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25.4.10 

Sordos


(Publicada hoy en Página/12)

Si no hay canción, ¿cuál es? El mundo sordo como un pie.
(Divididos, 1991)

No es la primera vez que se dice, pero es el informe más reciente. Esta semana, el profesor Peter Rabinowitz, del Programa de Medicina Ocupacional y Ambiental de la Universidad de Yale, señaló que el uso indiscriminado de reproductores de MP3 producirá una generación de personas con serios problemas de audición, que llegarán a la sordera lisa y llana. En el British Medical Journal, Rabinowitz escribió que el uso y desarrollo de los aparatitos “ha crecido mucho más rápido que nuestra habilidad de mensurar las potenciales consecuencias en la salud”. Según los estudios en los que se basó el profesional, más del 90 por ciento de los jóvenes escuchan música por esa vía, a menudo por varias horas diarias y al taco. “Insertar los auriculares en el canal auditivo intensifica el volumen hasta llegar a los 120 decibeles, equivalentes al motor de un jet”, señala, y cita un reporte del Royal National Institute for the Deaf que afirma que el 66 por ciento de los usuarios de iPods y gadgets similares escucha música a volúmenes que superan los 85 decibeles. “Nuestro apetito por nuevas tecnologías debería ser acompañado por esfuerzos igualmente vigorosos por entender y manejar las consecuencias del cambio en los estilos de vida”, se preocupa el profesor.

Desde los tiempos de Beethoven, la sordera es un vampiro que sobrevuela al mundo de la música. En una célebre declaración, Pete Townshend señaló hace algunos años que “tengo un serio daño auditivo, que se manifiesta con el tinnitus que resuena en mis oídos frente a algunas frecuencias que toco en la guitarra. Es algo doloroso, algo frustrante”. El guitarrista de The Who (banda alguna vez incluida en el libro Guinness como “la más ruidosa del mundo”) no es el único enfrentado a semejante problema, pesadilla de cualquier músico: Sting, Jeff Beck, Eric Clapton, James Hetfield, Lemmy Kilmister, Ted Nugent, Mick Fleetwood, entre muchos otros, han admitido en entrevistas periodísticas que el oficio les fue taladrando el canal auditivo, dejándolos al borde de la desesperación... y convirtiéndolos en presa fácil para chistes sobre la calidad de sus trabajos más recientes.

Que la sordera sea un riesgo cierto para los músicos es una paradoja del tamaño de una pared de Marshalls, pero se entiende porque lo suyo es la exposición permanente al volumen en 11. La cosa toma otros visos cuando los que se ponen en riesgo son los consumidores de música, en un número alarmante: como bien dice el profesor Rabinowitz, es el cambio en los estilos de vida, el apetito por nuevas tecnologías, lo que introduce una variable novedosa. No es que antes del reproductor de MP3 el amante de la música no castigara sus oídos, pero la masificación de la escucha portátil y el poderío de los nuevos artefactos multiplica al grupo de riesgo, que para colmo no se detiene mucho a pensar en las salvajadas a las que somete a los huesos más pequeños de su cuerpo.

Analizar los gráficos de las grabaciones más recientes lleva a la conclusión de que el grueso de los productores opta por la gran compresión y los niveles altísimos: para competir en la jungla de las FM hay que imponerse por prepotencia de sonido. Pero, como dice cualquier ingeniero de audio con dos dedos de oreja, más alto no significa mejor. Del mismo modo, mayor volumen no significa escuchar mejor: a menudo es lo contrario, sobre todo si se tiene en cuenta que el formato MP3 no es precisamente un dechado de calidad acústica. Uno a veces se descubre tarareando la canción que sale de los auriculares del que está sentado al lado en el bondi (o un par de asientos más allá), mientras se pregunta cuánto tiempo tardará ese individuo en responder a cualquier frase con un “¿Qué?”.

