30.1.08 

Digital mambo

(Publicado hoy en Página/12)


“I’ve seen the future and it works”, cantó Prince en lo que, a la luz de la realidad actual, puede considerarse como un período precámbrico del negocio de la música. Prince no se equivocó. Algunos años después de aquella banda de sonido de Batman, él sería el primero en comercializar un disco exclusivamente por Internet, el triple Crystal Ball. Fue un tímido paso que comenzó a pavimentar un caminito, pero ese caminito es hoy una autopista de varios carriles: eso queda claro a la luz del IFPI Digital Music Report 2008, el informe elaborado por la International Federation of the Phonographic Industry, el ente que nuclea a las discográficas de todo el mundo. “Una increíble revolución recorre la industria de la música”, señala allí John Kennedy, CEO de IFPI, y los 2,9 billones de dólares que recaudó la venta digital el año pasado no pueden menos que darle la razón. La profecía de Prince se cumple. El futuro funciona.

A comienzos de esta década, la industria discográfica parecía en riesgo cierto de extinción: el sistema de compresión MP3 desencadenó una serie de fenómenos de difícil respuesta, sobre todo para compañías habituadas a un modelo de negocio que, intercambio online y piratería mediante, empezó a caerse a pedazos. En la era del primer Napster, el download ilegal de canciones se parecía a un monstruo de mil cabezas: podía ponerse en vereda al hacker Shawn Fanning –de hecho, hoy Napster es un exitoso sitio legal–, pero por cada peer-to-peer (P2P) anulado aparecían otros cinco que multiplicaban la sangría. Los primeros esfuerzos se concentraron en la lucha legal, llegando a adoptar políticas propias del 1984 de Orwell (vigilancia de redes de campus universitarios, procesos judiciales a usuarios que ofrecen archivos en la red, demandas a los proveedores de Internet para que revelen la identidad detrás de la dirección IP de sus clientes), pero al mismo tiempo la industria trató de encontrar variantes, modos de comercialización que compensaran el ocaso del compact disc.

En ese camino hubo errores resonantes como el DualDisc, un CD con un lado de audio y otro de DVD que reventó más de una computadora y reproductor, y debió ser descartado cuando recién empezaba su recorrido. O la imposición del sistema DRM en cada track: el Digital Rights Management apuntaba a la seguridad, a que la canción comprada en Internet sólo pudiera ser usada por una persona en su reproductor. Pero el hecho de que una canción comprada en el sitio iTunes sólo pudiera ser usada en un iPod levantó infinidad de protestas. Y, al cabo, lo que la industria busca es un modelo universal, que la gente se acostumbre a comprar canciones –o discos completos, o ringtones para su teléfono móvil– y escucharlas en la PC, reproductor o modelo de celular que tenga sin trabas.

Aprendidas esas lecciones, la industria de la música está llegando no al ideal, pero sí a un modelo de negocio que en 2007 empezó a dar frutos fuertes. Basta como ejemplo lo que ocurrió con Justin Timberlake, quien lanzó FutureSex/Love sounds en 115 productos diferentes que vendieron 19 millones de unidades, de las cuales sólo el 20% se presentaba en CD. La explosión de la banda ancha, los sitios de descarga legal y el floreciente mercado de los teléfonos móviles son sólo la punta de un iceberg que incluye ideas como el Platinum MusicPass de Sony BMG, una tarjeta que comenzó a comercializarse a comienzos de este mes en Estados Unidos y Canadá y que contiene un código para bajarse álbumes completos en el sitio MusicPass.com. Los proveedores de servicios celulares abrieron sus puertas al negocio de backtones, mastertones (fragmentos de canciones para usar como ringtone), videotones y canciones completas, variantes que ya representan el 12 por ciento del mercado digital. Nokia –que en 2007 vendió 220 millones de teléfonos con reproductor de música, tres veces más que el iPod– lanza nuevos modelos con el lema Comes with music (“Viene con música”). En Francia, Universal y el proveedor de Internet Neuf Cegetel ofrecen un servicio integral de banda ancha, teléfono fijo, televisión digital y descarga libre del catálogo del sello. Bandas clásicas como Led Zeppelin y AC/DC vuelven a vender todo su catálogo a través de sitios legales y teléfonos. EMI y Burger King se asocian para regalar una canción online incluida en ciertos menúes, en una reformulación de la “cajita feliz”. En Inglaterra, más del 90 por ciento de los singles vendidos fue en formato digital, y en 2007 se descargaron 77,6 millones de canciones. En Estados Unidos esa cifra llegó a 844 millones.

