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15.12.10 

La calma antes de la tempestad


(Publicada hoy en Página/12)

Comenzar por el final es algo extraño, pero corresponde: acaba de terminar “Una rata muerta entre los geranios” y, al fin, la tormenta se desencadena, los truenos conmueven los parlantes, se perciben las gotas golpeando y, milagros de la sugestión auditiva, si uno se esforzara hasta podría sentir el olor de la lluvia. Es el final de El perfume de la tempestad, el disco de Caballo Loco y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, esa cadena de alias tras la cual vibra el instinto de un tal Indio Solari, y de una banda que sabe cómo conjurar climas de alto impacto.

Como corresponde, la crónica periodística de estos días ha sido generosa con el desembarco del Indio en Tandil, donde debutó el pogo más grande ya no del mundo sino del universo. Pero el mismo Solari admite que sería un exceso alimentar la lista de su show con su último álbum completo, por lo que zambullirse en el disco supone experimentar otra faceta del músico, y no sólo por las obvias diferencias entre lo grabado y el vivo. Este es el Solari de Luzbola, rodeado por músicos del calibre de Baltasar Comotto –sin vueltas, uno de los guitarristas más talentosos de la nueva generación– o la granítica base del bajista Marcelo Torres y el baterista Hernán Aramberri. Este es el Indio que, a lo largo de tres discos en solitario, ha ido construyendo una nueva identidad, en la que ya casi no caben las comparaciones ricoteras y donde hay lujos que pemiten seguir señalando al calvo cantante como un artista necesario, más allá de toda consideración sobre su increíble impacto popular.

El Indio Solari se hace necesario, disfrutable, por canciones como “Black Russian”, donde desde el juguetón arpegio inicial hasta la potencia de los estribillos se permite paseos estilísticos de absoluta libertad. Pero, claro, no es solo por eso. El perfume de la tempestad (A propósito: ¿no es otro gran título en un tipo que acostumbra tirar grandes títulos?) abre con el tono apocalíptico de “Todos a los botes!” y entre sus doce canciones deja caer momentos de alta intensidad, pasajes como “Torito es muerto”, el rotundo “Chante noire” o “Submarino soluble”, nubarrones sonoros donde la voz del Indio se pasea por un paisaje ideal.

Solari sabe aludir también, aunque sea solo levemente, a la última etapa redonda, como en la arrastrada rítmica de “No es dios todo lo que reluce”, o el arranque adrenalínico de “Satelital”. Pero El perfume... es especialmente interesante ahí donde el Indio solo remite a sí mismo, en la lírica tan reconocible de “ZZZZZZZ...” o en “Vino Mariani”, un tema donde adopta un tono mucho más directo que el habitual en él para ironizar sobre las rutilantes entregas de premios y “el mundo de plateas de hoy”, con “tipas y cronistas muy mal pagos”, con “luces y el mejor DJ atronador”. Todo, hasta la progresión de fotos intervenidas del libro que cierra con el mismo Indio junto a uno de sus perros, va llevando a esos momentos cumbre, ese subidón de intensidad que supone el combo de ese “Negro Ruso” de alta graduación y el cierre con la rata muerta entre los geranios. Y la tempestad que al fin llega y se desvanece en el fade out, pero deja un perfume de esos que perduran.

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De acuerdo con lo de Comotto, Eduardo. Con 2 o 3 escuchadas mi ranking (hoy) es "Ceremonia en la tormenta"; "Black Russian"; "Vino Mariani"; "Torito es muerto"
Pero, vos sabés, que las joyas ocultas se descubren luego de un tiempo.
Abrazo. Buena crónica, como siempre.

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Responsable

  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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