31.7.07 

Cines vacíos

Ayer Ingmar Bergman y Michel Serrault, hoy Michelangelo Antonioni. Si esto se vuelve una costumbre, a Luciano Monteagudo y Horacio Bernades les va a dar un brote de estrés.

(Y me permito ir contra la corriente: a mí Bergman me aburre, me aburre, me aburre. Quizá sea una cuestión generacional)

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25.7.07 

Hay piratas, pero también hay ventas

(Publicado hoy en Página/12)


A pesar de la piratería, la industria discográfica argentina sigue subiendo la escalera: por quinto año consecutivo desde la crisis que hundió al sector en 2002, la venta siguió creciendo. Según un informe elaborado por la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), en el primer semestre de este año se vendieron 7.946.320 unidades –singles, casetes, CD y DVD, por un total de 162.959.820 pesos–, lo que representa un 2,8% de crecimiento con respecto a los 7.732.994 despachados en el mismo período de 2006. Pero las compañías tienen aún más motivos para ensayar una sonrisa: por un lado, las ventas de DVD siguieron la curva ascendente, mientras que el incipiente mercado digital pegó el mayor salto, con una tasa de crecimiento del 276%. Nada mal para una industria que, hace cinco años, tocó el subsuelo histórico, con sólo 1.363.457 unidades vendidas en 2002.

En los últimos tiempos, los nuevos formatos se convirtieron en la gran zanahoria para impulsar el mercado de la música. Primero fue el DVD, que este año lleva vendidas 558.950 unidades (en el primer semestre de 2006 fueron 446.967) y ya alcanzó el 7% de participación en las ventas. El 21,6% de crecimiento con respecto a las ventas del año pasado puede ser interpretado como una desaceleración, ya que en los últimos tres años las cajitas mostraban el meteórico ascenso de una forma de consumir música que sedujo profundamente al usuario argentino. No deja de ser el comportamiento normal para un formato ya adoptado y desprovisto de novedad y, por otra parte, ahora los porcentajes más fantásticos pasan por el modo de venta acorde con estos tiempos: en los primeros meses de 2007, la venta de canciones en envase digital, a través de sitios legales y por telefonía móvil, creció casi tres veces y aumentó su participación en el mercado. Así, lo que en 2006 representaba un 1,1% de las ventas, hoy se traduce en un 3,8%, otra demostración de que la industria empieza a encontrar salidas al lucro cesante de la música en formato físico, asediada por piratas industriales, manteros de la calle o simples aficionados que aprovechan el uso generalizado de banda ancha. De cualquier modo, los discos compactos siguen totalizando el mismo 92% del mercado que en 2006. Y el casete sigue su lenta marcha hacia la desaparición: el semestre dejó un total de 68.420 unidades vendidas, apenas un 0,86% del total, que contrasta con las 168.358 unidades (2,18%) de 2006.

En el terreno artístico, lo más destacado del informe de la Cámara pasa por el análisis de repertorio, que indica un leve retroceso de la producción argentina: si en 2006 los artistas nacionales representaron un 50% de lo vendido, en estos primeros seis meses el porcentaje cayó a 43,6%. Sigue siendo una cifra significativa, que indica la buena salud de la creación musical argentina, pero en lo que va de la temporada mejoró la performance de la música “en español” (16,07%, contra el 14% de 2006) y el repertorio anglo, que totalizó el 36,85% contra el 34% del año anterior. Más allá de esos leves cambios, los rankings vienen con color argentino: el top ten de discos está encabezado por Patito Feo y la recopilación de Soda Stereo Me verás volver, mientras que la lista de DVD tiene a Gustavo Cerati y Ahí vamos al tope.

Como contraparte, lo de siempre: según el informe de Capif, el 60% del mercado está ganado por la piratería, mientras que las descargas ilegales fueron estimadas en 608 millones de canciones. La mitad vacía de un vaso que, según se advierte, aún ofrece con qué brindar.