Entonces, ¿todo es alegría en la industria musical? “La recaudación digital está creciendo y se está diversificando, mientras el modelo de negocio cambia de una forma dominante a cientos de canales y productos”, se entusiasma Kennedy. Pero enseguida llega el sopapo: por cada download legal hay 20 ilegales; la aparición de discos en Internet tres semanas antes de su lanzamiento, en sitios como el ya difunto OiNK, provoca pérdidas millonarias; el 37 por ciento de las descargas por celular en Japón es pirata; las compañías estadounidenses perdieron, hasta agosto de 2007, 3,7 billones de dólares por el intercambio ilegal de música, que ya no es solo por programas P2P sino también a través de blogs, email, sistemas fragmentados como BitTorrent, foros como SkaFunkRastaPunk o “armarios” digitales como RapidShare.

Por eso, Kennedy señala que el tema central para 2008 es “hacer de la responsabilidad de las ISP una realidad”. En noviembre del año pasado, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, señaló que “Internet no puede convertirse en el Salvaje Oeste” y anunció un acuerdo tripartito entre el gobierno, las discográficas y las internet service providers, para poner en marcha un sistema que identifique a quienes violan derechos de autor a gran escala y los desconecte del sistema. Es que IFPI pudo comprobar que la única manera de dominar a aquel monstruo de mil cabezas es ir directamente a quien abre la canilla de Internet: apelando a que el tráfico de archivos reduce el ancho de banda (según señalan algunos analistas, el creciente tráfico en la red podría hacer imposible en el futuro cercano un nuevo emprendimiento al estilo YouTube), el gobierno francés consiguió de los proveedores algo similar a lo que sucede en Estados Unidos, donde monstruos como AT&T no tienen mayor problema en cursarle a la Justicia el nombre de los usuarios que trafican canciones en la web.

La iniciativa de Sarkozy, sin embargo, tropezó con un escollo importante ayer en Bruselas, donde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea rechazó una demanda presentada por la Asociación de Productores y Editores de Música de España (Promusicae) contra la empresa Telefónica, para conocer los datos personales de los usuarios que habían descargado música a través de Kazaa, identificados sólo por su dirección IP. La empresa respondió que, según la legislación española, sólo estaba autorizada a entregar esos datos en el marco de una investigación penal o por cuestiones de seguridad pública y de defensa nacional. Y el fallo señaló que “el derecho comunitario no obliga a los Estados miembro a divulgar datos personales con objeto de garantizar la protección efectiva de los derechos de autor, en el marco de un procedimiento civil”.

Así las cosas, y teniendo en cuenta el ritmo frenético que adoptó el mercado digital en el último año, puede empezar a considerarse al CD como un formato obsoleto. No en Argentina, donde se lleva el 94 por ciento de las ventas, pero sí a nivel global, donde el marketing apunta más a la venta de chiches tecnológicos que a un soporte determinado –el chiche es el soporte– y a un consumo más fragmentado de la música. El fin del “álbum conceptual”, si se quiere. En la era digital, el fetichismo se mide en ceros y unos, megabytes de almacenaje y facilidades de descarga. Un tal Thomas Alva Edison, inventor de un aparato antediluviano llamado gramófono, estaría algo perplejo. Por lo menos.



En cifras

350 millones

Las líneas de banda ancha en el mundo, 23% más que en 2006.

2,5 billones

Las suscripciones desde celulares, 11% más que en 2006.

140 millones

Los reproductores portátiles vendidos, un 15% más que el año anterior.

1,7 billón

La cantidad de canciones bajadas legalmente, lo que representa un 53% más que en 2006.

2,9 billones

La cantidad de dólares que ingresó la venta digital en 2007.

15 por ciento

La porción de mercado que alcanzó la comercialización digital de música.