Y en estos tiempos en que a cualquier situación se responde con la teoría del complot: ¿Y si todo es una gran conspiración? ¿Y si los fabricantes de MP3 players ya tienen cientos de containers llenos de audífonos para los futuros sordos? El predicamento de artistuchos horribles de todo género, que hace algunos años solo podrían haberle lustrado las guitarras a los grandes de verdad, ¿no será un indicativo de que la sordera es un mal ya enquistado en la sociedad? ¿No habrá un gordo detrás de un escritorio presionando a los fabricantes de reproductores para que en el manual de instrucciones pongan el aviso “Escuchar música a niveles excesivos puede dañar su audición” en letras cada vez más pequeñas y marginales, para poder seguir editando basura bien empacada sin que nadie se dé cuenta? ¿Es Arjona un hijo del tinnitus?

¿A quién le sirve una generación de sordos?

* * * *

“Sí, sí, ya sé que es más fácil bajar música, y probablemente más barato. Pero, ¿qué están pasando en tu negocio favorito de downloads cuando entrás? Nada. ¿A quién te vas a encontrar ahí? A nadie. ¿Dónde está el tablón de anuncios pidiendo músicos para bandas destinadas al estrellato? ¿Quién te va a decir que dejes de escuchar esto y aquello y le pongas atención a aquello otro? El ahorro te va a costar una carrera, un grupo de amigos copados, gusto musical y, eventualmente, tu alma. Las disquerías no te van a salvar la vida, pero pueden darte una mejor.” El párrafo pertenece a Nick Hornby, autor de maravillas como Alta fidelidad, 31 canciones y Fiebre en las gradas, y fue pronunciado para apuntalar el Independent Record Store Day que se celebró el sábado 17 en 18 países de cuatro continentes: una celebración de la disquería al viejo estilo que incluyó el lanzamiento de ediciones especiales en vinilo con canciones de The Beatles, Bat For Lashes, Pet Shop Boys, Hot Chip, Babyshambles, Lily Allen y un nuevo single de Blur, “Fool’s Day”.

Afortunadamente, hay un romanticismo musical que se niega a morir, y que no se verifica solo en un Primer Mundo donde el público puede costearse las “inconveniencias” de seguir paladeando vinilos. En Buenos Aires hay muchas y buenas disquerías “al viejo estilo”, la contracara de esos McDonald’s de la música donde los dependientes solo saben lo que dicen los displays de cartón entregados por las discográficas. La flamante, deliciosa revista Alta fidelidad (para conseguirla, ingresar a altafidelidadmag.com.ar) demuestra que el movimiento no reconoce desigualdades económicas ni geográficas. Si se ha globalizado el consumo digital, no hay razón para abandonar un planteo de globalización de otra forma de escuchar música, que tiene muchas más facetas que las apreciables a través de los parlantitos de la computadora o los presets de ecualización del iPod.

* * * *

Hablando de globalización: hace un par de semanas se disparó una áspera polémica con respecto a Spotify, que con sus siete millones de usuarios es uno de los sitios líderes de download y streaming de música. Un informe de las asociaciones de autores de Gran Bretaña señaló que el millón de escuchas de “Poker face” le reportó a Lady Gaga la fabulosa suma de... 167 dólares. Al día siguiente, Paul Brown, Vicepresidente de Alianzas Estratégicas de Spotify (ah, las corporaciones y sus maravillosos cargos ejecutivos con grandes sueldos), salió a declarar que los datos eran inexactos, que en la empresa se sentían “decepcionados” y “deprimidos” por tanta ignominia. No dio niguna cifra específica que rebatiera las versiones, pero sí dijo que “estamos trabajando duro para hacer crecer un negocio sostenible que compensa bastante a todos los involucrados y en especial a los compositores y artistas”. Los centenares de músicos que han sido esquilmados por la industria a lo largo de la historia sabrán reconocer esa clase de declaraciones. Hace ya una punta de años, el Indio Solari y Skay Beilinson escribieron una canción que arrancaba con “Quiero impresionar a ese gordo tramposo...” y señalaba: “De todas tus ofertas, me cago de risa”.

Entre la industria y los músicos siempre será difícil un acuerdo que satisfaga a todos. Será porque unos hablan de música y otros hablan de plata, unos buscan los matices y otros el volumen brutal. Un diálogo de sordos.

