25.11.09 

El delicado sonido del trueno


(Publicada hoy en Página/12)

A la hora de considerar a Catupecu Machu surge un inevitable lugar común, fundado desde los lejanos tiempos del incendiario Dale!, la difusión masiva que significó Cuentos decapitados y, claro, su demoledora expresión en vivo: de la banda que encabeza Fernando Ruiz Díaz se espera una explosión de energía, caballos desbocados que conducen hacia una feliz catarsis. Pero desde Cuadros dentro de cuadros y también gracias al notable Laberintos entre aristas y dialectos, está claro que hay más que eso en el universo de CM. Para la banda de Villa Luro, saber cultivar nuevas formas más allá de lo energético ha supuesto una forma de sabiduría.

Catupecu es, también, una banda resistente, tanto como para sobrellevar la partida del histórico Abril Sosa y sobre todo la tragedia de Gabriel Ruiz Díaz, víctima de un grave accidente en marzo de 2006 y aún en recuperación. Esa cualidad también interviene en su capacidad de reinvención, quizás el detalle más relevante de Simetría de Moebius, su nuevo disco. Ruiz Díaz, el tecladista Macabre, el guitarrista Sebastián Cáceres y el baterista Herrlein consiguen en su sexto disco de estudio un efecto magnético, gracias a la decisión de permitirse el desborde sólo de vez en cuando, un paquete de canciones bien inspiradas y una lírica que crece disco a disco. Dicho de manera más sencilla: da ganas de escucharlo una y otra vez.

Aquello de la dosificación de energía encuentra rápidamente un buen ejemplo en la apertura de “Confusión”, cuya introducción hace suponer que vendrá una inevitable tormenta. Pero no: el tema no explota sino que implosiona, con una batería deliberadamente contenida, en un giro doblemente efectivo. Algo similar sucede con “Piano y RD”, donde sólo el final permitirá que el asunto se desmadre con ese grito de “Fuera de mí, cambié la piel”. Ese par de canciones alcanzan para fijar una certeza, no tan fácil de hallar en muchas bandas limitadas a la repetición de gestos propios o ajenos: Catupecu Machu posee una identidad que le permite jugar con sus propios parámetros sin desvirtuarse. Y, sobre todo, persigue ideas bien definidas, no sólo por los conceptos gráficos con los que gusta juguetear. Curiosa paradoja, el grupo que pedía pisar sin el suelo tiene los pies bien plantados en la tierra.

Sobre todo, lo que más se agradece, es la capacidad de Catupecu para construir canciones delicadas y sólidas como una roca a la vez, paisajes sonoros de tanta belleza como “Cosas de goces” o “Abstracto”, de oscuridad tan sugerente como “Nuevo libro”, “Víbora vientre” o “Juego sagrado” –uno de los puntos más altos– o de urgente electricidad como “Anacrusa” y “Alter ego... Grito alud”. En apenas once canciones, la banda hace honor a la cinta de Moebius: su disco cierra por todos lados. Con el sonido trabajado hasta la obsesión, exudando una envidiable cohesión grupal, tan capaces de apelar a la guitarra hiriente como a la cuerda de nylon y con Ruiz Díaz explotando al máximo su personalidad vocal, Catupecu Machu, aquellos que alguna vez se dedicaron exclusivamente a reventar amperímetros, entrega uno de los grandes discos argentinos de 2009. A morir.

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23.11.09 

Una carta de Billy Bond

Caros :

LOS GRANDES SIEMPRE FUERON y SIEMPRE SERAN GRANDES a pesar de sus desmanes........ porque son grandes por su TALENTO y nunca por sus actos reprimidos o censurados y yo respondo EN ESTAS LINEAS porque EL BOTA me incluye en su reflexion.

Mira vos que yo ( y alguno de LOS GRANDES JUNTO ) me tome ( TOMAMOS ) todas las drogas posibles , TANTAS COMO lo que jamas te puedas imaginar o que alguien se pueda tomar..

Pero en silencio, sin hacer alardes.
Se trata de tener disciplina hasta para drogarse .

EL DESCONTROL , LA FALOPA Y EL ALCOHOL mencionado no pudo detener nuestra marcha DEMOLEDORA para producir casi 65% del rock nacional de los 70.

Fijate que por lo menos a mi ( y a muchos ) NO ME DEJO TAN PELOTUDO y sin falta de personalidad.

