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31.12.07 

Un escenario sin escenarios

(Publicado hoy en Página/12)


Tres años son poco tiempo y son mucho tiempo: aunque parezca exagerado, ya hay una camada de músicos under que vive el post Cromañón como una realidad instalada, como el esquema inevitable en el que hay que encontrar la difícil manera de colgarse la guitarra y salir a mostrar lo propio. La restrictiva legislación surgida después de la tragedia de Cromañón impuso un cerco a los pequeños boliches donde se desarrollaba la actividad musical, a las milongas y a las salas de teatro independiente: con el correr del tiempo, los últimos dos rubros pudieron ir regularizando su situación, haciendo visible la infinidad de matices sobre la paranoia desatada, esa presunción de que todo boliche pequeño era un peligro en potencia.

En ese sentido, la industria del rock todavía tiene un largo camino por recorrer, y nadie se lo hará precisamente fácil. La supresión del bolicherío fomentó la consolidación de un esquema monopólico en el cual los grupos under deben someterse a las condiciones de quienes detentan la manija, sea en los pocos locales “habilitados” o en los megafestivales donde se amontonan las bandas en escenarios menores y horarios de baja exposición. El 15 de febrero de este año, la Unión de Músicos Independientes fundada por Diego Boris y Cristian Aldana llevó a cabo la primera acción contundente en pos de allanar el camino, cuando presentó ante el Tribunal Superior de la Ciudad de Buenos Aires un pedido de inconstitucionalidad de las normas que exigen permisos especiales para el rock en vivo. En la audiencia pública realizada a mediados de año, los músicos declarantes se esmeraron en demostrar la discriminación que significa que cualquier grupo sea considerado a priori como un émulo de Callejeros, y por tanto peligroso para la integridad de la ciudadanía.

El post Cromañón ofrece así una buena batería de paradojas: el grupo que fomentó y festejó el uso de bengalas, a cargo de la organización del show del 30 de diciembre, volvió a tocar, a grabar y vender su disco, mientras todos los músicos que vinieron detrás deben sacar patente de respetables para poder ocupar un escenario, aunque sea mínimo. La liberación de Omar Chabán hasta la realización del juicio oral, la asunción de Aníbal Ibarra como legislador desataron airados gritos de injusticia, pero el grupo corresponsable enarboló toda vez que pudo su “derecho a trabajar”, para festejar su regreso al escenario con la frase “chúpenla, por caretas”. Hoy abundan los rumores que hablan de una fractura terminal en el seno del grupo, pero eso a esta altura ya es anécdota.

Lo que no es anecdótico es el panorama reinante. En esa lectura liviana que tras Cromañón sindicó al rock como un peligro para la sociedad, se cercenó violentamente el derecho al trabajo de una multitud de jóvenes cuyo delito es seguir alimentando un género artístico con más de cuarenta años de existencia. Los festivales, las visitas internacionales, los eventos organizados desde el Estado nacional o metropolitano, el movimiento de público, parecen dar cuenta de un momento saludable, pero en la base hay una podredumbre que es necesario remover para poder mirar más allá de lo inmediato. El rock independiente no necesita más lugares comunes, sino lugares para tocar. Tres años después, la deuda sigue pendiente.



(recomiendo leer también la nota de Carlos Rodríguez acerca de los sobrevivientes)

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quisiera agregarle a tu comentario,que lo mas grave de todo esto son las 196 muertes que dejo por ahora esta tragedia,pues hace poco murieon dos chicos mas,es de notar tambien el estado sicologico de los sobrevivientes sus angustias depresiones y toda secuela post traumatica,aunque atenuada por el paso de los años,pero que se manifiesta ante la falta de justicia,y esa es la gran deuda pendiente.En los comienzos del rock tampoco habia muchos lugares donde tocar,pero con el tiempo se consiguieron pero las vidas que se perdieron no se recuperan jamas.Por supuesto que no es bueno la falta de espacios para tocar,ademas no han cambiado mucho las condiciones de seguridad,en los conciertos.Pero en esta fecha creo desde mi humilde opinion que la reflexion debe ir en otro sentido,el de la ambicion de algunos empresarios,la incapacidad de los politicos,las propias responsabilidades como publico y que todo eso como la corrupcion tambien mata.Perdon po lo extenso y que este nuevo año nos traiga justicia paz y rocanrol.Fabianus

Está claro, Fabianus. No toqué el tema porque la nota central de Carlos Rodríguez habla precisamente de las víctimas y los sobrevivientes: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-96841-2007-12-30.html

Eduardo, qué es lo de "chúpenla, por caretas" quién lo dijo en que situación?, porque no estoy enterado, o me pasás un link que explaye eso?

