28.2.07 

Acepciones

La anécdota es, por decirlo de alguna manera, atractiva: la revista Genios entregó un diccionario de bolsillo Espasa en el que una de las acepciones para la palabra "judío" es "avaro, usurero". El Inadi ya tomó cartas en el asunto y el Grupo Clarín anunció que canjeará todos los ejemplares, salvo aquellos que los neonazis argentinos atesorarán con amor. El tamaño y bestialidad de la burrada hace sospechar que quizá no es tan loco suponer que en próximos diccionarios aparezcan definiciones como estas:

Afrancesado: Véase Homosexual.
Boliviano: Invasor extranjero que viene a robarle el trabajo -o las billeteras- a los argentinos de bien.
Cabeza: Partícula inseparable del vocablo Negro.
Cura: Representante de la Iglesia Católica que a menudo se empoma a niños menores de edad.
Católico: Cabezadura que insiste en llegar virgen al matrimonio y luego tener hijos por docena.// Persona de poca inteligencia que se cree el verso de la Virgen María.
Gallego: Bruto, ignorante, pedazo de bestia.
Homosexual: Maraca, tragasables, puto del orto.// Que ingiere penes con fruición.
Musulmán: Fundamentalista asesino que gusta de colocar bombas a diestra y siniestra.// Nabo que no ingiere alcohol ni consume drogas, y a veces ayuna por motivos religiosos.
Uruguayo: Contaminador.// Envidioso de la New York del sur.

Y así.
Se aceptan sugerencias: la próxima edición de Genios cierra en quince días.

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27.2.07 

Un programa de rock

Hace un rato lo vi a Peter Capusotto: tras hacer un aviso de Empanadas El Noble Charuto ("en sus tres variedades: Faso, Morfina y Anfetaminas cortadas a cuchillo, con la carita de Mike Tyson"), dio paso a un clip increíble de Gong haciendo "Radio Gnome". Y después cerró el programa: "No te pierdas la semana próxima el Blumberg Rock Festival, con 4 mil policías custodiando a 300 personas. Se suspende por viento. ¡¡Adiós Sui Generis!!"

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26.2.07 

Verano Telerman

El amigo Herbie está empezando a tirar bombas cada vez más poderosas. Ahora se puso a contar los shows del Verano 07, y encontró extrañas repeticiones...

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Justicia

Por fin.
Aunque sea un premio frívolo y todo lo que se quiera decir, era hora de que Martin Scorsese recibiera su Oscar.

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25.2.07 

Libertinaje

Este tipo no está bien.

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22.2.07 

Salida laboral

Joven argentino: si sos baterista, te gusta Divididos y sabés tocar sus canciones, esta es tu oportunidad.

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El brit pop también cabe en un teatro

(Publicado hoy en Página/12)


¿Qué es lo que diferencia a una banda buena de una banda grande? La industria suele fomentar esa tergiversación según la cual un artista que vende mucho, arrasa en los charts, toca en grandes estadios y sintoniza con millones de personas es algo grande. Pero la industria considera cada vez menos lo artístico, terreno en el que lo grande no tiene que ver con el tamaño. La visita de Coldplay vino precedida por una extrañeza relacionada precisamente con las dimensiones: nadie podía creer que el cuarteto fuera a tocar en un teatro, propiciando una experiencia ideal para apreciar a un grupo británico en la cresta de la ola. Las entradas se agotaron en tres horas, los revendedores hicieron el negocio de su vida (el martes, en la puerta del teatro, una platea originalmente valuada en $400 llegaba a... 1400) y el público argentino, habituado a que los grupos de Primera A sean unos muñequitos sobre un tablado enorme, disfrutó el lujo de tener a Chris Martin y sus compañeros ahí nomás. ¿Y Coldplay? Coldplay tocó, y dio algunas pistas sobre la pregunta del comienzo.