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Lamentablemente hace unos meses caí en la tentación y luego de que mi viejo celular pasara a mejor vida, compré uno con reproductor de MP3 y esos auriculares de porquería que traen. A la primera semana, si escuchaba 15 minutos (a un volúmen bajo) me dejaban zumbando los oídos... ahora cada vez lucho contra la tentación de subir más el volúmen para "escuchar bien".

Definitivamente el MP3 nos arruinó el oído, ya todo nos suena igual... o directamente no nos suena.

Que artículo más conservador y reaccionario, parece una gacetilla de alguna multinacional advirtiendo sobre el demoníaco formato mp3 que destruiría la música de "los grandes de verdad"(ahora sumándole terrorismo fisiológico con toda la monserga de los peligros de quedar sordo??!!!), atrasás fabregat.....

Sí, Inmanente, soy conservador: prefiero escuchar todos los matices de la música y nos las frecuencias limadas del MP3. Soy conservador: conservo el buen gusto de escuchar la música en su totalidad, dedicarle atención, no solo tenerla de fondo mientras viajo en bondi. Soy conservador: quiero que la gente conserve sus oídos en buen estado. Soy conservador: prefiero aquellas disquerías donde había gente detrás del mostrador que sabía de música y se apasionaba por ella, y no empleados del mes que les da lo mismo Led Zeppelin que Shakira. Soy reaccionario: pretendo que las discográficas alguna vez le paguen a los músicos lo que corresponde.

Me parece que no entendiste nada.

RECORD STORE DAY: Quiero el vinilo azul de Murmur!!! http://remnation.zoomblog.com/archivo/2010/04/19/el-senor-azul.html
En el mundo se hace esto ofrecienso a la venta de estos discos a precios muy accesibles. Cuando se hizo acá, fue para afanar al público.

El mp3 es una basura. Aconsejo bajar toda la musica en formato FLAC o APE. La diferencia es increible.

u$s 167.-??? matemos a los intermediarios. Y una forma de matarlos en no comprar discos, hasta que no bajen su precio (pagar 40 mangos cuando el costo total, incluyendo royalties al artista no supera los $3). El tema es como matar a la industria sin matar al artista y sobretodo al artista que no tiene espalda financiera para bancarse una carrera sin intermediarios.

Eduardo: estoy completamente de acuerdo en que la compresión extrema como estrategia de prepeo en las FM nos lleva a una música más pedorra y sin matices; en el vampirismo de las discográficas y en el marcado aberretamiento de la música en general. También disfrutaba de las disquerías "de carne y hueso" y las extraño, porque para informarse, charlar de música, econtrarse con gente con gustos en común, e incluso enterarse de quién busca a qué músico con qué onda en qué barrio ahora está internet, que es mucho más eficaz y amplia, pero en la que no se puede convidar un mate. Supongo que los dueños de las discotecas (otros que le han hecho un daño tremendo a los oídos y a la música "con matices") , de los bancos y de "Encotel" se quejarán de lo mismo, pero entiendo que los músicos y los melómanos le tenemos más cariño a las disquerías que a los banqueros, ciertamente.

Ahora bien, esta mención tuya a la pérdida de calidad o de matices del formato mp3 (que ya habías abordado al comentar Amapola del 66) ¿no es un poco snob? Es cierto que hay frecuencias que son despreciadas al pasar al formato mp3; frecuencias inaudibles, pero cuya ausencia influye en las frecuencias que sí son apreciables por el oído, pero también es cierto que esa pérdida de calidez o profundidad es muuuuy sutil, y que es mucho menor a la pérdida de calidad que se produce al escuchar en parlantes de 8 o de 15 pulgadas. Y si un crítico dice que a Amapola del 66 hay que escucharla en un Pioneer con parlantes BOSE de 15 pulgadas porque si no, no se la aprecia, sospecho que tanto a vos como a mí nos parecería un imbécil. Pero lo cierto es que Amapola del 66 (y cualquier disco) suena mucho mejor y más claro y profundo en un mp3 con buenos parlantes que en el mejor de los reproductores de CD que pases a a través de unos parlantes comunes de minicomponente.