En el fondo creo que no vale la pena perder tiempo con los IDIOTAS DE SIEMPRE les caben varias letras de LA PESADA entre ellas TONTOS y SALGAN AL SOL .

Al final de cuentas "QUE CADA UNO HAGA DE SU CULO LO QUE LE PAREZCA" y que recoja lo que cosecha .

BOTAFOGO ....
NO GASTEN POLVORA EN CHIMANGOS !!!

EL BONDO .

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21.11.09 

Bulañón

(Publicada hoy en Página/12)

Ah, sí, íbamos a aprender. La muerte de Walter Bulacio iba a dejar una enseñanza. Las muertes de República Cromañón iban a dejar una enseñanza.

Y aquí estamos nuevamente, enfrentados a la misma miseria.

El sábado 14 de noviembre, en la cancha de Vélez Sarsfield volvieron a hacerse presentes los peores fantasmas de la historia reciente del rock argentino. Hubo una organización superada por los acontecimientos, que cometió errores que pusieron en peligro a los asistentes (¿una sola vía de ingreso para 15 mil personas que iban al campo?). Hubo un Estado ausente que no controló nada, que dejó hacer. Hubo una policía dedicada a uno de sus deportes favoritos, cagar a palos a la pendejada; hubo tipos vestidos de azul que reventaron a un pibe de 17 años llamado Rubén Carballo, y lo tiraron lejos para que lo encontraran al día siguiente, con la entrada en el bolsillo y la cabeza abierta, medio muerto.

Bulañón.

A esta altura ya no importa la opinión de periodistas de éste y otros medios, que señalaron las deficiencias artísticas de la reagrupada banda de Piedrabuena. Otra vez, no hablamos de música. Otra vez, asistimos al carnaval del yonofui: Facundo Echeverría, jefe de seguridad de Viejas Locas, se desligó de los incidentes. La productora Fénix se desligó de los incidentes. Pity Alvarez, en una carta dada a conocer el jueves, se desligó de los incidentes. La policía se desligó de los incidentes. El gobierno porteño todavía no se desligó de los incidentes, está buscando la manera de encajarles también esto a los Kirchner.

La culpa de todo la tiene Yoko Ono.

* * *

Dicen los conocedores del mundillo futbolístico que no hay que dejar afuera de la ecuación a los barrabravas, que hacen de los estadios su dominio, que en los recitales se apoderan de una puerta para hacer su negocio entrando gente por izquierda. En las imágenes televisivas de las corridas en Liniers pudieron verse a unos cuantos muchachos con la camiseta del Fortín. Algunos pibes que fueron al show afirman que varios barras se dedicaron al arrebato y reventa de tickets. En los pasillos se dice que la discutible decisión de habilitar una sola entrada para el campo radica precisamente en el intento de desactivar ese circuito espurio. Como sea, los que garpan son los pibes, desprotegidos ante un peligroso estado de las cosas como en Cromañón, desprotegidos ante el palazo, las balas de goma y el chorro de agua azul, aunque tengan su entrada en la mano.

La cana nos toma el pelo: le abre la cabeza a un pibe y después pretende sostener la teoría de que intentó colarse y se rompió solo. Curioso caso de alguien que tenía entrada, pero se quería colar. Ayer, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) no sólo señaló los obvios paralelismos con el Caso Bulacio, también dio a conocer cifras escalofriantes: “Desde el 10 de diciembre de 1983 hasta ayer, policías, gendarmes, prefectos, servicios penitenciarios y vigiladores privados nos mataron 2826 chicos”.

Hace sólo unos días, Susana Giménez, animadora televisiva, campeona de la nadería, importadora ilegal de autos de lujo, ex esposa de un golpeador de mujeres y resucitadora de dinosaurios, pidió represión ante cualquier desborde social.

¿Estás contenta ahora, Susanita?

* * *

“Con un auto prestado voy tratando de llegar lo más rápido posible y veo la situación en la que se encuentran los alrededores del estadio. Si describiría lo antes mencionado diría que veo mucha pero mucha gente caminando de un lugar a otro y en ningún momento vi violencia o problemas entre los chicos que esperaban para entrar, todo tranquilo y me sorprendió. Por otro lado, a lo lejos, veo personal policial en gran cantidad los cuales me pararon muchas veces para pedirme los datos y al reconocerme me dejan ir y todo sigue tranquilo, esto se repite alrededor de cinco ocasiones. Los demás músicos, que se encuentran desde temprano en el estadio, no deben saber qué sucede en la Av. Juan B. Justo. Si esto fuese un censo trasladémoslo a estadística, tenemos 40.000 personas que asistieron al show y hay un porcentaje que no está bajo su control y además hay 400 efectivos uniformados, móviles, carros hidrantes, brigada y efectivos de civil (los cuales desconozco en ese momento la cantidad). No voy a decir que vi represión (en ese momento preciso) ni gente descontrolada, sólo vibré que la gente disfrutaba de sus caminatas y que no estaba en la maternidad.”