Lo dicho sirve también para explicar el rasgo más obvio de estas veladas en la calle Corrientes: entre Parachutes (2000), A rush of blood to the head (2002) y X&Y (2005), Coldplay tiene una cosecha de hits que convertían a su show en una apuesta segura. Hubo una amenaza de que el viaje al culo del mundo serviría para “probar temas nuevos”, pero nadie terminó de creérselo. Y entonces, la lista de 17 canciones incluyó suficientes momentos intensos como para garantizar un auditorio enfervorizado. Quedó claro en el arranque, cuando a “Square 1” le siguió una tripleta de hierro, con “Politik”, “Yellow” –el título que los puso en el mapa del brit pop– y “Speed of sound”, y ya no hubo dudas de que no habría ningún experimento con público, sino un concierto con todo lo que la sala repleta había ido a escuchar. En ese contexto, todo apunte, cualquier matiz de relativización chocará con la percepción del fan. Pero hay que decir que hasta las apuestas seguras tienen su doble filo: Coldplay supo ocupar el nicho que Radiohead dejó vacante al partir hacia aguas más tormentosas (de Kid A en adelante), pero su olfato para componer canciones elegantes, atractivas, very british, no es suficiente para completar su retrato.

Uno de los problemas de Coldplay es que todo termina descansando en los flacos hombros de Chris Martin: el cantante es el único que puede hacer derroche de carisma, sea con su baile sexual hamacándose en la banqueta frente al piano, con guitarra o paseándose por la escena y las rampas laterales del Gran Rex, enamorando a un público entregado al juego. Su voz y su performance le dan sentido a inspiradas canciones como “Talk”, “What if”, “Trouble”, “In my place”, “Don’t panic”, “Clocks” o “Fix you”, que puso el broche final al show. Pero ese bien ganado protagonismo esconde –y a la vez destaca– el carácter secundario del resto de los músicos, que podrían irse mañana y ser reemplazados por otros sin que la identidad de la banda sufra mayor mella. Jonny Buckland, con sus chorus y sus delays, sus punteos teñidos de épica, tiene un evidente espejo en The Edge. Pero le falta esa combinación de conocimiento armónico, olfato melódico y variedad de matices tímbricos que hace único al guitarrista de U2, y deja en evidencia a sus admiradores menos dotados. Guy Berryman y Will Champion se limitan a tocar lo que hay que tocar, proveyendo la base para el clima que genera la otra mitad y sin distinguirse demasiado de las bases de tantas otras bandas surgidas en Gran Bretaña. Ese reparto de caracteres y responsabilidades, esas limitaciones que podrían haber pasado inadvertidas en un estadio, quedaron a la vista en el teatro.

¿Funciona? Claro que funciona. Más allá de las particularidades, el show exhibió un ajustado balance entre pasajes enérgicos, situaciones melancólicas, y hasta una improvisada serenata acústica en la pasarela lateral con “Green eyes”. El martes, 3300 personas corearon las canciones de principio a fin, estallaron al sonar los títulos que brotan a toda hora de las radios, se unieron en el grito de “Olé, olé olé olé, Coldplay, Coldplay” y disfrutaron el despliegue de Martin, su dominio de la escena y sus párrafos en un castellano más que aceptable; se dejaron seducir por la catarata de estrofas y estribillos reconocibles vertidos en hora y media de show, y se fueron a casa con la satisfacción de haber participado de un concierto para privilegiados. El gran público se hastió de los experimentos sónicos de Radiohead, le perdió el rastro a las aventuras de Damon Albarn dentro y fuera de Blur y dejó de reconocer en Oasis al portavoz de una generación, y ni siquiera se detiene a considerar el hecho de que la música de Martin, Buckland, Berryman y Champion está un escalón –o dos– por debajo de sus compatriotas. Lo que quedó demostrado en el Gran Rex es que Coldplay es una buena banda. Solo el tiempo, y su predisposición a asumir riesgos artísticos más ambiciosos, dirá si puede llegar a ser una banda grande.