Supongo que no habrá que explicarte la pérdida de calidad que se producía con el vinilo y con el cassette, o la diferencia entre escuchar un piano en vivo o su grabación; pero te digo ésto porque a veces me da miedo de que la crítica a la calidad del mp3 se esté volviendo en una marca de snobismo más que en algo profundamente pensado; y como sé que a vos te gustan las cosas bien pensadas acá estoy enroscándome con estas ideas. Es totalmente cierto que existe una relación directa entre la masificación y la berretada pero ¿eso quiere decir que el elitismo se relacione directamente con la calidad? Por supuesto que no. No creo que vos pienses eso, pero insisto en preguntarme ¿mala calidad del mp3? o, más claramente, ¿relación entre la pérdida de calidad del mp3 y la pérdida de calidad en las composiciones que se escuchan en la radio? Yo creo que es ahí donde tu artículo (y tu respuesta a inmanente) se pone un poco conservador, porque no diferencia con el suficiente criterio (ojo, siempre según mi impresión) los términos que pretende relacionar. Fijate en "Amapola del 66"; es cierto lo que decís respecto al modo en que están masterizados los subgraves: el mp3 se los come y, con los mismos parlantes, el WAV suena mucho mejor que el mp3. Pero también es cierto que, salvo en "La flor azul", "Avanzando retroceden", y en la primera parte de "Boyar Nocturno" y de "Jujuy" el disco está super comprimido en todas sus frecuencias, y los matices más sutiles (es decir, cuando la aplanadora se detiene y deja brotar los relieves de la música) de esas canciones que menciono se aprecian tan bien en um mp3 como en un CD. Es decir, si yo escucho el disco de Divididos en el colectivo mientras voy al laburo ¿cuanto daño le ha producido a mis oídos el formato mp3, y cuánto la tendencia a aplanar todo con "fuerza", "potencia", "garra", es decir, más volumen? Y lo que, para mí, es la pregunta más importante, ¿cuánto más beneficio le trajeron a mi alma una y otra cosa?

Disculpame el cuelgue ¿querés un mate?

Pablo, yo no creo que sea snobismo: tendré una oreja hipersensible, pero en el MP3 yo noto una calidad de audio muy inferior, muy plana. No sé si es tan sutil. Me sucedió con el disco de Divididos, que escuché unas cuatro veces en la compactera y cuando lo escuché en el iPod... ugh. Si a eso le agregamos los parlantitos de compu o el celular (cuestiones a las que también hago referencia), bueno, ni hablar. En eso estoy hablando de la calidad de audio, en otros pasajes hablo de la calidad artística, que también es preocupante pero ya es otro tema. Yo no creo que haya que escuchar todo en el mejor equipamiento, las cosas que son buenas de verdad se bancan en cualquier lado, pero esta masificación del formato MP3 instala un estándar más bajo. Que la música se escuche de forma masiva es bueno de por sí (la música simepre nos hará bien), pero si el uso pasa por una masacre auditiva de poner el volumen al taco, bueno, es donde podemos empezar a preocuparnos por la inminente sordera de unos cuantos. A Inmanente le parece una "monserga", seguramente porque sabe mucho más que los médicos que estudian el tema y todo el mundo sabe que el tímpano, el yunque y el martillo lo resisten todo.

Hablando de eso, mi respuesta a él tiene que ver con el comentario: vos pusiste tus argumentos (y son atendibles, y razonados) y no la típica canchereada del commentador que se cree más piola que nadie.

deberías probar escuchar los mp3 en la "compactera" o el CD con los auriculares pedorros del iPod, a ver si notás una diferencia tan clara.

a mí también me pareció una nota conservadora, especialmente la parte de las disquerías y el texto de Hornby. el flaco copado que sabía de música ahora está aconsejando y compartiendo conocimientos desde su blog. o vos mismo no recomendás música desde acá?

no hay mate, eso sí...

Coincido con El Trompo.
Allá lo hacen las tiendas que de hecho aún existen y venden vinilos a precios accesibles; en cambio acá cualquiera se pone en un parque a vender discos usados y hechos pelota a precios dignos de Beverly Hills, estan mal de la cabeza.

Gustavo, ¿por qué das por descontado que uso los auriculares del iPod?

Darío, ese es un tema quizá a analizar más adelante: las deformacines que produce el culto al vinilo, los tipos que te muestran un "Alta tensión" de colores a 200 pesos, olvidando que la música de ese vinilo sigue siendo una bosta...

