierre de “Las manos”. En el medio, el cantante entrega canciones sencillas (que no es lo mismo que “fáciles”) y redondas, apoyadas en su afinada antena melódica y su personalísima voz, que siempre se apoyó en una notable expresividad antes que en la técnica. Apelando a un solo cover, la preciosa versión de “Ayer” de Daniel Melingo, Vicentico brilla en “Si me dejan”, especie de prima hermana de “La parte de adelante” (versionada por LFC en Calamaro querido!), el aire centroamericano de “Felicidad” junto a Calamaro, la placidez de “La deuda” y el demoledor ataque mariachi de “El fantasma”, llamado a la fiesta a tequilazo puro. Con el desprejuicio estilístico que pregonó más una vez, además, se anima al cumbiazo con “El baile” y revisita el soul alla Bee Gees en “Desapareció”, y el registro final hace que ninguna de ambas decisiones lo salpique de grasa. Así le da forma a un trabajo que confirma sus valores conocidos y abre nuevas perspectivas, que parece encerrar su declaración de principios en el final, cuando Vicentico pide que “La gente buena que se ponga a tu lado/ la gente buena que se ponga a cantar/ Nuestra canción da pelea/ Cerremos los ojos que el monstruo se va”. Las canciones dan pelea, y Vicentico las larga a volar.

* Para Benicio, pájaro de alas flamantes.

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3.11.06 

Arsenal

No, déjense de joder.

No pueden encontrar quince granadas en la calle Artilleros.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
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