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14.5.08 

Convicción en diez canciones

(Publicado hoy en Página/12)

“No tengo interior para mostrar / tampoco soy espontáneo / Y por más que me bañe en humildad / se evapora al rato.” No importa si en “Yo anuncio” Adrián Dárgelos habla de sí mismo o si recurre a las conocidas mentiras del escritor: lo que importa, al cabo, es que sus letras siempre tienen algo. En rigor, el concepto debe extenderse a Babasonicos en su totalidad, una banda que nunca siente la urgencia de reflejar coyunturas de la realidad externa –lo que no significa que vivan adentro de un frasco–, sino que compone y ejecuta sus obras con su propia convicción artística y estética como único norte. Y así, los discos del sexteto siempre tienen algo. En este caso Mucho, que es el nombre de su noveno álbum (sin contar lanzamientos paralelos y alternativos, cosas en vivo y remixes), y una buena síntesis de la sensación que dejan diez canciones muy Babasonicas, al menos en el sentido de los caminos ensayados desde Miami o Jessico.

Mucho es un disco conciso y rotundo, de personalidad bien afirmada y con algunos títulos que se pegan de inmediato a la oreja del oyente: no puede decirse otra cosa de esa apertura con humildades que se evaporan al rato de “Yo anuncio”, la relajada invitación al baile de “Microdancing”, la preciosa, delicada “Cómo eran las cosas”, el pequeño himno pop de “Pijamas” o el eléctrico rockito “Estoy rabioso”, que hace honor a su nombre y deja otro par de versos que podrían ser autobiográficos o no (“A la mierda lo que piensen de nosotros/ a la mierda lo que digan los demás/ voy a escupirte entre los ojos/ te vaticino un futuro cojo/ y no vuelvo atrás”). Babasonicos, que viene remontando la cuesta anímica que significó la larga enfermedad y muerte de Gabo Manelli, prefiere exorcizar el dolor a través del mero y natural acto de hacer música y sin explicitar nada, aunque el cierre de “El ídolo” hable de fiestas a la hora de la muerte y regresos “en la piel de una canción”.

Si de canciones se trata, entonces, este disco lanzado primero a través de una marca de telefonía y luego en CD y formato digital no necesita más defensas que dejarlo sonar. Un método en rigor aplicable al grupo que a comienzos de los ’90 se animó a cuestionar –desde la música y desde la actitud– el estado de las cosas en el rock argentino, y que hoy puede celebrar el camino recorrido y la habilidad para reinventarse sin perder un ápice de personalidad. Es, precisamente, mucho.

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Ahora no te enoja que el artista venda su música por celulares eh. Te vas acostumbrando, viste?. Y bueh, no lo pude evitar. Buen post. Saludos.

Todos rollingas (?).

Sólo escuche Pijamas, pero por los comentarios que leí me pregunto: ¿Cúando una banda comienza a hartar haciendo lo mismo de siempre y cuándo se convierte en un combo pop de melodías perfectas? Es decir, ¿por qué AC/DC hace lo mismo siempre y no cansa y a algunos músicos se los putea por no cambiar nunca? ¿Será porque creemos que pueden dar mucho más? ¿O porque creemos que lo hacen sólo porque los lleva al éxito?

¿Se entiende lo que digo?

cri cri

Y no, Darío. Acordate que aquella vez terminé aceptando que lo que me molestaba era Juanes. Igual, sigo lamentando la pérdida del objeto-disco...

Y al que putee a AC/DC lo echo del blog.

Aclaro por las dudas: Amo AC/DC.

Muy bueno, Eduardo. Tengo muchas ganas de escucharlo. Siempre me dejan buena impresión los discos de Babasónicos, así que le tengo fe.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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