31.12.07 

Un escenario sin escenarios

(Publicado hoy en Página/12)


Tres años son poco tiempo y son mucho tiempo: aunque parezca exagerado, ya hay una camada de músicos under que vive el post Cromañón como una realidad instalada, como el esquema inevitable en el que hay que encontrar la difícil manera de colgarse la guitarra y salir a mostrar lo propio. La restrictiva legislación surgida después de la tragedia de Cromañón impuso un cerco a los pequeños boliches donde se desarrollaba la actividad musical, a las milongas y a las salas de teatro independiente: con el correr del tiempo, los últimos dos rubros pudieron ir regularizando su situación, haciendo visible la infinidad de matices sobre la paranoia desatada, esa presunción de que todo boliche pequeño era un peligro en potencia.

En ese sentido, la industria del rock todavía tiene un largo camino por recorrer, y nadie se lo hará precisamente fácil. La supresión del bolicherío fomentó la consolidación de un esquema monopólico en el cual los grupos under deben someterse a las condiciones de quienes detentan la manija, sea en los pocos locales “habilitados” o en los megafestivales donde se amontonan las bandas en escenarios menores y horarios de baja exposición. El 15 de febrero de este año, la Unión de Músicos Independientes fundada por Diego Boris y Cristian Aldana llevó a cabo la primera acción contundente en pos de allanar el camino, cuando presentó ante el Tribunal Superior de la Ciudad de Buenos Aires un pedido de inconstitucionalidad de las normas que exigen permisos especiales para el rock en vivo. En la audiencia pública realizada a mediados de año, los músicos declarantes se esmeraron en demostrar la discriminación que significa que cualquier grupo sea considerado a priori como un émulo de Callejeros, y por tanto peligroso para la integridad de la ciudadanía.

El post Cromañón ofrece así una buena batería de paradojas: el grupo que fomentó y festejó el uso de bengalas, a cargo de la organización del show del 30 de diciembre, volvió a tocar, a grabar y vender su disco, mientras todos los músicos que vinieron detrás deben sacar patente de respetables para poder ocupar un escenario, aunque sea mínimo. La liberación de Omar Chabán hasta la realización del juicio oral, la asunción de Aníbal Ibarra como legislador desataron airados gritos de injusticia, pero el grupo corresponsable enarboló toda vez que pudo su “derecho a trabajar”, para festejar su regreso al escenario con la frase “chúpenla, por caretas”. Hoy abundan los rumores que hablan de una fractura terminal en el seno del grupo, pero eso a esta altura ya es anécdota.

Lo que no es anecdótico es el panorama reinante. En esa lectura liviana que tras Cromañón sindicó al rock como un peligro para la sociedad, se cercenó violentamente el derecho al trabajo de una multitud de jóvenes cuyo delito es seguir alimentando un género artístico con más de cuarenta años de existencia. Los festivales, las visitas internacionales, los eventos organizados desde el Estado nacional o metropolitano, el movimiento de público, parecen dar cuenta de un momento saludable, pero en la base hay una podredumbre que es necesario remover para poder mirar más allá de lo inmediato. El rock independiente no necesita más lugares comunes, sino lugares para tocar. Tres años después, la deuda sigue pendiente.



(recomiendo leer también la nota de Carlos Rodríguez acerca de los sobrevivientes)

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27.12.07 

28 sin ricota

Durante mucho tiempo, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota llevaron a cabo la costumbre del show del Día de los Inocentes. Era un clásico de la banda: se acercaba el fin de año y todo el mundo sabía que se venía la ceremonia que cerraba la temporada. Recuerdo especialmente el primer Obras al aire libre, en el que presentaban Bang! Bang!! Estás liquidado y las cosas medio se desmadraron, con gente intentando subir al escenario, el Indio recaliente y demasiadas pausas entre tema y tema, y con el grupo de amigos con el que fuimos volvimos con una sensación de que la habitual fiesta se había puesto algo agridulce. O el fin de año 1991, con La mosca y la sopa y un Obras tan pero tan lleno que la masa compacta de gente llegaba hasta el pasillo que llevaba a los baños y era imposible avanzar.

En la víspera de un nuevo 28, el recuerdo de aquellas ceremonias me conduce inevitablemente a la nostalgia, a la comprobación de que, como decía Spinetta en el '84, ya no somos chiquitos; los Redondos hace rato que no existen, cada cual siguió su camino -incluyendo a aquel grupo de amigos-, a Obras le encajaron el nombre de Estadio Pepsi y los únicos inocentes parecen ser aquellos que aún no salieron de la nursery. Quizá haya que arrancar el día poniendo Oktubre, mientras me resuena en la cabeza el cantito que las bandas enarbolaban a la salida de cada show del inolvidable ciclo en Satisfaction de Constitución, donde primero hubo que poner vigas para reforzar el pullman y finalmente hubo que abandonar por imposibilidades espaciales.

"Ya copamos Satisfaction, ya copamo' Obras también/ No nos rompan las pelotas, que copamos River Plate".

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26.12.07 

El arbolito bien cerca de la tele

(Publicado hoy en Página/12)

Tres opciones que le pusieron música e imagen al rito de la Navidad.

Nirvana - Unplugged in New York

Lo más curioso es que éste sea su debut en el formato DVD: no hace mucho vio la luz una notable cajita (Live! Tonight! Sold out!) sobre lo que Nirvana podía producir en vivo y, teniendo en cuenta lo que significa la figura de Kurt Cobain, llama la atención que recién ahora pueda engordarse la deveteca con el Unplugged in New York del trío de Seattle. Que es ya de por sí una rareza: el 18 de noviembre de 1993, Cobain, Christ Novoselic y Dave Grohl, sacerdotes del electroshock y la furia, convirtieron su obra al formato acústico en un estudio de New York. Que el cantante y guitarrista se volara la cabeza cinco meses después agregó drama y resonancia, pero ya en su concepción el Unplugged MTV de Nirvana era una experiencia digna de ser apreciada.

Así (y junto a perlas de ficción como The last days, de Gus Van Sant), el desenchufado viene a completar el legado audiovisual del grupo, reforzado por canciones ausentes en la transmisión original, un registro del ensayo previo a la grabación con “Come as you are”, “Polly”, “Plateau”, “Pennyroyal tea” y “The man who sold the world” y un documental de MTV (Bare witness) sobre el show. Allí, Novoselic afirma que “Esta es una manera de mostrar nuestro lado más suave, como papel higiénico perfumado”, mientras que Theresa Beyer, directora de marketing de la 100FM de Nueva York, sostiene que “había una electricidad palpable en el aire... se podía escuchar el vuelo de una mosca”. Alex Coletti, productor del Unplugged, afirma que contratar a Nirvana fue mucho más fácil de lo que podía pensarse teniendo en cuenta su historial alternativo (“Simplemente los llamamos y dijeron que sí”), y admite que la ocasión era tan especial como para meter en el estudio más gente de la permitida: “El jefe de bomberos casi nos clausura”, dice.

