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30.5.09 

La aldea de los niños

(Publicada hoy en Página/12)

¿Alguien vio la luz de la aldea
de los niños que escriben en el cielo?
Spinetta, 1981

Los niños, se sabe, son uno de los targets más analizados, deseados, estudiados, desmenuzados por los expertos en marketing. No asombra a nadie: la humanidad puede privarse de muchas cosas, pero no se priva de tener hijos (incluso hubo un diario que enarboló la curiosa idea de que hay “mujeres-fábrica” que tienen muchos hijos para cobrar un subsidio). Y esos hijos tienen necesidades, y maneras ciertamente llamativas, hasta contundentes, de expresarlas. Los pequeños consumidores mueven grandes ruedas de negocios: en Monsters Inc., una de tantas maravillas de Pixar, la idea base era que los monstruos conseguían energía a través de los gritos de terror de los chicos, pero éstos, cosas de la vida moderna, se asustaban cada día menos, provocando una crisis energética del otro lado del armario. Sin embargo, hoy no se necesitan complejas historias de horror para alarmar al párvulo. Basta con el sencillo recurso de echar la vista atrás y hablarle de un mundo con cuatro canales de TV en blanco y negro, sin Playstation ni Wii ni McDonald’s ni conexión a Internet ni cartas de Dragonball ni relojes de Ben 10 ni etcétera, etcétera.

No hace falta entrar en el trillado debate de si era mejor o peor, que las bolitas y el autito con plastilina y cuchara, Viendo a Biondi y Piluso invitando a tomar la leche. No vale la pena. “Mañana es mejor”, dijo el mismo autor de la frase del comienzo, aunque abundan los días en que se disparan dudas al respecto. La cuestión es que ya tenemos naturalizado el complejo universo en el que se mueven los pibes, porque llevarle la contra es exponerse a un diálogo de sordos, y porque lo que sucede tiene tal prepotencia y tal presencia que no ofrece mucho escape y hay que negociar. Se puede repudiar, sí, el carácter idiota de los Power Rangers, pero poco se podrá hacer para evitar el efecto contagio que produce tantos moretones entre niños que descargan algo de su inagotable energía en lanzarse patadas (y por otra parte: en Pucca también se tiran patadas, pero difícil resistirse a su lisérgico encanto). Se puede analizar por enésima vez la tiranía estética de Barbie, pero los ojos de una niña deseando un juguete son cosa difícil de resistir. Y además lo educativo, aunque tranquilice nuestra conciencia, tiene sus deformidades. Programas televisivos como Dora la Exploradora, Go Diego Go!, Pinky Dinky Doo o La casa de Mickey Mouse introducen la variante de la “línea de puntos”, espacios de silencio para que el pequeño espectador responda a las consignas. Y uno ve al botija practicando spanglish con Dora y con Manny a la obra, contestando animadamente las preguntas del Pato Donald (a quien por fin se le entiende algo), y se le ocurre que Ariel Dorfman debe andar medio estupefacto.

Aunque inútil, el juego de las diferencias tiene su gracia. En un post reciente, el blog Solo quince minutos rescató un clip de Telejuegos, el programa que conducía Cecil Charré (y su perro Alfonso): allí se ve a Magdalena y Bernardo Bergeret Jr. –hijos del inventor de Jazzy Mel y The Sacados, hoy funcionario del Incaa– cantando el “Tema de Gomma Gomma”, y también una bizarra “Discoteca de Telejuegos” que oficia como período precámbrico de Bailando Kids. La infraproducción de entonces y la megaproducción de Tinelli se tocan, sin embargo, en la cosificación del chico, su utilización como gancho de rating. El ruido de los imitadores de políticos hizo que no quedaran tan expuestas las aberraciones del concurso de baile (“jueces” hablando de las condiciones para vedette de niñas pintadas y ataviadas como tales, ensalzando lo sexy que les sale el perreo del reggaetón), pero las barbaridades existieron y siguen saliendo al aire cada viernes. El Estado, que debe tomar cartas en asuntos que afectan la integridad de la niñez, no quiso exponerse a que lo acusaran de estar tomando revancha por Gran Cuñado: el Comfer inició una de esas investigaciones que no terminan en nada relevante, y ahí quedó todo. Y así, lo único que condenó al Bailando Kids a una sola emisión semanal fue la caída de rating. Hasta el público que le perdona todo a Marce empezó a darle la espalda a esa burda explotación de los niños disfrazada de “superación artística”. Aunque quizá no sea rechazo sino simple aburrimiento.