Más de 100

La cantidad de formatos diferentes que puede adoptar el lanzamiento de un artista de primera línea.

Más de 500

La cantidad de tiendas de música online.

6 millones

La cantidad de tracks disponibles en las principales tiendas online.

3 millones

La cantidad de grupos, sólo de rock y rhythm and blues, con sitio en MySpace.

20

La cantidad de canciones que se baja de forma ilegal por cada track legal vendido.




El balance en Argentina

Aquí, el CD aún es el motor del negocio

A diferencia de la tendencia que se verifica en el Primer Mundo, la Argentina aún posee una industria basada en el compact disc, que se lleva el 91,45% de las ventas de música grabada. Pero, aunque la piratería aún tiene un 60% del mercado local, el informe anual de la Cámara de Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif) dio razones para el optimismo. En 2007, y por quinto año consecutivo, la industria discográfica siguió recuperándose de los infiernos a los que descendió en 2002, cuando apenas superó los 6 millones de unidades vendidas. Con un total de 18.164.947 unidades (lo que integra CD, DVD, casetes y singles) por una facturación de $376.669.527, el balance de 2007 marcó un aumento del 5% con respecto al año anterior.

Las 877.010 unidades de diferencia con 2006 son sólo uno de los motivos de optimismo para los representantes de las compañías discográficas. El mismo informe de Capif señala que en la temporada pasada el negocio digital, a través de la descarga desde celulares y de sitios como 10Musica, Farolatino, Ubbimusica y Zapmusic, experimentó un crecimiento del 294%, alcanzando el 4,1% del mercado total y llevando ese 5% de los soportes físicos a una tasa de crecimiento del 9,6%. Si en los años anteriores el formato estrella fue el DVD, que en 2007 saltó del 6,06% al 7,67% del mercado (un crecimiento del 30%), la comercialización digital es hoy uno de los focos centrales a desarrollar. “La industria de la música atraviesa un momento de cambio, de creación de nuevos modelos de negocios”, señala en el informe Javier Delupí, director ejecutivo de Capif. “No se trata de adaptar los viejos modelos, sino de generar otros que nos permitan un crecimiento sostenido del talento de los artistas y de las producciones”. Como en el resto del mundo, el objetivo de Capif es “combatir la piratería tanto en Internet como en los circuitos de producción y venta ilegal, e informar y concientizar al público, ya que la piratería no incentiva la creación ni el trabajo de los protagonistas de la música.”

Más allá de los números y los formatos, hay un dato del informe 2007 que debería llamar más la atención, y que es la participación de los artistas argentinos en la torta general. Si en 2004 y 2005 la música argentina representó el 50% de las ventas, en 2006 ese porcentaje se redujo, y el año pasado perdió otros tres puntos, clavándose en el 44,76%. Ese terreno perdido se repartió entre los “artistas en español” y en inglés (ver cuadros): así queda claro que no todas son flores en un mercado que crece, pero reduce los márgenes de los artistas locales. De hecho, en el top ten de discos vendidos sólo aparecen Patito Feo (en el primero y el octavo lugar) y la recopilación Me verás volver de Soda Stereo (tercero). Lo demás es terreno de Serrat/Sabina, Ricardo Arjona, Maná, Chayanne y High school musical.

Etiquetas: , , , ,

23.1.08 

Cinecrofilia




La conversación, en las oficinas de Warner Bros., compañía productora de The Dark Knight, el film de Christopher Nolan que retoma a Batman, con Christian Bale y Heath Ledger como el Joker.

- Porque la fecha original es el 31, pero todavía no salió el informe que le pedimos a la consultora...
- Fuck la consultora, yo no creo que esté mal.
- Pero el respeto por los familiares...
- Ahí está. Comunicamos oficialmente que por respeto a los familiares retrasamos el estreno dos semanas, y en esas dos semanas se multiplica la expectativa y triplicamos lo que habíamos calculado.
- OK. ¿Qué vamos a tener de extras para el DVD?

Etiquetas:

20.1.08 

Estanterías flojas

Una muy buena nota de Silvina Friera en el Página de hoy, sobre la delicada situación de las librerías: se editan 20 mil libros al año, pero cada vez hay menos espacio para mostrarlos y venderlos.