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21.2.07 

Coldchest

Mientras Telefé anuncia a sus "artistas exclusivos" con la originalidad de "La banda del momento", el domingo pasado el diario Perfil puso en tapa una gran foto de Coldplay, con el epígrafe "Los 'nuevos Beatles', en Argentina", asegurando que "en Inglaterra los comparan con los cuatro de Liverpool". Anoche fui a ver a Chris Martin y sus empleados y estoy en condiciones de asegurar que no, están muy lejos de honrar semejante epígrafe. En todo caso, en Inglaterra los deben estar comparando con los marcadores de punta del Liverpool Football Club.

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20.2.07 

Lo importante

Gracias a Clarín me enteré que los chicos de Coldplay comieron sushi, pidieron una "chocotorta" (¿las Chocolinas llegaron a Inglaterra?), y que "Atentas, que Martin vino sin su mujer, Gwyneth Paltrow". También hay una nota sobre los shows en Chile, pero a quien le interesa eso, ¿no?

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19.2.07 

El lado oscuro de la cancha

Y con la clausura de River, ¿qué pasa con los shows de Roger Waters? ¿Serán los hermanos Schenkler, capos de Los Borrachos del Tablón, fanáticos de David Gilmour que quisieron pudrírsela a Rogelito Aguas?

El rock no gana para sustos.

(Update de las 16.15: según un cable de Télam, los respectivos organizadores anunciaron que la clausura del club no afecta a ninguno de los shows programados en el Monumental. Una pena: me gustaba la teoría conspirativa)

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17.2.07 

Incoherencia

Herminio Iglesias se perdió una oportunidad histórica de limpiar su nombre: si hubiera pedido que lo cremaran habría demostrado que su costumbre de quemar cajones era una forma de militancia.

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Del medio

Después de una misteriosa desaparición, muchos comentarios en la blogosfera y presunciones varias, volvió Papipo.

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14.2.07 

Damon Albarn, el camaleón británico

(Publicado hoy en Página/12)


Uno, dos, muchos Damon Albarn. Mientras algunos de sus coetáneos (aunque sea un lugar muy común, es inevitable pensar en Oasis) tratan de remaquillarse y permanecer olvidándose del riesgo, el niño bonito de Blur encontró la fórmula para la supervivencia artística: empezar de cero una y otra vez. Lo hizo con Gorillaz, cuando la crisis interna de su banda empezó a alejar a Graham Coxon, con todo lo que eso implicó. El grupo de cartoons se convirtió en otro suceso planetario, pero tras Demon Days Albarn abrió otra puerta, llamó a amiguitos como Paul Simonon (bajista de The Clash), Simon Tong (guitarrista de The Verve), el baterista Tony Allen y Danger Mouse, también productor de Gorillaz. El resultado fue The good, the bad & the queen: la prueba de que Damon no sólo tiene cojones, sino también talento.

Allá lejos y hace tiempo, Blur produjo una oda a la Inglaterra más elegante, Parklife, que ayudó a situar a la banda como uno de los principales referentes del brit pop. El derrotero posterior del grupo, y de Albarn en particular, los fue alejando de esa postura cool, sobre todo en el intrincado 13 y en Think tank, su último disco a la fecha: ni hablar de las visiones apocalípticas de Gorillaz. The good, the bad & the queen vuelve sobre Britannia, claro que a la manera de este Albarn 2007, que en “Kingdom of doom” canta que “cuando la rueda del sol empieza a volverse noche veo todo en blanco y negro, y entonces... tomo todo el día, porque el país está en guerra/ pronto caerás de las paredes del palacio (...) la inundación nos llevará a todos”. Semejante lírica se condice con el tono general de las canciones, que sólo en principio pueden aparentar –como en “Eighties Life” o “Nature springs”, incluso hasta en la algo deforme “Herculean”– un aura pop: los doce tracks del disco, que pasan como un suspiro, dejan una sensación ominosa.