El mismo Coletti es quien se encarga de echar luz sobre costados más terrenales que la simple lectura de “grupo en la cresta de la ola hace un unplugged y todos contentos”, al confesar sus temores con respecto a lo que podía suceder. “Vimos que la lista, salvo ‘Come as you are’, no tenía ningún hit, y que había varios covers. Se había hablado de ‘invitados’ y nosotros pensábamos en Eddie Vedder o Neil Young, pero vinieron los Meat Puppets e hicieron tres temas de ellos... o sea: ningún hit, covers y los Puppets como invitados. Grandioso.”

Y sin embargo, Coletti es el primero en admitir que el experimento sí fue grandioso, “aunque es difícil verlo con objetividad a la luz de lo que sucedió después”. Las versiones de “Polly”, “About a girl”, “All apologies” o “The man who sold the world”, la intensidad con que el malogrado Cobain pone en una perspectiva totalmente diferente sus canciones (y las de otros), convierten a Unplugged in New York en una de las perlas del arbolito 2007.


Paul McCartney - The McCartney Years

“Hacer un repaso de 35 años de trabajo es una tarea complicada”, abre el fuego el biógrafo Barry Miles en el librillo de The McCartney Years. Pero, una vez repasados los tres discos que componen la caja lanzada la semana pasada en los negocios argentinos, puede decirse que el objetivo quedó bien cubierto. Así como Lennon tuvo su Imagine, Harrison su Dark Horse Years y Ringo sus DVD en vivo con la All Starr Band, Macca se merecía semejante caja, que contempla lo mucho y bueno que hizo el bajista y cantante tras ser parte de cierta bandita de Liverpool.

Así, Los años de McCartney diluye ese mito que lo señala como el menos interesante de los Beatles, y pone en perspectiva la labor de Wings y los hitos que el músico fue señalando en su historia: basta repasar la cronología que ofrece el librillo para terminar agotado de tantos records (“‘Yesterday’ alcanza los 6 millones de pasadas en radios estadounidenses”; “81 discos de oro”, “All the best se convierte en platino en solo tres días”), primeras veces (“El primer artista occidental en editar un disco solo en la Unión Soviética”) y actividades por fuera del rock, sean de concientización sobre el vegetarianismo, los derechos de los animales, la desactivación de minas o la grabación de material clásico. El recuento impacta.

Y es en los discos donde la cosa se pone espesa: todos los clips –de “Maybe I’m amazed” a “Fine line”, muchos de ellos con comentarios–, entrevistas, pequeños documentales, filmaciones inéditas, el sustancioso Creating chaos at Abbey Road (que refleja la grabación de Chaos and creation in the backyard, sin dudas lo mejor de la producción reciente de McCartney, junto al productor Nigel Godrich), escenas televisivas y un detrás de escena de la fotografía de tapa de Band on the run, entre innumerables perlas. El tercer DVD, por su parte, se concentra en la performance en vivo del Beatle, dividida en tres momentos bien diferentes: Rockshow rescata un film sobre la gira de 1976 de Wings; Unplugged presenta cuatro canciones de su presentación para MTV de 1991 (incluyendo una bonita versión de “And I love her”), y Glastonbury retrata la apoteósica presentación de 2004. Además, ese disco incluye el “Let it be” de Live Aid y su show en el intermedio del Superbowl XXXIX, visto por 800 millones de personas en todo el mundo. Todo con sonido remasterizado y opción de 5.1, imágenes restauradas y widescreen, para seguir alimentando el árbol genealógico y ser feliz propietario/a de una jugosa videoteca Beatle.


Varios - Live Earth

Más allá de las paradojas de Al Gore –quien fue un aplicado lobbysta en la campaña de su esposa Tipper para ponerles stickers de advertencia a los discos, y cuando formó parte del gobierno de Bill Clinton no hizo mucho por paliar el calentamiento global–, no caben dudas de que su Live Earth – The concerts for a climate in crisis dejó una jornada para el recuerdo. El 7 de julio de este año, en 8 ciudades de todo el mundo (Hamburgo, Londres, Nueva York, Río de Janeiro, Shanghai, Johannesburgo, Sydney y Tokio) un amplísimo arco de artistas subió al escenario para concientizar sobre el negro destino que aguarda a la Tierra de no tomar medidas urgentes. Y, así como el consumidor de cajitas puede solazarse con Live Aid y Live 8, no podía faltar su símil de Live Earth.

Y la oferta tiene lo suyo: en dos DVD y un CD de audio, el televidente puede seguir las performances de gente como The Police (una notable versión de “Driven to Tears”), Genesis, Metallica, Roger Waters (con el clásico “Another Brick in The Wall Pt. 2”), Beastie Boys (a puro rap con “Intergalactic”), los reformados Smashing Pumpkins, Chris Cornell (quien, claro, hace “Black Hole Sun”), Foo Fighters, Madonna, Duran Duran y Joss Stone. Son cuatro horas de música, aderezadas con 7 cortometrajes alusivos al tema y entrevistas con Gore y el productor Kevin Wall: para calentar los parlantes en lugar del planeta.

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25.12.07 

Dressed up like a car crash

Una de las primeras noticias navideñas fue el BMW que apareció estrolado en Palermo, justo contra la puerta de la casa de Sergio Marchi. El colega apareció en la tele declarando que no había visto a los pibes, que salieron corriendo y que por eso imaginaba que el auto era choreado. Pero yo sé que, cuando se escuchó el escándalo en su puerta, Marchi debe haberse despertado pensando que era otra vez Charly García con ganas de engancharlo en un after hours.

Update: Es raro que en el UM de Clarín no mencionen a Marchi... mientras en el video de TN colgado en la misma página se ve claramente su nombre.

