31.1.10 

Tres postales


(Publicada hoy en Página/12)

Lo sabe el exultante trabajador que se va y lo sabe el apesadumbrado que vuelve: pocas cosas tan lindas como las vacaciones, ese agujero negro en el que la realidad diaria se suspende y la cabeza se va lejos. Felizmente sentado sobre la valija, uno se prepara para disfrutar su merecido descanso cuando por debajo de la puerta se asoman tres postales del estío. Cosas que quedarán rebotando en el marote aunque Buenos Aires parezca un espejismo lejano.

* * * *

El anverso de la primera postal muestra un micrófono de radio. Del otro lado se puede leer la noticia de que un tal Raúl Moneta (nunca un apellido pareció tan apropiado) cayó por las oficinas de CIE y preguntó: “¿Oiga, vea, a cuánto está esa radio? ¿Y esa otra? ¿Y cuánto por las siete? OK, las llevo, no, no las envuelva, ya son un buen paquete”. Al banquero menemista no pareció importarle la advertencia de los mexicanos de que el Comfer hace tiempo los conminó a desarmar el paquete; después de todo, esa exigencia no tuvo mucho correlato con la realidad. Menos aún contempló algo llamado Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: todo parece indicar que hay personajes que confían en que sus lobbies voltearán una norma debatida por decenas de organizaciones expertas en radiodifusión. Vamos, que esto es Argentina, supuestamente se le sacan cuatro puntos del registro de conductor al que no respeta la prioridad del peatón y no hay Dios que consiga que los autos se detengan cuando uno cruza la senda peatonal con dos niños de la mano y el semáforo a favor. Las leyes, las leyes, a quién le importan las leyes.

Mario Pergolini se ofendió porque el pirulo de tapa de esta sección señaló que su comunicado al respecto era ambiguo, y al día siguiente quiso dejar bien aclarado que “me parece una cagada, pero son cuestiones empresariales”. No era para hacer tanto asunto. Si vamos al caso, Daniel Grinbank acusó a sus ex socios de lavar dinero, y eso no cambió las convicciones ni el legendario programa del conductor. A nadie se le ocurre que Cuál es? vaya ahora a ser vehículo de las bondades de Mendoza o los grabados de Molina Campos que tanto gustan al banquero. Está claro que a Pergolini no van a venir a decirle lo que tiene que largar al aire. Lo loco en realidad pasa por otro lado: lo loco es que se afirme que está todo bien, que el paquete lo compran Simoneta & Garfunkel pero “cada radio tendrá su propio directorio”. Es como blanquear: “No se hagan drama, muchachos, ya sabemos lo que dice la ley, armamos varias sociedades fantasma y un par de testaferros y asunto resuelto”.

Es cierto que la radio es la mejor amiga de la imaginación. Pero algunos se pasan de imaginativos.

* * * *

La referencia a Molina Campos hace que la atención se detenga en la postal 2, allí donde se ve a un gaucho a caballo que no lleva a la espalda una vigüela con cuerdas de tripa, sino una Fender Stratocaster. No es sólo una buena síntesis de lo que significa enero/febrero en una conocida localidad cordobesa, sino también de dos libros que acaban de ver la luz, ambos imperdibles. Había que cantar..., de Santiago Giordano y Alejandro Mareco, es un exhaustivo y apasionante recorrido que arranca con el puñado de locos que en el alba de los ’60 cortó la Ruta Nacional 38 para gritar por primera vez –en la voz de Sergio Smider y ante un micrófono con una rueda de auto como soporte– “Aquí Cosquín, capital nacional del folklore”. El laburo de los dos periodistas tiene la misma impronta épica: sólo con cierto grado de locura se puede encajar tanta data y tanto análisis en 255 páginas que ya son archivo ineludible.

El otro libro es aún más jugoso. Porque el Cosquín Rock tendrá diez años en lugar de cincuenta, pero a través de esa década José Palazzo vivió cosas que son una vida. Y, para agradable sorpresa de quienes suelen consumir ese anecdotario en el off de camarines y pasillos del rock, las cuenta. Las imprime. Producido por Víctor Pintos, Cosquín Rock es así garantía de lectura continuada, con abundante material fotográfico que pone en pie de igualdad a músicos y público pero, sobre todo, con una primera persona del productor cordobés que echa luz sobre el delicado equilibrio que juega en un festival, celebra sus logros pero también revela sus errores (la anécdota de los baños químicos en la edición 2004 es tragicómica) y ventila trapos que traerán su consecuencia: habrá que ver qué opinan de algunas cosas que allí se dicen Divididos, la Bersuit, 2 Minutos, la familia de Jorge Guinzburg y más de un político cordobés.

