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14.10.09 

El síndrome del Beto Acosta

(Publicada hoy en Página/12)

No es justo. La frase viene una y otra vez, es lo que podría decírsele a alguno de los pilotos del Cadillac modelo ’09 en caso de cruzárselos por la calle. No es justo que ahora, cuando el Satánico Pop Tour los deja en una cumbre de performance, con el sonido y el groove afiladísimos, Los Fabulosos Cadillacs vuelvan a hablar de una pausa. Como unos Francescoli de la música (aunque, teniendo en cuenta dónde está el corazón de Vicentico y Sergio Rotman, debería hablarse de unos Beto Acosta), los Cadillacs se corren de la escena con el músculo intacto, veteranos que conocen la jugada justa. Y dejan una contundente prueba de ello: El arte de la elegancia de LFC.

Como sucedió el año pasado con La luz del ritmo, todo posible debate sobre los valores de un disco de versiones se diluye con la primera canción. Basta dejarse contagiar por la apertura de “Contrabando de amor” (originalmente registrada en El satánico Dr. Cadillac de hace veinte años): “Esta música rompe mis pies”, vuelve a cantar Vicentico, y la frescura y potencia de esta nueva versión invitan a zambullirse en el disco de los Cadillacs con la alegría de lo nuevo. Precisos, sueltos, ciertamente elegantes, el cantante, Flavio, Sergio Rotman, Mario Siperman, Fernando Ricciardi, Daniel Lozano y los invitados Hugo Lobo, Gustavo Martelli y Matías Brunel abordan esta segunda parte discográfica del regreso con elecciones arriesgadas y acertadas. Esquivando con deliberación el hit tribunero, la banda saca del archivo oscuras perlas de El satánico..., El ritmo mundial, Volumen 5, El león, La marcha del golazo solitario y Fabulosos calavera, ofrece un cover de “Move on up” de Curtis Mayfield (“Vamos ya!”) y dos títulos nuevos a cargo de Cianciarulo. Y en cuanto termina “Más solo que la noche anterior” y su track oculto (la pista de voz de “Siempre me hablaste de ella”), surgen las ganas de un replay.

Es que en el disco –y en el DVD que los muestra tocando en el fastuoso estudio puntano Casa de la Música–, la banda recorre facetas disfrutables y renovadoras de su archivo. Valen como ejemplos esa arrastrada “CJ” donde la guitarra surf de Adrián “Big Papu” Castinieira (de Los Kahunas) agrega un clima irresistible. O “Tan grande como un dios” en plan de febril disco-ska, cuyo estribillo invita a una cabalgata salvaje con el brazo en alto. O el caliente groove que se desprende de pasajes como “Siempre me hablaste de ella” o el cover de Mayfield, donde parece concentrarse ese concepto de elegancia que va más allá del arte de Marta Minujin: meterse con el funk negro no es moco e’pavo, exige una confianza y una ductilidad que a estos Cadillacs les resulta natural, años de conocimiento y el intenso deporte que significó esta gira continental de estadios llenos.

“Lanzallamas” y “Siete jinetes”, las canciones flamantes, agregan espesor, demuestran que si el grupo se lo propusiera podría sacar sin problemas un álbum de material nuevo que tendría todo lo que debe tener. Pero, ya se ha dicho, el conflicto con El arte de la elegancia no es ése. Con estos once tracks, vengan de donde provengan, la banda que algunos quisieron sentenciar a un lugar efímero en la escena argentina se pone sus mejores trapos, los luce con hidalguía y después, como si nada, se va a tomar otra pausa. No es justo.

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Eduardo, ¿te parece que el show del lunes fue una muestra de la "cumbre de performance, con el sonido y el groove afiladísimos"?

Yo creo que fueron más "desprolijos", más sueltos, con menos carga épica, seguramente más Cadillacs, pero de ninguna manera con un pico de sonido y groove.

Gran concierto, igualmente, claro está.

Y no, no es justo que nos hayan hecho quedar como boludos al burlarnos de la "burbuja en el tiempo" de Soda...

La versión de “Contrabando de amor” me parece genial. La cruza exacta entre Madness, el club del clan y The Clash. Suenan a Banda feliz de tocar; es así como decís, estos tipos de más de 40 trajeron frescura a la radio.

No puedo hablar del show porque no fui, la nota es sobre el disco. Sí puedo decir que veo a los Cadillacs desde los '80, siempre me pareció que tenían un vivo despelotado, y lo de River (para hablar de un show que sí ví) fue ciertamente sorprendente.

Refrendando lo que dije anteriormente (en el post sobre el regreso de LFC), los voy a ir a vcer ahora que pasan por Neuquén... si es que llego a los $140 que sale la entrada.

¡Llegó la alegría, vieja!

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