¿Es The good..., entonces, un disco (y un proyecto) depresivo? No necesariamente. No hay nada del poptimismo británico, es cierto, pero aquí y allá asoma cierta luminosidad (como en las vodevillescas “The Northern Whale” y “Behind the sun”), que aunque provenga de la fortaleza en llamas del arte de tapa –una pintura del siglo XIX– ayuda al balance. El debut es, además, la obra de cuatro músicos y su productor, que mete manazos aquí y allá para reforzar los climas, jugar con la voz del cantante o darle al bajo de Simonon una resonancia de esas que pegan en el pecho y producen la sensación de que algo peligroso se acerca.

Quizá sea ésa una de las grandes virtudes de esta nueva apuesta del ¿ex? líder de Blur. Notoriamente harto de ser una estrellita en el firmamento inglés, Damon Albarn viene dándole forma a una carrera mucho más consistente que las predecibles coordenadas de un solista, tomándose la libertad de generar músicas bien diferentes, interactuar con músicos de toda laya y encontrar en cada proyecto un sello particular. Así fueron apareciendo uno, dos, muchos Albarn. Y en todos hay algo cada vez más difícil de encontrar en el Top Ten: cojones, y talento.

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13.2.07 

¿Aquí no ha pasado nada?

(Publicado hoy en Página/12)


El Cosquín Rock 2007 vino a marcar el punto más bajo en la autoconciencia del rock argentino, que durante muchos años supo ser bastante alta. Difícil desprenderse de la sensación de a nadie le importa. Salvo contadas excepciones, desde enero de 2005 los músicos argentinos le esquivan el bulto a Cromañón, y sobre todo a las responsabilidades que le caben a la banda que organizó esa maldita fecha: off the record abundan los músicos, promotores, managers y laburantes del medio en general que, con sobrado conocimiento de causa, reconocen las negligencias de Callejeros en la producción de sus shows y las mentiras lanzadas después de la tragedia. Pero cuando los grabadores se encienden impera la estrategia del avestruz, casi todos se excusan porque “es un tema complejo”, por no pegarle a alguien del rock, por cola de paja, por cuidar la quintita propia. En Córdoba, el cartel del rock argentino volvió a integrar a Callejeros, que tras las bravatas de aquel regreso en el Chateau (“Chúpenla, por caretas”) ahora opta directamente por el silencio. Sobre el escenario ya ni se menciona a Cromañón, todo es “una nueva fiesta”, y aquí no ha pasado nada. ¿Aquí no ha pasado nada?

A fines del año pasado, el anuncio de Callejeros en Cosquín pudo haber abierto una nueva puerta para que el necesario debate se produjera de una vez. Pero ni siquiera la frontal actitud de Catupecu Machu, la única banda que declaró no querer compartir ni un letrero con el grupo, sirvió para que se pusieran las cartas sobre la mesa y se discutieran las cosas que siguen sin discutir. Como señala Roque Casciero en esta página, parece cada vez más amplio el abismo que separa a unos y otros. La actitud celebratoria de las bandas pro Callejeros, el festejo del retorno del grupo en aras de la “libertad de expresión” por encima de las responsabilidades penales, la pose vindicativa de Fontanet demuestran que el debate es una moneda cada vez más rara. Pasó Cosquín y pasó Callejeros, y el cacerolazo de los familiares indignados en el Obelisco queda tapado por el ruido de Córdoba, la teoría de que todo el que no adhiere a la versión callejera de los hechos es un careta.

Resulta triste que el rock argentino, otrora tan vivaz, tan atento a evitar la manipulación barata de su historia, esté hoy ganado por semejante inercia, esta mansa aceptación de la ausencia de análisis y discusión, esta resolución del conflicto por la vía de poner a todos los grupos “amigos” en una fecha aparte y listo, esta vista gorda ante un grupo cuyas negligencias siguen pagando casi todos. Igualmente triste es el saldo artístico: si las canciones que sonaron en San Roque el domingo (el día de mayor convocatoria) representan el futuro del rock argentino, habrá que empezar a acostumbrarse a algo inédito en su riquísimo historial, que la berretada sea la norma. Una pena.