* * * *

La postal 3 es rara: tiene un quincho grandote, muy veraniego, con varias personas charlando a la sombra. Del otro lado hay un recorte de Ambito Financiero que confirma la visita de Guns N’Roses para el 20 de marzo en la cancha de River. La nota hace un pequeño racconto de aquella legendaria visita de 1992, cuando el Sultán Gran Peluca los llamó forajidos y Saúl Bouer –intendente no elegido por la ciudad– señaló que si no fuera una práctica antidemocrática él los prohibiría. Es sabido que no se le puede pedir a nadie que se autoincrimine, pero no deja de ser curioso que el medio preferido de la city no haga un mínimo mea culpa: fue en sus páginas donde Samuel Gelblung largó a rodar el delirio de que Axl Rose había quemado una bandera argentina en un show en París, y que había declarado que tras los shows en Buenos Aires quemaría sus botas para no “contaminarse con la mierda argentina”. El productor Daniel Grinbank ofreció una recompensa de 10 mil dólares a quien encontrara una prueba de semejantes afirmaciones: obviamente, nunca debió desembolsar ese dinero. La cosa hubiera sido simpática, una opereta más de los carcamanes de siempre, si no fuera porque tuvo una gravísima última consecuencia. Arengado por la montaña de estupideces que escribió Gelblung y repitieron expertos como Silvia Fernández Barrios (en el ATC de Gerardo Sofovich), Mauro Viale, Lucho Avilés y el diario Crónica, un hombre llamado Néstor Tallarico le prohibió a su hija ir a River. Cynthia se encerró en su cuarto y se pegó un tiro en la cabeza. Tallarico la imitó minutos después.

* * * *

El cartero intenta entregar un par de postales más. Pero este que escribe prefiere irse a sacar sus propias fotos.

Etiquetas: , , , , ,

29.1.10 

Las Vegas en Retiro


¡Y en cualquier momento aparecen Hunter Thompson y su abogado!

Etiquetas: ,

 

El misterio del encierro


(Publicada hoy en Página/12, dentro de la producción por la muerte de JD Salinger)

En el maldito diciembre de 1980 hubo muchas incomprensiones, y una de ellas incluyó a J. D. Salinger. Si de por sí nadie podía comprender que alguien esperara a John Lennon en la puerta del Dakota con un revólver en el bolsillo, menos aún se entendió que en el otro bolsillo llevara The catcher in the rye. Mark David Chapman estaba loco, de eso no había dudas; pero de todos modos fueron muchos los que se lanzaron a buscar una copia de El cazador oculto para tratar de buscar esas supuestas “claves” que indicaban la necesidad del beatlecidio. Esas pistas sólo existieron para el asesino, claro. Y Salinger, ya aislado del mundo, no iba a asomar su nariz justo para refutar tamaña tontería. Lo cierto es que, de ese modo tan retorcido, la figura del escritor, tan alejada del género, quedó inscripta en los libros de rock.

Y sin embargo... hay algo del misterio–Salinger que puede resonar en la cabeza del rocker informado. La actitud del escritor, ese cagarse en todo, en las sirenas que le canturreaban sueños de fama y dinero literarios, cerrar su casa de un portazo y negarse al vínculo exterior, bien podría haber servido de ejemplo al Elvis Presley enclaustrado en Graceland. O a ese Syd Barrett bajo una doble llave, encerrado en su mente y en la casa de su madre: aquella imagen del ex Pink Floyd sacando la basura parece análoga a esa instantánea de un Salinger furioso por la aparición del enésimo paparazzo, una imagen robada al enigma. Salingerianas fueron también las bruscas desapariciones de Leonard Cohen, internado en un monasterio, o del Beach Boy Brian Wilson, no sólo metido en su casa sino directamente en la cama. El mismo Lennon, justo él, supo guardarse cinco años tras su lost weekend, un retiro en familia del que salió para ser asesinado. En cada músico que se oculta del ojo público, sea Axl Rose con su disco interminable o el Indio Solari en su mítica quinta, hay algo de Salinger. ¿Una asociación caprichosa? Puede ser. Tanto como suponer que un tal Caulfield estaba diciendo que había que liquidar a los falsos ídolos.

