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23.11.11 

"No hay que quedarse en el confort"


(Publicada hoy en Página/12)

“Eso es el sonido de cuatro tipos tirando abajo el árbol de Joshua”: así respondió U2 a las preguntas que aparecieron cuando la deforme intro de “Zoo Station” sorprendió a todo el mundo, e inauguró oficialmente la década del ’90. En el mismo año en que Primal Scream redefinía el sonido de las pistas con Screamadelica, los irlandeses indicaban el camino para el rock. Hartos de ellos mismos –de allí la referencia a The Joshua Tree, el disco que fue una consagración y una cruz difícil de cargar–, al borde de la separación, Bono, The Edge, Larry Mullen Jr. y Adam Clayton huyeron hacia adelante con una experiencia que resultaría en el mejor disco de U2. El disco que ahora celebra veinte años y no ha envejecido ni un poco, el disco de título inexplicable: Achtung Baby.

“Mientras hacíamos el disco, lo que realmente estaba en juego era la confianza mutua que nos había mantenido unidos. Eso nos podría haber llevado a una espiral descendente, algo mucho más triste que la imagen de uno de nosotros pegando un portazo”: hace poco, en la presentación en Toronto de From the sky down (el film de Davis Guggenheim que indaga en el proceso creativo de Achtung Baby), The Edge no endulzó nada. Como suele suceder con las grandes obras, AB significó una caja de Pandora llena de dolores, angustias, pases de factura y momentos límite. Allí estuvieron Brian Eno y Daniel Lanois para mediar y evitar que la sangre llegara al río, para lidiar con esos cuatro tipos necesitados de reinventarse y convertir esa explosión de ideas en algo coherente.

“Ver esa película me resulta un poco humillante –dijo Bono en Toronto–. Darme cuenta de que éramos muy ineptos. Hoy somos una banda mejor, aprendimos nuestro arte, y aun así hay un gran peligro, que es la enorme distancia entre lo muy bueno y lo grandioso. Pero en esa época... estábamos tratando de hacer una música que no entendíamos, y la banda parece conseguir sus mejores trabajos en ese ambiente. Cuando todo es confortable no es interesante. Y en esos intentos que hacíamos hubo mucha, mucha mierda.” Resulta curioso escuchar a Bono y The Edge analizar, con la frialdad que dan dos décadas de distancia, gemas hoy indiscutidas como “Even better than the real thing”, “Until the end of the world”, “One” (“¿Cómo alguien puede casarse con esa canción? ¿Es que no escuchan las letras? Es la canción más amarga del disco”, señala el cantante), “Ultra violet”, “The fly”... ir a Berlín en plena caída del Muro, meterse en el legendario estudio Hansa Ton y sacar afuera los demonios era la manera de “tirar abajo el Joshua Tree”, lo que significaba sacarse de encima el ya intolerable peso agravado por Rattle and Hum.

Harto de su propia corrección política, U2 abrazó el cinismo. Le dio un apasionado beso de la muerte a su anterior encarnación.

“Estoy listo, listo para el gas hilarante/ Estoy listo, listo para lo que venga”: los dos primeros versos de “Zoo Station”, el sonido de motosierra de The Edge, fijan el tono de Achtung Baby y el futuro (que hoy es pasado) de la banda irlandesa. En Canadá, el guitarrista retomó el hilo de “lo confortable” para encontrar una explicación a la extraña clase de magia que se produjo entre Berlín y Dublín: “Hace poco conocimos a John McLaughlin y le preguntamos por su trabajo con Miles Davis, y nos contó que a veces Miles entraba al estudio sin saber realmente qué iba a hacer. Cuando ves From the sky down te das cuenta de que nosotros hicimos lo mismo, y lo hicimos –y aún lo hacemos– para sacarnos de la zona de confort, porque no hay otra opción. Si estás en una zona donde confiás en tus mañas, en lo que aprendiste, inevitablemente vas a crear... música confortable. Lo menos interesante del mundo”.