El párrafo (sic) pertenece a Pity Alvarez. Los comentarios huelgan.

* * *

Sí, los pibes también bardearon. Mientras la jueza subrogante Guillermina Martínez investiga la agresión policial a Carballo, y la fiscal contravencional porteña Mariela De Minicis lleva la causa en la que se investiga la presunta omisión de tomar los recaudos en materia de seguridad por parte de los organizadores, el juez de menores Enrique Velásquez investiga los desmanes cometidos por parte del público. Pero el que quiera poner el foco principal en la mala conducta de un público sometido a maltratos de toda laya, sometido a la interminable espera en una cola que no avanza nunca, con caballos policiales hostigando, estará echando tierra sobre lo importante. A Aníbal Ibarra se lo cargaron por no cumplir sus deberes de gobernar un Estado que vigile el bienestar de los ciudadanos. ¿Dónde estaban los inspectores del Gobierno de la Ciudad el 14 de noviembre? ¿Los únicos que laburan son los medidores de decibeles?

No parece haber término medio. Los políticos se llenan la boca con la palabra educación, pero a la hora de pensar los problemas de fondo sólo saben apelar a la represión. A los desangelados, minga de inclusión social: bastonazo. El miércoles, ochenta organizaciones políticas, sociales y sindicales se reunieron para buscar la forma de frenar el proyecto de Código Contravencional que impulsan el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, y su ministro de Seguridad, Carlos Stornelli. El proyecto es una actualización de los malhadados edictos policiales volteados tras años de lucha de las organizaciones de DD.HH.: restablece la ambigua figura del “merodeo”, da atribuciones a la Bonaerense a detener a menores de 14 sin autorización judicial, incluso amplía el tiempo de detención de esos menores en comisarías. Los jueces que apliquen el código serán nombrados por el Poder Ejecutivo y los Concejos Deliberantes, y no por el Senado provincial. Lo pide Tinelli, lo pide Susana, lo pide Mirtha, lo piden los prohombres de la Nación: palo y palo, muchachos. Que así no se puede vivir.

* * *

Bulañón provocó que a Miguel “Don Vilanova” Botafogo se le soltara la cadena. “Declaro responsables y culpables de la muerte de ciento noventa y ocho personas en Cromañón y del cráneo destrozado de Rubén en Vélez a las empresas discográficas, medios gráficos, radiales y televisivos, managers y representantes, que dieron difusión a grupos de mierda integrados por pseudo músicos horribles e hijos de puta que desde sus canciones y sus escenarios hablan de que está todo bien con el descontrol, la autodestrucción con la ‘merca’, el ‘paco’, el alcohol, los psicofármacos”, arranca la carta que el guitarrista dio a conocer esta semana. Ya las primeras reacciones en la web indican por dónde irá el debate: la mayoría se concentrará en los brulotes verbales, acusará a Vilanova de buscar difusión fácil. Como le sucedió a la Bersuit cuando apuntó a la responsabilidad de Callejeros, no faltará quien lo acuse de careta.

A Bulacio lo mató la policía hace 18 años.

En cuarenta días se cumplirán 5 años de la masacre de Cromañón.

Ah, sí, íbamos a aprender.

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18.11.09 

La cocina de REM


(Publicada hoy en Página/12)