Etiquetas: , ,

24.1.10 

La necro



(Publicada hoy en Página/12)


Necrología: f. Noticia comentada acerca de una persona muerta hace poco tiempo.

(Diccionario de la Real Academia Española, vigésima segunda edición, 2001)


En toda su desgracia médica y física, Roberto Sánchez quizá tuvo una rara fortuna: aun en su delicado estado de salud, es probable que haya tenido oportunidad de ver la necrología del personaje que creó a comienzos de los ’60. El episodio trascendió las fronteras del mundillo periodístico: en medio de la convalescencia de Sandro/Sánchez tras su arriesgado doble trasplante, alguien presionó el botón equivocado y en el sitio web del diario Clarín apareció publicado el suplemento especial preparado para el día de su muerte. En círculos periodísticos hubo risas, pero moderadas: nadie está exento de esa clase de deslices, no es cuestión de andar escupiendo hacia el cielo. Las expresiones escandalizadas vinieron de lugares ajenos al periodismo: gente que considera el hecho de tener una necrología preparada con antelación como morbo o mera hijaputez.

Vamos, que no es para tanto. La gente se muere, los artistas también, y no hay falta ética en buscar el mejor trabajo posible, producir un material que haga honores al fallecido aunque éste aún respire. Es como reclamarle a los músicos porque en realidad los bises estaban planeados de antemano, no fueron producto de la insistencia del público. La necrología es una tarea ardua, en la que mayor tiempo invertido resulta en una mejor nota: es tan simple como eso. Morboso es el canal que consigue la toma de celular y la manda al aire. Morboso es tratar de colarse en los pasillos de un hospital para conseguir la instantánea que después se mandará a la tapa de una revista. Morboso es, al cabo, regodearse en el sillón con todo un fin de semana de películas de Sandro, productos cinematográficos tan bobos que no resistiríamos ni diez minutos si Sandro aún estuviera entre nosotros.

La gente ajena al periodismo suele asombrarse de ciertas brutalidades que los periodistas soltamos en privado. No es insensibilidad, no es una falsa superioridad: el que dice que no reputeó a un personaje equis que se fue a morir a las once y media de la noche, al borde de un cierre que venía tranquilo, miente descaradamente. El que niega haberle agradecido a Eric Rohmer la gentileza de morirse un mediodía peca de excesiva corrección política. Hay muertes que golpean costados más sensibles y se escribe con un nudo en la garganta, pero en general la necro es un evento más estresante que emotivo. Lo que no quita que el periodista trate de poner lo mejor de sí para que esa “noticia comentada acerca de una persona muerta hace poco tiempo” haga justicia, pueda hacer jugar todos los elementos de una vida pública y privada para un retrato medianamente cabal.

Ahí, claro, empiezan los problemas. La verdad se confirma una y otra vez: aquí y en el mundo, no hay mejor forma de embellecimiento que la muerte. Por ese temor a no caer en el morbo, cuando alguien muere estallan sus virtudes, se multiplican y se generan nuevas, que van tapando el cuadro hasta convertir al fallecido en una cosa perfecta imposible de creer. Aquel que quiera devolverle la escala humana se expondrá a la acusación de estar manchando la memoria del finado, no comprender que no es momento para andar hablando de miserias o simples fallas humanas. Eso hace aún más difícil al arte de la necro, lleva a preguntarse si es mejor necrología la bellamente escrita, o la que considera todos los rasgos, o la que se limita a enaltecer todo lo bueno y barrer lo malo bajo la alfombra, o cuál. Lleva a preguntarse, en suma, si existe algo como una necrología exacta. Si existe una necro justa, si ante la imposibilidad de hacer algo que no sea un recorte –y toda nota periodística lo es– no se llega a la conclusión de que no existe necrología que sea realmente verdadera.

(En el inolvidable Obras maestras del error, el periodista Juan José Panno rescata la anécdota del jovencísimo redactor que, puesto a actualizar el archivo de un personaje de avanzada edad, lo llamó para pedirle “datos para la necrológica”. “Andate a la puta que te parió, pibe” respondió el homenajeado.)