Entonces, las cosas cambiaron mucho... pero no han cambiado tanto. Cuando quienes ya pasaron por Tacuarentown se enfrentan a los festejos escolares del 25 de Mayo, les queda la impresión de que el tiempo se detuvo. El revisionismo histórico, el trabajo de desactivar ciertas fantasiosas historias oficiales, no ha hecho mayor mella en el recuerdo oficial de la efeméride, cuya liturgia se presenta intacta. Claro que no es fácil bajarles a los más chicos la complejidad de la Revolución de Mayo, pero resulta curioso cómo la vista del padre de hoy parece ponerse en blanco y negro, volver al patio de la propia escuela: ya no se toma distancia al estilo militar, ni se vigila el largo de los cabellos, pero allí están el negrito candombero, la vendedora de mazamorra, los patriotas queriendo cortar vínculos con España y French & Beruti repartiendo escarapelas celestes y blancas. Todo ello con cierto envaramiento ajeno a los lineamientos más progre que rigen en otras actividades escolares, y con el Himno y el ingreso de la bandera de ceremonias al son de una marchita militar que recuerda las peores pesadillas. Los pibes se divierten igual, pero todo parece apolillado.

Tampoco puede pretenderse todo: el revisionismo tiene sus bemoles y sus desafinaciones. Como las Canciones Patrias.

* * * *

Si el evento del domingo pasado en el Obelisco hubiera sido organizado por el gobierno nacional, no caben dudas de que se habrían visto en algunos medios las omnipresentes aclaraciones de que se hacía “a un mes de las elecciones” y con obvios propósitos demagógicos. Ello no sucedió con el acto proselitista del macrismo, forzando la celebración de un Bicentenario que en realidad es el año próximo, y en la que los afiches del GCBA buscaron apropiarse de los “valores” de la gesta de Mayo. Más allá de consideraciones políticas, la atracción principal eran las versiones dirigidas por Lito Vitale: Kevin Johansen y Pablo Lescano con “Himno a Sarmiento”, Juan Carlos Baglietto y No lo Soporto con “Mi bandera”, Emme y Mike Amigorena con “Himno a San Martín”, Hilda Lizarazu y Diego Frenkel con “Saludo a la bandera”, Alejandro Lerner, Los Tipitos y Andrea Alvarez con “Marcha de San Lorenzo”, y Patricia Sosa y Palo Pandolfo con “Aurora”. We are the world, we are the children.

La obsesión por acercar a los niños una lectura desacartonada de los himnos patrios tiene buenas intenciones, pero a menudo sus resultados no dejan mayor utilidad. Los ortodoxos se negarán a darles cabida, y hasta iniciarán campañas de desprestigio. Fue lo que le sucedió al dueto Johansen-Lescano, pero eso lleva a la segunda consideración, lo que les pasa a los no ortodoxos: ese “Himno a Sarmiento” espeluzna no por vulnerar los altísimos valores de la Patria sino simplemente por horrible, por el pegoteo sin ton ni son entre las variables de uno y otro artista. Al cabo, tras la paciente escucha en la página del Gobierno, tras ver las performances en el Obelisco, queda claro que la única perla en todo el asunto es la de Lizarazu-Frenkel, cuyas voces sensibles le dan una emotividad especial a una letra que apesta a patrioterismo.

Esa, en todo caso, es la cuestión: ¿por qué el rock (o la cumbia villera) debe cargar sobre los hombros la actualización de canciones tan milicas, tan utilizadas para ensalzar las virtudes de la Patria occidental y cristiana, referentes de una ideología con la que nunca comulgó? Cada músico ha encarado la convocatoria de Vitale como un trabajo (al que algunos ácidos comentaristas en Internet señalan como “muy bien pago”), y el ejercicio de la libertad artística habilita a estas decisiones y muchas otras más. Pero las canciones patrias que excitan a Mauricio Macri llevan al recuerdo de Luca ironizando “Yo quiero a mi bandera planchadita, planchadita, planchadita”, al escandalete de cuando Charly tuvo la idea de versionar el Himno (y se dio el gusto de arrancar con ese inolvidable “Huid mortales”, típicamente García), a la desconfianza con la que el rock siempre supo mirar los intentos de apropiación del establishment. Hace un par de semanas, un cable de noticias informó que Luis Alberto Spinetta se había negado a cantar el Himno Nacional Argentino por considerarla “una canción de guerra”: hubo quien leyó en eso la postura necesaria, pero poco después una agente de prensa desmintió todo y aclaró que al Flaco no lo habían convocado para el proyecto. Menos mal.