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Un día en el planeta Tierra

(Publicado hoy en Página/12)

A fines de mayo, cuando Prince anunció que regalaría nada menos que 2 millones de copias de Planet Earth con el diario inglés The Mail on Sunday, algún ejecutivo de Sony BMG debe haber querido comprar una ametralladora. El sello tuvo que conformarse con anunciar que suspendía la edición británica del disco, en un comunicado que remarcaba, más allá de una decisión que no compartía, el orgullo de trabajar con el rey de Minneapolis. Prince tiene esas cosas, le encanta andar irritando a los popes de la industria. Pero, aun en una carrera que dio lo mejor en los ’80, también se las arregla para demostrar con la guitarra que vale la pena bancarse sus caprichos. De eso se trata todo el asunto: ya no habrá otro Purple Rain, Sign’o’The Times o Graffiti Bridge, pero a los discos de Prince siempre hay que tomarlos en serio. Y eso incluye a Planet Earth.

Leve, cortito y al pie: así puede definirse el disco que apareció ayer en todo el mundo, en el que Prince pone algo de distancia de las densidades de los anteriores Musicology y 3121 y, en vez de preocuparse tanto por volver a ser, se concentra en simplemente ser... y tocar. Para ello recurrió a la enésima reencarnación de la New Power Generation, incluyendo a antiguos compañeros de ruta como Wendy y Lisa (guitarra y teclados), la percusionista Sheila E., la soberbia base que conforman el baterista Michael Bland y el bajista Sonny T., en una lista de personal que incluye al trompetista Christian Scott, las coristas Marva King y Bria Valente y el gran Maceo Parker.

Con ellos y desde un disco de tapa tridimensional a la Diamonds And Pearls, el moreno deja caer algunas referencias a su condición de Testigo de Jehová y su preocupación por la marcha del mundo, pero afortunadamente todo queda en ese par de referencias: lo importante es que, más allá de la rara apertura con “Planet Earth” –curiosa elección para un track one, con sus climas, idas y vueltas épicas–, Prince empaqueta diez canciones sin mayor carga de pretensiones. Y así encadena rockitos enérgicos como “Guitar” y “The one U wanna C”, cita el sonido de guitarra de “Purple Rain” en “Lion of Judah” –que arranca tranquilo y termina con uno de esos solos–, ofrece solo una balada empalagosa (“Somewhere Here on Earth”), tira un par de canciones bien resueltas como “All The Midnights in The World” y la final “Resolution” y visita su universo de deformidades rítmicas y sonoras en piezas como “Future Baby Mama” y “Mr. Goodnight”. Y hasta da pie a un giro disco como “Chelsea Rodgers”, vehículo de lucimiento de una NPG que es puro groove.

De eso, también, se trata: seguramente Prince ya no “hace historia” ni detiene los relojes de nadie. Pero esa voz, esa guitarra y la convicción que consigue transmitir a sus músicos hacen que todo Planet Earth resulte compacto, distinguido por un sonido filoso y efectivo y un pulso bien firme. Suficiente para que los ejecutivos sigan guardando la metralleta.

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24.7.07 

La marca de Caín

"Siempre decimos que vagando por el mundo hay un montón de seres que, con sólo verlos, te das cuenta de que son como parte de una misma familia: los locos, los poetas, los músicos. Y de alguna manera parecemos llevar una marca en algún lugar de la frente, o del corazón, no sé dónde. Es una forma de reconocernos. Por eso lo de 'Estás marcado, estás condenado, llevás la marca de Caín'. Por otro lado, Caín tuvo hijos, quea su vez tuvieron hijos, y estos hijos otros hijos, y me enteré de que uno de ellos se llamó Jubal: es el padre de todos los músicos. Y, de alguna manera, él nos representa como descendientes de Caín". Skay Beilinson soltó el párrafo en la entrevista de Gloria Guerrero en el último número de La Mano, y es una buena manera de entrarle a La marca de Caín, el disco que el ex Redonditos de Ricota acaba de sacar junto a Los seguidores de la diosa Kali: hace poco, hablando con la Negra Poly, le comenté que la salida de un disco de Skay era una buena noticia per se, una seguridad de buena música en una época en que abundan los malos clones y las revisitas poco inspiradas al universo rocker argentino. Y el placer se duplica con sólo poner el disco y comprobar que esa seguridad se ve ampliamente recompensada.