* * * *

Pero no todo es papel de diario o revista satinada: la necrología puede alcanzar elevadas cumbres artísticas. Porque, mirado desde lo formal, ¿qué es una obra de teatro que gira exclusivamente sobre la vida de una artista legendaria sino, también, una elaborada clase de necrología? ¿Qué es Piaf sino la necro más bella, más emocionante, más redondita e inspirada que podría haberse hecho sobre el Gorrión de París?

Hablar de Piaf es, claro, hablar de Elena Roger, que está nuevamente brillando en el escenario del Liceo antes de partir hacia una nueva puesta en Londres, allí donde este papel le dio un Premio Lawrence Olivier a la Mejor Actriz en Comedia Musical. Todo premio y todo elogio es poco para esta cantante y actriz que es una contradicción andante: cuando asoma al escenario en esa calleja de París parece de contextura pequeña, pero de pronto tiene el legendario vestido negro de la Piaf y canta “L’accordeoniste” y es simplemente gigante. Para males del talentoso elenco que la rodea, Roger es un imán: el modo en que le pone el cuerpo a la desgarradora vida de la cantante francesa, la pasión, la electricidad, la ternura y la furia de cada gesto y cada hecho de esa vida, van construyendo una forma de necro perfecta.

Tremenda combinación: una biografía que va del bajo fondo y la prostitución al ABC, el Olympia, las grabaciones y las giras internacionales; los hombres, la guerra, la Resistencia, la muerte del amante más querido, la morfina, el alcohol, caerse y levantarse, la risa y el dolor, puntuados por canciones de voz maravillosa. Todo en la piel y la garganta de una gigante pequeña que deja todo en cada función, que cierra cada noche (¡siete funciones a la semana!) cantando que no, no se arrepiente de nada, ante una sala siempre repleta que estalla y puede quedarse diez minutos aplaudiendo, extasiada, rendida a sus pies.

A veces se tiene la sensación de que la necro es una imposibilidad. Otras se descubre que puede ser una expresión artística que deja el alma en carne viva.

Etiquetas: , , , ,

19.1.10 

El silencio

No es que, justo cuando cumplió cinco años, este blog murió. Es la limazón, la necesidad de que lleguen las vacaciones y una importante dosis de fiaca estival...

9.1.10 

Massive Attack inaugura la temporada



(Publicada hoy en Página/12)

¿Cinco discos? ¿Es que acaso la banda responsable de uno de los impactos más potentes en el sonido de los ’90 sólo tiene grabados cinco discos? Así lo dictamina la rígida estadística: en 1991 (¡19 años atrás!), Massive Attack sorprendió al mundo con Blue Lines, el disco que disparó la etiqueta fácil de trip hop y una infinidad de complejos senderos musicales. Su dinámica de creación colectiva, de reinvención a partir de pedazos de música, de inspirado copy & paste enriquecido por las propias capacidades de los artistas intervinientes, fue también el origen de sus lapsus. Pasarían tres años hasta Protection; pasarían otros cuatro para Mezzanine, y cinco más antes de 100th. Window. Después, un silenzio stampa sólo quebrado por Danny the Dog, soundtrack del film de Louis Leterrier antes que disco original de Robert “3-D” Del Naja y Grant “Daddy G” Marshall, sobrevivientes de aquel equipo Wild Bunch en el que supieron revistar Tricky y Mushroom, y en el que las voces femeninas invitadas agregaban tanto como los “dueños” del proyecto. La pausa más larga, siete años, se termina el próximo mes, cuando al fin los hijos más célebres de Bristol pongan en las bateas del mundo Heligoland, su nuevo disco, anticipado en octubre del año pasado con el EP Splitting the Atom.

