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10.12.07 

Parlantes

Me revienta terminar hablando mucho más de lo que rodea a la música que de la música en sí. Uno habla de un montón de cosas con sus amigos, pero pocas conversaciones dan tanto placer como las que tienen que ver con la música. No con lo que pudimos escuchar en el megafestival o lo que nos depara la radio, sino con eso que nos hizo amarla, el desmenuzar una canción y detenerse, regodearse, en cómo suena esa guitarra, el modo en que el tipo entra a cantar el estribillo y la clava en un ángulo, ese corte exacto donde tiene que ir partiendo el clima en dos. Con mi mejor amigo tenemos conversaciones sobre música desde los trece, catorce años, y a los 40 recuerdo con envidiable precisión lo que nos conmocionaba escuchar un disco al taco y dejar que la música nos ganara el alma sin remedio. Tirarse un larguísimo rato en el piso que tiembla, estudiando una tapa doble de vinilo, las caras de terror de la multitud bajo las garras del robot gigante de News of the World o las carulas de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, los angeles fumando y jugando al poker en Heaven and Hell de Black Sabbath y la tetralogía de Led Zeppelin entre 1969 y 1971. Una vez que viviste la música con esa pasión, es casi imposible que se te vaya. Y si se te va, bang bang estás liquidado.

Un par de antídotos para tanta basura del fin de semana que pasó. Clavarse los auriculares con el único y glorioso disco de The Spent Poets. Apoltronarse en el sillón frente a los parlantes y poner a todo gas The good son de Nick Cave & The Bad Seeds. Y un rato de Swordfishtrombones de Tom Waits. Recordar por qué nos terminamos bancando el maltrato, el marketeo de todo, la conversión del acto de la música en bits y entretenimientos ya incorporados al chiche digital que te venden en el stand, el botoncito en las computadoras que hoy ofician de estudios: en algunos añejos reportajes se hablaba de grabar en tal o cual famoso estudio de grabación, hoy hay que ver cuántos plugins tiene el ingeniero. Nos bancamos todo eso, que existan discos fabricados en serie con cantantes que suenan todas igual y abusan del Autotune, que haya tipos que no saben afinar su guitarra y no saben que existen afinadores a pila e incluso más sofisticados (esta semana leí que hay una guitarra con botoncito para afinar. Parece sensato, aunque también parece un arma de doble filo), nos bancamos todo eso, digo, porque siempre estamos buscando la canción que nos mueva el piso y nos recuerde por qué tenemos esa pasión.

Poner The bends de Radiohead o Psychocandy de Jesus and Mary Chain o Starless and bible black de King Crimson y empezar a patear cosas. Y putear, que no podemos perder ese derecho.

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Muy cierto lo que contás. Y recuerdo otras tapas que me dejaban hipnotizado: el otro angelito fumando, pero como una travesura de niño, del disco "1984" de Van Halen; o los ladrillos blancos de la tapa de "The Wall".
Bien por tu consejo; voy con "Psychocandy", me calzo los lentes oscuros, salgo a la calle y me elevo.

El título del post es perfecto Fabre, ya que me recuerda a esa canción de Spinetta donde hacía esa pregunta "todos los espejos dan a qué? Por todas partes voy buscando un aprlante". Una preciosa metáfora de lo que vos mismo explicás en este ensayito.

Tambièn están los discos que te comprás por la tapa. A mí me pasó eso con "Vitalogy" de Pearl Jam.

Está buenísimo patear cosas con Crimson. Y más si ponés Larks tongues in Aspic....

Saludos, Eduardo.

Mati.

estimado eduardo: recién vi que personal colgo de su site un nuevo comunicado. (creo que lo pusieron hoy, ayer no estaba si mal no recuerdo). por cualquier cosa podés levantarlo de mi blog: www.tintenkuli.wordpress.com

abrazo,
m

El viernes pasado ví por enésima vez High Fidelity, y como que tuve un "deja vu" de la peli con tu post.
Me hizo acordar a los parloteos de J.Cusack.
Estoy esperando que pongas algo del show de Zeppelin

Saludos

Dash

cuando estoy solo en casa, pongo el disco uno de Live Killers a fondo.. a veces temo por la integridad de mi hogar.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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