Etiquetas: ,

18.1.08 

Todo debe irse

La noticia del UM de Clarín da cuenta de un hecho habitual en las vacaciones, que suele ocupar amplio centimetraje y segundaje televisivo: los robos en la costa. Lo curioso es cómo el sitio aprovecha para desarrollar una nueva plataforma de negocios: en las frases "robaron relojes, celulares y cámaras digitales", al pasar el mouse por esas palabras aparece una ventanita de Masoportunidades.com con la frase "¡Compralo! ¡Click acá!". Incluso, con un poco de suerte quizá hasta se pueden conseguir los mismos artículos robados.

Etiquetas:

16.1.08 

Audiobiografía II

Los primeros cinco CD's de mi colección le dan forma a un raro abanico estilístico. El primero que me compré fue The Elektric Band, de Chick Corea: no porque me gustara especialmente Corea, sino porque imaginé que tendría una limpidez de sonido ideal para apreciar esa nueva maravilla tecnológica. El embole que me produjo hizo que se lo prestara a Victoria Aranda, por ese entonces compañera de laburo en 13/20. Nunca me lo devolvió, y no lo lamento ni un poco. El segundo fue Wrong way up, de John Cale y Brian Eno: una perla, un disco precioso que sigo escuchando a menudo, a pesar de la enorme competencia por un lugar en la compactera. El tercero fue un regalo: Brothers in arms, de Dire Straits, que sonaba realmente distinto al vinilo... o así me pareció en su momento. El cuarto, obvia influencia de lo que sonaba insistentemente en Rock and Pop a comienzos de 1991, fue The real thing, de Faith No More: enganchado por la monumental "Epic", me encontré con una banda del carajo y una versión de "War pigs" de Black Sabbath que está muy bien. Ese me lo compré en la disquería de la dupla Rosso/Pau, al igual que uno medio raro de The Mission, unos out takes de Carved in Sand agrupados bajo el título de Grains of sand. Los Mission suelen ser señalados como una banda de segunda división en la patria dark, pero a mí me caen bien. Y en ese disco hay una formidable versión de "Mr. pleasant", de The Kinks, que garpó largamente la compra.

¿Cuáles fueron tus primeros cinco?

Etiquetas: ,

11.1.08 

Minibalance

Con la repentización de un integrante de la logia de los puestos, hoy al fin llegué a la conclusión de que los tres discos argentinos que más me gustaron en 2007 fueron La lengua popular, de Andrés Calamaro; Porco Rex, del Indio Solari, y Basta, de Las Pelotas. Y ojo que no estoy haciendo uso del viejo truquito periodístico de "lo mejor de...". Dije "los que más me gustaron".

Etiquetas:

9.1.08 

Mantenimiento

En un informe de Canal 13 vi a un instalador de aires acondicionados hablando del trabajo a destajo de estos días. Sin la más mínima diplomacia, el tipo soltó: "Y... no estamos haciendo nada de servicio técnico. Nos estamos dedicando solo a instalar, que es lo que más nos conviene". O sea: te instalamos el aparato, te la damos por la cabeza y, si dos días después el monstruito no anda... macho, arreglate como puedas. Argentina potencia!

Etiquetas: ,

8.1.08 

Al horno

Sí, ya sé que no es ninguna originalidad. Pero la mención es porque, ya que Aires Dudosos está en estos días del temperamento de un horno de pan, aprovecho mis días off P/12 y no me muevo de al lado de la pileta. O sea: no esperen mucho posteo.

4.1.08 

Depresión

Acabo de leer en el de Clarín que todo indica que se separan los Jóvenes Pordioseros. Creo que esta noche no voy a poder dormir.

Etiquetas: ,

3.1.08 

Ir al velatorio de alguien que tenía solo cinco años más que vos es muy fuerte.