El under es cada vez más difícil sumado a la ausencia de lugares para tocar, se suma la ominipresencia de pop art en cada festival organizativo que no te queda más que tranzar con ellos para lograr difusión, y si no te queda tocar en el under, pero por la maldita cultura nuestra de ver la banda que voy a ver y no me quedo a ver el resto el público es siempre el mismo y si no tenés acceso a los medios nunca se va a poder dar a conocer tu material. Pero bueno después de todo creo qeu ese es el precio de la fama, lo que menos me preocupa, me preocupa más que los lugares que voy a tocar llevándole 70 personas le lleno el boliche y salgo perdiendo plata o quedando echo, pero nunca recuperar la plata que uno invierte, pero que se yo. Estarán los que dirán te hubieses quedado en tu casa tocando la guitarrita si tanto te gusta, es el precio de la fama, y si, tienen razón, pero quiero intentar vivir de lo que me gusta.

Adios

Si es muy buena la nota aunque cita a Miglino quien se hace pasar por sobreviviente,ademas de ser un abogado ligado a blumberg pues estuvo en el palco con este en uno de sus actos,del primer grupo de sobrevivientes que este represento el 80 por ciento huyo despavorido cuando se enteraron que no habia presentado ninguna querella,y que lo unico que buscaba era un redito economico y quizas alguna candidatura,pero de todas maneras la nota refleja las necesidades de estos pibes.Fabianus

El 21 de setiembre de 2006 en Córdoba, en el primer show de Callejeros después de Cromañón, Patricio Fontanet agradeció a la gente del Chateau Carreras y al organizador José Palazzo, y cerró: "A los demás, chúpenla, por caretas".

Tengo los huevos llenos de Cromañón. Sáquenla un poquito... ¿Es negocio seguir hablando del tema y centrar toda la música en vivo alrededor? Cromañón fue una tragedia, tal como pudo ocurrir en cualquier otra concentración urbana. Lo que vino después es pura expresión del fascismo, hasta la fecha.

El impedimento de los grupos para tocar puede ser expresion de fascismo,pero tambien es una acabada expresion del mismo pretender que un hecho tan grave que costo tantas vidas y dejo secuelas tan profundas en la sociedad sea olvidado o tomado a la ligera porque alguien tiene los huevos llenos,para estos casos los de los huevos colmados ,digo,hace lo que haciamos en nuestra temprana adolescencia,encerrate en el baño,o mejor ponete en el lugar de las victimas o de los musicos que no se pueden expresar.Fabianus

Uno: ¿De verdad creés que se sigue hablando de Cromañón porque "es negocio"?

Entiendo lo que decís en tu nota.

Pero tal vez (sólo tal vez) podríamos pensar estas trabas legales y burocráticas para tocar que vos describís como una contribución a que se acabe el "rock" tal como lo conocemos. Vos mismo hablás de una "industria del rock"; ¿es eso lo que debería significar una experiencia estética? ¿sólo una estructura que permita que un par de gauchos se ganen la vida?
Creo que lo que vemos hoy no es sino el cadáver del rock (y por eso no es extraño que sus últimos coletazos –Cromagnon– no produzcan más que cuerpos muertos, como una manera de contagio o de epidemia).
Leo lo de "derecho a trabajar" y recuerdo lo que los Pistols decían, reivindicando a los situacionistas, "we´re pretty vacant... AND WE DON´T CARE": lo que se tiene que reivindicar, ante el estado de cosas actual, es el derecho a NO TRABAJAR. Si no el "rock" (hasta me da pudor escribir la palabra) es otra forma de alienación, ¿o no?

Ya sé que no es 1977, y que no estamos en Londres, pero reconocer el rock como una forma ya folklórica, es decir, bien lejos de cualquier idea de ruptura, alcanza para no lamentarse tanto. Alguien se podría preguntar por qué debiera el rock ser ruptura, pero, bué, no quiero abusar de este espacio.

Pero es sólo mi opinión. :)
¡Saludos, Eduardo!

por favor...que alguien me traduzca, porque no entiendo que quiso decir ni donde quiso ir "nuestro vietnam" con su comentario... :/

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  • Eduardo Fabregat
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