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27.3.09 

Un grupo a la luz de las canciones


(Publicado ayer en Página/12, como parte de esta producción)

“Yo no puedo ver el sol. Puedo sentirlo, pero no abrir la ventana y verlo. Entonces pongo música: la música es mi luz.” La frase de Carina Spina es un posible resumen para la experiencia de Mundo Alas, el proyecto artístico. Y es el tono de la joven no vidente, sin falso dramatismo, sin impostación, el que sirve a su vez para resumir algo de Mundo Alas, la película. Es que hasta quien tiene plena confianza en las intenciones de León Gieco no podía evitar cierto temor con respecto a este proyecto, en el que cabían los riesgos de cruzar la línea, llegar a la sensiblería o al exceso de corrección política: ¿cómo retratar esta aventura con un grupo de artistas con capacidades diferentes, cómo sintetizar esa salvación por el arte que sugiere la frase de Carina?

Los noventa minutos de Mundo Alas demuelen todo prejuicio. Apelando a las entrevistas y a un relajado retrato de la génesis del proyecto y su paseo por las rutas argentinas, la road movie que proponen Gieco, Sebastián Schindel y Fernando Molnar consigue meterse en la aventura con sensibilidad, buen gusto y alegría: los mismos pibes se permiten un humor negro que llega a la apoteosis cuando Pancho Chévez, el músico sin piernas ni manos, aparece... jugando al fútbol. El intercambio con Gieco, desde la pregunta de “¿Vos saldrías de gira?” a los consejos de composición, los diálogos que exceden el objetivo del tour y en los que León expresa la misma curiosidad del espectador (hay una charla con Demián Frontera especialmente jugosa), ayudan a dibujar el relato que faltaba en Mundo Alas. Quien los vio en el Luna Park en el cumpleaños de Página/12 supo descubrir a los artistas detrás de los “discapacitados”, pero el gran logro de Mundo Alas es revelar a las personas, al punto de generar una corriente de simpatía franca, sin el preconcepto de que “hay que sensibilizarse porque son diferentes” entre la butaca y la pantalla.

Una de las impresiones más fuertes de la película, eso que uno mira, tiene que ver precisamente con la mirada: en cada charla, en pequeñas escenas robadas a la cotidianidad o registradas por la videasta Rosita Boquete, la mirada de los chicos revela una intensidad contagiosa. Imposible no apreciar la electricidad de Eduardo Spasaro al clavarle la vista en un requiebro a su compañera de baile Nidia Scalzo, difícil no emocionarse en ese tramo final en el que ambos hablan de su romance: cuando Maxi Lemos recuerda el primer encuentro con Gieco y levanta sus ojos inocentes, cuando Alejandro Davio se ilumina al escuchar la letra que Gieco escribió para su tema de los delfines, cuando Panchito guiña pícaro a cámara, cuando se descubre luz aun en los ojos ciegos de Carina, se va construyendo una historia en la que no hay manipulación posible.

Y una historia en la que, además, hay lugar para momentos mágicos. Uno de ellos pasa por León cantando “La memoria” en el Luna, con Demián y Sandra González Neri flotando en escena. Pero también hay pasajes de intimidad del grupo en los que hasta la cámara parece borrarse, como cuando se relajan en plena ruta, la boda final, el fogón nocturno con “Cinco siglos igual” o –especialmente– ese círculo en un barco en el que cada cual deja su propia impresión y tiende un puente inquebrantable con sus compañeros. Mundo Alas es a la vez un film que ejemplifica el poder de la música, un poderosísimo alegato a favor de la integración humana, un diario de viaje, un asombro permanente por encontrar tanta vida en personas a las que la vida les puso tantos escollos. Una demostración de que puede no verse el sol, pero nada puede robar la tibieza y la luz de una canción.

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La frase inicial es excelente, impacta la claridad con que define su amor por la música y necesidad de creación.
Muy buena reseña. Veremos.

Increible, grande León.

LOs vi el viernes en tribunales en el acto para despertar a la justicia y contra la pena de muerte,realmente impresionante tanta vida vence a los que sembraron tanta muerte.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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