De arranque nomás: Skay es uno de nuestros mejores guitarristas, capaz de generar solos que te erizan la piel y con un conocimiento armónico que le permite ir más allá de todos los yeites del género. Sus discos y sus shows, además, rescatan el sonido y el sentido de los Redondos pre-gigantismo, y la presencia de un segundo guitarrista -Oscar Reyna- genera un intercambio que reuerda a la banda de dos violas en Gulp y Oktubre. Pero eso no quiere decir que el disco de Skay sea una mera réplica de su ex banda. Para eso está Pier, y Skay alcanza profundidades vedadas a tanto fan con ansias de recrear el mito de Patricio Rey pero mucho menos talento. Skay te seduce con el rotundo blusito de "Canción de cuna" (apenas dos minutos once para sintetizar todo un mundo), hace temblar el piso con "Soldadito de plomo" y "Angeles caídos", deja volar influencias orientales en "Arcano XIV", oscurece el clima con "El viaje de las partículas" y "El fantasma del 5° piso", demuestra su dominio de la canción rock con "Tal vez mañana", cierra a pura épica con "La marca de Caín"... confirma aquello de la buena noticia, hace ver que mientras él y el Indio sigan sosteniendo de esta forma la herencia de Patricio, es al pedo seguir colgados de la idea de un posible retorno. Estamos condenados, llevamos la marca de Caín. Y nunca una condena fue tan disfrutable.

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20.7.07 

Latidos

La gacetilla me llegó recién, y arranca diciendo "Pepsi Music 2007: un festival, infinitas posibilidades. ¡En septiembre, Argentina vuelve a latir!".

Como aquella vez, PopArt continúa con su teoría de que sólo existe aquello que ellos producen. Antes fue "vuelve el rock", ahora se supone que el rock argentino solo respira y late cuando a ellos se les antoja. Llega The Australian Pink Floyd, vuelven a tocar The Wailers, nos regodearemos con Héroes del Silencio, disfrutaremos la originalísima obra de Pier, deliraremos con Black Eyed Peas tanto como en el Personal Fest (o sea, nada), varias bandas podrán tocar quince minutos en el escenario X y bajo un contrato leonino: ah, sí, al fin Argentina vuelve a latir.

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Qué lástima, Fontanarrosa


(Publicado hoy en Página/12)


De las decenas de cuentos, viñetas, historietas, situaciones gráficas fijadas para siempre en mi memoria, hay una frase que, por esas cuestiones del capricho mental, me vuelve cíclicamente a la sesera: ¡Qué lástima, Cattamaranzio! Ya ni recuerdo cuál de los tantos y gozosos libros de Fontanarrosa contiene ese relato, una de muchas perlas del tipo que cruzaba fútbol y literatura como pocos. Allí, un relator con todos los lugares comunes del oficio iba dando cuenta de un partido en que el torpe delantero Cattamaranzio se morfaba un gol detrás de otro. Pero el Negro, tan hábil para mixturar lo inesperado del fútbol con lo inesperado de la narración, iba colando en ese relato futbolístico primero la sospecha y luego la convicción de un desastre nuclear a escala global. Al final, el relator advertía que “el cielo se ha puesto de una extraña tonalidad verde”, para despreocuparse de inmediato y concentrarse, inmutable ante el desastre humano, concentrado en el desastre futbolístico, en la enésima aproximación de Cattamaranzio al área rival.

