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29.8.08 

El perdido arte del pensamiento



(Publicado hoy en Página/12)

HOMELAND 10 PUNTOS

Músicos: Laurie Anderson (teclados, laptop, violín y voz), Peter Scherer (teclados, laptop), Skuli Sverrisson (bajo) y Eyvind Kang (viola).
Músico invitado: Lou Reed (guitarra y voz)
Sonido: Claudia Englehart.
Diseño de iluminación: Aaron Copp.
Escenografía: Willie Williams.
Duración: 110 minutos.
Público: 3000.

A la hora de la foto –la imagen que encabeza esta página sirve como prueba–, el clímax de la tercera visita de Laurie Anderson a la Argentina fue ese encuentro con un prócer llamado Lou Reed, primero para “The lost art of conversation” y luego para el intenso crescendo instrumental que fue marcando el final de la velada. Pero, en rigor, el punto más alto de Homeland (si es que puede hablarse de algo así en un espectáculo tan lleno de puntos altos) había sucedido bastante antes, cuando la performer desgranó la larga, filosa reflexión de “Only an expert” (ver aparte), y para el público local volvió a hacerse patente el asombro, la admiración, el disfrute que significa asistir a un espectáculo de la artista neoyorquina, tan lúcida, inteligente y artísticamente potente como siempre. Tan... Laurie.

Quien haya visto la presentación de Strange angels en 1990 en la misma sala, o The end of the moon en el FIBA de 2005 (en el Alvear), sabe qué es lo que vendrá desde ese escenario lleno de velas, con pequeños focos colgantes y una austera puesta lumínica que agregarán sugerencia. Las canciones de Anderson son toda una historia y sus historias son todo un mundo, consiguiendo una clase de hechizo cada vez más atípico en la escena actual: las inflexiones de su voz atrapan al espectador sin remedio, ya sea con los etéreos coros de “Maybe if I fall” o la hermosísima “Bodies in motion” como con la historia que abre el show, “The lark”, deliciosa parábola sobre la memoria del hombre sintetizada en el relato de los pájaros que, al principio de los tiempos, no tenían dónde posarse. Laurie Anderson seduce y emociona aun sin ver la traducción simultánea. Y al leer los subtítulos, todo eso que ya bulle bajo la piel, en la cabeza, en un lugar indefinible del cuerpo por mera transmisión de sensaciones, se potencia con lo que le dice al intelecto.

Lo sabe, lo siente el público, que recién toma un respiro para dejar caer la ovación cuando termina esa formidable pieza de pensamiento sobre los expertos y los problemas. Es un respiro también para Laurie, que –Vocoder mediante– vuelve a sonar con la voz de aquel monólogo “Zeroes and ones” que abría Home of the brave para “Mambo and bling”, otro de esos relatos hechos de ideas agudas, conceptos complejos resueltos con admirable sencillez, como cuando en “Pictures and things” vuelve a sonar la voz de hombre para advertir cómo “las imágenes están reemplazando a las cosas”. O la irónica visión de “Underwear gods”, cuando imagina a esos modelos de carteles gigantes en ropa interior ganando las calles de la ciudad, una ciudad a su escala. O los sardónicos dardos disparados a la Asociación del Rifle, y la tristeza implícita en “Callin’ em up”, cuando habla de ejércitos que enrolan niños y define la “noche americana”. Si la canción entonada junto a su célebre marido habla del “perdido arte de la conversación”, todo en Anderson busca rescatar el perdido arte del pensamiento en el mundo del espectáculo. Ella es compositora, narradora y poeta, pero también una artista que toma una jugadísima posición política, sin caer nunca en lo panfletario o la rabieta por la rabieta misma. Alguien que se resiste a que todo sea simple show business, sea de la música o de la guerra.

En la intensa conexión que la artista consigue con el público, esa atención reverencial y absorta en sus palabras y su voz tiene mucho que ver también el trío que la acompaña en este tour. Una fábrica de sutilezas que va construyendo el armazón de las canciones con pinceladas, delineando el contorno de paisajes sonoros a los que su fuerza hipnótica no les resta energía, ni los convierte en mera referencia o nota al pie. Junto con ellos, con su violín mágico o esas curiosas gafas que convierten a su cráneo en un instrumento de percusión, la menuda autora de perlas como Big science, Strange angels y Bright red completa un perfil envidiable de artista completa, capaz de navegar en paz entre la música y la palabra. Cuando se despidió, al borde del escenario, sola con su violín, un auditorio felizmente entregado hizo todo lo posible por demostrarle cuán lejos lo había llevado el viaje.



Textual
“Solo un experto puede lidiar con el problema. En América nos gustan las soluciones. Nos gustan las soluciones a problemas. Y hay muchas compañías que ofrecen soluciones. Compañías con nombres como La Solución para las Mascotas, La Solución para el Pelo, La Solución para la Deuda, La Solución para el Mundo, La Solución para el Sushi.”

(...)
“Solo un experto puede lidiar con el problema. A veces los expertos buscan armas. Y a veces los expertos buscan armas por todos lados. Y a veces, cuando no encuentran armas, otros expertos dicen: que ustedes no hayan encontrado armas no quiere decir que no haya armas. Y otros expertos que buscan armas encuentran cosas como líquidos de limpieza, y parrillas de heladera y pequeños imanes. Y dicen: estas cosas te pueden parecer objetos comunes, pero en nuestra opinión podrían ser armas. O podrían ser usadas para hacer armas. O podrían ser usadas para transportar armas. O para almacenar armas. Porque solo un experto puede ver que podrían ser armas. Y solo un experto puede lidiar con las armas. Y solo un experto puede lidiar con los problemas.”
(...)
“Solo un experto puede lidiar con el problema. Y si un país puede invadir otro país, y arrasarlo, y arruinarlo, y crear caos y guerra civil y refugiados en ese país, si los expertos dicen que no es un problema y todos coinciden en que los expertos son buenos resolviendo problemas, entonces invadir esos países simplemente no es un problema.

Y si un país tortura gente, y retiene ciudadanos sin causa ni juicio, y dispone tribunales militares, esto tampoco es un problema. A menos que haya un experto que diga que es el principio... de un problema. Porque solo un experto puede lidiar con el problema. Porque ver el problema es la mitad del problema. Y solo un experto puede lidiar con el problema.”

(Fragmentos de “Only an expert”, de Laurie Anderson.)

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Qué grosso que estuvo. Y Laurie siempre te deja pensando, o algo así. Pero mientras cantaba, tomaba nota mental:
*Laurie es heredera del pensamiento humanista yanqui de, pongamos, Walt Whitman: es belleza, es inteligencia, es crítica, esas cosas.
*El arte puede ser comprometido sin ser pelotudo.
*Laurie es una trovadora perdida en el tiempo.
*y muchas cosas más, pero cuando subió Lou Reed al escenario se me desordenaron las ideas.


abrazo

Eduardo, perdón por el off topic, pero quería avisarte que te mandé un mail a tu casilla del blog, informandote sobre un conflicto entre las autoridades de nuestro benemerito Gobierno porteño y el Torquato Tasso, en lo que respecta al Festival de Tango, por la falta de pago de unas facturas y por un entredicho entre el director del Tasso y un perejil del gobierno que lo acusó de agravios hacia su persona y criticó los contenidos opositores al gobierno macrista por parte de un grupo que hizo su representación en el festival.

Salud para todos!

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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