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24.12.07 

10 canciones navideñas

Aunque el intenso marketeo alrededor de todos los ritos clásicos nunca deja de taladrarnos el marote, no todo el mundo festeja la Navidad de la misma manera. Y como este blog también es servicio, he aquí un listado de diez canciones para animar el festejo del gordo y los renos, con perfiles que contemplan variables que pocas veces vemos en los avisos de la tele.
  • "Sexy motherfucker", Prince. Ideal para Navidades orgiásticas, celebradas no en una mesa larga sino en una cama redonda.
  • "Chistmas sucks", Peter Murphy & Tom Waits. Si se busca con paciencia, este temita se encuentra en internet: la unión de dos personajes que deberían trabajar en una de Tim Burton. Opción recomendada para la Navidad de quienes detestan la Navidad.
  • "I shot the sheriff", Bob Marley & The Wailers. Dicen los muchachos de la logia que no hay nada como una Navidad Puesta. El problema es que, promediando la velada, ya nadie se acuerda qué carajo están festejando. Pero los fuegos artificiales están buenísimos.
  • "Sour times", Portishead. Y sí, hay gente que hace pactos suicidas justo para el 24 de diciembre. El soundtrack perfecto.
  • "Noche de paz", Sumo. La cosa es así: vivís tu enésima Navidad embolante, con familiares que se pelean entre sí y dos primos menores con menos onda que Alvaro Alsogaray. A las 12 en punto, ponés el volumen en 12, le abrís la puerta a una horda de amigos borrachos y ejecutás un pogo inolvidable sobre la mesa.
  • "Jingle bells", Die Roten Rosen. Bajo ese seudónimo, los Die Toten Hosen grabaron todo un disco de canciones navideñas, en el que -dicho sea de paso- su versión de "Noche de paz" no agrega nada a la de Sumo. Pero el estilo empepado de Campino y sus amigos lo convierte en número puesto para básicamente cualquier tipo de Navidad.
  • "Kandjoura", Toumani Diabate. Para seguidores de George Harrison y apasionados de la cosa budista. Lo cual es sumamente curioso, porque Toumani nació en Mali y toca la kora, un arpa africana de 21 cuerdas. ¿Cómo es que todo suena tan hindú?
  • "Sidewalking", The Jesus & Mary Chain. Vos y tus amigos creen en la Navidad, pero una Navidad en la que el traje del gordo es negro o, mejor, una Navidad ya usurpada por Jack Skellington. El arbolito es un pino ominoso de 18 metros de altura, en el perchero se amontonan los sobretodos aunque hagan 37 grados y durante la cena nadie se saca las gafas negras.
  • "No me da mi Navidad (Punketon)", Molotov. Opción para una cena de Navidad entre borrachos asumidos y carentes de culpa. A la vigésima botella reventada, todos se unen en un coro que intenta cantar ese estribillo-trabalenguas, garantizando un buen rato de diversión gratuita.
  • Dark side of the moon, Pink Floyd. Para cumplir una vieja fantasía, colando ácido lisérgico en la comida de toda tu familia pero no en la tuya, y sentarse a disfrutar el espectáculo. Se recomienda coordinar todo para que a la hora del brindis suene "Time". Y tener una filmadora a mano.

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22.12.07 

La leyenda de la pelada que llegó de Italia

(Publicado hoy en Página/12)


Comenzar el recordatorio de la figura de Luca Prodan con una anécdota personal no parece tener ninguna lógica, pero hace al caso. En 1983, este cronista debutaba en el mercado laboral con un puesto de cadete en una agencia de publicidad: allí, en el reducido cubículo de Expedición, abundaban los lunes en los que otro chepibe apodado El Prócer llegaba, se tiraba en una silla, achicaba los ojos y soltaba: “El sábado fui a ver a la banda del Pelado”. Lo que seguía era una larga perorata sobre el irresistible encanto de un grupo que tanto podía pasarte por encima como largar un reggae hipnótico de diez minutos de duración, puntuado por encendidos discursos en italiano. Porque el Pelado era italiano aunque también cantaba en inglés, abundaba El Prócer, y de vuelta al Pelado y al convencimiento de que quien se perdía a Sumo se estaba perdiendo la mejor banda del país.

Que en 1983 la progresión del relato fuera del Pelado italiano a la increíble banda que lo rodeaba resultaba –ya entonces– una fiel síntesis de lo que significó, lo que aún significa, Luca Prodan para el rock argentino. Hay toda una generación que no vio al cantante en escena, pero no cabe ninguna duda de que Luca es un icono indiscutido de la patria rockera. La breve pero imponente obra que dejó Sumo sirve para realimentar esa convicción toda vez que se quiera encender la compactera, pero es también lo que sucede cuando un artista toma magnitud de leyenda. Y aunque es cierto que toda leyenda encuentra su mejor alimento en la necrofilia (no por nada se habla de la leyenda y la leyenda viviente), también ocurre que Prodan consigue transmitir en las grabaciones algo de la intensidad que tenía su presencia en vivo. El Prócer tuvo el privilegio de verlo en la escala de pub (¡El Prócer tenía una de las 300 copias de Corpiños en la madrugada!); este cronista recién vio a Sumo en 1986, cuando presentaba Llegando los monos, y le dejó una impresión indeleble. Luca se adueñaba del escenario y tenía un imán en la pelada, cantaba “Heroin” y se frotaba la calva y le ponía tal garra que más de uno quería que cerrara de una vez y al mismo tiempo que no terminara nunca. Y después pasaba el mozo con la bandeja, y de repente todo se iba al cuerno con “Fuck you” o “El ojo blindado”. Sumo ya era un grupo grande, capaz de llenar dos Obras en una época en que eso suponía un esfuerzo supremo. Y Prodan, hombre de mil lugares y cientos de viajes, había encontrado un lugar sólido como una roca.

La biografía es casi de dominio público: Luca Prodan, nacido el 17 de mayo de 1953 en Roma, hijo de un italiano y una escocesa, languideciendo primero en un exclusivísimo colegio escocés y estallando luego en la Londres punk, más devoto de Joy Division que de Sex Pistols (“A Sid Vicious lo conocí, era un idiota”, cita Pettinato en La jungla del poder), cargando con el suicidio de su hermana Claudia, de novio con la heroína; Luca buscando refugio en las sierras cordobesas junto a Timmy McKern, Germán Daffunchio, Alejandro Sokol y Stephanie Nuttal; Luca en Hurlingham, donde comenzó a cruzar su destino con Diego Arnedo, con Roberto Pettinato, Superman Troglio y Ricardo Mollo; Sumo debutando en el pub Caroline de El Palomar; Sumito, Ojos de Terciopelo y la Hurlingham Reggae Band; Sumo imponiéndose en una escena post Malvinas con Luca cantando en inglés. Luca compartiendo escenario en Cemento con los Redondos –ese otro calvito– en una inolvidable versión de “Criminal mambo” inmortalizada en casetes piratas de la época; Luca y los tres discos oficiales de Sumo, que modificaron las coordenadas del rock hecho acá. Así dibujada, la historia parece lineal, un argumento cinematográfico: la ignominiosa adaptación televisiva con Luis Luque, el fracaso de películas como Luca vive de Jorge Coscia, demuestra que nada en la vida de Prodan fue lineal. Que Luca, el documental que Rodrigo Espina acaba de estrenar en el circuito rockero, dibuje el mejor retrato del músico apelando a su propia voz guardada en cintas de valor incalculable, es otra confirmación. El problema con las leyendas es la manera en que confunden persona y personaje.