“Este es un disco muy diferente al anterior, que tenía mucho más que ver conmigo y Neil Davidge, Sinéad O’Connor, Horace Andy y la gente que entró al círculo. Este es mucho más colaborativo”, detalló Del Naja en una entrevista realizada por “Richard” (no menciona su apellido) para la página irlandesa del grupo. “Creo que el objetivo básico, y el logro, fue hacer que todas esas personalidades, todos esos momentos diferentes en diferentes estudios terminen en un álbum coherente. Es irónico, porque nunca tenemos problemas para lograr eso, ni siquiera necesitamos planteárnoslo. Somos un grupo de tipos que acostumbraba cortar pedazos de música para hacer cintas. No necesitábamos hacer un ‘álbum conceptual’. Pero cuando vas al estudio y tenés diez canciones, sentís las ganas de hacer un álbum.” En el caso de Massive Attack, esas ganas se tradujeron en un montón de trabajo que quedó en el archivo: la leyenda dice que antes de llegar a este Heligoland el grupo guardó dos discos diferentes. De hecho, hubo sesiones en las que participaron Elizabeth Fraser, Mike Patton (Faith No More), Beth Orton y Dot Allison, entre muchos otros, y que quedaron fuera del disco. E incluso hubo conversaciones con gente del tamaño de Patti Smith, David Bowie, Tom Waits y Tricky, pero ni siquiera se llegó a comenzar la colaboración.

Y entonces, ¿qué es lo que sí quedó en esta apertura de año discográfico que propone el Ataque Masivo? Por supuesto, Horace Andy, héroe jamaiquino que aparece en todos los discos y que presta su inconfundible voz a “Splitting the Atom” y “Girl I Love you”. Pero también aparecen Damon Albarn, Guy Garvey (de Elbow), Hope Sandoval (Mazzy Star), Tunde Adebimpe (TV on the Radio) y, curiosos giros del destino, la ex mujer del mismísimo Tricky, Martina Topley-Bird, responsable de las voces en “Babel” y “Psyche”.

Con el disco infectando los parlantes, la pregunta de si valió la pena tanta espera se vuelve ociosa. Más cerca del acero inoxidable de 100th. Window que de las maderas aromáticas orientales de sus primeros dos discos, Massive Attack ingresa en su segunda década de vida con un paquete hipnótico, pleno de capas de sonido seductoras y multifacéticas. Un disco para atesorar por sus valores musicales, antes que por lo esporádico de la actividad en estudios. Alcanza con meterle caña a la apertura de “Pray for Rain” –con Adebimpe en voz– para alejar cualquier duda sobre la salud artística del grupo, que a pesar de sus hiatos discográficos suele andar de gira por el mundo probando grooves y diferentes versiones de sus canciones. Curioso asunto si se tiene en cuenta que Del Naja dice que “nunca fuimos una banda de tipos tocando, yendo al escenario, zapando. Con nosotros la cuestión siempre fue cómo hacer un disco, para qué hacerlo, cómo se verá y se sentirá. Después viene cómo hacer un show... y cuál es el sentido de hacerlo”.

Más allá de las formas de construcción musical en MA, si es puro laboratorio o no, las diez canciones de Heligoland tienen todo para una impactante traslación al vivo. Puede ser la contractura drum & bass de “Babel” o la oscura utilización de cuerdas acústicas recortadas en “Psyche”, la rítmica arrastrada de “Splitting the Atom” –quizás el título que más vínculos desata con el Massive Attack de los ’90–, la dulce melancolía de “Paradise Circus” (donde Sandoval pone otro episodio en la saga de grandes voces femeninas), los sintes enfermitos de “Atlas Air” o la tristona cadencia de “Saturday Come Slow”, con Albarn poniendo esas inflexiones tan reconocibles, todo en este nuevo disco de los ex revolucionarios de Bristol tiene una vibra orgánica que desmiente cualquier posible artificialidad. De hecho, un rápido repaso por YouTube permite apreciar cómo eso llega al escenario... y entusiasmarse con la declaración de 3-D de que este año estarán girando por Sudamérica. Por ahora sólo hay confirmado un show en México en febrero, pero todo está por anunciarse.

