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28.6.08 

Una noche en Pinar de Rocha

Aunque el sol te abrigue

no quiere decir que no tengas más frío

y si la luna se cubre

no quiere decir

que no tengas su luz.

(“No quiere decir”, L. A. S.)


En el invierno de 1981, Spinetta Jade estaba presentando el flamante Los niños que escriben en el cielo. No era tarea fácil: en esa Argentina que hoy suena antediluviana, gobernada por un general bigotudo y ojeroso, los artistas del rock argentino presentaban oficialmente sus discos con recitales en algún teatro –el Coliseo, el Opera– o una gran cita en Obras, y fuera de ese circuito “oficial” había que arreglarse con lo que había, que no era tanto. No había una “escena” consolidada. No se editaban discos y más discos por mes. No había una radio que emitiera “puro rock nacional”, y el celular no era un aparato de comunicación sino uno de represión, que esperaba a la salida de los conciertos para cargar melenudos. Uno de esos sábados, Spinetta Jade tocó en Pinar de Rocha, en Ramos Mejía: era una elección rara –los ámbitos del rock y de la discoteca estaban en veredas opuestas– pero demostrativa de ese estado de las cosas en el que un lugar para tocar no se despreciaba así nomás. Y la policía no mostraba el mismo celo con los boliches.

Esa noche, la horda rockera copó el lugar, lo transformó: cuando se supo que el grupo tocaría bien pasada la medianoche –luego del baile–, se sentó en la pista y en las pasarelas laterales (algunos, incluso, aprovecharon para echar una siestita), negándoles a los habitués del lugar toda posibilidad de bailar. Jade salió, tocó –la memoria es caprichosa, pero probablemente haya arrancado con “El hombre dirigente”, quizá “Contra todos los males de este mundo (el antídoto)” haya sido el primer bis, seguramente “La herida de París” detuvo el tiempo a fuerza de belleza–, se fue en medio de una ovación y el cantito de “Y dale, Flaco, dale dale Flaco”. A nadie se le ocurrió recriminarle a Spinetta que tocara en terreno enemigo: allí donde estaba Luis no había enemigo, sólo un universo artístico incorruptible, que no se contaminaba con nada.

A fines de los ’90, Spinetta fue acribillado a flashazos por un fotógrafo que había hecho una paciente guardia para “pescarlo” con Carolina Peleritti. El Flaco llevaba colgado un cartel que decía algo así como “No consuma basura, lea libros”. Salió con ese mensaje en la tapa de Gente, o alguna otra revista por el estilo. A nadie se le ocurrió recriminarle a Spinetta que esa relación amorosa y esa tapa de revista significara haberse “vendido” a algo, corromperse en algo, frivolizarse.

Esta semana, el programa televisivo Elepé consiguió que los cuatro Almendra recordaran y analizaran el disco que, de manera unánime, se considera el más influyente de la historia del rock argentino. Al mismo tiempo, Luis Alberto Spinetta volvió a las disquerías con Un mañana. En un extremo y otro de la historia, y en las estaciones intermedias que se quieran elegir, se encuentra siempre lo mismo: un tipo que no reconoce otra brújula que su fuego creativo, un músico y poeta que jamás estará influido, distorsionado, contaminado por el contexto. Un disco de Spinetta es siempre un lujo, y no sólo porque en la escena argentina abunden las obras mediocres: es un lujo por la rara belleza que exudan canciones como “Hiedra al sol” –Luis a solas con su acústica–, “Despierta en la brisa” y “Hombre de luz”, emotivo rescate de una letra de Spinetta padre; por la potencia que emana de “Tu vuelo al fin” o “Preso ventanilla”, por ese perfecto viaje entre la apertura de “La mendiga” y el cierre de “Para soñar”. Es un lujo por sus músicos, por la delicada artesanía de arreglos que construye cada clima, por su densidad y calidez de grabación analógica en tiempos de excesiva adoración por lo digital. Curioso rulo de la historia: entre 1984 y 1986, Spinetta cruzó varias fronteras con la grabación de Madre en años luz y Privé, metal, unos y ceros. Después pegó la vuelta, y La Diosa Salvaje, el estudio donde les da forma a sus obras, es un santuario de madera y cinta.