2.1.08 

Javier Rama, Macoco Jack

(Publicado hoy en Página/12)



En el Festival Grec de 2001, Argentina fue el país invitado: el seleccionado de artistas que viajó a Barcelona incluyó a Los Macocos, que mostraron a sala llena La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi. En esa oportunidad, hice una entrevista con el grupo en la playa de Sitges, en la que abundaron las bromas sobre nuestra condición de argentinos en crisis en ese contexto paradisíaco. Como el grupo ya había terminado sus presentaciones, nos despedimos hasta un próximo reencuentro en Buenos Aires. Pero al día siguiente, recorriendo las empinadas agujas de la Sagrada Familia, desemboqué en un descanso... y me topé con Martín Salazar, Daniel Casablanca y Javier Rama. Incrédulos, interpretamos ese encuentro entre las miles de posibilidades que ofrecía la ciudad como otro signo de lo que sucede con los argentinos cuando se desperdigan por el mundo, e hicimos un simbólico brindis en las alturas por esas Geometrías de un viaje que nos habían vuelto a cruzar.

Es una de mis anécdotas preferidas de una larga relación de amistad con Los Macocos, pero hoy tiene el peso de esos dolores que no se van así nomás: el Año Nuevo se llevó a Javier, que hace ya un tiempo había zafado de una operación truculenta y venía penando desde hacía un par de meses por un cáncer que no ofrecía esperanzas. Saber que no había otro final posible no sirvió para prepararse, para hacerse a la idea: uno nunca está preparado para la muerte, y no hay manera de meterse en la cabeza la idea de que una persona tan vital, con ese empuje, esa pasión artística, ya no esté. Uno se queda esperando que a la hora del saludo suba a escena el Quinto Macoco, el hombre en las sombras que completaba la tarea de Salazar, Casablanca, Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts.

Esa definición era bien apropiada. Javier llegó a la banda de teatro en las Bacanales Macocales de comienzos de los ’90, cuando abandonó la tarea de actuación que había desarrollado en Fluvius junto a Xicarts y Wolf para trabajar en Macocos como “sintetizador de ideas”, e ir ocupando paulatinamente el puesto de director y puestista en un grupo que, con cuatro cabezas igualmente pensantes, necesitaba un catalizador, un mediador, una pared nueva para seguir tirando ideas. Vinieron la poderosísima Adiós y buena suerte, Geometría de un viaje, Macocrisis, los Guisos, Los Albornoz, Androcles y el león, Fábula de la princesa Turandot, Marrapodi, Continente viril, Super Crisol (Open 24 horas): sin abandonar el espíritu independiente que los hizo brillar en el C. C. Rojas, Los Macocos supieron cambiar su propio juego. O, como explicó el mismo Javier: “Fuimos entendiendo que teníamos que armar un esquema de producción que sustentara lo artístico. Al principio te cagás en todo, quiero contar esto y de esta manera. Te une ese entusiasmo, pero si no creás una estructura que te sostenga... Termina el empuje de la idea y chau”. El grupo capeó todos los temporales externos e internos (“pasamos por todos los tipos de confabulaciones y alianzas posibles, de cuatro contra uno a cinco contra ninguno”), generó la estructura para sostenerse y construyó una química interna basada en dos simples preceptos, sintetizados en “Hay que ser bueno” y “No vale mentir”. Se dedicó a crear, a actuar, al difícil arte de hacer reír, a la quimera de defender el teatro en un país acosado por Macocrisis de toda clase. En escena, el cuarteto hacía desternillar a la platea. En la cabina, el quinto Macoco sólo suspiraba aliviado cuando llegaba el momento del saludo en medio de una ovación.

Javier Rama tenía sólo 45 años, era pasional como buen descendiente de gallegos, siempre listo para una buena trasnoche de charla en la que hacía gala de su cultura y su propensión a la carcajada. Este cronista preferiría estar dando otras noticias. Mejor aún: preferiría estar otra vez en la playa de Sitges, frente a un plato de navajitas y una clarita bien fría. En Geometría de un viaje, Los Macocos sostuvieron que “toda ilusión condena a la gloria de un instante”. Me quedo, entonces, con ese instante glorioso en las alturas imaginadas por Gaudí, cuando nos convencimos de que podíamos vulnerar las leyes del universo.

Adiós, Macoco Jack.

Etiquetas: ,

Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
Powered by Blogger
Creative Commons License
Este blog está bajo una licencia Creative Commons Argentina.