Gloria y loor: lindo nombre para un compilado.

* * * *

“Para mí el día suena, no pasa”, dijo días atrás a este diario Mariana Cincunegui, que acaba de editar otro disco de pura magia, alasmandalas. “Mucho estímulo genera un salirte de vos. Yo te enseño, vos recibís, pero de golpe estás recibiendo tanto que no sabés dónde quedaste. Y en las escuelas no hay un momento para parar y decir: bueno, ahora vamos para adentro. Matemática, geografía, recreo, patio, lengua, naturales, recreo, patio, más danza, astronomía, todo lo que tengan las escuelas copadas. Todo es de afuera hacia adentro. ¿En qué momento vuelvo a mí con todo eso? Porque la creatividad está adentro, ahí está la pulsión de crear”, señaló la música y pedagoga. Mientras tanto, los niños siguen en el centro de los estudios de marketing, con la sagrada banderita en la solapa, expuestos a las maquinaciones del star system o simplemente dejados de la mano del Estado y de los opositores que se sacan fotos con ellos y prometen el oro y el moro hasta que llegan al Estado y se olvidan. Niños atiborrados de información útil y de la otra, niños languideciendo de hambre de comida y de hambre de cultura. Niños a los que, con nuestras mejores intenciones, a veces olvidamos permitirles que simplemente se dejen ir, se abstraigan de nuestras taras.

Y que escriban en el cielo.

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Con todo respeto, pero:
1. Lo de mujeres-fabrica, es real por mas que los aque un diario que no es de agrado pro su politica o imagen.
2. No era que no ibas a habalr de Tinelli (esto es una pavada pero bueno saturan bastante con un programa tan intrascendente en contenido)
Aunque por algo es comentado por fanaticos y detractores, en esa le doy el gancho a tinelli, sabe venderse hasta al que no compra.

Y decir que el himno es algo militar.......es un simbolo, por mas tintes militares que tienen el grito de libertad libertad libertad no fue un emblema de dictaduras y en esta democracia no se la escucha.
Si vamos al caso la cumbia es improtada y se hace tan autoctona como el rock hace años, segun una optica la intenciones modernizarla para acercarla a la gente lo cual es un horror, los chicos dandole verguenza cantarlo, bostezan pero bueno. Nos reimos de los norteamericanos pero ellos ponen su himno y simbolos banderaspor todos lados, son horribles y se enorgullecen, nosotros tenemos una cultura propia y la bastardeamos.

Perdon por esto mal escrito y con malhumor pero estyo cada vez mas pesimista y la esperanza la veo como una ilusion que esta y no deja nada.

Advierto que no voy a ser muy lúcida, porque ni yo tengo muy en claro mi postura frente a esta cuestión. Creo que el himno SI es una canción de guerra. Pero, justamente, eso es lo que lo hace hermoso. Las independencias no se consiguen con diplomacias y sonrisas, sino con luchas, sudor y sangre. Y un himno debería ser la estampa del orgullo de un pueblo sin cadenas (aunque de ahí a que pueda aplicarse a esta Argentina esclava de tantas cosas es discutible).

Y lo de las niños en Tinelli me parece horroroso. Pero, honestamente, no expondría a un hijo a ese psicologismo un poquitín hippie que muestra la señora Cincunegui. Qué se yo... básicamente... pienso que la crianza de un niño (y todo lo que eso implica) debería ser lo más natural posible. Y lo de Cincunegui me suena tan artificioso como lo de Tinelli.

PD: Cómo me gustaba Telejuegos, la puta madre. Todavía conservo un vinilo con las canciones del programa.

Hola!
Felicidades por el blog y por lo de "La Voz", Gracias! ;-)

Petra, está claro que las independencias no se consiguen parlando y que el himno nacional tienen que tener su carga guerrera. Lo que me pregunto es por qué un rocker debería adherir a eso...

"La marcha de San Lorenzo" siempre me pareció genial, y justamente relata una batalla.
Digo, más allá de Hendrix y todos los demás que tocaron el himno de USA, o los que hicieron idem con marchas UK, a la hora de cualquier ceremonia patria suenan esas canciones tal como fueron concebidas ¿o no?.

