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10.6.09 

Entregar la vida a la canción

(Publicada hoy en Página/12)

“Le di mi vida a las canciones, y no me arrepiento”, canta Manuel Moretti en “Melancolía”. Es una de esas frases que se adoptan de inmediato, pequeña gran filosofía hecha melodía: es la segunda canción de Una temporada en el amor, apenas han transcurrido seis minutos desde el comienzo del nuevo álbum de Estelares y ya alcanza para saber que se está ante un gran disco. Puede parecer una exageración, otro ejemplo de la fascinación que la prensa tiene con la banda de Junín/La Plata/Buenos Aires desde los tiempos de Extraño lugar y sobre todo a partir del magnífico doblete de Ardimos y Sistema Nervioso Central. En el medio suele menearse el “verbo” hypear, mucho más ajustado que el castellano inflar, pero la calidad de canciones como “El último beso”, “Moneda corriente”, “De la Hoya”, “Ella dijo” o “Luxemburgués” exime de cualquier inflador artificial: Estelares creció solo. Aunque el Sindicato del Cinismo enarque las cejas, a la hora de diseñar un mapa del rock argentino en el final de la primera década del siglo XXI no se puede prescindir de ellos.

El cantante y guitarrista Moretti, el violero y coequiper compositivo Víctor Bertamoni, el bajista Pablo Silvera y el baterista Carlos Sánchez transitan un camino difícil pero lleno de atajos fáciles, el de la canción rock. Hay toda una tradición al respecto en la escena local, pero también infinidad de lectores del librito Canción rock para dummies. El cuarteto, sin embargo, se desmarca, quema ese libro en su propio fuego, se aleja de la cosa calamaresca y el versito flojo del “rock and roll de verdad”, y construye su identidad a partir de sabias combinaciones armónicas y melódicas –donde mayores y menores no son equipos de fútbol rivales, y pueden fundirse dibujando extraños paisajes–, un sólido sonido guitarrero y una destacada capacidad para producir emoción sin cursilería. Vaya como ejemplo “Mil abejas”: Moretti no es el primero ni será el último en tomar la guitarra para cantarle al milagro de una hija, pero la sencillez de la frase “Debe ser que no hay mayor verdad que tu amor” no produce empalago, sino un genuino nudo en la garganta. Esos versos de amor para Juana se combinan con la demoledora, intensa “Un viaje a Irlanda” para poner una doble cereza en la torta, cerrar el paquete por todo lo alto: “Veinte años no es nada si hubiesen sido decentes”, tira el cantante, desactivando como al pasar décadas de mito sobre el paso del tiempo.

Claro que antes de eso el grupo fue construyendo pacientemente su edificio de canciones, con eje en ese “sexto B” que aparece con recurrencia similar a la que Moretti exhibe al preguntarse sobre su condición de amante fiel, farsante, impostor o truhán: dudas existenciales que le dan la firmeza musical para dejar caer perlas brillantes como “Autobuses”, uno de los muchos corazones del disco. Allí, el grupo suma a un invitado de lujo como Fito Páez, que deja a un lado todo exceso particular para integrarse al grupo, apropiarse de una estrofa pero también prestarse a un inolvidable dueto de voces con Manuel. Es otro estribillo que se queda a vivir en el marote, en un disco que abunda en ellos: no puede decirse otra cosa de “Las trémulas canciones”, donde Ariel Rot colabora para una tanada romántica que no se traduce en grasada, o la urgencia de “Las luces del sueño”, la dulce desesperación de “Máscaras” o el rapto-Virus de “No hay más”, escrita por Silvera.

Para los amantes del rockito “hacia arriba”, Una temporada en el amor ofrece el single inevitable, que engancha de inmediato y –lamentablemente– caerá presa del hartazgo de la heavy rotation: aun así, por un tiempo será difícil sustraerse a la potencia de ese “Somos tan frágiles/ tan memorables, ves?” en "Cristal". Potente, también, es la épica de “Los ’90” (como “Tanta gente”, personal retrato de la era de Carlos Saúl I), las guitarras alla Adrian Belew de “4 Chicos” o la pintura de un gélido país de “Superacción”.

Y así, con el aporte de Juanchi Baleiron –el productor que supo cristalizar de una vez y para siempre el núcleo sonoro de la banda–, las guitarras de Sebastián Escofet y las teclas de Eduardo Minervino, Estelares le pone la firma a un opus 5 que los encuentra en plena madurez, tan convencidos de lo suyo como para evitar los atajos facilongos, para entregarle su vida a las canciones y no arrepentirse. Y, de paso, convencer a quien tenga la oreja atenta de que vale la pena subirse al mismo autobús: que sea una larga temporada.

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Fabre, es una pena que no le hayas dedicado una línea a "Hoteles".

Saludos.

Un solo aporte, acerca de las pelotas de los Estelares para tener un estribillo que sólo dice "feliz, feliz"; y para arrancar otra canción así: "Me siento muy solito".

Definitivamente inevitables.

Es que "Hoteles" es la que menos me gusta...

Empecé a escuchar el disco con la vara de "Sistema..." porque sencillamente me parecía bastante dificil superarlo. La primera impresión me dió la razón, y pensaba "ok, con que sea la mitad de bueno me conformo". Ahora cada vez que lo escucho me agarran mas dudas. Es un gran disco.
Me gustó el análisis (no sabía de la participación de Rot!)

Estelares cumple y dignifica la tradición de la canción rockera (o del rock cancionero, como se prefiera) local.

Si bien Manuel Moretti ya se destacaba como compositor e intérprete desde la época de Peregrinos, es justo reconocer (como bien lo hacés en esta nota) el trabajo de Juanchi Baleirón al sacarle punta y afilar al grupo hasta dejarlo en condiciones de ser masivo, al igual que hizo con Massacre.

Ya que estamos, recomiendo a los buceadores el laburo "solista" (las comillas vienen a cuento de que, en rigor, no lo fue tanto) de MM, "La mañana del aviador".

Ah, y si mal no recuerdo, el depto era en el 5ºB.

Salud.

Algo tarde llego a esta reunión pero opté por no leer la reseña hasta escucharlo lo suficiente como para sacar mis propias conclusiones.
Un disco muy maduro con menos potencial radial que SNC pero que igualmente incorpora las canciones a tu cerebro más allá de tus ganas. Escuché una vez melancolía y me la pasé un día entero tarareando el estribillo.
Podio para Un viaje a Irlanda, Superacción y Tanta gente. Le siguen de cerca un puñado más. Coincido que Hoteles es la que menos me gustó.
Como críticas diría que Moretti está aún más autorreferencial que antes pero en una especie de veta redentora. Antes fue un farsante, truhan y mentiroso, ahora es un tipo fiel que ya no toma droga (hay cierta continuidad en esa idea desde Ardimos). Y por otro lado hay un par de "la la la" (en Melancolía, por ejemplo) que deslucen mínimamente el producto final.
Veremos que onda en vivo porque mañana (hoy viernes en realidad)tocan en Cba.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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