Nunca escuché a ese relator, pero desde entonces, cada vez que un partido de fútbol delata el traspié de un número 9, la voz me rebota en la cabeza. Por extensión, la frase sirve de comodín a las situaciones más disímiles, a perder el colectivo, a que no aparezca la foto que necesitamos para una página, a la pérdida de algún objeto, incluso a la frase cachadora para el amigo hincha de un equipo en desgracia: ¡Qué lástima, Cattamaranzio! Para un periodista, para todos los que en esta tarde triste nos abocamos a la tarea de dar esta noticia de mierda, es casi imposible honrar la objetividad que marca la profesión. Todos hemos leído sus cuentos, sus fabulosas tres novelas (¿cómo olvidar el partido de fútbol de El área 18, a la protagonista de La gansada con su bolsa de papel en la cabeza, las andanzas de Best Seller?); todos hemos seguido a Boogie y al Inodoro, Eulogia y Mendieta, y en el contacto con su obra desarrollamos un enorme cariño que iba más allá de si lo conocíamos personalmente o no. Eso que pasa con los tipos que dejan huella de verdad. Eso que hace que, frente a la noticia, no pueda evitar la frase de Cattamaranzio y me sienta instantáneamente un pelotudo por semejante trivialidad ante la muerte. Y después, con menos saña, me tranquilice pensando que, al cabo, no está mal como pequeño homenaje personal.

Qué lástima, Fontanarrosa.

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18.7.07 

Salud

El Pato Fontanet dio a conocer un comunicado en el que anuncia el despido de su abogado Eduardo Guarna "por diferencia de criterios". Y la gacetilla arranca: "Callejeros informa al pueblo argentino que..."

Ah, sí. El pueblo argentino ya estaba armando la movilización frente al Cabildo para reclamar su derecho a saber qué pasa.



(A todo esto: los muchachos bengaleros le informaron a Guarna que, frente a lo que consideran un evidente manejo político del caso, no iban a declarar nada más ante el juez. A Guarna le pareció la peor estrategia posible, y de ahí el paso al costado)

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14.7.07 

G3 de las pampas

Ayer, en el final de la jornada en el diario, con Poroto D'Addario empezamos hablando de La marca de Caín y terminamos imaginando un disco tan atractivo como para desear ser productores y poner la guita para que lo hagan: Ricardo Mollo, Skay Beilinson y Ariel Minimal.

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13.7.07 

Live Earth, Tipper sticker

(Publicado hoy en Página/12)


En 1984, Mary Elizabeth Aitcheson puso atención al disco que estaba escuchando Karenna, su hija de once años. De los parlantes salía “Darling Nikki”, del flamante Purple rain, donde Prince cantaba: “Conocí a una chica llamada Nikki/ creo que podrías decir que era una diablesa del sexo/ me la encontré en el lobby del hotel, masturbándose con una revista”. Mary Elizabeth se horrorizó. Furiosa, fue a la disquería a devolver el disco, pero como estaba abierto se negaron a tomarlo. En esa disquería, la preocupada madre descubrió que la cultura musical de los jóvenes norteamericanos estaba ganada por mensajes racistas, violentos, sexistas, celebradores de las drogas y –en boca de los rappers– el asesinato de policías. Y se volvió a horrorizar.

Mary Elizabeth era política. Siete años antes había fundado el Congressional Wives’ Task Force, un grupo que buscaba alertar sobre los efectos de la malnutrición y de la violencia televisiva en los niños. Y tenía excelentes contactos: una de sus mejores amigas, Susan Baker, era la esposa del secretario del Tesoro James Baker. Eso sin contar a su propio marido, senador demócrata por el estado de Tennessee. Junto a Baker y otras dos esposas de políticos preocupadas –Pam Howar y Sally Nevius–, Mary fundó el Parents Music Resource Center, un comité que empezó a presionar a la Recording Industry Association of America (RIAA, el ente que nuclea las compañías discográficas) para que propiciara un sistema de calificaciones similar al del cine, sugiriendo que los discos con letras “subidas” tuvieran etiquetas de advertencia y no se vendieran a menores de 18, y que las disquerías dispusieran de las “tapas explícitas” como si se tratara de material porno. Además, el ente empezó a presionar a cadenas de radio y TV para que no emitieran esa clase de canciones, y dio a conocer su lista de las Filthy fifteen (las “quince sucias”), con “Darling Nikki” a la cabeza y títulos de Judas Priest (“Eat me alive”), Mötley Crüe (“Bastard”), AC/DC (“Let me put my love into you”), Twisted Sister (“We’re not gonna take it”), Def Leppard (“High’n’dry”) y Black Sabbath (“Trashed”), pero también de chicas pop como Sheena Easton (“Sugar walls”), Cyndi Lauper (“She bop”) y Madonna (“Dress you up”). Rescatando una vieja, ridícula leyenda urbana, el PMRC incluso aseguró que grupos como Led Zeppelin, Rush, Queen y Pink Floyd tenían “mensajes ocultos” en sus temas que instaban al satanismo y la drogadicción.