Veinte años después, y con todo el clasicismo adquirido con los años, Achtung Baby sigue estando lejos del confort. Sigue interpelando. Ha envejecido, seguro, mucho mejor que sus autores y sus oyentes. Y amerita la cadena de reediciones remasterizadas que llegan a la caja de ultra lujo, que incluye el capricho de las gafas de mosca que Bono utilizó en el ZOO TV Tour para enterrar al pelilargo de la bandera blanca y la mirada honesta. La más modesta versión de dos discos habilita igualmente un disfrute especial. No solo por un inédito absoluto como “Blow your house down” o una versión poco conocida de “Lady with spinning head” (Frankenstein del cual salieron dos canciones diferentes del disco), sino también por la preciosa versión de estudios de “Satellite of love” –que fue lado B de “One”– y “Paint it black” (lado B de “Who’s gonna ride your wild horses”), o los remixes de varios títulos del disco original. Pero también, y no deja de ser sorprendente, seduce a través de ese original, cuando se comprueba que no solamente los discos de los ’60 y ’70 pueden experimentar un pulido sonoro que revela matices inesperados.

“Fuimos a Berlín porque estábamos interesados en lo que en alemán llaman zeitgest, las fuerzas que modelan el mundo. Pueden venir de todos lados, de lo cultural, lo político, lo espiritual, la ciencia y la tecnología. Siempre tendemos a querer estar donde eso sucede. Somos curiosos, no solo por la cultura. Es un poco lo que hicieron The Beatles, que son el molde de cualquier banda”, se explayó Bono en el Festival de Toronto. En el libro U2 at the end of the world, el periodista estadounidense Bill Flanagan hace un pormenorizado relato de esa zambullida del cuarteto en un mundo que estaba cambiando para siempre, y que –no podía ser de otra manera– los cambió a ellos. “U2 ha esquivado la irrelevancia durante los últimos veinte años, pero siempre estamos en riesgo –dice el cantante–. Podemos seguir haciendo gran música en grandes estadios o hacer cosas pequeñas, eso se verá. Pero tendremos que volver a ese lugar para sobrevivir.” La frase disparó luces de alarma y titulares catástrofe sobre una posible separación. Pero si hay algo que, de Achtung Baby para acá, quedó bien claro, es que con U2 nunca hay que dar nada por sentado. Nunca se sabe cuándo pueden volver a sacar la motosierra, y empezar a tirar abajo los árboles que le daban sombra.

* La edición aniversario de Achtung Baby ya está en las bateas argentinas. El DVD From the sky down saldrá el 12 de diciembre.



El disco de versiones Q, un hallazgo

El vigésimo aniversario disparó una locura de resultados contundentes: para festejar la vigencia de Achtung Baby, la revista británica Q encargó a varios artistas la tarea de versionar todas las canciones del disco. El resultado acompañó la edición de octubre del magazine: Ahk-Toong Bay-Bi Covered es un festín en el que ese playlist demoledor encuentra una nueva savia, otro clima, siempre sostenido por la calidad compositiva del original. Y que produce curiosos juegos: ya que el original era tan abrasivo, el “Zoo Station”, de Nine Inch Nails, no busca redoblar la apuesta sino cubrirse con un clima ominosamente relajado. Es, precisamente, la primera estación de un viaje que alcanza cumbres como Patti Smith erizando la piel con “Until the end of the world”, guitarra acústica, piano y esa voz capaz de derrumbar cualquier pared emocional. O la podredumbre electrónica de Depeche Mode para “So cruel”, el pulso bailabe de “The fly” en manos de Gavin Friday y el ataque barroco de Glasvegas para “Acrobat”. Quizá The Killers (“Ultraviolet”) y The Fray (“Tryin’ to throw your arms around the world”) prueban arreglos menos encantadores, pero allí está también Garbage para revisitar en plan melancólico “Who’s gonna ride your wild horses” (y hay que bancarla a Shirley Manson en ese plan), una melancolía con raptos de potencia que evitan la monotonía. Damien Rice elude con garbo los posibles lugares comunes de atreverse a “One”, y como meta-chiste, no luce nada mal la versión que entrega de “Even better than the real thing” una banda que conoce el paño: los mismos U2. Para quien quiera tener la estantería irlandesa siempre completa, la revista y su disco se consigue en los habituales kioscos importadores a lo largo de Corrientes o Florida.

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Abrazo.

Tengo la edición UberDeluxe. Cuando abrí esa caja me sentí como nene abriendo regalos en Navidad.

Bien por la vuelta (si es que es tal). Gran nota.
Recuerdo cuando escuché el disco por primera vez, con el comienzo de “Zoo Station”, y me dije "se acabo mi adolescencia", y así fue.

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  • Eduardo Fabregat
  • Buenos Aires, Argentina
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