Sí, Eduardo, entiendo tu pregunta. En realidad, estaba más que nada contradiciendo los dichos de Spinetta. Y también entiendo que el rock no debería ser PRO. Pero creo que es parte de un problema más general: la pérdida del elemento políticamente incorrecto que viene sufriendo el rock en los últimos años.

Ah, y decile a Manson que me está pasando lo mismo que a él después de "Mechanical animals". Ando falta de inspiración ;)

A ver....
* lo más lúcido que leí del evento Macri es la declaración de AA: "Si, cobramos bien, y hoy me voy a comprar algo lindo"
* Si es por acercar las canciones patrias a los niños, hubieran contratado a Casi Angeles: son horribles, pero los niños los identifican al segundo sonido.
* En el viernes de mujeres con mi hija agarramos un poquito de unos niños "perreando" en lo de Tinelli: niñas de cola al descubierto y pintadas como puertas, niños pegando nalgadas y apoyando. Lejos estoy de ser moralista, pero cerca estoy de trabajar con lo perverso y caray! todo queda fijado en la infancia...qué mierda de infancia!
* Vos tenés hijos varones, yo mujer así que...con Pucca no te metas!!!! Niña china repartidora de fideos... Camila preguntando: "Yo también voy a tener que trabajar, mamá?". Mi amoooor!!!!
* Y por último que los rockers anden versionando cualquier cosa ni siquiera creo que sea exclusivamente por el dinero: escuchando varios de los últimos discos nos daremos cuenta que a nadie, prácticamente a nadie, se le cae una bella canción o -por lo menos- un estribillo recordable.

Aún recordamos Los niños que escriben en el cielo.

Ah, Fabre, por algo será....

Y sí, por algo seguimos escuchando ese disco con orgullo.

Por otro lado, no me meto con Pucca, y tampoco creo que esté específicamente dirigido a nenas. Lo veo con mis dos pequeños salvajes y nos cagamos de risa. Y tiene guiños para padres brillantes, como ese cana que cierra todas sus frases con "...cambio".

El significado de Patria, de libertad, de nacionalidad en un pais tan lleno de colores en la mezcladora...

Me re sulta un poco confuso ese significado la verdad.

Siempre tuve una imagen en mi mente desde que tengo 14 años y vi a mi profesor de bajo tocar la version mas hermosa que haya escuchado en mi vida del himno, interpretandolo con una guitarra criolla pelada y sin letra.

La imagen que tengo siempre es la de un peon de campo explotado, con las manos heridas de laburar tocando arrimado al fogon de noche, descansando (casi blusera la imagen) esa misma version del himno en la criolla.

Diran que es un poco tonta mi imagen. Pero prefiero imaginarmelo asi antes de acordarme de como yo y mis compañeros balbuseabamos la cancion patria en el colegio. Hoy por hoy el Himno es muy contradictorio a la realidad. Aunque siga teniendo una bonita secuencia de acordes.

Que las canciones patrias suenen en cualquier ritmo no las hace ni mejores ni peores,que las canten los rockerstampoco creo,en todo caso es un golpe de efecto,que en este caso busca cooptar el voto joven ,para el ingeniero pro,el tema es que los musicos se alineen por dinero con esta gente,el rock en mi barrio era rebeldia,y estaba mas identificado si se quiere con el peronismo por los setenta,no con esta gente,pero bueno mi sueño era escuchar al carpo cantando la marcha peronista.

Hace un par de años fuí a un acto del colegio por el "Dia de la Bandera". Mi tradición anarquista siempre hizo que repudiara practicamente todos los símbolos "patrios", pero fuí, obligado por las circunstancias. Me sorprendió el discurso de la directora, que diciendo que era la bandera para ella, dijo que era como la bandera de "llegada" de las carreras. Como un simbolo que representa la meta de construir un "pais"/"ciudad"/"pueblito"/"grupo de amigos" propio. Como algo que simboliza lo nuestro. Y que para ella la bandera no es esa inmaculada que flamea, sino una toda rota y gastada por el esfuerzo compartido. O sea, se la "sacó" a los militares y la hizo propia. Se me piantó un lagrimón.

Pucca es una de las cosas más tiernas, deformes y cómicas (todo junto) que vi en mi vida. Es más, tengo un muñequito de Garu sobre mi cómoda.

Ernesto: a veces, muy de vez en cuando, los funcionarios escolares nos sorprenden...

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  • Buenos Aires, Argentina
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