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11.2.07 

Signos de pregunta

  • ¿Será cierto que The Who llevaba vendidas escasas 5 mil entradas?
  • ¿Cuánto asidero tiene la versión de que el promotor internacional que negoció con Daniel Grinbank la venida de Roger Waters le advirtió que era en combo con The Who o nada, y que DG agarró viaje y el mismo día en que se cayó The Who anunció una nueva fecha del ex Pink Floyd, con excelentes razones para decirle al promotor internacional "macho, The Who no va ni para atrás ni para adelante ni acá ni en Brasil, si querés suspendé a Waters pero estamos hablando de 100 mil personas"?
  • ¿Y qué hay con eso de que en Popart operan unos cuantos chicos Telerman y en Fénix andan los macristas pro, y eso tiene cierto grado de influencia en el papelón del Summer Fest?
  • ¿Será verdad que en la productora de Roberto Costa le aseguran a sus artistas shows en el ciclo Verano 07, y como toda actividad para el Gobierno se paga bajo contrato, en cuenta del Banco Ciudad y a los tres meses, les ofrecen un adelanto para cubrir los gastos, a devolver cuando cobren el contrato oficial... con cierto porcentaje de interés por el aguante?
  • ¿Cuánta plata perdió Fénix con el culebrón Summer Fest, incluyendo el aviso a media página anunciando un show en la cancha de Platense... sin que estuvieran enterados los directivos del club?
  • Si tu papá mata un chancho, ¿vos te asustás?

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10.2.07 

Una postal


Divididos en la playa. Y uno laburando acá...

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8.2.07 

Nido de víboras

El lugar donde se cocinan las barrabasadas del periodismo deportivo del mañana.

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7.2.07 

Es la tecnología, estúpido

(Publicado hoy en Página/12)

A fines del año pasado, el recurso empezaba a parecer un chiste: en dos conocidos supermercados, cualquier compra superior a cierto monto entregaba como premio un alquiler gratuito en la cadena Blockbuster. Dos empresas proveedoras de Internet premiaban a los nuevos suscriptores con alquileres gratis en Blockbuster. El Club La Nación ofrecía un 2x1 en Blockbuster. Garbarino entregaba a sus compradores cupones con un alquiler gratis en Blockbuster. En una cadena de venta de empanadas a domicilio ofrecían sumar 3 pesos al pedido por una gaseosa de litro y medio, dos postrecitos... y un alquiler gratis en Blockbuster. Como en aquel fallido desembarco de AOL en Argentina, que regalaba discos de instalación de su servicio hasta en las casillas de peaje, no parece faltar mucho para que la firma norteamericana de renta de películas lance a las calles pelotones de empleados que le tiren del codo a la gente pidiéndole que por favor, por favor, se lleve un alquiler gratis.

¿Por qué tanta desesperación? Es que los más de 80 locales de la cadena necesitan volver a generar movimiento. Los alquileres cayeron en picada, e incluso en 2006 Blockbuster anunció su retiro de España “por culpa de la piratería”: ante la oferta de piratas-delivery que venden seis películas a 30 pesos, no son pocas las personas que prefieren pasar del alquiler a 6 pesos. La analogía con lo que ocurre en el terreno discográfico es obvia: ¿cómo convencer a una persona de que hay que ir al mostrador y pagar más de 30 pesos por el último de Madonna?