¿Festín? ¿Banquete? ¿Pantagruélico menú musical? Todas las acepciones que se quieran ensayar para definir un producto que deja al usuario pipón pipón pueden ser aplicadas a Live at the Olympia in Dublin – 39 songs, el doble CD + DVD que acaba de aparecer en la Argentina, protagonizado por cierta bandita estadounidense llamada REM. La historia detrás de la caja alcanza para despertar el interés: en 2007, en pleno proceso de preparación para la grabación del majestuoso Accelerate, el cantante Michael Stipe, el guitarrista Peter Buck, el bajista y tecladista Mike Mills y los invitados Scott McCaughey (guitarra, coros) y Bill Rieflin (batería) se subieron al escenario de ese local irlandés (la elección del lugar tiene que ver con la nacionalidad del productor Jacknife lee) para ofrecer cinco noches de ensayos en vivo. El calvo vocalista definió al asunto como “un experimento aterrorizador”, pero el resultado no pudo ser más fecundo. Es que allí no sólo figuran las primeras versiones de golazos sonoros como “Living well is the best revenge”, “Man-sized wreath”, “Mr. Richards”, “Accelerate” o “Supernatural superserious” (aquí todavía titulada “Disguised”). El grupo se embarca en un rescate de canciones que hace años no tocaban en vivo, retrasando los relojes hasta los “años IRS” y sacando a la luz esos temas que apenas aparecieron en alguna gira o nunca compitieron seriamente por el setlist final. Con un largo artículo del periodista Andy Gill en el que explica las razones para amar a una banda como REM, el lanzamiento incluye un gordo librillo en el que Buck dedica un párrafo a cada una de las 39 canciones incluidas. Y como si todo eso fuera poco, el DVD presenta la película This is not a show, dirigida por Vincent Moon y Jeremiah, relajado retrato de esas noches supuestamente de terror –centrado en las canciones de Accelerate– que permite tomar parte de esos ensayos, disfrutar con los comentarios de Stipe sobre lo que se dice en la web sobre sus letras, el intercambio de ideas entre los músicos y una confesión inolvidable, cuando Stipe le cuenta al público: “Cuando estamos de gira siempre tengo que lidiar con el tema de la adrenalina. Yo suponía que en esto, tratándose solo de ensayos en público, no sentiría esa inyección de adrenalina. Bueno... me equivoqué”, señala. Ante las risas del público, el cantante cierra: “Claro, ustedes se ríen, pero estos tipos que tengo alrededor son los que van a tener que convivir conmigo y mis neurosis en un estudio durante las próximas semanas”.

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17.11.09 

Autos

Se muró Mercedes. Se murió Aníbal Ford. Se murió Leónidas Lamborghini. En el diario estamos profundamente preocupados por León Ferrari.

14.11.09 

Periodistas sin armadura


(Publicada hoy en Página/12. Recomiendo leer toda la producción)

Los ríos de baba inundaron la esquina de Balcarce y Chile. Suele decirse que los periodistas de rock se van recubriendo demasiado de cinismo: que la necesidad de abandonar los modos y las visiones del fan en pos de una necesaria objetividad nos convierte en una suerte de muros inconmovibles. Que el ejercicio de la profesión nos aleja de la sensibilidad del público. Que al final todo da lo mismo, que cada evento es la oportunidad de lanzar un comentario sardónico por lo bajo.

El jueves por la noche, más de un fan se hubiera divertido de lo lindo: el sindicato de la prensa rockera en pleno, asistencia casi perfecta, de boca abierta, pellizcándose, mirándose unos a otros con auténtica incredulidad, como en aquel primer show que decidió el destino de cada uno.

Spinetta, Pomo, Machi, Cutaia, Frascino, Amaya, Lebon, García, Molinari, Del Guercio, Sujatovich, Vadalá, Nicotra, Verdinelli, Cardone, un tal Charly: el lugar hervía con el álbum más o menos completo del universo Luis, Invisible apenas estaba probando sonido y en el salón flotaba un aura de irrealidad. “No lo puedo creer”, se escuchaba en todos los rincones. Un cacho enorme de la historia del rock argentino se paseaba por el lugar, se saludaba, se abrazaba. “El 4 de diciembre cuelgo los botines”, dijo un testigo.

¿Exagerado? Sí. El fanatismo es exageración. Y el señor Luis Alberto Spinetta produce fanatismo no por marketeo sino por exclusiva culpa de esa obra gigante que viene construyendo desde 1969, porque se pone a cantar que es un amor de primavera que anda dando vueltas, y que la indómita luz se hizo carne en mí, y tiene la voz intacta y la guitarra roja impecable, y disfruta viendo a Pomo redoblar y a Machi exudando serenidad mientras construye un muro de sonido, y a David y el Bocón poniendo al rojo las válvulas en “Me gusta ese tajo” (“¡¡¡Boludo, estamos viendo a Pescado!!!”), y ahí están los cuatro Almendra, los del ‘69, los de El valle interior, y qué importa que ya no sean tan chiquitos. Vélez está tan cerca y tan lejos para tanta ansiedad.

