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24.7.08 

Juicio

Vi la pila en algún mostrador, una revistita alargada de 24 páginas titulada Venid a mí - La Iglesia en tu hogar. Y como esa clase de títulos suele encerrar alguna lectura interesante, me llevé un ejemplar. No me equivoqué: en la nota "Yo confieso...", entre varios párrafos sobre el pecado y la actitud necesaria ante Jesús, me encontré esta perlita:

"Dios ve el corazón. Solo Dios ve el corazón. Salvo Dios, nadie puede penetrar el corazón, ni juzgar. A El corresponde el juicio, pues El puede colocar en la balanza nuestra debilidad y miseria, nuestros esfuerzos y caídas, buena voluntad y malicia. Nosotros apenas logramos ver, más o menos claro, los actos externos. Y ni sqiuiera eso, que tratándose de actos ajenos, particularmente si han sido realizados en tiempo, lugares y circunstancias histórico-culturales distintas a las nuestras, difícilmente logramos ubicarnos en el pellejo del otro, para saber qué hubiéramos hecho nosotros en su situación. Juzgamos desde nosotros y nuestro hoy, y condenamos hechos del pasado, tan sueltos de cuerpo, cuando puede ocurrir que, en aquel entonces y circunstancias, aquel obrar no sólo no haya sido malo a los ojos de Dios, sino bueno y meritorio".

Firma Monseñor Pedro Candia, Administrador Diocesano de la Diócesis Castrense, Jefe del Servicio Religioso del Comando de Institutos Militares, Jefe del Servicio Religioso del III Cuerpo del Ejército y, según esta nota de Horacio Verbitsky, ex carapintada.

(Candia se debe llevar muy bien con este tipo)

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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