Hay un lugar común bastante bobo que se emperra en repetir que Luis ya grabó sus piezas fundamentales, y que toda su obra de los últimos años es “aburrida”. Es cierto que algunas de sus canciones exigen mucho del oyente, pero hay también una pereza para zambullirse en el universo Spinetta que demuestra hasta qué punto la cosificación de la música, el adocenamiento impuesto por la industria, la falta de estímulo, hacen su trabajo. Spinetta también era aburrido para los que puteaban en Pinar de Rocha porque les habían copado la pista. Spinetta es aburrido para los que prefieren un MP3 player bien cargadito de estribillos fáciles y melodías de ocasión.

Aunque él nunca haya comulgado con afirmaciones de esta clase, más propias del excesivo fanatismo de algunos fans, hay que decirlo otra vez: el Flaco es un artista necesario, valioso, de ésos cuyos discos la gente prefiere no piratear. Desde aquel tipo con la sopapa en la cabeza han pasado nada menos que 39 años. Luis Alberto Spinetta los atravesó, los vivió, los tradujo en canciones y sigue entero, conserva esa voz de terciopelo y el instinto de no conformarse nunca, consigue que quienes estuvimos en aquel Pinar de Rocha, en tantas otras citas, sigamos esperando el próximo show, abriendo el nuevo disco con entusiasmo expectante. Contra todos los males de este mundo. Desatormentándonos.

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AMEN.
Que historia y que presente que tiene el Flaco. ¡Y qué bueno que está 'Un mañana'!

Gran columna.
Refleja el respeto y el amor que muchos sentimos por las canciones de Luis.

Y si, el flaco es único por muchas razones. Algunas mas visibles que otras. Todos sabemos de su exquisita sensibilidad, de su buen gusto y su talento para componer, de su inconformismo, de su necesidad creadora y su deseo de mejorar siempre. Pero tal vez pocos notan que es uno de los pocos, acá y en todo el mundo, que después de casi cuatro décadas de carrera, nunca se estancó, nunca se durmió en los laureles, nunca se copió a si mismo grabando una y otra vez el mismo disco. Luis siempre tiene algo nuevo para ofrecer, siempre se renueva sin dejar de ser Luis Alberto Spinetta, siempre sorprende. En ese sentido, solo he escuchado a dos músicos capaces de reinventarse obra tras obra, día tras día, arriesgarse. Además de Luis, solo Miles Davis y David Bowie. Es bastante poco en un mundo habitado por 6000 millones.

slds
A

Esa idea de que, o te gusta TODO lo de Spinetta o sos un chico-Pinar-de-Rocha que sólo quiere estribillos fáciles en su MP3 me parece, cuanto menos, un esnobismo.

Por lo demás, tu artículo es excelente.

Y, para mi alegría, en una primera escucha, Un mañana me parece un gran disco... Mucho más rico que Pan.

Y Dios... ¡con qué buenos músicos se rodea el Flaco!

Voy a memorizarme el anteúltimo párrafo para decírselo a los que me digan "Spinetta es aburrido".

Siempre pensé lo mismo de Spinetta y Bowie...

Es increíble que en Elepé la producción haya dejado pasar el comentario que Laura Va es el primer tema de un grupo de rock con bandoneón....

mañana, el Fatto en la biblioteca musicalizando a Hitchcock, y Luis Alberto en River....

saludos

Pablo

Asterisco, no digo que te tiene que gustar todo, hablo de los que lo desmerecen con el argumento de que TODA su obra de los últimos años es aburrida. Más que un esnobismo, la frase "Spinetta es aburrido para los que prefieren un MP3 player bien cargadito de estribillos fáciles y melodías de ocasión" es una exageración del mismo tamaño.

Hace como un año que no me compraba un disco, y no tengo mp3.
Ayer me encontré "abriendo el nuevo disco con entusiasmo expectante". Como siempre no me desfarudó aunque aún se me hace imposible juzgarlo. Por ahora la gratitud empaña el juicio.
Saludos

buen texto
genial disco

Hiedra al sol es hermoso hermoso hermoso. ¿Y el solo final de Mi elemento? Es genial.