El Café Molière estuvo lleno de periodistas, pero todos dejaron la armadura en la puerta. La cebadura que ya había ocasionado el rumor, y el anuncio, y la conferencia de prensa en el 25 de Mayo, se multiplicó por cien, por mil, por una cifra incalculable. Vimos a Invisible, a Pescado, vamos a ver a Jade, y a los Socios y a Almendra, y a formaciones selectas del Flaco solista, y aun algún invitado más. Spinetta, nombre mayor del mejor rock de este país, los reúne a todos. Un antídoto contra todos los males.

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12.11.09 

El regreso de las Bandas

Y una noche, en la esquina de Balcarce y Chile, la historia se hizo presente, la magia se volvió sólida. Pocas veces se vio al gremio periodístico en pleno babeándose sin vergüenza alguna, de boca abierta, sin poder creer lo que sucedía ante sus ojos, una entradita de lo que se verá el 4 de diciembre en Vélez. Primero Invisible, Spinetta, Pomo y Machi haciendo el “Amor de primavera” de Tanguito. Después, Pescado Rabioso: Spinetta, Carlos Cutaia, Black Amaya, David Lebon, el Bocón Frascino y Guille Vadalá dándole a “Hola, dulce viento” con el Ruso en voz, y luego embarcándose en una incendiaria versión de “Me gusta ese tajo” con Frascino y Lebon sacándole fuego a las cuerdas. Enseguida, Nerina Nicotra, Vadalá, Claudio Cardone y Sergio Verdinelli para “Retoño”, bella canción dedicada a los padres de las víctimas del colegio Ecos. Y para cerrar, Charly García al piano para “Rezo por vos”. Sí, hubo alguna tímida protesta porque alllí estaban también Rodolfo García, Emilio del Guercio y Edelmiro Molinari pero no hubo Almendra. Pero se trataba de calentar un poco más el ambiente, cuando lo del Fortín de Liniers está más cerca.

Sabrán disculpar que las fotos no son de gran calidad. No solo porque fueron sacadas con celular, sino –sobre todo- por el temblor del alma.

Gracias, Luis.

Pomo - Spinetta.

Lebon - Frascino - Vadalá.

Spinetta - García.
Machi - Pomo.
Black - Spinetta.
Spinetta - Cutaia.

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10.11.09 

Suban el volumen

(Publicada hoy en Página/12)

Silencio dijo el cura, silencio dijo el juez /
Silencio entonces, idiota!

(Los Fabulosos Cadillacs, 1985)

Lo sucedido este fin de semana en el festival Pepsi Music plantea una batalla que el rock no puede dejar de dar. A pesar de ser desestimada por el juez de turno, la denuncia de una señora que vive a varias cuadras del Club Ciudad provocó que los inspectores del gobierno obligaran a la productora Popart a bajar aún más el volumen, hasta un nivel en el que los cánticos del público resultaron más poderosos que lo que salía del Public Address. El hecho podría calificarse como curioso, pero la palabra que más le cabe es peligroso: la decisión de trasladar los grandes festivales a varias cuadras de Avenida del Libertador fue un gesto de buscar la convivencia, de permitir la expresión artística, afectando lo menos posible a los vecinos. Pero ni el buen vecino ni la administración Macri parecen dispuestos a otra cosa que a bajarle el sonido al rock, ponerle mute, acorralarlo un poco más. La histeria post-Cromañón llevó a clausuras generalizadas que redujeron sensiblemente los medianos y pequeños lugares de trabajo de los músicos. Ahora van también por los grandes.

Mauricio Macri, tan amante de las patéticas imitaciones de Freddie Mercury en sus fiestas, tan preocupado en el foro nacional por la libertad de expresión, no tiene ningún empacho en atropellar en su feudo la libertad, el derecho, el volumen de expresión de los artistas de rock. El género siempre fue molesto para la sociedad más occidental y cristiana: esta preocupación por el volumen es una efectiva manera de recortarle las alas, reducir su poder de convocatoria (¿quién no pensaría dos veces pagar una entrada sabiendo que va a encontrar un sonido insatisfactorio?), obligar al susurro su capacidad de gritar inconveniencias. Esta administración posó de cool poniéndole el brazalete Say No More al Obelisco, pero sus acciones están mucho más cerca del anillo milico de “El silencio es salud”. Quizá necesita ese silencio para poder escuchar mejor las pinchaduras de teléfonos.