Mary Elizabeth era muy persistente. Tras instalar el tema en la opinión pública, encontró en su marido Albert un apoyo fundamental para colocarlo en el Senado. A pesar de las protestas de músicos que incluían al rapper Ice T, Jello Biafra (líder de los incendiarios Dead Kennedys) y Bruce Springsteen, en agosto de 1985 las discográficas anunciaron su decisión de incluir la etiqueta solicitada por Mary y Albert, con el texto “Parental Guidance: Explicit lyrics”. El 19 de septiembre, una audiencia frente al Comité de Comercio, Ciencia y Transporte en el Senado propició que Mary, su esposo, la senadora Paula Hawkins y el médico Joe Stuessy alegaran que “el lenguaje sexual explícito, la violencia, la profanidad y la incitación al uso de drogas y alcohol en las canciones” minaban a la juventud y la familia americana, y provocaban una espiral de violencia sin freno. Del otro lado, gente tan disímil como el músico country John Denver, el metalero Dee Snyder (Twisted Sister) y Frank Zappa dieron sus argumentos contra lo que consideraban un acto de censura. “La propuesta de PMRC es un sinsentido que no da ningún beneficio real a los niños, infringe las libertades civiles y promete mantener a las cortes ocupadas durante años con las interpretaciones y problemas relacionados”, dijo Zappa.

Mary Elizabeth se salió con la suya. En noviembre de 1985 aparecieron los primeros discos con etiqueta. Cadenas como Wal Mart se negaron a vender discos con ese sticker y otras tiendas los pusieron en lugares de baja exposición. Ese triunfo del PMRC también abrió la puerta a que los canales de TV rechazaran ciertos videos –provocando que los sellos empezaran a ofrecer versiones censuradas– y comenzara a usarse un beep sobre las “malas palabras”. De nada sirvieron las campañas organizadas por músicos de todo género para denunciar el acto de censura que señalaban como un atropello a su libertad artística.

Mary Elizabeth Aitcheson no es muy conocida por su nombre de soltera: su nombre público es Tipper Gore. Su esposo es Albert Arnold “Al” Gore Jr., ex vicepresidente hoy reconvertido al ecologismo, director de Una verdad incómoda e impulsor de la concientización mundial vía Live Earth. Los músicos que el fin de semana pasado abrazaron incondicionalmente su causa en siete ciudades de todo el mundo, algunos de los cuales aún deben editar sus discos con el llamado Tipper sticker en sus portadas y moderar sus videoclips para no irritar a las cadenas de TV, parecen haber olvidado aquella campaña de censura. Zappa, que en paz descanse, tendría algunas cosas para decir al respecto.

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11.7.07 

Otras remeras rockeras

Con perdón del sitio de Herbie, una interesante nota de Juan Ortelli en la RS web sobre ciertas remeras de rocanroles argentinos.

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10.7.07 

Una visita al universo Marx

(Publicado hoy en Página/12)


Hay cómicos que operan por repetición. Conocedores de la efectividad de una rutina, hacen uso cabal de ella y la convierten en la herramienta primordial, y el resto es la efectividad del cómico para darle potencia a ese devenir que el espectador ya conoce, pero que de algún modo espera. Pero hay otro rango de cómicos, con muchos menos representantes, que operan sobre lo imprevisible, sobre la quimera de que cada gag sea nuevo o lo parezca, cada línea de diálogo, y especialmente los remates, sean un misterio para quien está del otro lado. Allí es donde brillan Groucho, Harpo, Chico y Zeppo Marx, monarcas absolutos del absurdo y la improvisación: a casi cien años de su debut sobre un escenario de vodevil, a 68 años del estreno de The Cocoanuts, los hermanos antienen la virtud de sorprender y hacer reír. Teniendo en cuenta toda el agua que corrió bajo el puente del humor aplicado al cine, sólo puede entenderse como un milagro. O como la enésima comprobación de genialidad de los Hermanos Marx.