Lametablemente tuve que bajarlo el viernes 27, no podía esperar a comprarlo. Pero el sábado 28 se lo regalaron a mi novio para su cumple, y el arte también es hermoso. Bueno, soy muy admiradora de toda la carrera de Spinetta, desde pequeña. Y tambien pensaba lo del miercoles con Almendra en Elepé, y el jueves con Un mañana. Estas cosas me hacen (subjetivamente) feliz.

Saludos!

querido fabre no puedo traducir tan bien lo q me pasa ante cada disco del flaco ya que el periodista sos vos, ja!
pero en pocas palabras es eso que resumiste, cada disco sigue exigiendo al oyente dedicarse a escucharlo... con paciencia, con atención, y los q nos lo permitimos podemos llegar a apreciar las temibles guitarras de sartén asaresi (alguien recuerda Sartén System?) en "tu vuelo al fin", o la gloriosa "hiedra al sol" q nos recupera al luis solito con sus seis cuerdas guitarrísticas y sus dos vocales totalmente en forma, o el destino de clásico q conlleva "mi elemento" dentro de esos 5, 6minutos que dura...
q bueno poder darse un tiempo para escuchar con atención a Spinetta...

muy bueno el artículo y yo tengo una anécdota igual pero en el Bs As News hace un par de años, te acordás? pasó lo mismo! la gente esperando a q Luis termine para bailar y el público de Luis temprano haciendo bulto en la pista esperando a q empiece... mortal, ja!

Y algo más me pasó esa vez q te quiero compartir...
llegué temprano, me ubiqué cerca de la consola xq el lugar estaba un poco lleno y me quedé atornillado ahí al lado del sonidista xq veía bárbaro, además el tipo no me decía nada.
Empezó el show, hacen el 1er tema y hay algunos desperfectos con los retornos... en eso el sonidista se agacha para revisar conexiones (recordemos q yo estaba al lado, pegado al quía) y en un momento el tipo se queda ahí abajo revisando y revisando y quedo yo solo como único "responsable" de semejante consola, parado frente a ella... y Luis se da vuelta y me mira a mí (a falta de otro a quien pedirle algo) y me dice: "Y??? no me escucho bien, che!" y yo le hago una seña salvadora y le tiro un "Ya casi estamos" a lo que el Flaco anuncia q ya arranca con el 2do tema, q lo banquen q ya está... mientras la gente cantaba abajo... q bueno q estuvo eso, por favor...

Pablo

Es la primera vez que entro a este blog. Lo único que más o menos capturó mi atención son los comentarios despectivos respecto a aquellos que no apreciamos (¿"no apreciamos"? "nos parece una garcha" sería una expresión más acertada) a la obra de Spinetta de las últimas décadas (más exactamente, en mi caso, desde Bajo Belgrano para acá).

Que el Flaco tiene un par de cosas interesantes desde aquellos años, sin duda. Alguna canción, alguna idea, alguna letra. El resto, me parece basura. "Ahhh, nene, andá a escuchar a Los Piojos", debe pensar más de un lector avispado de este blog. Bueno, no sé; prefiero irme con Wyatt o Ayers o Tim Buckley o la Incredible String Band o Laura Nyro. ¿Estos artistas tienen "estribillos pegadizos"? Supongo que Nyro tendrá un par en Eli and the Thirteenth Confession y Gonna Take a Miracle. Por lo demás, creo que no.

Digo esto porque pensar que todos los que no podemos escuchar al último Spinetta somos pre-púberes sedientos de estribillos rápidos e hijos bobos de la era digital me parece, no sé si exagerado o snob -yo diría, directamente infundamentado y ridículo. Privé, por ejemplo, redunda en melodías radiales y fáciles de memorizar; el problema es que es una mersada impactante; se encuentra en las antípodas estéticas de lo que considero buen gusto. Madre en Años Luz tampoco es exactamente una travesía agradable, sino un viaje tortuoso por los senderos electrónicos más fáciles y tontos de este lado de Miranda. Cosas como Los Ojos o Pan, sí son embolantes; parecen grabadas, escritas y arregladas por una ameba palermohollywoodense en coma cuatro. No por ser lentas, climáticamente densas y de melodías abiertas; sino por estar totalmente vacías de emoción. Una cosa son las melodías abiertas, otra la ausencia absoluta de vitalidad. "No es lo mismo, es distinto", como diría un reconocido subnormal contemporáneo.