El domingo por la noche, en la carpa de prensa del Club Ciudad, Roberto Costa apuntaba su frustración por encontrarse en la posición de que el público se sintiera estafado, y echaba justificados rayos y centellas contra los funcionarios y su arbitrario poder de clausura. El productor debería andarse con más tiento: podría pasar por allí algún inspector quisquilloso que interprete eso como uso indebido de pirotecnia y le cierre el boliche.

Los fachos de siempre quieren imponer el silencio. Es hora de pegar un par de gritos.

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8.11.09 

La antena no se mancha

(Publicada hoy en Página/12)

Casi todos los libros, versiones y relatos le adjudican la paternidad –aunque reconocen otros nombres en danza– al tano Guglielmo Marconi, que a fines del siglo XIX saltó el Canal de la Mancha con una transmisión inalámbrica. Los estudiosos de la historia local celebran al doctor Enrique Telémaco Susini y el grupo de locos que, hace una punta de años, se subió a una azotea de Charcas y Cerrito para echar a andar un equipo mínimo que logró transmitir la ópera Parsifal.

De esa clase de cosas está hecha la épica de la radio.

Suele decirse que el gran poder de la radio se funda en el ejercicio de la imaginación que supone, su capacidad para construir mundos entre alguien frente al fierrito y alguien que, lejos de allí, consigue palpar el universo. Ahí no hay grandilocuencia que valga: el desarrollo tecnológico agregó infinidad de matices y facilidades a esa labor, pero la radio sigue afirmando sus pies en ese intercambio tan sencillo, tan complejo. La radio es gratis de verdad: hasta para tener apenas los cinco canales de aire hay que hacer una inversión importante. Internet depende de tener una computadora, un proveedor y un servidor que no se encapriche. Los diarios y revistas tienen un costo de producción que impone un precio de tapa. El cine y el teatro –salvo eventos de entrada libre– exigen un lógico pago de entrada. Para dejarse llevar por la radio alcanza con un aparato que puede tener años y años de antigüedad y aun así sigue cumpliendo sus fines.

La generación que creció con Videla, la que nació sin poder, descubrió que la radio podía ser una aliada de peso con las rarezas de El tren fantasma y sobre todo a comienzos de los ’80, cuando Lalo Mir y Elizabeth Vernaci cambiaron las 9 PM. Allí no sólo podían escucharse un lenguaje, un código y un ritmo inesperados, desconocidos. También sonaba el demo de una banda llamada Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y una noche podía estar invitado un español loco llamado Mariscal Romero que hablaba de pie frente al micro y sin dejar de moverse, y uno podía acceder al estudio de la avenida Santa Fe y conocer a un alemán de paso por la Argentina que tenía un casete de los Dead Kennedys y lo copiaba con gusto: un download de carne y hueso. Lalo se iría después al otro lado del mundo, a Bangkok, a seguir reinventando con el partidito entre estrellas del rock, la División Entel y el reverendo, a descubrir luego a un pelado increíble que tenía todo un mundo viviendo adentro, poblaba un solo micro de raras criaturas.

Se podían conocer también los estudios de El Mundo, en horarios imposibles para poder presentarse a tiempo al trabajo en la mañana siguiente, sin poder resistirse al influjo de un flaco alto y melancólico llamado Dolina, y el coequipier de pelo blanco que también era materia de leyenda y el locutor que se convertiría en impecable ladero, capaces de montar el escenario en el que brillaba el Sordo Gancé, improvisar el Himno de los Artesanos (“Somos todos artesanos, ZPQ, ZPQ/ Hacemos cacerolas con las manos, ZPQ...”), jugar a los dados a nombre de los oyentes o enhebrar el inolvidable culebrón de Los Ingallini, los Ingalls en clave de neorrealismo italiano. En el más allá, Marconi se rascaría la cabeza, incrédulo.

El Mundial de 1986 tiene pegadas imágenes precisas, pero también un recuerdo que es pura radio, que no se desvanece, que resurge cada tanto con la misma potencia, con el uruguayo que patentó eso del barrilete cósmico: en estos tiempos de pornografía futbolística, de tener acceso a lo que pasa en todos los campos de juegos, uno extraña el acto de escuchar los partidos por radio, donde los relatores a veces mejoran el bodrio que se está jugando. Víctor Hugo le puso poesía a una jugada sublime, pero uno también recuerda partidos horribles en los que se rió a gusto con lo que el oriental largaba por el micro para pasar el mal trago.

