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20.7.07 

Qué lástima, Fontanarrosa


(Publicado hoy en Página/12)


De las decenas de cuentos, viñetas, historietas, situaciones gráficas fijadas para siempre en mi memoria, hay una frase que, por esas cuestiones del capricho mental, me vuelve cíclicamente a la sesera: ¡Qué lástima, Cattamaranzio! Ya ni recuerdo cuál de los tantos y gozosos libros de Fontanarrosa contiene ese relato, una de muchas perlas del tipo que cruzaba fútbol y literatura como pocos. Allí, un relator con todos los lugares comunes del oficio iba dando cuenta de un partido en que el torpe delantero Cattamaranzio se morfaba un gol detrás de otro. Pero el Negro, tan hábil para mixturar lo inesperado del fútbol con lo inesperado de la narración, iba colando en ese relato futbolístico primero la sospecha y luego la convicción de un desastre nuclear a escala global. Al final, el relator advertía que “el cielo se ha puesto de una extraña tonalidad verde”, para despreocuparse de inmediato y concentrarse, inmutable ante el desastre humano, concentrado en el desastre futbolístico, en la enésima aproximación de Cattamaranzio al área rival.

Nunca escuché a ese relator, pero desde entonces, cada vez que un partido de fútbol delata el traspié de un número 9, la voz me rebota en la cabeza. Por extensión, la frase sirve de comodín a las situaciones más disímiles, a perder el colectivo, a que no aparezca la foto que necesitamos para una página, a la pérdida de algún objeto, incluso a la frase cachadora para el amigo hincha de un equipo en desgracia: ¡Qué lástima, Cattamaranzio! Para un periodista, para todos los que en esta tarde triste nos abocamos a la tarea de dar esta noticia de mierda, es casi imposible honrar la objetividad que marca la profesión. Todos hemos leído sus cuentos, sus fabulosas tres novelas (¿cómo olvidar el partido de fútbol de El área 18, a la protagonista de La gansada con su bolsa de papel en la cabeza, las andanzas de Best Seller?); todos hemos seguido a Boogie y al Inodoro, Eulogia y Mendieta, y en el contacto con su obra desarrollamos un enorme cariño que iba más allá de si lo conocíamos personalmente o no. Eso que pasa con los tipos que dejan huella de verdad. Eso que hace que, frente a la noticia, no pueda evitar la frase de Cattamaranzio y me sienta instantáneamente un pelotudo por semejante trivialidad ante la muerte. Y después, con menos saña, me tranquilice pensando que, al cabo, no está mal como pequeño homenaje personal.

Qué lástima, Fontanarrosa.

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es cierto, una verdadera lástima.

Anoche en Crónica TV pasaron el discurso completo -ya legendario- del Congreso de la Lengua de Rosario. Y después de reírme un buen rato, me puse a llorar. Es una verdadera pena difícil de superar.

Siempre lo mismo, mientras todos los hijos de puta siguen vivos (y lo más bien), tipos como Fontanarrosa se van, y encima sufriendo enfermedades de mierda. Ya sé que siempre se dice lo mismo, pero siempre pasa también.

Al menos, veo como positivo que se le hayan hecho reconocimientos (de índole político, pero también el "Canaya" en la camiseta de Central, o el programa de TyC de nombre Area 18, más allá de ser una lástima el mismo).
El tipo era respetado por todos, y no creo que haya una persona en el mundo -que lo conozca, lo haya leído o escuchado hablar, por supuesto- que pueda decir "este es un boludo" o un mal tipo.

Se fué alguien que nos dió (y seguirá dando) mucho. Un groso.

Coincido con Tucho: se tienen que morir otros.
Es terrible. Y el dibujo de Paz es muy triste, la puta madre.

Excelente. Tengo sólo una preocupación: era un gran dibujate/historietista, pero el común de la gente lo recordará sólo por Inodoro o Boogie? por el Congreso de la Lengua?
Sabrán que fue uno de los mejores contadores de historia que hemos tenido?
No sé... que me lo investigue Best Seller mientras releo Hortensia

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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