En fin, no dejo un link a mi página ni mi nombre -tampoco soy reconocido, ni trabajo en un diario de gran tirada, ni nada; solamente soy un estudiante universitario, melómano, cinéfilo, lector empedernido y administrador de un par de weblogs-, decía, no dejo datos para que no me tilden de soberbio ni buscapleitos. Sería absurdo tildar de soberbio a alguien que se escuda en un autoconsciente anonimato. Digamos que defiendo, cual llanero solitario por pampas áridas fordeanas, mi derecho a disgustar de la horrenda obra de las últimas décadas de Spinetta sin que tilden de "bobo" a mi -bastante lúcido, por cierto- juicio musical.

Podrán pensar, también, que estoy anclado a una etapa de su obra por cuestiones emocionales/nostálgicas. Tampoco. Tengo 21 años; no viví sus 70s, sus 80s y apenas conocía a los Hanson cuando el Flaco editaba su primer trabajo con los Socios (por cierto, un disco en el que considero que hay un par de cosas interesantes). Descubrí todos los discos de Spinetta durante los últimos diez años. Y, así y todo, recuerdo que cuando salió Para los Árboles lo escuché numerosas veces intentado entrarle, y siempre terminé pensando "Marx mío, es increíble que este sea el mismo tipo que grabó Kamikaze". Y, sin embargo, lo era. Y cada disco que pasa, más me convenzo de que el reconocimiento a su arte actual está ligado, en primer lugar, a su apellido. A diferencia de ustedes, me parece triste que se le dé tanta pelota a un tipo evidentemente muerto -en el plano artístico; no le deseo la muerte, pobre Luisito-, habiendo tanta música (de hoy, pero sobre todo de ayer) por descubrir, de tipos ignotos y no tanto.

Ah, y como amante del jazz, me parece bastante insultante comparar al gran Miles con Spinetta. Al primer descuido están comparando a Coltrane con Charly García. Ya que estoy, comento que me parece injusto que tipos como Luis Alberto o Charly hayan grabado tanto en los últimos tiempos, mientras Emilio Del Guercio tuvo que contentarse con un mísero (pero grandioso) trabajo solista y se haya visto "obligado" a parar de grabar debido al poco apoyo que contaba de medios y público. Bueno, destino similar, en mayor o menor medida, al de Saluzzi, Del Prado, Haerle, Alchourron... Los apellidos de siempre siguen siendo glorificados y los menos conocidos mueren en un parcial anonimato.


Saludos.

Volví a leer el texto, y no puedo creer que un tipo que trabajó para MTV hable del "adocenamiento impuesto por la industria". Repito: no lo puedo creer.

Supongo que MTV y Página/12 no le pagarán a nadie para que recomiende bajar a 128 kbp/s los discos de Contraluz -si no me equivoco, no tienen edición en CD... y si la tienen, son inconseguibles- o las discografías de Carla Bley, Charlie Haden o John Zorn.

Reitero la idea general de mis posts: a la música interesante hay que empezar a buscarla por otro lado.

Y también comento que entre estar "adocenado por la industria" o escuchar cualquier cosa solo porque está firmada por Juan X, no sé con qué me quedo...


Saludos
(El revolucionario socialista de arriba)

Haya paz: ya acepté que más que snobismo cometí una exageración, una de esas frases que suenan bien pero se van un poco al carajo. No me voy a parar contra el paredón de los comentadores por eso.

Revolucionario socialista, trabajé para MTV como corresponsal del noticiero Semana Rock, no como bobo tentempié presentando videos de grupos tontos. Si te parece que eso me inhabilita para señalar las boberías de la industria... bueno, lo siento. Voy a seguir haciéndolo. Vos seguí sin poder creerlo, y todos contentos.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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