13.6.10 

La jungla de los medios (II)

(Publicada hoy en Página/12)

La vida online con Sudáfrica deja muchas enseñanzas. Entre ellas queda la algo absurda convicción de que el campo del comentarismo futbolístico es una ciencia inexacta relativamente fácil de dominar. Se arranca de un principio básico: no es necesario tomar las características más serias del comentarista con experiencia. Hay que ser frescos, instalar un estilo nuevo, aunque en ese estilo no haya mucho espacio para el conocimiento futbolístico y a veces la cosa derrape hacia la payasada. Uno puede no saber si el diez de Grecia es diestro o zurdo, pero tirar un dato del estilo “el derrame de petróleo en el Golfo de México produce una merma en el plástico necesario para fabricar vuvuzelas, con lo que para cuartos de final el ambiente de cancha será más soportable” salva el traje. Los datos de color, dicen, destacan una cobertura entre el pelotón.

El análisis previo de un partido, del mismo modo, es un ítem que no debería ofrecer demasiadas complejidades. Uno de los recursos más extendidos es enarbolar un mismo concepto, aplicándolo a ambos equipos. Por ejemplo: “Si el equipo A mete un gol en los primeros diez minutos, el equipo B deberá adelantarse en el terreno de juego y A sacará partido del contraataque. En cambio, si el equipo B mete un gol en los primeros diez minutos, el equipo A deberá adelantarse en el terreno de juego y B sacará partido del contraataque”. Con adornos y florituras, esta pieza de sabiduría bien puede ocupar unos cinco minutos de previa, dejando de paso la impresión de que el comentarista se ha incendiado las pestañas frente a un pizarrón con forma de cancha.

Y por último: quien domine la estadística dominará el mundo. Decir con total soltura corporal que “al comienzo de su carrera, en 2002, el ocho de Eslovenia metió seis goles en un partido de ascenso, el sexto de ellos olímpico” puede llegar a darle al comentarista de turno la posibilidad de una carrera fulgurante en los medios. Después de todo, quién va a andar investigando el archivo a estas horas, todavía gritando el inesperadísimo gol del Gringo Heinze.

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12.6.10 

La jungla de los medios

(Publicada hoy en Página/12)

El futbolero de alma lo sabe: durante un Mundial, nunca se tiene tal afán exploratorio como el primer día. Después de meses de espera y últimos días de ansiedad irresistible, la ceremonia inaugural y el primer par de partidos se viven en un estado de zapping enfermizo, un chequeo intensivo de qué es lo que ofrece cada transmisión cuando la cosa importante realmente empieza. Hay casos clavados, claro –cuando solo hay una opción de visionado–, pero los usuarios de DirecTV, por caso, se enfrentan a disyuntivas difíciles de ignorar.

Por eso, ayer más de uno vivió Sudáfrica-México en estado de esquizofrenia. El deportista electrónico en modo satelital es capaz de aprovechar jugadores caídos y saques de esquina que se demoran para apretar botones y realizar absurdas comparaciones entre las intensidades de color de la TV pública y el de Telefe, o para chequear en qué emisora resulta menos hiriente ese maldito zumbido reconcentrado de miles de vuvuzelas. O para switchear entre la cámara común, las carulas de Francescoli y Latorre –lejos, uno de los mejores comentaristas del fútbol, por dominio del medio, conocimiento de juego y claridad enunciativa– y la imponente panorámica “táctica” del canal 614, un sucedáneo de cancha que permite soñarse en la tribuna y apreciar eso que la tele nunca da: ver cómo están parados los jugadores, si hay movimiento en bloque o un estilo hormiguero pateado de camisetas que corren sin ton ni son. Para profundizar el efecto, la “pantalla táctica” ofrece otra ventaja que algunos fundamentalistas apreciarán aún más: la ausencia de relatos y comentarios. Porque al cabo, lo que termina decantando el modo en que uno mirará los restantes partidos del Mundial (todos los que pueda, por supuesto) no es tanto la cábala, que también tiene su peso, sino el grado de hinchazón producido por las cosas que a veces se escuchan en la tele. Que ayer, con la alegría del debut, pueden parecer anecdóticas. Pero al día 15 de la justa deportiva sin igual pueden producir intensos deseos de estrellar la birra, el mate, el gato, lo que haya a mano, contra la tele.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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