« Home | De regreso » | Sobre el malestar en la cultura » | Protestar » | Polvorín en St. Germain » | "Hay lugar para toda clase de cine" » | La vida en bici » | Curiosidad oriental » | Valijas envueltas » | Audiobiografía III » | Goldfrapp melanco » 

14.3.08 

Postales

(en lo alto del Arco del Triunfo)

  • Entrar a las librerías, detenerse, aspirar profundamente y embriagarse de ese perfume increíble. Y que esa actitud no sorprenda en absoluto al hombre detrás de la caja. Y que no se vean cartelones anunciando best sellers por ningún lado.
  • Tener momentos Estelares, cantando "águila hermosa, muéstranos la ventura, perla del cielo, ya fuimos a la luna..." en una caminata junto al Sena a 7 grados bajo cero, o "Tu nombre no es un nombre más, huele a jardín luxemburgués..." pasando junto a los mismísimos jardines de Luxemburgo. Descubrir que Manuel Moretti era un afrancesado -pero bien- y nunca me había dado cuenta.
  • Ir al Louvre, claro, y encontrarse entre la enormidad de Las bodas de Caná y la pequeñez de la Gioconda, pero concluir que ambas son gigantes. Y encontrarse de pronto frente a La balsa de la Medusa, de Gericáult, y recordar todo el capítulo que le dedica Julian Barnes en Una historia del mundo en diez capítulos y medio.
  • Cumplir el rito de ir a Les Invalides a inclinarse ante la tumba de Napoleón, y rememorar la admirada lectura adolescente de El águila y la roca.
  • Subir -y bajar- los 280 escalones del Arco del Triunfo, y no cansarse nunca de mirar desde los cuatro puntos cardinales. Ir un sábado a la noche a la Torre Eiffel, y recagarse de frío esperando el ascensor a la cumbre, y quedarse sin aliento ante la ciudad nocturna.
  • Clavarse un pastis con vista a Notre Dame iluminada.
  • Recorrer el metro porque sí, por admirarse de que nunca haya una estación a más de cinco cuadras de donde se esté: encontrar antigüedades egipcias en la estación Louvre-Rivoli, aparecer en el elevado justo frente a la Torre, dejarse acunar por los vagones y la voz de Lizz Wright.
  • Ir una noche a la Opera Bastille, y escaparse en el entreacto de la trágica Luisa Miller a ver Real Madrid - Roma por la Champions League comiendo una tortilla en el Café Cantante.
  • Caer en el Pompidou y comprobar que en todos lados hay cararrotas que cuelgan cualquier batata en las paredes.
  • Caminar, caminar, caminar, y que ahora cada canción que sonó en el iPod tenga una escenografía adosada, para siempre.

Etiquetas:

Paris debe de ser de esas Capitales donde nunca te alcanza el tiempo para recorrerlo todo.
Tocado por la varita, felicitaciones

La herida de Paris

Y luego dicen que una imagen es mejor que mil palabras...
Me lo hiciste vivir.

¡Qué lindo, che! Espero yo poder ir alguna vez y tener mi París... :)

¡Saludos!

Se lo digo en una solita palabra.
Quénvidia.

Saludos culinarios, M.

www.shhhradio.com

www.shhhradio.com

que envidia insana!

Publicar un comentario

Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
Powered by Blogger
Creative Commons License
Este blog está bajo una licencia Creative Commons Argentina.