Una noche en New York City

El big bang de Sumo tuvo lugar en la paz cordobesa en 1981: a la luz del rock argentino modelo 2007, no es una exageración hablar de prehistoria. Apelando a la convención de que todo comenzó en 1966 con los náufragos de La Cueva, parece claro que el movimiento local apenas si se estaba probando los largos. Han pasado más años desde la muerte de Luca que los que el rock tenía de existencia cuando el italiano aterrizó en este país, encontrándose con una escena extraña. Prodan, testigo presencial de un momento clave en la escena inglesa –en la historia de la música contemporánea–, cayó en un medio que sufría las consecuencias de la ubicación geográfica, años de mordazas culturales e inestabilidad económica. El, que había visto cómo la ola punk y postpunk habían barrido con el mito hippie y la artificiosidad sinfónica, no podía entender las variables que movían (pequeñas) multitudes aquí. Resulta curioso que Luca haya dedicado más de una parrafada ofensiva a Virus, que en ese 1981 ofrecía el único rapto de modernidad, la única sintonía fina con lo que sucedía en el resto del mundo, en su debut Wadu Wadu; por fuerza, debía resultarle más vomitiva la abundancia de ensambles de jazz rock que el instinto new wave de los Moura.

Para cuando Luca bajó de Córdoba a Buenos Aires, dejando tras de sí las artesanales grabaciones que luego se editarían como Time fate love, algo estaba empezando a cocinarse, y Sumo sería un ingrediente necesario. Justo antes de la Guerra de Malvinas, el entonces periodista Pettinato se encargó de amplificar, a través de Expreso Imaginario, el efecto que los shows del grupo en general y el cantante en particular producían en el público que los seguía por pubs y clubs de barrio. El 20 de marzo, el festival Rock del sol a la luna en el estadio de Estudiantes de Buenos Aires incluyó a Sumo (con la palabra “London” entre paréntesis) en un cartel encabezado por Riff y Orions: el laudatorio comentario de Pettinato en la revista Le Cirque comenzaría a pavimentar su camino de ingreso a la banda, así como la actitud de Luca en escena (que se atrevió a desafiar a un intocable como Pappo a “correr una carrera tomando vodka”) empezó a instalar la imagen de ese tipo que se comía el escenario.

El delirio de Galtieri y sus secuaces y la prohibición de todo lo anglo solo puso un freno temporario al inevitable ascenso. Lejos de sintonizar con el pretendido espíritu general, Prodan se animó a salir a cantar con un colador en la cabeza, asegurar que “las Malvinas son italianas”, y que los italianos bombardearían a la Argentina con fideos. La única incógnita en el grupo fue impuesta por el mismo Luca, que en 1984 fue al reencuentro de su hermano Andrea en Túnez –donde rodaba una miniserie para la RAI–, se convenció de que en Roma y en Londres ya no había nada para él y volvió para terminar de consolidar la historia. Buenos Aires ya era otra cosa: caída la dictadura y con la efervescencia cultural producida por el regreso a la democracia, Sumo encontró un terreno mucho más fértil. Bastó que Walter Fresco los viera un pub para que convenciera a CBS (hoy Sony BMG) de grabarles un disco. Ninguno de los músicos recuerda con mucha simpatía lo que fue grabar Divididos por la felicidad. Pero allí quedaron registradas nada menos que “El reggae de paz y amor”, “Mejor no hablar de ciertas cosas”, “Kaya” y “Debede”. Y bastó que en Radio del Plata sonara “La rubia tarada” para que el Pelado Italiano y los demonios que lo rodeaban dejaran de ser el secreto del Prócer y los acólitos de pub para convertirse en patrimonio general. La leyenda echó a andar.

El chabón de los monos

En el Suplemento NO del jueves pasado, el humorista Gustavo Sala ironizó sobre el mito fundado en esos años: así como una verdadera legión de gente afirma haber estado en los shows de Patricio Rey en La Esquina del Sol, Luca Prodan parece haberse tomado una ginebrita con una larga fila de confidentes ocasionales. Quizá tenga que ver con la célebre estrofa “Basta! Me voy rumbo a la puerta, y después al boliche a la esquina a tomar una ginebra con gente despierta”, o con la conocida costumbre del músico de trabar diálogo con una variopinta galería de personajes urbanos. Lo cierto es que, a partir de ese 1985 y especialmente en 1986, el pelado dejó de ser un secreto. Si la grabación de Divididos por la felicidad había sufrido las consecuencias del apuro, de la inmediatez de aprovechar esa oferta de un sello major, el segundo disco vino a marcar un punto mucho más alto, y el más parejo nivel compositivo del calvo cantante. Fogueadísima en el vivo, la banda entró con otra seguridad al estudio: que el estudio fuera Panda, que el ingeniero fuera Mario Breuer en lugar de un señor de guardapolvo acostumbrado a hacer un mero registro correcto desde lo técnico, ayudó a que Llegando los monos sea lo que es. Un disco tan potente como “El ojo blindado” o “Nextweek”, tan profundo como “Estallando desde el océano”, tan oscuro como “Cinco magníficos” y “Heroin” y tan entrador como “Los viejos vinagres”, ese otro himno, “Que me pisen” o “No good”, para recordar a todo el mundo lo bien que Sumo tocaba reggae.

Casi todas las versiones coinciden en señalar que el proceso de grabación de After chabon se pareció bastante a un parto, en especial porque ese último año Luca se dejó ir. Sus compañeros de banda estaban habituados a esa sensación de “Luca se va a morir”, pero la vida del Pelado se desbarrancaba de modo ostensible, como si se hubiera dado por satisfecho con todo lo logrado en Argentina después de haber dado todo por perdido en Europa, y ya no le interesara demasiado nada. Eso lleva a cierta suposición de que After chabon es más flojo, pero en todo caso será más flojo en la apreciación de los músicos que vivieron su construcción o en el análisis de la prensa: para el oyente, Sumo se despidió con un álbum tan notable como para contener la contundente “Lo quiero ya”, el melancólico reggae “La gota en el ojo”, las gaitas de “Crua chan”, el galopante bajo de “Banderitas & globos”, la deforme versión de “Noche de paz” que años después copiarían los Die Toten Hosen y, claro, “Mañana en el Abasto”. La temática –y la belleza– de esa canción hace que se lamente también la muerte de Luca “justo cuando empezaba a porteñizarse en sus canciones”, pero la canción de un Abasto que ya no existe parece más bien otro de los recursos creativos de Luca, el mismo que, bajo el clima disco de “Hola Frank”, anuncia que se va a poner azul, que va a yacer en su cama.

En la noche del 21 al 22 de diciembre de 1987, Luca Prodan yació definitivamente en su cama, derrotado no por la heroína sino por una cirrosis. Hoy la pensión de San Telmo es declarada “de interés cultural”, el cementerio de Avellaneda aún recibe peregrinos que le dejan un botellín y la pelada italiana se multiplica en remeras, mochilas, carpetas, posters, tarjetas, cualquier pieza de identificación de un público al que no le importa no haberlo visto sobre tablas, en patas, transpirado, sangrando, frotándose la calva, apuntando con el dedo mientras advierte que “sería bueno que pidieras que la tierra se mueva”, aterrando y atrayendo: las canciones dicen lo suficiente. Y cuentan con la amplificación eterna de la historia y la leyenda, esa materia de próceres.