¿Por qué rescatar a los Marx hoy, que no se cumple ningún aniversario (recién el 19 de agosto serán 30 años desde la muerte de Groucho), ni hay alguna de esas noticias de “encontraron un film inédito” o algo así? Nada menos que por el regreso de la familia a la pantalla grande. Desde hoy, la Sala Lugones del Teatro San Martín será centro de encuentro para los marxistas argentinos, cuando Los cuatro cocos abra el ciclo “Saludos desde Freedonia”, once-películas-once que vienen a recordar, en su ámbito original, por qué el humor sería mucho más gris sin los hermanos. Cocoanuts, Animal Crackers, Monkey Business, Horse Feathers, Duck Soup, A Night at the Opera, A Day at The Races, At The Circus, Go West, The Big Store, A Night in Casablanca: semejante menú invita a hacerse habitué del edificio de avenida Corrientes, apoltronarse en la butaca y descubrir que, sí, tantos años y tanto cinismo después, el marxismo sigue siendo efectivo.

Difícil encontrar una sola clave en la efectividad de los hermanos. Pero, sin duda, la base de todo estuvo en su formación como artistas de vodevil, primero bajo la tutela de su tío Al Shean y luego solos, convirtiendo cada actuación en un evento único, donde el guión y las rutinas estaban entrenados, pero siempre había espacio para lo inesperado. También sucedió que en los hermanos operó cierto darwinismo que dejó en pie a los tres personajes más efectivos. Gummo no llegó a aparecer en pantalla, mientras que Zeppo integró el grupo hasta 1933 y Sopa de ganso y luego dio un paso al costado. Fue natural, al cabo, la permanencia hasta el fin –hasta Love Happy, de 1950, con el cameo de Marylin Monroe– del trío más filoso. Harpo, el mimo que saca exquisiteces del arpa y los objetos más insólitos de su capote (y a quien, según la nada confiable fuente de Groucho, convirtieron en “mudo” luego de que maldijera a un empresario teatral, y al día siguiente ese teatro quedara reducido a cenizas). Chico, el falso italiano que podría haber sido argentino, rapidísimo para ventajear y maestro en el arte del juego de palabras. Y a la cabeza, claro, Groucho Marx, su habano y su bigote pintado, su instinto estafador y su lengua viperina, capaz de destruir todos los tópicos de corrección política, humana, social.

Sin temor a la injusticia con el resto de la familia, ese trío fue el que impulsó la leyenda. Hay varias citas de Groucho bien conocidas, pero lo que no se puede recrear así como así es lo que podrá apreciarse en estos días en el encantador blanco y negro de una pantalla grande. La escena del camarote y la lectura (y destrucción) de contratos en Una noche en la ópera; el veloz juego de frases, contrafrases y palabras parecidas que refieren a objetos muy diferentes, un juego intraducible al castellano entre Groucho, Chico y Harpo frente al cuadro robado en Animal...; la mirada siempre azorada de Margaret Dumont frente a los avances de Groucho; las zancadas de Rufus Firefly arengando a los freedonianos en Sopa...; el diálogo entre Chico (vendedor de helados y de “datos calientes”) y Groucho en el hipódromo en Un día...; Harpo dándole la pierna a quien quiere darle la mano, Chico tocando esas extrañas piezas de piano con dedos bailarines, los diálogos pulidos en escritura tras escritura hasta dejar piezas de relojería cómica...

La antología marxista rebosa de escenas, situaciones y retruécanos que provocan la sonrisa con sólo recordarlos. Verlos de vuelta ya no en una tele sino en la sala de cine, sin la interferencia del mundo exterior, es lo más parecido al paraíso que pueda dar la comedia moderna. Nada de repeticiones: como si fuera la primera vez. Marxismo puro y sin fronteras.