Mientras tanto, MA sigue mirando al futuro: la cantidad de out takes hace que Del Naja prometa un disco para mayo con el material descartado, y la posibilidad de remixar el material que vayan subiendo a su página. Según dijo Daddy G, “ahora la gente quiere más que el playlist que uno le da, quieren hacer su propia lista, espera más que 45 minutos de música. Así que quizá les demos las canciones para que puedan hacer su propio compilado. Estuvimos trabajando en unos 22 tracks, y nos gustaría que la gente los remixara. Creo que más bandas deberían hacer eso”. Hablando de compilaciones, la aparición de Collected en 2006 disparó el temor de que fuera un canto del cisne, que ya no hubiera más MA, pero el mismo 3-D aclara los tantos: “Eso fue una obligación contractual con EMI, y decidimos hacerlo por una multitud de razones... EMI sacó una recopilación de Radiohead sin su intervención, sin siquiera consultarlos, y haciendo una verdadera porquería. Entonces pensamos en sacarnos el asunto de encima, hacerlo bien y empezar a pensar en ser agentes libres”. Del Naja, que nunca ocultó su devastadora opinión sobre el rol de las discográficas, tiene un párrafo más para dedicar: “La compañía está fusionándose, des-fusionándose, en una especie de ciclo de destrucción. Quizá tengamos suerte y nos consideren daños colaterales y nos dejen ir. Quizá para cuando hagamos otro disco EMI ya no exista”.



La islita arrasada
A todo esto, ¿de dónde sale el nombre del nuevo disco? Durante un buen tiempo, lo nuevo de Massive Attack fue conocido por el nombre de trabajo LP5, aunque a mediados del año pasado se rumoreó que el título definitivo sería Weather Underground. Finalmente, Del Naja (quien se encargó del arte de tapa junto a Tom H) y Marshall se decidieron por Heligoland: el título remite a una mínima isla alemana ubicada en el Mar del Norte, de apenas dos kilómetros de longitud y una población actual de 1650 habitantes, que por disposición municipal no posee parque automotor. Pero el lugar tuvo especial relevancia durante la Segunda Guerra Mundial, ya que allí había una base naval donde repostaban los submarinos alemanes. Fue por ello que, el 19 de abril de 1945, más de mil bombarderos aliados arrasaron por completo la isla: hoy es un pacífico lugar turístico que, gracias a varias exenciones impositivas, resulta ideal para que los viajantes europeos consigan cigarrillos y alcohol a precios de oferta.

Etiquetas: , ,

5.1.10 

Blanco y negro y color

(Publicada hoy en Página/12, dentro de la producción por la muerte de Sandro)

Sandro es un recuerdo en blanco y negro: en los ’70, los domingos televisivos de alto rating incluían casi siempre alguna peli del Gitano, pelis que eran bebidas con emoción, con fruición, por madres y hermanas que morían por el cantante de labios gruesos y pelo en pecho. Playboy, Isidoro de carne y hueso, Sandro era cheronca, ganador, con su auto deportivo o haciendo de agente secreto. A veces las historias encerraban una extraña moralina para alguien con semejante perfil, loco despreocupado que de pronto tenía una enfermedad mortal y descubría que había tenido una vida disoluta, inútil. Pero la mayoría de las veces jugaba el papel que más le gustaba, y le sentaba bien. Las canciones de Sandro respondían a un calculado salto del origen rockero a la seducción de las masas a través del romanticismo más explícito.

Sandro es un recuerdo en color: la discoteca familiar abundaba en vinilos del Gitano. En una época de sobres únicos, antes de sumergirse en las tapas desplegables de Sgt. Pepper o The Dark Side of the Moon, uno se encontraba con ese Espectacular en rojo brillante que se abría y lo mostraba en foto gigante y pose desafiante, gesto recio y traje de cuero con el pecho abierto. No podía menos que reconocérsele la valentía. El problema eran las canciones: Sandro era un personaje ciertamente simpático, pero para los jóvenes en explosión hormonal y rockera no había manera de conectar con sus jadeos. Aunque tuviera un pasado rocker, Sandro era para las chicas amantes de lo meloso.

Ayer, Sandro se convirtió en recuerdo, recuerdo a secas. La saga de estos últimos días buscó contribuir a la leyenda, quiso que contra todo pronóstico, contra toda realidad médica, el Gitano iba a vencerlo todo, salir de Mendoza, protagonizar otro acto heroico. No pudo ser. Las nenas, las que iban al cine y veían las repeticiones en TV, las que agotaban sus discos y le tiraban bombachas en los shows, no pueden, no quieren creerlo. Sandro es blanco y negro y es color y, contra toda diferencia estilística que uno pueda tener con su arte, es aquello tan claro que no se discute: uno de esos ídolos populares cuya muerte detiene los relojes.

Etiquetas: ,

Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
Prontuario
Powered by Blogger
Creative Commons License
Este blog está bajo una licencia Creative Commons Argentina.