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20.12.07 

Ring ring

Hace un tiempo, tenía una opinión indefinida sobre Juanes. Algún tema de su primer disco Fíjate bien me había caído simpático, pero cuando se editó Un día normal lo escuché un par de veces y no logré sacarle la ficha. Llevé el disco al Radiocaníbal que hacíamos con Lucas Ribaudo en FM Supernova, piqué un par de canciones y compartí con los oyentes esa sensación indefinida, buscando más opiniones. No hubo caso, los que respondieron tampoco sabían muy bien qué pensar.

Ahora lo veo al tipo celebrando en un spot televisivo la preventa de La vida... es un ratico en exclusiva a través del celular Sony Ericsson W580 (el disco ya salió oficialmente, este post llega atrasado) y no puedo evitar irritarme. Se lo ve muy contento con sus canciones transformadas en mercancía digital, una opción más del menú en el aparatito after Matrix. Ya sé, los nuevos tiempos se caracterizan por la búsqueda de nuevas formas de explotación del negocio musical. No es eso lo que me irrita, sino su actitud complaciente, satisfecha, excesivamente orgullosa. No puedo menos que recordar uno de los términos favoritos del Indio Solari con respecto al mundo cortesano, y me rebota en la cabeza más que cualquier melodía del colombiano: genuflexo.

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19.12.07 

10 canciones inmundas

Las consideraciones sobre "Carrie" y atrocidades similares en los comments de un post anterior hicieron surgir la "necesidad" de seguir con la cuestión. Aquí va una de muchas listas posibles y, por supuesto, cada quien puede ofrecer la suya.

  • "Carrie", Europe.
  • "Say you, say me", Lionel Richie.
  • "I will always love you", Whitney Houston.
  • "YMCA", Village People.
  • "La isla bonita", Madonna.
  • "The glory of love", Peter Cetera.
  • "What a feeling", Irene Cara.
  • "Still loving you", Scorpions.
  • "Lady in red", Chris de Burgh.
  • Cualquiera de Kenny G.
(No vale salir con cosas como "eh, pero YMCA está buena para una fiesta" o "cómo le vas a pegar a Madonna habiendo cosas más horribles". Son canciones inmundas en esencia, más allá de su utilización puntual o del historial del artista que las grabó)

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18.12.07 

La moda, el glamour...




Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, Augusto Costhanzo y yo compartimos la redacción de 13/20. Juntos hicimos una serie de piezas que combinaban texto y dibujo, analizando arquetipos como "la abuela" o "la mochila del joven urbano". No solo nos divertimos mucho haciéndolas, sino que además allí nació una amistad que se mantiene, y en la que hay cabida también para la admiración. Admiro profundamente el laburo de Costhanzo, y aunque él se ponga colorado debo decir que me impresiona su variedad de registros y técnicas, y su ojo sagaz para captar la esencia de todo un buen cacho de cultura con el que generalmente me identifico. Por eso no tengo ningún cargo de conciencia en dejar caer este chivo: este capo de la ilustración argentina acaba de sacar una línea de remeras, y al menos yo pienso vestir una (o dos) con orgullo.

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17.12.07 

Incomodidades

Escuchado en el VIP del show de Andrés Calamaro, el domingo. La autora de la frase, una actriz más bien del montón, a la que se ha visto en algunas tiras de Telefé.

"¿Cómo que no hay sillones?"

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16.12.07 

Miedo y asco en el subte

Diálogo escuchado en el subte:

Ella: ¿Viste el aviso del pibe de la guitarra?
El: ¡Está buenísimo! Me hace cagar de risa cuando entra el otro con el casco y la tira al piso...
Ella: Es que el ser humano es así, quiere todo lo que ve y basta que le muestren algo que también lo quiere...
El: ¡Y la música está buenísima! Me encanta ese tema...
Yo (metiéndome en lo que no me importa): No, flaco, no. La música no está buenísima. "Carrie" es una de las diez canciones más inmundas de la historia del rock. Y a los de Europe los tendrían que haber empalado.

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14.12.07 

Rompan todo

Parece que este muchacho Mauricio Macri está emperrado en confirmar los peores PROnósticos.

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12.12.07 

Cuando la música lo atropella todo

(Publicado hoy en Página/12)


Cuando alguien fue parte de una de las bandas más representativas del rock argentino, y esa banda se separa en un pico de popularidad, toda acción posterior será monitoreada con renovada energía. Y si ese alguien se llama Carlos “Indio” Solari, el monitoreo se vuelve “operativo”: así lo traslucieron las entrevistas realizadas para Bingo fuel y para el flamante Porco Rex, que incluyen casi invariablemente –una excepción fue el reportaje del Suplemento NO de este diario– un relato de las circunstancias que rodean el viaje a la resguardada casa del Indio en el conurbano. La atracción que produce el entrevistado, su significación en la historia local, producen la paradoja de que el elemento esencial, la música que Solari está dando a conocer, parezca solo un accesorio. Pues bien: se recomienda encender el equipo, poner un volumen brutal y dejar que “Pedía siempre temas en la radio” se lleve por delante todo lo que esté cerca. La música se encargará de borrar tanto palabrerío. El Indio tiene nuevo disco, y ese disco exige mucha más atención que el tópico de cuántos perros tiene.

Aquellos que piden a gritos “solo te pido que se vuelvan a juntar” deberían disfrutar la multiplicación del ideario Redondo que proponen las obras solistas del Indio y Skay. Ya no comparten escenario, pero en ambos late una vibración similar, que va más allá de lo puramente estilístico. Ya liberado del peso de la separación reciente, empezando a decantar su propio camino más allá de Patricio Rey, el Indio entrega una colección de trece canciones inspiradas, bien resueltas, caracterizadas por algo que también suele quedar olvidado en la hojarasca: la enorme personalidad de su voz, el caudal interpretativo, la intensidad con que puede apostrofar a alguien de “caníbal de opereta” o sostener la idea de que “donde hay dolor, habrá canciones”.

Esa voz irrepetible les da cuerpo a momentos épicos como “Y mientras tanto el sol se muere”, la notable “Te estás quedando sin balas de plata” o “Tatuaje”, pero también sirve como pincelada ideal para las oscuridades de “Ramas desnudas” –sin duda, uno de los momentos más altos de Porco Rex– o “Veneno paciente”, donde el Indio y Andrés Calamaro producen una colaboración cabal, uniendo sus voces en una inquietante melopea en vez de alternar protagonismos de solista. Para el amante de pulsos más reconociblemente rockeros, allí están “Porco Rex”, “Sopa de lágrimas (para el pibe delete)” o “Por qué será que no me quiere Dios”, que combina a la perfección máquina, viola electrificada y caños. Pero el Indio también adquiere una levedad refrescante en pasajes como “Martinis y Tafiroles” y sobre todo en “Flight 956”, rock songs que demuestran que su libro de preferencias siempre va más allá de lo obvio. El Indio y sus actuales cofrades (Gaspar Benegas, Baltasar Comotto y Julio Sáez en guitarras, Hernán Aramberri y Martín Carrizo en batería, Marcelo Torres en bajo, Alejo van der Pahlen y Ervin Stutz en vientos, Deborah Dixon en coros) no son Pier, no buscan el clon de lo que fue e hizo historia. “Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario”, cita Solari a Clarice Lispector. Más allá de las máscaras y la soledad, siempre está la música. Y ésa es la mejor noticia.