"Le doy mi palabra de estafador"

El ciclo “Saludos desde Freedonia: los hermanos Marx en la Lugones”, que se realizará desde hoy y hasta el viernes 20 en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530) está integrado por once de los films más importantes realizados por Groucho, Harpo, Chico y Zeppo. La agenda completa (con una cita que ilustra cada una de las películas) es la siguiente:

- Hoy: Los cuatro cocos (The Cocoanuts, 1929). Dirección: Robert Florey y Joseph Santley. En el primer largometraje de los hermanos Marx, Groucho es el director del hotel Los Cuatro Cocos. “Hay muchas oportunidades en Florida. Hace tres años yo vine sin un centavo en el bolsillo... y ahora tengo un centavo en el bolsillo” (Groucho).

- Mañana: El conflicto de los Marx (Animal Crackers, 1930). Dirección: Victor Heerman. La señora Rittenhouse da una fiesta en su mansión, con dos atracciones principales: el gran explorador Jeffrey Spaulding (Groucho), de regreso de su última expedición africana, y el famoso cuadro “Después de la caza”. “Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida... lo cual no dice mucho en su favor” (Groucho).

- Jueves 12: Polizones y polizontes (Monkey Business, 1931). Dirección: Norman Z. McLeod. Mientras se ocultan de las autoridades en un lujoso transatlántico, los hermanos Marx se convierten en guardaespaldas de dos gangsters rivales. “¿Es usted el conserje de este barco? Quiero registrar una queja. ¿Sabe quién se escabulló en mi cuarto a las tres de la mañana? Nadie. Esa es mi queja” (Groucho).

- Viernes 13: Plumas de caballo (Horse Feathers, 1932). Dirección: Norman Z. McLeod. Esta vez los Marx incursionan en el mundo del deporte universitario. El nuevo director del prestigioso colegio Huxley comete un error. En lugar de tomar a los dos jugadores estrella con quienes pretendía ganar la final del campeonato, hará ingresar al equipo a dos aficionados. “No sé lo que tienen para decir. De todas formas me es indiferente. Sea lo que sea, me opongo. Su propuesta puede ser buena, pero dejemos algo en claro. Sea lo que sea, me opongo” (Groucho).

- Sábado 14: Sopa de ganso (Duck Soup, 1933). Dirección: Leo McCarey. La República Democrática de Freedonia, un pequeño país centroeuropeo, a cuyo frente se encuentra el muy liberal Rufus T. Firefly (Groucho), se ve amenazada por la dictadura de Sylvania. “No permitiré injusticias ni juego sucio, pero... si agarramos a alguien haciendo algún acto ilícito sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!” (Groucho).

- Domingo 15: Una noche en la ópera (A Night at The Opera, 1935). Dirección: Sam Wood. El extravagante sentido para los negocios de Groucho hace embarcar hacia Nueva York a las grandes estrellas de la ópera de Milán, con unos polizones inesperados: Harpo y Chico. “El contrato tiene una cláusula por accidente que te protegerá completamente sin importar lo que suceda. Si pierdes una pierna, te ayudaré a buscarla” (Groucho).

- Lunes 16: Un día en las carreras (A Day at The Races, 1937). Dirección: Sam Wood. Groucho es un veterinario que se hacer pasar por doctor para ayudar a mantener en el hospital a una hipocondríaca ricachona. “Emily, tengo que hacerte una confesión. En realidad soy un doctor de caballos. Pero cásate conmigo, nunca miraré otro caballo” (Groucho).

- Martes 17: Los hermanos Marx en el circo (At the Circus, 1938). Dirección: Edward Buzzell. Los hermanos Marx y un gorila llamado Gibraltar revolucionan el mundo del circo. “Sabes lo que dicen. Cuando tengas problemas con los negocios lo mejor que puedes hacer es conseguir un abogado. Luego tendrás más problemas, pero al menos tienes un abogado” (Chico).