Como cualquier otro medio, la radio puede ser también objeto de manipulación: los milicos que se adueñaron de este país durante siete años quisieron sojuzgar también los oídos de la gente con sus listas negras, y cuando se lanzaron a la delirante aventura de Malvinas prohibieron los “cantables” en inglés. La taba se les dio vuelta cuando el rock argentino, hasta entonces condenado al ghetto de los silenciados, se volvió un fenómeno incontrolable gracias a la radio. La misma radio que puede ser hoy incubadora de la crispación, el soundtrack favorito de taxistas enardecidos por enanitos fascistas que arengan desencajados, que hacen magia negra. Afortunadamente contamos con el as de capusottos, capaz de convertir tanto veneno en pura comicidad, en antídoto, en recordatorio de que lo negativo no está en el medio sino en algunos de quienes lo ocupan. En los años ’50, el escándalo de la payola, los tipos que se llevaban sobres por pasar ciertas canciones, conmovió a la radio estadounidense. Pero la radio sobrevivió a los chupasangres. La antena no se mancha.

Y hablando de eso: los músicos saben mejor que nadie que la radio puede ser su arma más poderosa, allí donde lo suyo habla por sí, sin mediaciones, y un oyente puede convertirse en diez, en mil, en un millón. Una escena de That Thing You Do! retrata poderosamente esa convicción, cuando los pibes de The Wonders escuchan por primera vez su canción saliendo del parlante y no saben qué hacer con la salvaje electricidad que eso les produce, que les recorre el cuerpo. La primera ola del rock inglés y estadounidense hubiera muerto en la orilla de no haber sido por esa radio que la multiplicó hasta el tsunami. Mafalda no sólo sostenía diálogos existenciales con su Spica: a través de ella también conoció a The Beatles. Sí, la tiranía del single, la pereza de algunos musicalizadores o el tremendo peso específico de la pauta publicitaria hacen que a veces uno se pregunte para qué cuernos escucha las FM si pasan siempre lo mismo, a toda hora. Pero el virus de la radio es sabio, y supo multiplicarse en las radios alternativas, y hoy encuentra un inmenso campo de posibilidades en las estaciones que invaden la red, que proponen nuevas formas de expresión.

La radio inspiró nombres de grupos, miles de canciones y discos completos, tristezas como el Radio KAOS de Roger Waters o deformidades como el Radioactivity de Kraftwerk, los hertz convertidos en música. La radio le permitió a un pibe llamado Pergolini empezar en un estudio de juguete, llegar a comerse la mañana y construirse su propio boliche hi tech.

El martes pasado, los premios ETER se pusieron los largos, en una fiesta de entrega que contó con transmisión en directo por Televisión Pública, Radio Nacional y el sitio eter.com.ar. La lógica de los premios, se dijo alguna vez en estas mismas páginas, es siempre curiosa y no del todo confiable. Pero al menos en el caso de los Eter ese “ponerse los largos” no significó caer en vicios comunes al rito de los galardones. No es que en el ambiente de la radio no haya odios, puñaladas arteras o envidias como en la tele. Pero el clima en La Trastienda fue notoriamente otro. No porque la radio sea un medio más “chiquito” –considerar eso es un insulto–, sino porque su propia artesanía impide que los hacedores de amplitudes y frecuencias moduladas se monten a las grandes carrozas del carnaval mediático: para quien conoce la ceremonia íntima del estudio, el micrófono y el operador, embutirse en un smoking y dedicar su premio a la paz mundial suena a incongruencia.

* * * *

Video killed the radio star, argumentó una canción de Buggles que inauguró las transmisiones de MTV a mediados de los ’80. Paparruchadas. Hoy, entre realities y eventos fashion, MTV se acuerda cada tanto de emitir algunos videoclips. La radio y sus estrellas gozan de excelente salud.

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2.11.09 

Faaaaaaso



La noticia es viejísima (está fechada en noviembre de 2006), pero no deja de ser destacable. No puede menos que celebrarse el premio a la inventiva de esta buena gente.

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Búsquedas

El colega y amigo Facundo García se puso a curtir un entretenimiento que puede generar una adicción importante: iniciar frases en el Google que dan momentos de auténtica diversión. Véase Casco de Kamikaze.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
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