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10.12.07 

Parlantes

Me revienta terminar hablando mucho más de lo que rodea a la música que de la música en sí. Uno habla de un montón de cosas con sus amigos, pero pocas conversaciones dan tanto placer como las que tienen que ver con la música. No con lo que pudimos escuchar en el megafestival o lo que nos depara la radio, sino con eso que nos hizo amarla, el desmenuzar una canción y detenerse, regodearse, en cómo suena esa guitarra, el modo en que el tipo entra a cantar el estribillo y la clava en un ángulo, ese corte exacto donde tiene que ir partiendo el clima en dos. Con mi mejor amigo tenemos conversaciones sobre música desde los trece, catorce años, y a los 40 recuerdo con envidiable precisión lo que nos conmocionaba escuchar un disco al taco y dejar que la música nos ganara el alma sin remedio. Tirarse un larguísimo rato en el piso que tiembla, estudiando una tapa doble de vinilo, las caras de terror de la multitud bajo las garras del robot gigante de News of the World o las carulas de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, los angeles fumando y jugando al poker en Heaven and Hell de Black Sabbath y la tetralogía de Led Zeppelin entre 1969 y 1971. Una vez que viviste la música con esa pasión, es casi imposible que se te vaya. Y si se te va, bang bang estás liquidado.

Un par de antídotos para tanta basura del fin de semana que pasó. Clavarse los auriculares con el único y glorioso disco de The Spent Poets. Apoltronarse en el sillón frente a los parlantes y poner a todo gas The good son de Nick Cave & The Bad Seeds. Y un rato de Swordfishtrombones de Tom Waits. Recordar por qué nos terminamos bancando el maltrato, el marketeo de todo, la conversión del acto de la música en bits y entretenimientos ya incorporados al chiche digital que te venden en el stand, el botoncito en las computadoras que hoy ofician de estudios: en algunos añejos reportajes se hablaba de grabar en tal o cual famoso estudio de grabación, hoy hay que ver cuántos plugins tiene el ingeniero. Nos bancamos todo eso, que existan discos fabricados en serie con cantantes que suenan todas igual y abusan del Autotune, que haya tipos que no saben afinar su guitarra y no saben que existen afinadores a pila e incluso más sofisticados (esta semana leí que hay una guitarra con botoncito para afinar. Parece sensato, aunque también parece un arma de doble filo), nos bancamos todo eso, digo, porque siempre estamos buscando la canción que nos mueva el piso y nos recuerde por qué tenemos esa pasión.

Poner The bends de Radiohead o Psychocandy de Jesus and Mary Chain o Starless and bible black de King Crimson y empezar a patear cosas. Y putear, que no podemos perder ese derecho.

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Opereta

Hay un imbécil que se está dedicando a dejar comments insultantes hacia otros periodistas y medios en diferentes blogs, utilizando mi nombre. Es fácil de advertir: la firma no está linkeada con esta página, precisamente porque no tiene mi password. Parece que alguien anda molesto...

(a los dueños de blogs: si aparecen comments que no tienen linkeada mi página como es habitual, les pido por favor que los borren. Alguien está queriendo joderme...)

 

La forma de comunicar

(Publicado hoy en Página/12)

Lo ocurrido el viernes en las instalaciones del Club Ciudad no debería quedar sepultado en la vorágine informativa ni quedar como una anécdota más del generoso libro rockero de las pampas. En la primera fecha del Personal Fest, una discusión entre dos personas terminó con un herido de arma blanca que debió ser intervenido en el Hospital Fernández, y otro con un corte menor. El hecho, además, provocó una estampida general que hizo huir a la mitad de la gente y no dejó consecuencias mayores sólo por milagro: en la tarde del sábado, en los blogs de Internet comenzaron a multiplicarse los relatos de quienes estuvieron allí, caracterizados por la indignación y la sensación de terror vivida, y con constantes referencias a una tragedia reciente. “Cuando vi a toda esa gente que se me venía encima, corriendo desesperada y sin mirar a quién se llevaba por delante, entendí como nunca lo que sintieron los pibes de Cromañón”, decía uno de esos relatos.

Esas crónicas “alternativas” fueron necesarias. Desde que se conoció el incidente, hubo una sutil pero inocultable presión de la empresa organizadora y la firma auspiciante para minimizar el hecho, con llamados a los periodistas que cubrieron el evento para tantear el terreno y ver qué se iba a publicar. El comunicado oficial apenas señaló que “se produjo un incidente entre un grupo reducido de personas”, que la situación había sido “rápidamente controlada”, que “una persona fue trasladada al Hospital Rivadavia, se encuentra bien y en observación de rutina” y que el show de Snoop Dogg se había desarrollado “con normalidad ante más de 25 mil personas”. Los sitios web y canales televisivos de noticias, habitualmente atentos a cualquier incidente para alimentar el “Ultimo momento”, mantuvieron un llamativo silencio durante todo el sábado. Por la noche, en el programa La viola (TN) en vivo desde el Club Ciudad, Bebe Contepomi se limitó a comentar que el viernes “pasaron muchas bandas, pasaron muchas cosas”. En el sitio del festival desaparecían misteriosamente los irritados comentarios de los asistentes, que protestaban no sólo por lo sucedido sino también por las demoras y los cambios de horarios y escenario sin aviso. Y los blogs empezaban a sumar insultos contra la prensa por lo que consideraban una operación de ocultamiento.

A casi tres años del incendio en Cromañón, no está de más recordar a dónde nos llevó la estrategia del disimulo, el hacer como que no pasaba nada mientras algunos shows de rock se convertían en una bomba de tiempo. El patrocinio de los conciertos, la identificación de un festival con una marca antes que con la oferta artística (fenómeno que se comprueba cuando se ponen a la venta entradas para un festival bien auspiciado sin que se conozcan todavía los artistas participantes), no puede llevar a que el marketing y la preservación de la imagen de una marca comercial estén sobre las cuestiones de seguridad. Quien crea que estas líneas son una exageración puede leer por sí mismo (en sitios como anaufragar.blogspot.com, josefinastown.blogspot.com y esteeselblogdedanielloque.blogspot.com) las sensaciones de las chicas y los pibes que vivieron momentos de puro terror, volvieron a sentirse desamparados, ninguneados en nombre de una “normalidad” que no fue tal. En el blog de este cronista, un joven llamado Claudio dio también su opinión: “Si Chabán hubiera sido dueño de un multimedio, ¿se hubiera comido dos años de prisión?”, exageró. ¿Exageró?