Che, y algo que no parece haber quedado suficientemente claro: yo no estoy en contra de la digitalización, sino de ciertos formatos. En la columna "Cuestión de números", hablando del disco de Divididos, escribí que "a la hora de convertirlo para el consumo fuera de casa, se recomienda el formato FLAC o WAV".

Lamentablemente no todos pueden pagar $ 70 pesos el disco de Divididos para convertirlo en FLAC. ¿Alguien me puede explicar (por ejemplo) por qué el box set de The Beatles se vende en la Argentina a $ 1.700.-- y en Amazon está u$s 180.- (es decir menos de la mitad?) Estamos creando una generación de sordos, no solo por el uso del auricular sino por la mala calidad de audio en que se consume la musica descargada (y no queda otra que conseguirla de esa forma).

Lo otro que se pierde con la aparición de los formatos digitales aparte de la calidad (salvando los lose-less), es el hecho de valorar un disco. Cuando uno compra un disco, o cd, lo escuchaba, lo valoraba porque le había costado algo conseguirlo, se le buscaba las virtudes y se los disfrutaba. Ahora con suerte se le da una escucha y se manda a la papelera de reciclaje.
No obstante como punto a favor (y no es poco) nos permitió a acceder a discos inconseguibles así sea por ser internacional o por estar descatalogado.
Saludos.

Trompo, es que acá se paga el IBA (Impuesto al Boludo Argentino).

Yo voy a volver a meter la nariz en este debate, simplemente para agregar un dato que a lo mejor no está quedando muy claro: una cosa es la compresión del mp3, que consiste en hacer que un archivo ocupe menos memoria; y otra cosa muy distinta es la compresión como procesamiento del sonido, que es una herramienta de mezcla y de masterización (y de grabación también, por supuesto) que consiste en reducir el rango dinámico de una grabación, es decir, que haya menos diferencia entre lo que suena más débil y lo que suena más fuerte.
La compresión, en este segundo sentido, permite hacer que los susurros de una guitarra o una voz suenen muy "al frente" de una grabación, porque puede ponerse su volumen al mango sin riesgo de que, luego, los gritos distorsionen o saturen. Cuando antes decía que "Amapola del 66" estaba super comprimida en los subgraves (esos que se pierden con el mp3) me refería a este tipo de compresión; y lo cierto es que las grabaciones sin matices (o cuyo rasgo distintivo es más la fuerza que la sutileza) recurren cada vez más a este tipo de producción porque, como bien dice Eduardo, les permite mayor notoriedad en las radios.
Lo interesante, y eso era lo que quería decir antes (mucho más que defender a Inmanente, que no creo que gane mucho con mi defensa) que la primera compresión (la del audio a mp3) es mucho menos dañina cuanto menos se recurra a la segunda. Es cierto que al mp3 de La Flor Azul, de Divididos, le viene bien un poco de ecualización para que no suene plano (y que el FLAC le va genial), pero también es cierto que a Death Magnetic, el disco de Metallica que puso más en evidencia este fenómeno, el MP3 le hace muchímo más daño precisamente porque está supercomprimido (en el sentido de su producción y su mezcla) y las frecuencias que según el algoritmo del mp3 deberían ser "inaudibles" para el oido humano tienen volumen suficiente como para taladrarte el cerebro y, por consecuencia, convertir en "inaudible" al resto del universo. Por eso yo, que admiro profundamente a Eduardo y acuerdo con las cosas que él piensa siempre, aún antes de que las piense, sigo con mi defensa del mp3, insisto en que no se confunda su inocente y filantrópica compresión con la ruidosa y dañina compresión de los productores "aplanadora", y sigo ofreciendo un mate a quien se quiera arrimar.

Mi opinión es una suma de las de Pablo, Gustavo y el Trompo.

Yo no sé si seré parte del equipo de los sordos, pero la verdad es que no me importa cómo escucho mi música, siempre y cuando tenga una calidad razonable y pueda acompañarme tanto en mi casita como en el aburridísimo trayecto hasta el laburo. El WAV es lindo, pero es pesadísimo, y no todos los aparatos leen FLAC. Con un MP3 a 320 kbps soy feliz.