- Miércoles 18: Los hermanos Marx en el Oeste (Go West, 1940). Dirección: Edward Buzzell. Los hermanos se dirigen al Oeste a hacer fortuna. “Volveré en diez minutos, le doy mi solemne palabra de estafador” (Groucho).

- Jueves 19: Tienda de locuras (The Big Store, 1941). Dirección: Charles Reisner. Los Marx se desempeñan como detectives en unos grandes almacenes. “¿Estás diciendo que una mujer de su cultura y su dinero, su belleza y su dinero, de su riqueza y su dinero, se casaría con ese impostor?” (Groucho).

- Viernes 20: Una noche en Casablanca (A Night in Casablanca, 1946). Dirección: Archie Mayo. El gerente del Gran Hotel ha muerto en extrañas circunstancias y Groucho será contratado para ocupar la vacante. “De ahora en adelante la prioridad del hotel será la velocidad. Si un cliente pide por un huevo cocido en tres minutos, le daremos uno hecho en dos. Si pide por un huevo hecho en dos minutos, le daremos uno hecho en un minuto. Y si pide un huevo hecho en un minuto, le daremos la gallina y que se encargue del resto” (Groucho).

(De lunes a viernes a las 17, 19.30 y 22 horas. Sábados y domingos también a las 14.30. $7 entrada general y $4 para estudiantes y jubilados.)

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7.7.07 

Adrenalina

Llego tardísimo, lo sé, cuando hay gente que alimenta su adicción con la sexta temporada, y ya se resignó a que no podrá desprenderse del asunto hasta que los productores lo decidan. Pero finalmente encontré un hueco entre tanta oferta audiovisual para pedir prestada la primera temporada de 24, y anoche con mi mujer vimos el primer capítulo, obviamente seguimos con el segundo, y resoplando tuvimos que aguantarnos las ganas y abandonar porque ya era la 1.30 y los niños no entienden nada de "nene, dormí un poco más que anoche me acosté tarde".

Estamos en problemas. Nos convertimos a la iglesia de Bauer.



(ah, y este fue el post número 500)

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6.7.07 

Efemérides truchas

Está bien, uno siempre le saca el jugo a los aniversarios de esto y aquello, son siempre un buen recurso y la mayoría de las veces tienen sentido y hasta significado. Pero... ¿no será mucho hacer una tapa con el 50 aniversario del día en que se conocieron Lennon y McCartney?

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4.7.07 

Reuniones

A propósito del tema de las reuniones, tan presente en los medios en los últimos días, colgué en el Arcón una opinión sobre (y en contra de) el regreso de Sui Generis en 2000. Formaba parte de una producción de domingo con una nota central de Esteban Pintos y una opinión a favor de Martín Pérez.

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Despedirse

Difícilmente haya un retorno en diez años con millones en danza: este viernes será el último concierto de Cultura & Espectáculos -y del diario todo- en la sede de Belgrano 673. Otra mudanza más en la larga lista que arrastro, pero potenciada porque lo que estás mudando no es precisamente un tres ambientes. Y es muy loco, porque ese submarino ruso de los años 50 que es la redacción de Página, con todas sus incomodidades y deformidades, es nuestra casa. Según dicen, van a tirarlo abajo para hacer una torre de oficinas. Si es así, voy a andar cerca el día que lo demuelan para quedarme con un ladrillito de recuerdo. Incluso la empresa podría hacer la Gran Fontevecchia y armarse un murito de Berlín en la recepción, qué espectáculo.

Va a ser raro dejar el boliche. Desde hoy a la tarde, cuando al fin armé una caja y empecé a guardar cosas, me viene dando vueltas en la cabeza "Todos estos años de gente" de Spinetta en La La La, una frase bastante acorde a quince años de laburo ahí adentro. A algunos se los extraña, de otros se celebra que no estén, hay varios que ya ni me acuerdo y hay otros de fierro con los que el lunes, cuando asomemos la jeta en Solís 1525, nos miraremos extrañados y preguntando dónde está el baño. Y la terraza.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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