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8.12.07 

Un puñal en el Club Ciudad

Anoche, en la primera fecha del Personal Fest y poco antes del show de Snoop Dogg, hubo un herido de arma blanca. Según me contó el periodista Roque Casciero (quien confirmó la versión con personal de Cruz Roja y la Policía), desde que trascendió la noticia hubo un importante operativo de Popart y Personal sobre la prensa para minimizar el hecho, e incluso se dio a conocer un comunicado bastante livianito en el que se habla de "un incidente entre un reducido grupo de gente", no se menciona el arma blanca ni que el herido fue operado en el Hospital Rivadavia.

Curiosamente, ningún "Ultimo momento" da cuenta de los hechos. En el sitio de Rolling Stone hay algunos datos, pero tampoco se dice que se trató de un apuñalado. Iré actualizando durante la tarde.



Update de las 14:40: Me informa Roque Casciero que el herido se llama Edisson, es de origen libanés y fue atacado por un pibe "de acento cordobés", que también atacó al acompañante de Edisson, Darío, a quien le produjo un corte menor en la cadera. Según las autoridades del Hospital Fernández, Edisson está fuera de peligro y "con un postoperatorio normal". Hay una denuncia por "lesiones" radicada en la Comisaría 35, la causa la maneja la fiscalía de Núñez-Saavedra y el agresor aún no fue detenido.

La pelea, además, provocó un desbande generalizado que podría haber producido desgracias mayores, y que hizo que la mitad de la gente se fuera del Club. Recomiendo que lean en el blog A naufragar un relato pormenorizado de esa estampida. Y efectivamente, hay gente de Personal que está llamando a los medios donde puso avisos publicitarios para monitorear solapadamente qué se va a difundir y contar que "hubo un problemita, unos pibes se agarraron a trompadas, se lastimó un chico pero ya está bien, no pasó nada". Curioso relato.


Update de las 16:05: Según cuenta un lector en los comments de este post, la compañía de celulares se encargó de borrar toda referencia a los incidentes en su sitio oficial. Debe ser "su manera de comunicarte"... aunque hay que decir que está dando resultado: ni Clarín.com, ni La Nación, ni Crónica (corrijo: acá hay una nota) ni Perfil, ni siquiera el escandaloso MinutoUno dieron nada todavía.


Update de las 20.25: Hay otro relato de lo sucedido (y de la misteriosa desaparición de comments en el sitio de Rolling Stone) en el blog Lo qué?. Y otro más en El jardín de los senderos que se bifurcan. También me llegó una versión de que uno de los integrantes de la organización del festival le habría hecho borrar una foto del herido a un fotógrafo de Crónica, pero tengo mis dudas: no por el lado de la organización, sino porque me cuesta creer que un fotógrafo de Crónica deje que le caguen una foto así como así. A esta hora, la bola crece en blogs y sitios alternativos de la red, puede leerse algo en Télam, Clarín.com sigue sin darse por enterado y en Perfil.com se resume el hecho como "En un incidente que no alcanzó a opacar la fiesta, una persona resultó herida de arma blanca y su agresor logró escapar". En el blog de Rock and Pop, al menos a esta hora, pueden leerse varios comments hablando de lo que pasó. Y ya hay un blog especialmente dedicado: PersonalFest Desastre.

Aquí está, también, el comunicado de Personal en el blog del festival: "La productora del evento informa que minutos antes de comenzar el show de Snoop Dogg en el Club Ciudad de Bs. As. se produjo un incidente entre un grupo reducido de personas del público asistente. La situación fue rápidamente controlada por el personal médico y de seguridad en el lugar y una persona fue trasladada al hospital Rivadavia. Las autoridades del hospital informaron que esta persona se encuentra bien y en observación de rutina. El show de Snoop Dogg se desarrolló con normalidad ante un público de más de 25.000 personas".

Otra vez: curioso relato.

Ultimo update, 23:05: a las 23, comienza en TN La Viola. En vivo desde el Club Ciudad, Bebe Contepomi habla del show que dieron Spinetta y sus hijos e introduce a "Ana no duerme". Del viernes solo dice que "pasaron varias bandas, pasaron muchas cosas". La opereta dio resultado.

Domingo a la mañana: aquí, la nota de Roque en el Página de hoy.

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Consejos antipiratería

No fui al show del martes en La Trastienda, pero me comentaron que Divididos tocó sólo treinta segundos de una canción nueva. "Vamos a tocar un tema nuevo. Pero para que no lo graben con un sonido de mierda ni lo suban a la red, sólo lo vamos a hacer un ratito", dijo Mollo, inaugurando una nueva y extraña forma de combatir la piratería. Hay que entender a los músicos: no es fácil de tragar eso de poner tanto esfuerzo y dinero en una obra nueva para que cualquier gilastro la ponga en la web un mes antes del lanzamiento. Por eso, desinteresadamente y sin miedo a que se piratee la idea, este blog ofrece una serie de recursos locos para músicos desesperados.

  • Contratar a un locutor para pisar los temas al estilo "Exclusivo Rock and Pop": mientras el grupo toca su canción nueva, cada tanto el tipo larga un "Auspicia Almacén Don Manolo" y listo, nadie podrá comercializarlo a expensas de los músicos.
  • Anunciar "una canción nueva", y tocar un tema viejo con la tonalidad cambiada.
  • Contratar a un grupito de Hell's Angels que patrullen el local y caguen a trompadas a todo el que esté grabando.
  • Instruir al tecladista para que tire una señal continua en una frecuencia que, a la hora de convertir la grabación a MP3, empaste el sonido de manera irremediable.
  • Componer temas con mensajes no tan subliminales: "No son canciones urgentes/ no son propiedad del oyente"; "Ella durmió al calor de las masas/ y por piratear, me siento un grasa"; "Tuve un amor en Paraguay/ un CD que se quemó mal", y así.
  • Volver a los recursos del cine mudo, haciendo la mímica de las canciones y exhibiendo carteles con los acordes y la letra.
  • Para músicos con mucha disciplina: ensayar los temas metiendo cada tanto silencios de cinco segundos, como si se cortara el sonido.
  • Una opción extremista, similar a la que venía utilizando Divididos antes del martes: no tocar jamás temas nuevos.