Y me da por las pelotas que un disco salga de 30 para arriba. De nuevo, quizás sea una cuadrada, pero simplemente me parece un despropósito pagar eso por un booklet o un arte de tapa.

Con respecto a lo que dijiste más arriba, para nada comparto que el MP3 cree una "masacre auditiva". Como ya se dijo por ahí, sin el MP3, yo (y muchos) nos hubiéramos privado de conocer muchas grandes bandas. Y me encanta que la música circule, se preste, se predique, y esto lo facilita. Lo del volumen ya pasa por una cuestión de responsabilidad personal, como los vicios, si se quiere.

Para cerrar, no sé si decir que sos "conservador" (es que la palabra es tan fea!). Sí me parece que estás hablando parado desde tu generación, y quizás por eso se me (¿nos?) hace difícil concordar.

(No tengo mate, pero sí chocolate. ¿sirve?)

Es profundamente conservador tu planteo porque en el fondo es un lamento de una elite (de la que formas parte) que fué desplazada por el efecto divulgador del mp3, vos te detenés en menudencias como la compresión de las frecuencias marginales y no reparás en que el formato digital modifica de raíz los modos de consumo y redefine la noción misma del disco como unidad. Hoy hablar del último LP de x banda es una rémora de la época perimida de los soportes físicos, igual que el ritual de escuchar un cd sentado cómodo frente al equipo de audio, tocadisco, etc...por eso reformulo, para ser más cortés, y digo que éste es un post "nostálgico"

Sobre la frase de Nick Hornby (capo, a pesar de "About a Boy") me parece que no se aplica acá, o al menos a mi generación (o al menos a mí, que es lo que quiero decir pero queda inmensamente egocéntrico y chicato): en las disquerías de acá siempre escuché mierda, los empleados nunca supieron una goma y le vendían a viejas que compran CDs para regalar, la gente estaba en la suya y de bandas locales ni hablar. Sí, muchas eran cadenas, pero las que no parecían más changas como podía ser un maxikiosko o un locutorio (después estaban los antros especializados... que siguen estando).

Todo lo que nombra Horny lo conseguí, mucho más tarde y mejor, en internet.

Y esto excede internet y el mp3, ya en los noventa, con el CD a full, me pasé grabando cassettes de amigos o de la radio y comprando... dos, o tres, CDs por año.


En el aspecto técnico, mp3 no es sinónimo de 128 kbps (de todos modos me parece mucho más importante buscar fidelidad y potencia en el reproductor y los parlantes/auriculares que obsesionarse con escuchar todo en Flac con unos parlantitos de mierda de PC)*

*lo escribí antes de leer el comentario que lo decía mucho mejor :S

Dato final: el tema de Blur se baja de la página oficial a 320 kbps o wav. ¿Tiene sentido ir a una disquería a comprarlo? (igual no porque es vinilo, pero aun si fuera CD)

"To avoid fans having to illegally obtain an inferior copy of this track from pirate sites – we have made it freely available through the band’s website" :D

Petra, Inmanente: Insisto conque lo mío es una crítica a la calidad del sonido, jamás cuestioné el efecto democratizador del MP3. Muchas veces he dicho en este blog que encuentro cosas mucho más interesantes surfeando en la web que mirando bateas de Musimundo o Yenny. Ese acceso libre a miles de músicas (la teoría de la canilla de David Bowie) es, lejos, lo mejor de la digitalización.

Creo que lo bueno es poder disfrutar de ambas cosas.
La digitalización, como decís, nos permite acceder a artistas que de otra forma no podríamos o deberíamos comprar un importado a 150 mangos.

Igualmente no me parece un despropósito comprar un cd a $45 si lo que uno disfruta es justamente el libro, y el buen sonido del cd (mejor que el del mp3 eso esta claro). Tampoco hacerlo muy seguido, pero comprarse un buen cd es un placer que algunos disfrutamos.

Y no creo que sea reaccionario el post. De hecho hoy en día nos acostumbramos a ver películas en YouTube, que por ahora no se ven tan bien como en. un dvd, y somos consciente de que baja la calidad; ¿porque no reconocerlo con el sonido?

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