A la industria le encanta difundir y discutir cifras: cifras de venta, cifras de piratería, puestos de trabajo en juego, crecimiento exponencial de nuevas formas de consumo. Un rápido repaso por la página web de Musimundo deja caer unos 35 modelos de celulares con reproductor de audio, y no menos de 90 modelos de reproductores de toda clase de formatos audiovisuales: el soporte ya no es el CD, sino el mismo hardware. En la histeria generalizada por el avance de la piratería, nadie quiere admitir que, aunque no existieran los piratas, la venta de discos de plástico estaría cayendo de todas formas. La gente está más interesada en consumir otra clase de pedazos de plástico que almacenan mucha más música, y en ese contexto resulta hasta gracioso el lanzamiento de la super jewel box, una cajita para CD más sólida y pintona, como recurso para volver a enamorar al consumidor de disquería: un ataúd más lustroso para un soporte en vías de extinción.

Lo que la industria no tiene interés aparente en discutir es el contenido, que se da por sentado, mero feed para el hardware, el negocio de hoy. Piratear hardware no está al alcance de cualquier vivo con necesidades económicas y una PC más o menos decente. Lo que no se discute es que la diversificación de formas de consumo no está acompañada por un enriquecimiento artístico: más bien lo contrario, se aplana, se adocena todo, se apuesta cada vez menos para llegar a todos, más público que consuma más hardware. Hay que producir contenidos, no artistas, ya nunca obras integrales como un “álbum”. Hay que producir canciones para vender en “sitios legales”, ringtones, videos para la pantallita del aparato hi tech made in Oriente, versiones de “Te clavo la sombrilla”, tres minutos y medio –o tres megas, da lo mismo– de consumo fácil, inmediato y masivo, para usar y tirar y hasta el próximo single de la semana.

Lo que hace caer las cifras del negocio es que ese ya es un negocio viejo, en el que el público se enamoraba de un artista y su obra y no del aparato que la contenía. Lo que hace caer las cifras del viejo negocio es lo mismo que engorda las del nuevo. O, parafraseando a Bill Clinton en su campaña presidencial contra Bush padre: Es la tecnología, estúpido.

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5.2.07 

Ellos dicen

El otro día comentábamos con Roque Casciero nuestra extrañeza por el hecho de que no se haya cortado como single "Ella dijo", una de las tantas buenas canciones de Sistema Nervioso Central, el cuarto disco de Estelares. Nos preguntábamos (por enésima vez) cómo en un sello discográfico puede haber tanta sordera como para no reconocer de inmediato un hit gigantesco, que los haría facturar unos cuantos discos, recuperar la "inversión" (suponiendo que comprar el disco cuya grabación costearon los mismos músicos sea una inversión) y dejar de lloriquear porque los discos no se venden. La versión más convincente, al cabo, es que casi al mismo tiempo salió Club Auténtico Decadente, y en Popart no quieren "quemar" a Jorge Serrano, el Decadente invitado en la preciosa canción que prefieren ocultar. El año pasado, en una nota del Suplemento NO, Manuel Moretti definió que "cuando entra Serrano en el tema, la clava en el ángulo". Pero parece que a los de Popart no les gusta el jogo bonito.


Y todo en un minuto
yo estaba en la cocina
me abrazó por la espalda
y me dijo al oído
que le encanta ir a la cama conmigo
pero no quiere nada más

Encendí un cigarro
y me miró a los ojos
abroché su camisa
y se cruzó de piernas
y le encanta ir a la cama conmigo
pero no quiere nada nada más

Ella dijo
y yo dije
no eres mi amor

Ya eran las 12
debía irme de viaje
que suerte con la gira
que luego iba a llamarme
porque le encanta ir a la cama conmigo
pero no quiere nada más

Me dijo yo te quiero
aquí esta mi cariño
ahora no me atrevo
es que ya no somos niños
aunque me encanta ir a la cama contigo
pero no quiero nada nada más

Ella dijo
y yo dije
no eres mi amor

Durmiendo en su casa
los jeanes en el suelo
mientras me abrazaba
me dijo sonriendo
Manuel, me encanta ir a la cama contigo
pero no quiero nada nada más

Ella dijo
y yo dije
no eres mi amor.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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