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7.12.07 

Debbie

Estuve viendo el Greatest Hits: Sound and Vision de Blondie que sacó EMI en formato Gift Pack (dos CD's de audio y un DVD), acompañado por Parallel Lines. Fue como volver a la adolescencia, pero sorprendiéndome de ver en colores lo que tantas veces vi en blanco y negro en Música prohibida para mayores o Música Total Videos. Y más allá de ciertas sobreactuaciones, no puedo dejar de volver a fascinarme con Deborah Harry: la mina era una calientapavas de temer, con ese look entre naif y perverso que te quemaba el marote, gambas al aire, tacos aguja y pelo platino que te hacían mirar a tu vieja y preguntarte por qué te había tocado ella y no Debbie. Y la banda sonaba: basta ver el video de "The hardest part" (del disco que más me gusta de ellos, Eat to the beat) para descubrir que, además de las zancadas desafiantes de una Harry con peluca negra y gafas, estaban Jimmy Destri, Nigel Harrison, Frank Infante, Chris Stein y Clem Burke encarnando uno de los íconos de la new wave. Si tuviera una próxima vida, me gustaría caer en el CBGB para ver a Debbie en primera fila.

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5.12.07 

Una blanca-negra sin rehabilitación

(Publicado hoy en Página/12)


“They tried to make me go to rehab, I said no, no, no...”: es, seguramente, una de las frases del año. Por su honestidad brutal y por el contexto, una de esas canciones a las que le alcanza con sonar un par de veces en la radio para que quien esté cerca pare la oreja y pregunte quién es esa mina. Millones de personas se hicieron esa pregunta, convirtiendo en hit a Back to Black, segundo disco de Amy Winehouse. Pero lo curioso es que aún hoy, con ese disco y con el flamante DVD I Told You I Was Trouble a la vista, se siguen haciendo la misma pregunta. ¿Quién es Amy Winehouse? ¿La prometedora cantante que ya aparecía en Frank (2003), debut grabado a los 20 años? ¿La errática artista beoda que, en más de un show, apenas puede tenerse en pie y se olvida las letras, para desconcierto de un público extasiado por su voz? ¿La propulsora de escándalos tipo Sid & Nancy junto a su marido Blake Fielder-Civil? ¿Una Aretha Franklin blanca y en plan anoréxico?

Amy es todo eso y algo más. En el documental del DVD, una fan confiesa que, cuando vio uno de sus videos, algo no terminaba de cuadrar: “No me cerraba que esa flaquita insignificante tuviera semejante voz”, dice, y no le falta razón. Sobre el escenario del Shepherd’s Bush Empire londinense, Amy luce frágil, cohibida frente al delirio de la platea. Hasta que se lanza con “Addicted”, “Back to Black”, “Tears Dry on Their Own”, “Love Is A Losing Game” o el hit “Rehab” y esa voz, con la perfecta combinación de aspereza y terciopelo necesaria para abordar el jazz y el soul, lo gana todo. Como Joss Stone, Winehouse logra capturar el espíritu negro careciendo del factor genético, y lo hace con canciones llenas de alma, y una performance enriquecida por la paradoja entre su evidente timidez y la contundencia de su interpretación.

Así, I Told You I Was Trouble sirve como adecuado retrato de la cantante inglesa, que en estos días descartó nuevas presentaciones alegando un “cuadro de agotamiento”, contribuyendo así a su leyenda alcohólica. No solo por el brillante show retratado en el DVD, sino también por el documental, que incluye la filmación casera de su primera audición para Island Records, una simpática entrevista con papá Winehouse a bordo de su taxi y varias declaraciones de la artista, que analiza desde sus pasiones musicales y su berretín por los peinados exóticos hasta las cuestiones que llevaron a una canción como Rehab. Allí, Amy habla de sus problemas con el alcohol en pasado, explica que lo suyo fue un traspié sentimental que debió ahogar con algo y mira hacia delante con una confianza que las últimas noticias y fotografías escandalosas se empeñan en desmentir. No vale la pena juzgarla, o estigmatizarla como un Cobain con polleras. Simplemente cruzar los dedos para que, rehabilitación o no, haya más canciones con tanto fuego.

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3.12.07 

La historia en 4 mil caracteres

Un curioso resumen de la música argentina a cargo del nuevo megaportal Argentina.ar. Lo más inexplicable es la inclusión de la anécdota de Pappo y BB King.

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2.12.07 

Policías en acción


(Foto: Bernardino Avila)

De arranque nomás, hay que aclarar que vi el show en un lugar donde la buena visión y sonido estaban garantizados, con lo que probablemente la experiencia haya sido bien distinta a la de quienes debieron lidiar con las habituales delicias del campo de fútbol (una pequeña digresión: ¿por que Campo VIP? ¿Por qué esa pátina pretendidamente fashion, esa asociación "los que pagan 400 pesos + service charge son Very Important Persons"? ¿Por qué no "Campo Preferencial" o algo menos pretensioso? ¿Qué diría Pomelo del campo VIP?). Pero cerraron con "Next tou you", primera canción del primer disco, la primera canción que escuché en mi vida de The Police, y le pusieron un moño a una noche de ésas que te quedan colgadas en la memoria.

Qué banda del carajo fueron, qué banda del carajo volvieron a ser.

Andy Summers tiene como un aspecto general de señora gorda... hasta que en "When the world is running down, you make the best of what's still around" pela un solo que disipa todo cinismo. Stewart Copeland es un baterista al que podrías mirar toda la noche, con un estilo único y ese set de chirimbolos metálicos para "Wrapped around your finger" y "King of pain" que recuerda los shows de Synchronicity, pero la gira de Synchronicity la vimos por TV. Y Sting, la puta que lo parió, yo quiero llegar así a los 60 (y sé que será imposible), atlético, capaz de trajinar el escenario como siempre, con ese bajo hecho mierda por fuera pero bien tuneado por dentro para arrancarte la cabeza, la voz intacta y la actitud necesaria, convencido de que estas canciones merecían una juntada de una banda esencial en la historia de la música. "Sting y yo nos miramos como criaturas de planetas distintos, aunque apreciamos el efecto valioso que tenemos en el otro", dijo Copeland en la muy buena entrevista que le hizo Roque Casciero en Página. Ese es el gran capital de este Police 2007: nunca llegarán a ser amigos en la vida, pero su hermandad musical permitió que viéramos un cacho de historia en el Monumental, y no estuviera en sepia. El que diga que salieron a robar no prestó la debida atención a la demoledora versión de "Can't stand losing you" o el rescate de rarezas -en un contexto de greatest hits- como "Hole in my life", "Voices inside my head" o "Truth hits everybody". No se dejó llevar por la tentación de terminar desaforado y a los saltos con "So lonely". Y no quiso interpretar el griterío general para la remanida "Every breath you take" también como una certificación de himno popular.

Vi a The Police y sí, toda mi adolescencia anduvo revoloteando en cada canción. Pero el puro presente bajo la llovizna que saludó a "Message in a bottle", la sensación de haber metido una figurita bien difícil en el álbum, la potencia de esas canciones más allá del tiempo, valió más que cualquier apunte de nostalgia.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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